Así respondió el MP cuando les mostré al asesino de mi hijo

‘Cuando llegué, ví al tipo que mató a mi hijo, Lenin García. Estaba frente a una tienda, recostado en un carro con una cerveza en la mano. Llamé a mi amigo para saber cómo iba. Todavía le faltaban diez minutos. Le dije que se apurara. Yo lo quería matar. Lo ubiqué, yo estaba armado. Listo. Lo iba a matar’.

Cotidianidad Guatemala urbana

Nunca sale de su casa sin su arma.

Fotos: Carlos Sebastián

Cómo fue la muerte de Lenin, cómo su papá investigó y encontró al asesino, cómo hubo una intervención de una patrulla, qué le dicen en el Ministerio Público. Esta es la historia de Lenin y la búsquedad de justicia de su papá, divida en cuatro capítulos.

Capítulo 1: El asesinato de Lenin García

Seis meses antes de la escena del primer párrafo, el jueves 19 de mayo 2016, Lenin García, de 23 años, estaba cenando con su mamá en su casa en San Pedro Ayampuc, en el Norte de la Ciudad de Guatemala, a 15 minutos de la Colonia Maya o 30 minutos del centro comercial Portales en la zona 18. Estaba contento. Después de trabajar de prueba durante dos meses en Ecolab, una empresa que se especializa en servicio de sanidad y control de plagas, le ofrecieron un empleo fijo. Este día había firmado el contrato.

Faltaban minutos para ser las 7 de la noche y la mamá de Lenin le acababa de servir la cena. De repente se escuchó el motor de un tuc-tuc afuera de la casa y la voz de un hombre joven que gritaba.

– Lenin, ahí salís, quiero hablar con vos.

Su mamá le dijo que mejor no saliera, pero Lenin no le hizo caso. Salió. El tuc-tuc se había ido. Lenin habló con unos vecinos y a los cinco minutos regresó a la casa. Estaba tranquilo.

– Mama, voy a ir allá abajo. Ahorita regreso.

El papá de Lenin García, a quien llamaremos Arnoldo, suspira. Por un momento solo se escuchan los pájaros afuera. Se le hace un nudo en la garganta. Desde el sillón de su casa, un año después, revive el momento en el que recibió la llamada que cambiaría su vida.

– Yo estaba trabajando cuando me llamó su mamá a las 7 de la noche. Ella no podía ni hablar. Solo decía: “Lenin, Lenin… ¡lo mataron!” Yo estaba casi por San Lucas camino a la Antigua. Regresé lo más rápido que pude. Cuando llegué, mi hijo estaba en la calle. Tendido. El Ministerio Público y la Policía no me querían dejar acercarme, pero no, yo entré. Yo fui a ver a mi hijo. Le toqué la cara. No lo creía.

Lenin murió por varios disparos en el pecho a cuatro cuadras de su casa. Desde el comedor, su mamá escuchó los balazos. Pero no reaccionó. Ni sospechó que algo hubiera pasado a su hijo. “Allá era tan normal oír disparos”. Hasta que unos minutos después los vecinos la fueron a llamar.

Al día siguiente, en un periódico amarillista, el asesinato de Lenin fue resumido a una confrontación entre pandilleros. Como si fuera el copy-paste correspondiente a asesinatos en esta periferia de la Ciudad. Arnoldo se enfureció. Se fue al periódico e insistió que corrigieran la nota.

– Mi hijo no tenía ni un tatuaje. Ni uno. Ni un arrete. Era un tipo correcto. No tomaba y no fumaba. Yo siempre he sido muy estricto con mis hijos. Lenin era bien tranquilo. Solo futbol y su moto. Era una motona. A veces como que le tenían envidia algunos muchachos de la colonia. Fue escalando, ya tenía 23 años. A él no lo podían dominar, estaba claro en lo que quería. Yo estaba contento porque estaba definido.

