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No sé ni qué día es hoy solo sé que las calles están vacías y que los pájaros están cantando 

Las calles de pronto están vacías. No se ven carros, no se escuchan las bocinas, no hay gente esperando dos horas para llegar a casa o al trabajo. Ni hay personas esperando el transporte público. 

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Esta es una opinión

Con las calles vacías, la naturaleza en la ciudad se ve distinta.

Foto: Carlos Sebastián

Veo fotos de las avenidas, las calles y las plazas vacías. Pienso que el paisaje cambia enormemente si las personas ya no salen de sus casas, ya no se mueven más que dentro del espacio donde viven. Me pregunto si los animales que habitan la ciudad de la que estoy escribiendo también lo notan.

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A esos animales, por ejemplo a los pájaros, los escuchamos cantar más. Vemos más lagartijas en los jardines. Algo nos ha obligado a escuchar, a tomarnos un tiempo para ver el árbol en frente de la casa.

Creo que los animales y las plantas han notado nuestra ausencia.

“No hemos desaparecido, pájaros, lagartijas y demás animales y plantas, estamos tratando de cuidarnos de un virus que nos tiene asustados y preocupados y por eso muy pocos de nosotros salimos. Pero no, no nos hemos extinguido.”

 

Desde el 13 de marzo, cuando se conoció del primer caso de Covid-19 en Guatemala, las calles no han sido las mismas.

Desde el 13 de marzo, cuando se conoció del primer caso de Covid-19 en Guatemala, las calles no han sido las mismas.

En estos momentos donde se nota la falta de las personas en el espacio público, deseo que así como vemos esta realidad y nos preocupa, notamos cuando una especie de flora o fauna sí se extingue. Cuando esa planta, ese animal, ya no existen.

Hoy en día hay un millón de especies que están en peligro de desaparecer debido a la manera de vivir que muchos de nosotros practicamos y que se ha convertido en una regla a seguir: consumo, crecimiento, rapidez.

La biodiversidad es como un tejido de colores y de distintos materiales, es un tejido diverso y por eso mismo resiliente. La diversidad, de la cual la especie humana también es partícipe, es vital para que todas las especies sobrevivamos. Perder ese millón de especies en los siguientes años significa que el tejido se debilita, que nuestros ecosistemas se deterioran.

Muchos de nosotros vivimos muy rápido, más quienes vivimos en ciudades grandes donde muchas veces no tenemos un acceso a la naturaleza. En estos contextos la separación del ser humano y la naturaleza parece tan natural, tan lógica.

 

El toque de queda obliga a que la ciudad quede vacía 12 horas del día.

El toque de queda obliga a que la ciudad quede vacía 12 horas del día.

Olvidamos que necesitamos de ríos limpios para tener agua potable, que necesitamos de los bosques para tener buenos suelos y el aire que respiramos cada tres segundos.

Quisiera que nos diéramos cuenta de las miles de especies que hemos perdido por seguir un modelo de desarrollo que busca terminar con lo que tocamos, que en vez de reconocer que la existencia de los otros seres influye y determina también nuestra existencia, piensa que todo gira alrededor del “ser humano”.

Estos tiempos de encajonamiento son tiempos de preocupación que también se pueden convertir en tiempos de reflexión sobre nuestra forma de vivir. Es darnos cuenta que vivir no significa consumir, que vivir no significa destruir.

Vivir significa cuidar, sentir, respirar.

[Seguí aquí toda nuestra cobertura sobre la emergencia sanitaria por el coronavirus (Covid-19). Una explicación de lo que ocurre hecha por nuestro equipo de periodistas]

Claudia Pinzón
/

Vivo del otro lado del Atlántico por el deseo de cambiar de perspectiva. Escribo para mantener viva la curiosidad y asombrarme. Creo que nuestra realidad es una construcción que puede ser cambiada, si tan solo tomamos conscientemente esa responsabilidad.


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    Juan Casia /

    01/04/2020 5:29 PM

    Excelente muy atinado y sensible perspectiva .

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    GIL ZU /

    31/03/2020 10:00 AM

    El hombre sometio al hombre al estado esclavista a la vez que le declaraba la guerra a la tierra, a las especies y al hombre mismo. Las guerras exterminaron seres humanos para que unos hombres acumularan fortunas a costa de los que morian. Los animales vivieron angustiados evitando que los mataran al igual que los indigenas en Guatemala o los negros en los Estados Unidos. Pero ese 1% de familias que han acomulado riquezas y controlan los tres poderes del estado se ven de momento sentado sobre millones de dolares muchos de ellos recluidos en un hospital porque no son inmunes al virus. Naciones en servicios intensivos que luego que pase la peste el mundo ya no sera el mismo y lo poderosos para poder vivir estaran obligados de firmar un Pacto Social.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!



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