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Mi propia experiencia en el bautizo de la USAC

El bautizo ha sido, sin lugar a dudas, la peor experiencia que he tenido como estudiante en la Universidad de San Carlos. Es degradante, humillante, atenta contra la salud y la dignidad. Este es un relato de cómo fue mi bautizo.

Blogs Bautizo ingeniería usac
Esta es una opinión

Bautizo de ingeniería, USAC-2012

Foto: Josué Goge

En 1995 entré a estudiar la licenciatura en física en la Facultad de Ingeniería de la Universidad de San Carlos. En los primeros días del semestre, llegaron los encapuchados a interrumpir una clase para darnos información sobre el bautizo. Nos dijeron que ese año iba a ser más suave y que nos iban a dejar con zapatos en lugar de andar descalzos. Y que no nos iban a rapar.

Amigos, conocidos y familiares nos dieron todo un sin número de precauciones que había que tomar para ese día. Desde llegar con ropa vieja porque nos la iban a quitar, hasta el hecho de que era mejor si alguien nos llegaba a dejar, porque seguramente los encapuchados nos iban a bajar de la camioneta antes de entrar a la U.

El día del bautizo, el papá de un amigo nos fue a dejar hasta la Facultad de Ingeniería. Tal como nos habían advertido, en la entrada de la U estaban los encapuchados bajando de los buses a los nuevos y bautizándolos desde la entrada. Al cruzar lentamente la puerta de ingreso, un encapuchado se acercó al carro y preguntó: “¿nuevos?”. Nos hicimos los locos como si fuéramos estudiantes viejos y nos dejaron pasar. Nos bajamos en la entrada del parqueo, entre los edificios T-1 y T-3.

Ya en la facultad, los padrinos nos guiaron al edificio T-3. En el salón 109 había que dejar la ropa. No recuerdo si nos quedamos en pantaloneta o en calzoncillo, creo que fue lo primero. Y con zapatos, pero el derecho en el pie izquierdo y viceversa. Todos los nuevos eran acomodados provisionalmente en los salones del edificio. A mí me tocó en el 110.

Allí estuvimos por espacio de una media hora. Transcurrió el tiempo entre risas nerviosas y chistes sobre nuestro predicamento. No sabíamos qué iba a pasar, pero teníamos el consuelo de que todos estábamos metidos en el mismo aprieto.

Nos sacaron del salón. Hacíamos fila en el pasillo y poco a poco nos dimos cuenta que nos dirigíamos hacia la pileta del T-3. La hediondez del agua en la pila aturdía desde lejos. Era una mezcla de olores como a ajo y putrefacción. Llegado el momento tuvimos que saltar hacia el caldo fétido de apariencia turbia, por donde ya habían pasado algunos cientos de estudiantes, dejando fluidos corporales mezclados con las aguas bautismales.

El paso por la pila no duró mucho. Entramos por el lado del corredor que va hacia el T-4 y salimos por el lado de la gradas del T-3. Una vez afuera de la pileta nos unimos al resto del grupo que estaba formado en el parqueo entre los edificios T-3 y T-1. Algunos poco afortunados eran seleccionados por los encapuchados y padrinos para realizar un bautizo más personal. Les colocaban brasieres, les pintaban el cuerpo, les cortaban la poca ropa que aún llevaban, los hacían rodar por el suelo, les daban a sostener un hueso cual cetro grotesco, etc. Yo fui uno de esos desafortunados.

Mientras me acercaba hacia donde estaba el grupo en el parqueo, uno de los padrinos, que no tenía capucha, se acercó a mí y a gritos me dijo: “¡Nuevo, andá a nadar a ese charco!”. Como quien se hace el desentendido seguí caminando, pero el tipo no se dio por vencido. Siguió gritándome, con su cara roja y aspecto enfurecido. Yo estaba atemorizado, pero me seguía rehusando. Al fin, el tipo le dijo a unos encapuchados: ¡Muchá, aquí hay un nuevo lleno de mierdas!”.

Otros dos tipos más llegaron para gritarme que tenía que tirarme al suelo, boca abajo sobre un charco y hacer como si estuviera nadando. Pues ya eran tres contra uno y no tuve más remedio que hacerlo. Después de un momento de estar haciendo los movimientos ridículos de estar nadando en el charco y escuchando sus risotadas de satisfacción, los tipos se fueron a importunar a sus siguientes víctimas. Me levanté y me uní al grupo en el parqueo.

