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En la cima de la pandemia y sin bolsa de dormir

He sido más de senderismo que de alpinismo. No me he animado a ascender el Acatenango pues aún tengo vivos ciertos recuerdos de mi última aventura en el volcán de Agua y se me ahuyentan las ganas. Aunque admito que la última vez que lo hice, las consecuencias fueron producto de mi improvisación y levedad, esa experiencia se parece un poco al camino cuesta arriba que atraviesa Guatemala con la crisis del COVID-19.

Blogs Fernando Barillas P369
Esta es una opinión

Un hombre recorre la zona 3 de la ciudad.

Eran los primeros días del 2006. Había vuelto de una buena experiencia a nivel profesional y personal en Nicaragua. Estaba involucrado de nuevo en política y, como suelo avivar la llama de mis utopías, conseguí un apartamento en el Centro Histórico cuya ubicación era perfecta para la vida que aspiraba en ese entonces.

Hice una fiesta de inauguración a la que invité a mis amigos, los de siempre. Se acercaba el día del Señor de Esquipulas y a alguno de ellos, al calor de los tragos, se le ocurrió que era buena idea, en honor a la efeméride, subir el volcán de Agua, acampar en el cráter y seguir arriba la parranda. Yo dije que no iba, pero que podía acompañarlos a Santa María de Jesús y esperarlos al regreso.

Los que aceptaron se prepararon. Nos juntamos el fin de semana siguiente y por azares del destino yo llevaba una mochila en la que adentro había tan solo una naranja. Estando ahí y al ver el entusiasmo con el que empezaban a caminar, me animé. Tomé la chaqueta que llevaba, la mochila, la naranja, busqué una vara que me sirviera como bastón y subí con los demás.

A decir verdad, llevaba un buen ritmo: lento pero constante. El ejercicio nunca ha sido lo mío y sin embargo ahí iba haciéndole frente al espontáneo desafío. Llegamos al lugar conocido como La Quebrada. Los que saben dicen que es la mitad del camino y es un punto donde suelen descansar los aventureros, antes del tramo más difícil.

Yo decidí detenerme unos pocos minutos, pues prefería no perder el ritmo. A fin de cuentas, mis amigos me iban a alcanzar tarde o temprano. Pero al continuar, en algún momento me perdí en la ruta y me vi desubicado ya con la noche y el frío encima.

Los teléfonos celulares apenas si funcionaban. Intenté comunicarme y nada. Mi sentido común me decía que debía seguir avanzando hacia la cima hasta reencontrarme con el sendero. Mas no fue tan sencillo como imaginé. La ruta que estaba recorriendo se hacía cada vez más estrecha hasta que desapareció. Me vi entonces atrapado entre maleza congelada, rocas gigantes y desfiladeros empinados. Para colmo de males empezó a llover, así que estaba empapado, con los vidrios de mis gafas empañados y sin tener idea hacia dónde seguir.

Al cabo de las horas me detuve y decidí que iba a pasar la noche bajo la protección de una piedra. Sin embargo, el frío era tan intenso que decidí arriesgarme y continuar hasta encontrar señales de vida.

Y así fue. De repente encontré basura tirada, escuché murmullos y a lo lejos divisé las luces de algunas linternas. Eran montañistas que habían seguido la ruta correcta. Me reincorporé al camino y localicé al resto de mis amigos ya instalados y contentos de verme.

El asunto es que cuando llegué ya no había bolsa de dormir para mí. Se habían acomodado de tal manera que me tocó colocar un plástico sobre el piso de una de las carpas y pasar la noche; de las peores de mi vida.

Al otro día no me apetecía ver amaneceres, ni volcanes, ni paisajes. Lo único que quería era volver cuanto antes, regresar a mi casa, bañarme y dormir. Pero era tanto mi deseo de escapar del lugar, que el descenso lo convertí en algo mucho más complicado que el ascenso. Mi cuerpo y mi mente estaban agotados, seguro había sufrido algo de hipotermia y me sentía apagado y sin fuerzas. Apenas si logré regresar de pie a Santa María de Jesús.

Pienso ahora en el país. Pienso en cómo inició este ascenso que tenía necesariamente qué transitar; que tuvo tiempo y recursos para prepararse y no lo hizo. Pienso en cómo el presidente Alejandro Giammattei nos hizo sentir que sabía lo que hacía, que tenía un plan para enfrentar el COVID-19 de manera eficiente, transparente y responsable, pero que no pasó de ser un mero espejismo.

