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El agresor eres tú

Todos los días las redes sociales y organizaciones de mujeres, muestran casos de agresión, acoso, violencia y violación sexual hacia mujeres. Recientemente, el caso más notorio es el del viceministro Hugo Cabrera Navas, catedrático de derecho en la Universidad de San Carlos y miembro de la comisión de postulación para la elección de magistrados de la Corte Suprema de Justicia, quien además de acosar estudiantes, compartió un vídeo con contenido sexual en un grupo de WhatsApp. Una práctica tan común en el país, que además de denigrar a las mujeres constituye un delito, pasa en la ciudad y en los lugares más recónditos del país.

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Esta es una opinión

Foto: Carlos Sebastián

No son casos aislados. Estos actos misóginos y agresiones ocurren constantemente y están presentes en todos los estratos y grupos sociales. Si bien el tipo de violencia varía, cada caso nace de un problema social con profundas raíces históricas. Si bien el tipo de violencia varía en cada caso, las agresiones están presentes prácticamente en todos los estratos y grupos sociales. Tanto la universidad pública como privada tienen casos de acoso y violación sexual. Hay una larga lista de decanos, profesores, estudiantes y un sinnúmero de profesionales (periodistas, abogados, políticos, sociólogos, antropólogos, médicos, psicólogos…), señalados de actos de agresión, acoso y violencia sexual, física, económica, psicológica y política.

El sector público, resulta igual o peor. Además del aberrante caso de Hugo Cabrera Navas, está el caso ampliamente documentado de abusos, violencia y violación sexual de Bruno Campo, contra estudiantes menores de edad y jóvenes, siendo director de la Escuela Municipal de Música de la Ciudad de Guatemala. Dada la gravedad del caso, no solo hay una denuncia, sino varias, y como en otros casos ha sido posible identificar un patrón o modus operandi del agresor. Arzú y el unionismo, además de encubrirlo, lo sacaron del país con una beca a Italia. Algo similar ocurre con el gobierno de Giamattei y el viceministro Hugo Cabrera, pues señalan que deberá solventar su situación ante las autoridades correspondientes.

La sociedad civil tampoco está exenta: recientemente han sido señalados algunos activistas sociales, ambientalistas, sindicalistas, líderes sociales, mestizos e indígenas. Algunos casos causan asombro, otros eran un secreto a voces y muchos más siguen sin conocerse.

Los casos de acoso y violencia no son nuevos dentro de los movimientos sociales, sin embargo ahora cobran más visibilidad. Entre las causas, encontramos las siguientes. Muchas denuncias provienen de mujeres jóvenes, lo cual evidencia un paulatino cambio generacional, tan necesario en una sociedad de postguerra plagada de caudillos y jefes, que se perpetúan en diferentes espacios e instituciones. También es notoria la organización y la participación política de las mujeres y su excelente desempeño en diferentes instituciones y ámbitos claves del país: juezas, periodistas, abogadas, defensoras de derechos humanos, artistas, funcionarias públicas, atletas, escritoras, comadronas, autoridades indígenas, medicas, entre otras. Otro factor es el contexto regional y mundial de denuncias de acoso, violencia y feminicidio, como los movimientos “Ni una menos”, “Yo También” (MeToo) o “Un violador en tu camino”, el performance contra las violaciones de derechos de las mujeres, que nació en Chile y le dio la vuelta al mundo, Guatemala no fue la excepción. Se trata de movimientos de mujeres que es necesario que conozcamos.

Algunos casos de agresión y violencia han sido señalados a través de afiches, fotografías y de forma anónima. El anonimato es comprensible en un país acostumbrado a abordar los problemas a través de la violencia, la descalificación y el negacionismo. De hecho, las agresiones contra las denuncias no se hicieron esperar. Por lo cual, es de admirar la valentía de las mujeres que se atreven a romper el silencio, nada fácil en cualquier tipo de relaciones de dominación.

Con relación a los afiches e infografías, donde suelen aparecer diferentes tipos de agresores, las reacciones han sido diversas. Algunos increpados u ofendidos señalan que parecen actos sumarios o linchamientos mediáticos, otros señalan que se debe presentar la denuncia penal, buscando cobijo en la presunción de inocencia y el debido proceso, propio del sistema judicial dominante. Otros consideran que se trata de rumores o ataques políticos que se excusan en el anonimato. Tampoco faltan quienes tergiversen estas acciones, señalándolos como actos propios de la inquisición o del nazismo, nada más alejado de la realidad y de la historia. Quizá haya excepciones, pero eso son, la excepción a la norma.