Salimos a darle la vuelta a la universidad, caminando por el boulevard que circunda el campus. A medida que íbamos pasando por las diferentes facultades, los encapuchados nos instruían para gritar los típicos insultos hacia los estudiantes que no fueran de ingeniería.

La vuelta transcurrió para mí sin mayor novedad. Regresamos de nuevo al parqueo de ingeniería donde dio fin el magno evento. Allí estaba yo, con otros tres compañeros del colegio; hediondos, semidesnudos, pegajosos, con sustancias desconocidas sobre la piel y alegres de que todo hubiera terminado. Era hora de regresar a casa.

Recuerdo que una tía llegó a traerme en un pickup. Le dimos jalón a otros dos compañeros y finalmente llegamos a casa. Me bañé a guacalazos en el patio, porque no podía entrar en esas condiciones a la ducha. Todavía algunos días después, el fétido olor hacía una leve aparición cuando me bañaba, no sé si era real o me lo imaginaba.

Como si todo lo anterior no bastara, el bautizo me premió con un recuerdito adicional: una infección de Herpes Simplex en el hombro derecho, que tuve que curarme en los días subsiguientes.

Cada inicio de año vuelve el tema del bautizo a la USAC. Este año se ha prohibido todo tipo de actividades que sean reminiscentes a un bautizo. Lo celebro. No me parece que someter a los nuevos estudiantes a este tipo de vejaciones sea una manera de darles la bienvenida a su alma mater.

Por allí dicen que los mismos estudiantes han pedido ser bautizados. E incluso, otros defienden la tradición argumentando que la pasaron bien. Pues bueno, para todo hay gustos y qué bueno que ellos lo disfrutaron. A mí me parece que en esas circunstancias uno tiende a racionalizar lo ocurrido como mecanismo de defensa y termina aceptando que después de todo no estuvo tan mal.

Pero sí está mal, sobre todo porque se corren riesgos concretos a la salud y la integridad física de los estudiantes.

* * *

Tres años después de entrar a la U, conseguí trabajo como auxiliar de cátedra en el Departamento de Física. Empezando el semestre, recuerdo que los alumnos ingresaron al salón y realizamos la primera práctica de laboratorio.

Grande fue mi sorpresa cuando vi que el tipo que me gritó y me hizo nadar en el charco para el bautizo era uno de mis estudiantes. Mentiría si digo que la idea de ajustar cuentas no pasó por mi mente. Sin embargo no tuve que hacer nada.

Después de un mes el tipo dejó de llegar y perdió el laboratorio.

Enrique Pazos
/

Enrique Pazos. Físico, protector de la verdad y viajero del tiempo. Profesor de física y matemática en la Universidad de San Carlos. Montañista de a ratos, curioso de tiempo completo. @enriquepazos


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COMENTARIOS

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    Doctor Gonzo /

    21/02/2019 7:38 PM

    No todas las facultades cometen esos vejámenes y hay una cierta relación, entre más pensantes y socialhumanistas son los estudiantes menos efectúan este rito de iniciación, para unos alegres y para otros no tanto. Lo cierto es que cada año cuesta más y más entrar a la Usac, cada vez son menos los privilegiados, y lo de menos es si son bautizados o los reciben con fiestas, total se han ganado el privilegio de llamarse sancarlistas, después de todo es la U guatemalteca con más identidad, que orgullo no¡¡

    ¡Ay no!

    1

    ¡Nítido!

    Martín Flores /

    20/02/2019 5:20 PM

    A mí me parece que esos bautizos son la imbecilada ejemplificada en su máxima expresión; no le encuentro sentido mas que a los que les toca bautizar al siguiente año va a ver cómo se cobra lo que hicieron con él.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Jorge /

    20/02/2019 1:50 PM

    La única diferencia del relato del bautizo del autor con mi bautizo, es que en mis tiempos (mediados de los 80) estaban los traficantes de droga en los alrededores del iglu. Nos hicieron gritarles un sinnumero de insultos, creo que tuvimos suerte de que no reaccionaran de manera violenta.
    Creo que en vez de bautizo denigrante y todo lo demás, debería haber una bienvenida a la universidad, a la facultad, algo que hiciera que los estudiantes se sintieran apreciados, bienvenidos. Pero no sé cuando se dará algo así.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Alejandro /

