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Enfoque: La libertad de expresión no tiene límite...

La Declaración Universal de Derechos Humanos y nuestra Constitución fijan claramente el alcance de esta libertad que, por cierto, es de todo ciudadano y no solo de los periodistas.

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Esta es una opinión

Los medios de prensa son un vehículo para ejercer la libertad de expresión. (Ilustración SIP)

Libertad de Prensa

Hugo Chávez incluyó en la Constitución de Venezuela –artículo 58– que (…)  Toda persona tiene derecho a la información oportuna, veraz e imparcial.  Esto, que puede parece algo ideal, no fue más que una trampa constitucional, para luego desarrollar una serie de leyes restrictivas en materia de libertad de prensa, tomando en cuenta que quienes detentan el poder –los chavistas– son quienes califican que información es oportuna, veraz e imparcial. Chávez y su sucesor Maduro, prácticamente han acabado con la prensa independiente en su país.

Aquí, nada menos que en el día que se conmemora la Independencia Patria, el presidente Alejandro Giammattei se disparó un discurso en el Congreso en el que, como Chávez, se sacó de la manga una fórmula que puede parecer lógica y justa, diciendo que la libertad de prensa tiene como único límite la verdad.

Esto dijo el mandatario: Resultaría inútil hablar de libertad de pensamiento, si no es posible expresarnos, pero expresarse requiere responsabilidad, la formación de ideas, ideologías y diferentes formas de entender la realidad representa parte fundamental de la libertad de expresión, pero tiene un límite, y ese límite es la verdad.

Habló también de malos ciudadanos a los que les gusta difamar, en una alusión que llega en momentos en que su secretario Particular, Miguel Martínez, ha planteado denuncia en contra de un medio de prensa, Plaza Pública, por estar realizando un trabajo de investigación sobre su perfil, por ser un funcionario público y reconocido como la persona más poderosa dentro del gabinete ministerial.

En varias ocasiones visité Venezuela para expresar el repudio de la prensa independiente del continente, a las violaciones a la libertad de expresión y de prensa por parte del poderoso chavismo. En las discusiones que tuve que sostener con funcionarios, rechazaba que se partiera del principio de que la información tiene que ser oportuna, veraz e imparcial, porque finalmente, cada uno de esos atributos es absolutamente subjetivo y, por lo tanto, manipulable a favor de quien decide sobre la información.

¿De qué verdad habla el presidente? ¿La verdad oficial?

La prensa debe tener un compromiso con la búsqueda de la verdad, pero tampoco puede atribuirse el que todo lo que se publica es cien por ciento cierto.  Recuerdo que, en mi paso por la dirección de Prensa Libre, durante el gobierno de Alfonso Portillo, descubrimos un desfalco millonario en el ministerio de Gobernación.  Publicamos la noticia diciendo que se había sustraído más de Q60 millones de una cuenta de dicha cartera.

Portillo, el vicepresidente Francisco Reyes y el Contralor de Cuentas de la Nación –quien debía investigar lo que denunciamos–, salieron a criticar a Prensa Libre, diciendo que la noticia era falsa.  En Venezuela hubiera sido suficiente para callarnos.  Aquí la Constitución nos protege y continuamos con la investigación.  He de reconocer que, al fin de cuentas, algo de razón tenían los funcionarios, porque en principio la noticia estaba equivocada… se robaron más de Q90 millones y no los Q60 que nosotros dijimos, pero lo cierto es que la noticia sirvió para que el MP tuviera que actuar.

La Constitución, en el artículo 35, establece lo que compete a los funcionarios públicos en su relación con la prensa.  Si se sienten ofendidos por algo que se dice o publica sobre ellos, deben acudir a un tribunal de honor y demostrar su inocencia o que no hay precisión en la información. Pero claramente señala:  no constituyen delito o falta las publicaciones que contengan denuncias o imputaciones contra funcionarios o empleados públicos por actos efectuados en el ejercicio de sus cargos. 

Es fácil intentar confundir a la sociedad.  ¡Por supuesto que queremos saber la verdad! pero también entendemos que nadie es dueño de la verdad absoluta y, entonces, quien califica qué es verdad y qué no lo es, puede distorsionar el escenario.  El Gobierno debe hacer su trabajo… y dejar que la prensa haga el suyo.

Primero Martínez y luego Giammattei, por salir en su defensa, han alborotado el hormiguero, al extremo que ahora se pide que desaparezca el famoso Centro de Gobierno.

 

Gonzalo Marroquín Godoy
/

Soy amante del periodismo y por eso he defendido la libertad de prensa en todo el continente. Desde los 19 años abracé esta profesión, que me ha abierto las puertas para dirigir varios medios y así poder conocer la Guatemala sufrida, la Guatemala que lucha, la Guatemala que necesita cambiar. No creo en la verdad absoluta ni en la perfección, pero son dos cualidades a las que debemos aspirar en nuestra labor informativa.


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    Mauricio Velásquez /

    22/09/2020 9:14 AM

    Digamos que, todo es libertad de expresión hasta que alguien expresa lo que no queremos que se sepa y, Giammatei, en su intento de corregir "algunos errores" terminó por cuestionar la labor de la prensa, pero solo de aquellos que se atreven a expresar libremente la verdad.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Beatriz Palomo /

    21/09/2020 5:07 PM

    Me parece que la libertad al igual que la democracia, si se le añade un atributo, deja de serlo.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!



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