Igual que en otros barrios con presencia de pandillas, los pandilleros no son desconocidos. Son los hijos, primos, nietos, sobrinos, hermanos de los vecinos. Los jóvenes que no están involucrados en la clica local, han crecido lado a lado, jugando naipes y cincos, con los jóvenes que sí pararon involucrados en estos grupos. Se conocen. Se saludan. Conviven. Tal vez hasta empatizan. La vida (o las condiciones de pobreza y desigualdad en la periferia de la Ciudad) hace que entre amigos de infancia unos anden con armas y otros con motos y trabajos de obreros.

– Lenin nunca había tenido problemas con nadie en la colonia. Yo me recuerdo que él iba a jugar futbol, y a veces en las canchas estaban jugando unos 3 o 4 muchachos que sí eran pandilleros. Eso siempre fue así. Crecieron juntos. Pero nunca se involucró. Él me decía, “Ya sabés como soy yo. Yo saludo a medio mundo, pero hasta allí.”

Cómo cualquier papá Arnoldo, quería saber quién mató a su hijo. Y por qué.

– En este momento nos quedamos muy afectados. Porque uno se pone a pensar en cosas, como por ejemplo hacer la justicia por sus propias manos. Yo estuve a punto.

Capítulo 2: Su propia investigación

En sus piernas Arnoldo tiene varios papeles. Hasta arriba unas fotos de Lenin. Desde que Lenin fue asesinado, Arnoldo está determinado a que el caso de su hijo no sea un caso más de la impunidad en Guatemala. Empezó a investigar por su cuenta para buscar al asesino. Al principio pensó que tenía que hacerlo antes que lo encontrara el MP, para matarlo.

Arnoldo es un señor de 52 años. Dice que trae la investigación en la sangre. Desde el conflicto armado hasta su trabajo después de la firma de la paz en 1996. Lleva casi la mitad de su vida trabajando en seguridad privada en una empresa en la capital. Los primeros 15 años estuvo uniformado como guardia de seguridad en las instalaciones de una empresa. En los siguientes diez años, ya de traje, como guardaespaldas del jefe.

En los dos meses que se tardó el Ministerio Público solo en darle una cita para ampliar la denuncia, Arnoldo ya había avanzado en la investigación del asesinato, haciendo simplemente el trabajo de terreno. Paso por paso.

– Empecé donde lo mataron. Hablé con algunos vecinos que conozco. Si vieron algo, si escucharon algo. Me dice una señora, “hay alguien que quiere hablar con usted”, pero después ya no quiso. Le dio miedo. Para qué meterme en cosas, dice la gente.

Solo un testigo estuvo dispuesto a darle una pista. La persona que escuchó las últimas súplicas de Lenin.

– No me matés, nel Conejo, no me matés.

Después de tantos rumores e hilos sueltos, fue la primera pista de valor real. El próximo paso fue identificar quién era tal Conejo. Siempre discreto, pasando tiempo alrededor de donde mataron a Lenin, platicando casualmente con la gente que ni siquiera sabía quién era, logró establecer dónde vivía el Conejo.

– Busqué el lugar y allí estaba, y empecé a vigilar su la casa. Te puedo decir exactamente cómo es: una casa verde, de dos niveles, dos carros afuera, todo. Y de allí pude seguir al individuo para ver dónde se mantenía.

Lo vigilaba desde el banco, en la Despensa, en la agropecuaria, en la venta de periódicos, en la pastelería. Siempre cambiándose de lugar para no exponerse. El Conejo nunca se dio cuenta que Arnoldo lo seguía. Nunca supo qué tan cerca estuvo de perder la vida.

Saca el celular de su pantaloneta.

– Mirá, este es el que supuestamente le disparó a mi hijo.

Estira el brazo con el celular y me enseña varias fotos. Unas son pantallazos de Facebook de una pareja joven. Están abrazados. La niña de 2 años está sonriendo hacia la cámara. En otra hay cuatro hombres jóvenes de rodillas. Con las manos esposadas en su espalda. Detrás de ellos tres agentes uniformados de la PNC. Arnoldo cuenta que en una ocasión el sospechoso fue capturado por otro asesinato en Zacapa, pero que salió muy rápido.

 

Arnoldo sigue investigando a los responsables de la muerte de su hijo.

Arnoldo sigue investigando a los responsables de la muerte de su hijo.

