Yo aborto, tú abortas, todas y todos callamos

El aborto es un tema controversial que siempre deviene en polémica. Sin embargo, no podemos negar que es una problemática latente no sólo en nuestro país, sino en toda la región de América Latina y El Caribe. Muchas mujeres son reprimidas y criminalizadas por abortar y muchas otras mueren como consecuencia de abortos realizados en condiciones de riesgo, al verse obligadas a practicarse abortos en la clandestinidad, debido a las restricciones legales existentes.

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Esta es una opinión

Esta valla fue colocada el 7 de marzo, en la zona 4.

Y es que el aborto es legal en muy pocos países de la región. Muchas mujeres latinoamericanas están actualmente en prisión por abortar, incluso cuando se trata de abortos espontáneos o de partos extra hospitalarios como el caso de Evelyn en El Salvador. En Guatemala, pese a que existen marcos legales nacionales y convenios internacionales –suscritos por el Estado– que amparan a las mujeres en el ejercicio de sus derechos sexuales y derechos reproductivos, incluyendo el acceso al aborto, este no se permite para todos los casos; únicamente cuando se encuentra en peligro la vida de la mujer embarazada (aborto terapéutico).

El Código Penal guatemalteco en su artículo 137 establece que el aborto es legal únicamente cuando la vida de la mujer embarazada se encuentra en peligro, previo diagnóstico favorable de por lo menos otro médico, después de agotados todos los medios científicos y técnicos. Cualquier otro tipo de aborto es prohibido en nuestro país, pero esto no significa que no se practique y que muchas mujeres busquen interrumpir embarazos no deseados por sus propios medios y en condiciones de riesgo. Esto confirma que la restricción legal del aborto no impide su práctica y, además, refleja una situación de desigualdad, porque la sanción tampoco impide que se realicen abortos clandestinos en clínicas privadas, aunque sean pocas las mujeres que pueden acceder a esos servicios.

En Guatemala, más de un tercio (36%) de los embarazos no planeados se resuelven a través del aborto inducido. Esto merece una atención particular en un país donde se registraron 64,398 embarazos en adolescentes en el año 2015 (Observatorio en Salud Sexual y Reproductiva) y, de acuerdo a las estimaciones realizadas por el Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social –MSPAS- en su línea basal de mortalidad materna, el aborto fue la causa del 10% de muertes maternas en el año 2000. Además, fue la cuarta causa de mortalidad materna.

No obstante, existen grupos que se denominan “pro-vida” y que se colocan desde una postura antiderechos de las mujeres cuando se trata del acceso al aborto, incluso cuando se trata de mujeres que están embarazadas como consecuencia de la violencia sexual de la que han sido víctimas o peor aun cuando se trata de niñas y adolescentes que además de ser violentadas sexualmente (generalmente por miembros de su mismo círculo familiar), son obligadas a llevar a término un embarazo que nunca desearon y para el que no están preparadas ni física, psicológica ni mucho menos económicamente.

La legislación guatemalteca establece que el embarazo en niñas menores de 14 años es considerado un delito de violencia sexual. Es decir que, todo acto sexual con una menor de 14 años que además resulta embarazada es un delito sexual agravado. Sin embargo, el acceso al aborto no está garantizado para estos casos, sometiendo a las niñas a una tortura que les durará toda la vida.

 

 

En alguna ocasión tuve la oportunidad de hablar con niñas y adolescentes sobrevivientes de violencia sexual que se enfrentaron a un embarazo forzado. Todas ellas, sin excepción, me contaron que quisieron abortar, pero no se los permitieron, porque el Estado no garantiza esa opción y, además, la sociedad en su doble moral ni siquiera habla del tema, condenando y estigmatizando a las mujeres.

En este momento viene a mi mente una frase que alguna vez escuché: “El acceso al aborto legal, seguro y gratuito es una deuda de la democracia”; y yo creo que es cierto. Además, considero que es inadmisible que como sociedad ni siquiera hablemos al respecto. Por lo visto, en este país se cumple la consigna de “Yo aborto, tú abortas, todas y todos callamos”, mientras tanto, las niñas, adolescentes y mujeres continúan muriendo por abortos clandestinos y, sobre todo, por la irresponsabilidad e incapacidad del Estado para brindar respuestas adecuadas ante este flagelo.

Karen Molina
/

Feminista, originaria del municipio de El Progreso, Jutiapa. Activista por los derechos humanos de las juventudes, particularmente para la promoción y defensa de sus derechos sexuales y derechos reproductivos. Estudió Ciencias Políticas en la URL.


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    Katherine samayoa /

    15/08/2018 11:10 PM

    Me parece llamativo el echo que alguien este queriendo inducir a nuestras niñas a buscar el aborto cuando realmente lo que necesitamos en mas gente que inculque la abstinencia o el sexo responsable a unalas edad adecuada... no voy encontra de lo que mencionas sobre el abuso sexual pero realmente no entiendo tus objetivos quiero ser parte del crecimiento de Guatemala y me gustaria poder contribuir positivamente, en definitiva me gustaría saber mas de tus propositos, dejo mi correo para poder pláticar.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!



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