En el caso de las organizaciones sociales, activistas o defensores de derechos humanos, es importante abordar otros aspectos. En primer lugar, se trata de agresiones internas (de un conocido, amigo, aliado o simpatizante), no de una persona externa. Por lo cual, es inadmisible señalar que se trata de ataques de los adversarios, como los que suelen hacer los grupos de derecha y extrema derecha. El problema está en casa.

En segundo lugar, reconocer y reparar el daño redime, individual y colectivamente. Si no se hace, el problema se mantiene y debilita el trabajo que se realiza. La defensa de los derechos humanos debe ser contra todas las injusticias, privilegios y dominaciones. De lo contrario, se mantienen las relaciones de dominación, se acrecientan las divisiones, la falta de articulación y de unidad.

En el caso de las organizaciones indígenas, el acoso, sexismo, agresión y machismo, pone en evidencia que la dualidad entre hombres y mujeres, muchas veces es formal, no real. Es decir, que la dualidad no está exenta de relaciones de dominación y sujeción, tanto en los espacios de representación y la toma de decisiones, como en el acceso a recursos, educación e información. Por ello, es fundamental que las organizaciones, alcaldías y asociaciones indígenas haya hombres y mujeres en igualdad de condiciones: con los mismos salarios, la misma presencia e incidencia política. No se pueden usar los mismos argumentos del clasismo, racismo y la meritocracia: los espacios se ganan, irreal en un mundo de privilegios y desigualdades. Si una persona no tiene acceso a educación, difícilmente será un profesional y tendrá méritos o incidencia política nacional o internacional.

Es importante reconocer el problema para poder abordarlo. Romper el silencio abre la posibilidad para tratar este problema, no para negarlo, ocultarlo o justificarlo. La historia nos ha demostrado que, si los casos de violencia quedan impunes y se descalifica a las víctimas, el problema continúa y pudre a la sociedad. Resulta capital que las instituciones y organizaciones sociales, cuenten con mecanismos internos para prevenir, tratar y sancionar casos de acoso, agresión, violencia y machismo.

En el plano personal, es importante tomar conciencia del acoso, sexismo, machismo y violencia hacia las mujeres, pues al igual que el racismo, se internaliza y normaliza. Durante muchos años, pensé que era normal que los hombres fueran atendidos por mujeres, incluso llegué a agredir cuando las cosas no eran así. Por ello, los procesos terapéuticos son un buen punto de partida, más en una sociedad de postguerra donde no hubo procesos de sanación psicosocial.

También es urgente y necesario que nosotros los hombres nos cuestionemos sobre nuestros privilegios, el papel y la complicidad que ejercemos en la dominación hacia las mujeres. No hay que ir tan lejos, podemos iniciar evaluando nuestros comportamientos en el plano familiar.

Me'k Matom
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Me’k Maton, ese es su nombre en Ixil. Miguel de León Ceto en español. Docente, analista e investigador. Además de investigar y escribir sobre religión, rebeliones y pueblos indígenas, se decanta fácilmente por la música y el baile. Doctor en sociología en la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de París.


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    FELIZ DONDE ESTOY /

    09/07/2020 9:45 AM

    Podéis escribir y decir todo lo que queráis, pero la realidad es que a la cárcel no va ninguno de ésos que nombráis. Bruno Campo está paseándose tranquilamente por Europa. Vuestro sistema judicial es una basura. Guatemala es un narcoestado donde no existe la separación de poderes. Sois realmente ridículos. Lo primero que tenéis que hacer manifestaros y paralizar el país como se hace en lugares con una democracia moderna y una sociedad civilizada con el fin de cambiar las cosas. Vosotros contáis pero no cambiáis nada. Ah, y se me olvidaba algo! sois el país más inhospitalario del mundo.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Marco Asturias /

    08/07/2020 8:35 PM

    No sé porqué pero me recordé del caso de Martín, periodista de este medio de quien simplemente ya no se supo nada. La culpa te seguirá a donde vayas.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

      Willy /

      09/07/2020 9:36 AM

      Y ahora que ya escribiste algo con el hígado, podés escribir algo con la cabeza?

      ¡Ay no!

      ¡Nítido!



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