Ya tenía un sospechoso. Pero ningún motivo. Arnoldo todavía no sabía por qué el Conejo habría matado a su hijo.

– Un día que ando investigando, hablo con un conocido que tiene un negocio allá por la zona 18. Todos compran con él. Me conoce, pero no sabe que Lenin era mi hijo. Me empezó a contar. “Aquí vino un baboso hablando muladas”, me dijo, “que el tipo que mató al muchacho Lenin, que a él alguien lo mandó. Alguien que está preso en la zona 18.”
Me quedé asustado.

Arnoldo no entendía. ¿Por qué alguien mandaría a matar a su hijo desde la cárcel?

– Fíjese, me decía el señor, su hijo andaba enamorado. Estaba molestando a una mujer, pero ella tiene marido. Nosotros le dijimos a que mejor se calmara porque estaba preso.

Así ha ido juntando las piezas una por una. Los días que no trabaja, Arnoldo va otra vez a ver si encuentra más pistas que puedan confirmar los indicios, o va al Ministerio Público a entregar la información y preguntar por avances.

Es una obsesión poco gratificante.

– Yo soy así, no me gustan las injusticias. Siempre he sido así. Yo soy hijo de un comandante guerrillero, siempre fuimos a lo social. Las injusticias me caen realmente mal. El poco interés que ponen las autoridades en estos casos. Investigan sólo los asesinatos de políticos o de los que tienen dinero, nada, ¡nada!

Volvemos a hablar con Arnoldo unos días después de Día del Padre. Se escucha deprimido. Ha estado muy ocupado por su trabajo y lleva dos semanas sin ver nada del caso.

– Me siento mal. Es como si lo hubiera olvidado, pero no es así. El día del padre fue bien difícil. Mi hija me mandó una canción, ‘Mi viejo es tan chingón’, creo que se llama, que me dedicó mi hijo, y eso dolió más. Ahí sí que a veces a los hombres también nos toca llorar.

Capítulo 3: Una patrulla impide que mate al asesino

Fue una mañana de noviembre de 2016. Ya no se recuerda qué día. Arnoldo salió temprano de su casa. Un amigo que era muy cercano a su hijo le ofreció acompañarlo y habían quedado en juntarse en el lugar de la zona 18 a las 9:30. Arnoldo llegó puntual. Siempre es puntual.

 

Nunca sale de su casa sin su arma.

Nunca sale de su casa sin su arma.

Mientras esperaba a su compañero llegó una patrulla. Se estacionó justo entre donde estaba Arnoldo, y la tienda.

– Se bajaron dos policías y se pusieron a mensajear en sus celulares, sin prisa. No se movieron. Estábamos el tipo de un lado con la cerveza, tranquilo, ellos en medio y yo.

En ningún momento le quitó la mirada al joven con la cerveza. Como las muchas otras ocasiones que Arnoldo lo había vigilado en los últimos seis meses, este día el asesino tampoco se dio cuenta que alguien lo estaba observando.

Poco después llegó el amigo de Lenin.

– ¿Lo hacemos? ¿Dónde está?

Arnoldo lo señaló con la mirada

– Entrémosle pues, de una vez. Yo me vuelo a los policías, y vos volate al individuo ese. O al revés. No importa. ¡Hagámoslo!

El amigo de Lenin miraba fijo a Arnoldo.

– No seás cobarde, hay que entrarle.

– No es que me acobardara o que me pele. Pero he hecho algo de investigación y si se matan policías, ahí sí investigan. A nosotros nos van a agarrar, y todavía tenemos hijos. Así no. Hoy no fue su día. Vámonos.

– Los policías no se fueron. Por coincidencia o intervención divina, no sé. Allí se quedaron. No estaba bien.

Pocos días después se volvió a reunir con el amigo de su hijo Lenin. Los dos habían tenido tiempo para pensar sobre lo que habían estado a punto de hacer y el amigo le propuso a Arnoldo que fuera con él y su esposa a un retiro religioso para manejar su dolor.