Y aquí estamos, como yo esa vez, subiendo el volcán sin bolsa de dormir, sin ropa impermeable, sin zapatos adecuados y sin la más mínima idea de hacia dónde vamos; si ya llegamos a la cima y cuándo llegará el momento de empezar a descender.

Ivan Vallejo, alpinista ecuatoriano que conquistó el monte Everest, explicaba cómo muchos escaladores mueren luego de alcanzar la cumbre. Le pasó a su compañero de viaje, el belga Pascal Debrouwede en el 2002 y a varios colegas suyos en distintas montañas de Sudamérica.

A este fenómeno, Vallejo lo denomina estadística de fatalidad en el descenso, y tiene qué ver con el número de montañistas que alcanzan el objetivo, pero fallecen por el deseo de retornar cuanto antes para escapar de la zona de la muerte. Buscan bajar enseguida, sin tomar en cuenta la falta de oxígeno más el agotamiento físico y mental.

En Guatemala pareciera que ya estamos exhaustos, hartos, y ni siquiera hemos llegado al pico de contagios. La mezquindad, irracionalidad y falta de sentido común en las últimas decisiones de Gobierno, solo hacen pensar que, en tanto no se tomen acciones contundentes para forzar un confinamiento de a de veras, el momento de empezar el retorno pinta cada vez más lejano.

De parte del alpinista estrella en esta expedición, el doctor Edwin Asturias, aún estamos esperando recibir su guía y consejos para enfrentar esta difícil situación, de manera que se perciba que, finalmente, tenemos una estrategia clara.

Por lo pronto, la improvisada decisión de hacer circular vehículos con placas pares un día e impares el siguiente, y dejar cerrado el país solo los domingos, pareciera que solo propiciará que se extienda la incertidumbre, la agonía y el virus mismo.

No nos queda más que seguir aquí, totalmente vulnerables, en la cima de la pandemia y sin bolsa de dormir. Y después de eso, todavía nos queda la difícil tarea de regresar.

Fernando Barillas
/

Desobediente. Ex vocero de gobierno. De aquéllos a los que les decían Los Peludos. Consultor de comunicación e integrante de Antigua Al Rescate. Ha aprendido a tener paz antes que tener razón. En este espacio se representa a sí mismo, a sus perros y gatos —quizás—.


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    Lety batres /

    17/06/2020 3:39 PM

    Me parece acertada la comparación

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

      Ceci /

      18/06/2020 6:32 AM

      Excelente nota

      ¡Ay no!

      ¡Nítido!

    Luis Paraiso /

    17/06/2020 6:27 AM

    “El número de guatemaltecos que tienen problemas para conseguir alimentos crece poco a poco y si en marzo el número se estimaba en un millón 46 mil; para julio, 276 mil 965 personas más enfrentarán la misma dificultad, un aumento del tres por ciento, lo cual hará que el número llegue a un millón 323 mil.”
    “Las estimaciones tanto de la Cepal como de la FAO suponen que 3.5 millones de guatemaltecos no tendrán los ingresos suficientes para alimentarse este año, la mayor parte de estos viven en las zonas rurales, por lo cual los organismos plantearon medidas de emergencia para garantizar su seguridad alimentaria. »
    creo que tendremos mas necesidad de una bolsa para dormir eternamente con todo lo que « vivimos o con todo lo que morimos » y por eso las instituciones publicas sin proyeccion para enfrentar la crisis nos demuestra el terreno en el que si se puede proyectar a falta de todo.
    « De acuerdo con la información registrada en Guatecompras, el IGSS adjudicó cinco eventos para adquirir 975 bolsas por un total de 176,000 quetzales. Por otro lado, el MSPAS publicó doce eventos por un total de 415,600 quetzales. La cartera compró 2,143 bolsas que, en conjunto con lo adquirido por el Seguro Social, suman 3,118.
    Las empresas encargadas de vender las bolsas son Importadora Jaeger, Evelyn Guadalupe Cifuentes Lazo de Villatoro, Persy Marleny Bonilla Guerra de Escobar, Industria Plástica de Reciclados y Elliot Brown.
    Ambas entidades de salud aún esperan la evaluación de otras ofertas presentadas para adquirir más bolsas para cadáveres. »

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Alba Lucia /

    16/06/2020 6:14 PM

    Excelente columna. Además de la emotiva narración, un parangón buenísimo para describir la situación por la que estamos atravesando... Ufff.... Qué impotencia!

    ¡Ay no!

    1

    ¡Nítido!



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