    20/02/2019 11:21 AM

    Yo entré en el año 2013 a la Facultad, recuerdo que la AEI fue la encargada de organizar dicho bautizo, recuerdo que quien estaba al frente de la AEI era un tipo gordo que después fue expulsado de la facultad. Lo que reconozco es que el tipo intentó hacer asambleas con los estudiantes de primer ingreso y los de reingreso, cuando nos llevaron a una asamblea para decidir si se haría el famoso "bautizo", recuerdo que sometió a votación de primer ingreso si querían que se hiciera la actividad y para sorpresa mía, fui uno de los pocos que levanto la mano votando por el NO, pero la mayoría decidió que se hiciera. Creo que así funciona el país, muchas veces hay gente haciendo o intentando hacer cambios, sin embargo, somos nosotros mismos los que seguimos la corriente y tomamos malas decisiones. Recuerdo que me acerque al grupo que dirigía la AEI en ese entonces y que estaba intentando realizar elecciones y me dijeron: "Nosotros no simpatizamos con esta actividad pero ya viste la decisión de la mayoría de estudiantes, no te preocupes, simplemente no vengas, acá no se perseguirá a nadie". Y así fue, no asistí, no dieron comprobantes, no persiguieron a nadie y recuerdo que a lo único que fui fue a una fiesta y hasta la pase bien con los amigos. Ojalá la facultad poco a poco se aleje de cualquier tipo de actividad similar.

    ¡Ay no!

    1

    ¡Nítido!

    Manolo /

    20/02/2019 8:48 AM

    El bautizo del '95 de ingeniería estuvo más o menos "tranquilo" comparado:
    1.- Con los de otros años, y
    2.- Con el de arquitectura.
    Ese año el "Loco" Arévalo estaba haciendo lobby anti-bautizo porque su hijo (o algún familiar) iba a entrar a la facultad. Y de hecho suspendieron el bautizo de la tarde porque un idiota le pegó a un "bautizado" y la Procuraduría de los Derechos Humanos se pronunció inmediatamente.
    Olvidaste incluir en tu relato que nos juntaron a todos frente al T-3 para pasar a recoger el comprobante de bautizo, porque si después te lo pedían y no lo mostrabas te bautizaban individualmente... Varios no se bautizaron y nunca se lo pidieron. Suertudos, supongo!
    También recuerdo que si alguien te "recomendaba" te bautizaban al doble (o al grado que consideraran suficiente).
    Algunos defiendían la "tradición" (yo me gradué en el 2001, entonces no sé después de ese año) diciendo que así las "castas sociales" no importaban porque fuera quien fuere terminaba hediondo y cubierto de kk al final. La verdad no sé si sea eso cierto. De entre miles y miles a mí no me tocó nada extraordinario esa vez. Quise "bautizar" el año siguiente para intentar proteger a la gente para que no se cometieran abusos (especialmente si un conocido se metía a la facultad), pero fue cuando lo suspendieron totalmente.
    Ah! Y creo que lo que pusiste al final de la nota fue agregado inútilmente, sólo diste muestra de que aún guardás mucho rencor después de, cuánto?, 24 años! Fffffffffffffffff... Yo la verdad ni durante ni después del bautizo intenté reconocer a los bautizadores, era su rollo portarse como energúmenos, no el mío.

    ¡Ay no!

    2

    ¡Nítido!

    Eduardo /

    20/02/2019 7:49 AM

    Hueco sos

    ¡Ay no!

    4

    ¡Nítido!

    ROGUEONE /

    19/02/2019 9:39 PM

    Abajo las tradiciones absurdas, arriba la ACADEMIA!!!!

    ¡Ay no!

    1

    ¡Nítido!

    Juan Antonio Garcia /

    19/02/2019 8:09 PM

    Hizo recordar mi bautizo del año 1987: la pila con animales muertos, ajo y violeta en el pelo, recorrer la U en calzoncillo, para obtener la constancia de bautizo que debia cuidarse tal cual oro para presentarla cada vez que era requerida por un “antiguo”. Recuerdos de la facultad donde orgullosamente obtuve la licenciatura en Ingenieria Quimica en el año 1992.

    ¡Ay no!

    3

    ¡Nítido!



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