– Le conté al líder espiritual que estuve cerca de matar a la persona que mató a mi hijo hace seis meses. Me abrazó y me dijo que eso no estaba bien. Pero no me juzgaba. Incluso dijo que en esa situación él tal vez hubiera hecho lo mismo, pero que Dios nos da otra oportunidad. Me dijo que tenía que perdonar. Me ayudó muchísimo. Me hizo reflexionar. Si no, otra cosa sería.

Por primera vez en la entrevista Arnoldo empieza a llorar.

– Yo le dije a Dios que lo perdonaba. Porque sí perdono. Pero siento que todavía tengo algo aquí en el corazón. Siempre ando buscando la manera de que se haga justicia. Perdono pero no olvido.

Arnoldo se mira aliviado. Ya no va tanto a la iglesia, pero en un momento crítico sí le ayudó. A perdonar, lo más que se puede, y a resignarse a un sistema en el que no confía. Su expectativa es que el Ministerio Público logre cumplir su deber.

– Las leyes no se aplican, nadie las aplica. Los jueces son unos vendidos. Tanta corrupción. Empresas pagando lo mínimo a sus trabajadores. Es una línea desde el Gobierno, y hay gente que necesita tener a los mareros desestabilizando cierto sector. La situación aquí llora sangre. Yo no quiero eso. Yo quiero que se haga justicia. Ya no espero que maten al asesino de mi hijo. Quiero que lo metan preso.

Capítulo 4: Ir con Arnoldo al edificio del MP

Arnoldo entra y se sienta en la butaca del auxiliar fiscal Alfredo Xocoy en la agencia de la Fiscalía de Delitos Contra la Vida del Ministerio Público, en el edificio en el Barrio Gerona, en la zona 1.

 

Una vez más Arnoldo va al MP a exigir respuestas sobre el asesinato de Lenin.

Una vez más Arnoldo va al MP a exigir respuestas sobre el asesinato de Lenin.

– Con permiso. Le estuve llamando, pero nadie contestó. Quería ver si tiene alguna información con lo de mi hijo. La otra vez usted me dijo, que no me pudo atender porque le asignaron a un caso, el de la bomba en zona 18.

– En eso estoy todavía. En eso estoy todavía.

El funcionario sonríe sarcásticamente. Se ríe sin reírse. Su expresión es de desesperación, de alguien a punto de colapsar. Aparte del caso de Lenin García, tiene en su despacho otros 100 otros casos. Otras 100 vidas acabadas.

A Arnoldo no le pregunta su nombre, tampoco el nombre de su hijo, ni el número del caso. El fiscal ya lo sabe. En un año Arnoldo ha venido por lo menos 20 veces a exigir respuestas e información sobre los avances en la investigación del caso. Una vez cada dos semanas al menos.

– Ahorita no hemos dado seguimiento a ningún otro caso más que él de la bomba. Como en este caso hay detenidos, estos son los casos relevantes. Entonces sí me desentendí de los demás casos.

– Todos deberían ser relevantes. Es una vida, ¿no?

Una vida es una vida. Y en los últimos siete años, entre enero de 2010 y junio de 2017, 43, 692 personas han sido víctimas de muertes violentas. 43 mil familias y amigos han sido afectadas por el asesinato de un ser querido. De esos 43 mil asesinatos, 73 fueron en San Pedro Ayampuc. Uno de ellos fue el de Lenin García.

De los 43 mil asesinatos, sólo ha habido 12,925 detenciones y sólo 1,522 sentencias, que van desde 18 días hasta 560 años, porque algunos fueron condenados por asesinar a varias personas.

En la escena en el Ministerio Público, se nota que al auxiliar fiscal le da pena. Está igual de frustrado. Dice que no es falta de voluntad de parte de los profesionales en el MP que genere el estancamiento en casos como el de Lenin.

– Para este tipo de casos nosotros dependemos de otras unidades, por ejemplo necesitamos comparativos de evidencia. Pero para hacer las pruebas balísticas hay poco personal y llevan como un año de retraso. Según comentan, los peritos de balística del Inacif (el Instituto Nacional de Ciencias Forenses) son miembros del sindicato, entonces no se les puede hacer nada. Aparte tenemos que analizar la información del celular de Lenin García. Pero el CRADIC [Centro de Recopilación, Análisis y Gestión de Información Criminal] también lleva un año de retraso. Y en cada unidad, si surge un caso con capturas se les dan prioridad. No es que no se quiera hacer. Hace falta de todo.

Otro obstáculo para poder avanzar en la investigación del caso es la falta de vehículos. En esta agencia de la Fiscalía Contra Delitos de la Vida solo tienen un vehículo para cubrir el trabajo de investigación en las 25 zonas de la capital y el municipio de San Pedro Ayampuc. El uso del vehículo se tienen que coordinar entre los auxiliares fiscales de turno y los agentes de la DEIC, División Especializada en Investigación Criminal.

Si Guatemala dejara de ser el país en el continente que menos impuestos recauda, si no hubiera tanta evasión y elusión, si se robaran menos los impuestos, si los administraran mejor, quizás el Ministerio Público podría tener más fiscales y más peritos de balística y más analistas de celulares y más carros. Y habría menos muertes impunes.

Arnoldo le hace una propuesta al fiscal:

– Pues si usted lo coordina, los llevo yo. Yo tengo carro. Yo pongo la gasolina.

– Pero mis compañeros no pueden subir a vehículos particulares. Además, a San Pedro Ayampuc cuesta ir. Es peligroso y tenemos que coordinar entre más gente por la seguridad. Como usted dijo, se tiene que entrevistar a los señores y estoy de acuerdo en eso, porque hay cosas que no están claras. Supuestamente con el cambio a mi compañero, se puede avanzar más. Aunque creo que el tiene el caso de Etapa II (los asesinatos en una correccional). Igual ese es otro caso relevante.

Como parte de una reestructuración de la Fiscalía, pronto el caso de Lenin será transferido a otro auxiliar fiscal que sólo atenderá a casos de la zona 18 y San Pedro Ayampuc. El número de casos que llevará este nuevo funcionario no baja de 100. Será el tercer funcionario en 14 meses a encargarse del asesinato de Lenin.

A Arnoldo no le cabe la decepción en el pecho.

– Pero la primera persona no le dio ningún seguimiento. Pasó con usted y nulo. A pesar de toda la información que yo les he dado. Es vaga, pero es algo que yo les estoy dando para que tengan de qué lado irse. No tengo pruebas, pero son indicios. Yo si quisiera suplicarle…

– Si pues, así es como se trabaja. Se les da importancia, pero si dentro de las 72 horas no hay mucha información, se le da seguimiento nada más. Nunca se queda parado, se revisa la información que viene y se va viendo si coincide con lo que se tiene. Por ejemplo en base a lo que se va enterando la familia posteriormente al hecho. Es nuestro trabajo, pero a veces las familias se enteran primero.

El escritorio del auxiliar fiscal tiene torres de papeles. “Darle seguimiento” a un caso consiste solamente en volver a ver cada papel día tras día. Sin capturas el caso no tiene prioridad. Sin avances en la investigación no hay capturas. Si no hay recursos, no hay investigación.

Arnoldo sale de la agencia del Ministerio Público frustrado. Indignado. Una vez más, sin respuesta. Con una sensación de impotencia y desilusión. Va hacia las gradas eléctricas con una mirada determinada.

– El poco interés de las autoridades cuando el caso no es de un político o de gente con dinero da rabia. Mirá en el caso de mi hijo, salgo llorando porque no tienen nada. ¡Nada! Te juro, eso solo me da ganas otra vez de ir con un arma y arreglar las cosas yo solo. Hacer justicia yo mismo. No lo hago sólo por mis otros hijos.

Pia Flores
/

Buscadora de las historias invisibles y experiencias con sentido. Antropóloga irreverente y amante de la diversidad, la noche, las auroras cansadas y los cuentos que tardan.


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    Harold Mora /

    16/08/2017 12:25 PM

    Es un excelente relato doña Pia: Pues no cuadro del todo, en este diario escriben esto donde siempre otros son los culpables. Tienen razón, la culpa es de muchos. Como relato es muy bueno lastima la ligereza de tirar la idea sobre un aspecto. Muchos usan el caballito que no hay fondos, pero como dice Cesar, podrán tener toda la plata del mundo pero si no usan bien --por ende se despilfarra en corrupción-- nunca alcanzara. Ya pagamos impuestos para todo hasta para resarcir a personas que como el de la historia fue miembro de la guerrilla que impulsaron el uso de la violencia para obtener sus fines. Bueno Si es cierto "el que a hierro mata a hierro muere" Entiendo que la lección de este relato es la misma "la corrupción nos esta matando"

    ¡Ay no!

    1

    ¡Nítido!

    A.G.O.N /

    08/08/2017 10:24 AM

    Pienso que con seguir jalando la cadena solamente se traeran mas tragedias. Dios (y no soy fanatica) le ha puesto obstaculos precisamente para que no se ensucie sus manos, esto es un engranaje, hoy mata El al asesino de su hijo y más tarde algún familiar del delincuente lo matará a El y asi suscesivamente. Deje que la justicia Divina caiga, viva su vida, Lenin ya no esta fisicamente sus otros hijos si, y lo necesitan vivo. No acompañando al difunto en una caja.

    ¡Ay no!

    3

    ¡Nítido!

    Juan /

    07/08/2017 4:49 PM

    Lamentablemente los casos 'no mediáticos' no se resuelven, siempre ha sido así y dudo que cambie la cosa.

    PD: CC Portales es en la zona 17.

    ¡Ay no!

    1

    ¡Nítido!

    César A. /

    05/08/2017 6:09 AM

    1. Triste historia, el señor debiera hacer justicia con sus propias manos, su familia lo merece, jamás existirá se parte de Thelma Aldana y sus secuaces, ellos solo impulsan una agenda y no les interesa lo que no puede publicitarse en la TV y redes.
    2. ¿No es el MP a quien ustedes admiran y dicen que es el agente de cambio del país? Doble discurso como siempre para este blog.
    3. ¿Recaudar más impuestos hará que el sistema funcione? ¡Por favor! Hay que ejecutar bien, reducir el estado ocioso y gastar en lo que es prioritario. Más dinero, solo se traduce en más corrupción no en más eficacia.

    ¡Ay no!

    10

    ¡Nítido!

    José /

    04/08/2017 11:10 PM

    lo terrible es que haya asuntos que estén atrasados un año solo porque a empleados del inacif por ser del sindicato no se les puede hacer nada (entiendo no les pueden pedir que hagan su trabajo en tiempo) con un año de atraso ¿qué probabilidad hay de lograr algo en un caso como este? que como dicen es "uno más" de un ciudadano de a pie

    ¡Ay no!

    1

    ¡Nítido!

    Joe /

    04/08/2017 10:52 PM

    Si muy bien lo que toca es proporcionar todas estas evidencias para ayudar al MP

    Creo que que bien que la autora de este artículo evidenció el tema

    Y estoy seguro que las evidencias presentadas serán en la lucha contra la corrupción e impunidad ayudará las evidencias los nombres lugares y tiempos y evidencias llegarán a condenan con los culpables y con ayuda de grandes personas que con valentía estarán en los juzgados de esos lugares presentando las denuncias y los culpables estarán en menos de un mes capturados..

    Se deben capturar a los culpables con las evidencias ya expuestas y querellantes adhesivos al proceso

    No puede ser posible que esas personas crimínales sigan libres...

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    C. L. /

    04/08/2017 11:58 AM

    Este es el periodismo que hace falta en Guatemala, que muestre que la violencia no es solo la foto con los del chaleco del MP y la sangre en el piso, sino son personas, muchas de ellas honradas, que no habrá justicia para ellas y que detrás de cada muerto que aparece en las paginas de los periódicos, hay familias que sufren, viven dramas y la indiferencia de nuestro sistema que solo se enfoca en los casos de alto impacto. Los medios tienen su compromiso con la población, y parte de ello es esto; Mostrar que la víctima, es eso, una víctima de nuestra sociedad y del sistema.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!



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