Cómo gané la guerra contra la comida y la imagen personal

La sensación de no pertenecer al cuerpo que te lleva y te trae a todos lados. Verte en el espejo con ojos críticos y quererte arrancar la grasa, las estrías, las imperfecciones. Sentarte a llorar frente al clóset abierto porque nada te queda bien. Ese amor-odio a la comida y el poder de ella sobre ti. Abrir la refri y comer lo que haya, con las manos, con un hambre y ansiedad incontrolables. Llorar frente al inodoro tratando de deshacerlo todo. El trago y la fiesta para tratar de olvidar. Todo eso ha pasado por este corazón.

Cotidianidad

Flickr/ Benjamin Watson

En diferentes países ha iniciado hace algunos años una serie de campañas para hacer conciencia de los desordenes alimenticios, de sus causas y consecuencias. Esta información no circulaba cuando yo tenía 13 años. Casi todas teníamos un grado de desorden alimenticio. Las modelos demacradas de Calvin Klein y Guess eran tendencia. Yo me miraba en el espejo y deseaba que se me resaltaran más los huesos, no tener músculos ni busto. Abdomen plano y costillas de fuera. Nuestras madres no sabían que hacer con nosotras. Repito: no había mucha información acerca de estos problemas.  

Recuerdo esa época ahora con mucha compasión y trato de pensar que el mundo ahora es uno mejor para las adolescentes. Que hay más grupos de apoyo, que hay más información.

Sin embargo, siento que en Guatemala la presión social para tener el cuerpo “perfecto” es muy fuerte. He atendido a mujeres adultas con un alto grado de desnutrición, pidiéndome que les ayude a quitarse “la pancita”. La salud no es de importancia. Para eso están las medicinas. Cuando trabajaba en una empresa que hacía jugos, recibía incontables llamadas de personas que querían bajar 10 libras en una semana a través de “dietas de desintoxicación “porque tenían una boda”.

Fue hasta hace unos cinco años que resolví la guerra con la comida y mi imagen corporal. Cargaba vergüenza, culpa, frustración, ansiedad y pena a todos lados en mi vida. Vivía hablando de cómo estaba tan gorda, de cómo quería bajar de peso, de cómo nada me quedaba bien. Y mis comentarios caían totalmente desapercibidos en una sociedad en la que sentirse así es regla general. La mayoría de mis amigas se identificaban hasta cierto punto y nadie miraba nada anormal en mis angustias a engordar. Así, los desordenes alimenticios son difíciles de detectar y tratar, pues son socialmente aceptados.

No por que hayan más psicólogos, nutricionistas y otros terapistas con información relevante, habrá conciencia profunda de las consecuencias y tratamiento de estas enfermedades. Que alguien muera de desnutrición teniendo comida en la mesa es muy difícil de entender. Que una persona de 100 libras se vea gorda en el espejo, no tiene explicación para los demás. Sin embargo esto sucede. Un desorden alimenticio puede, como cualquier adicción, tirar tu vida por la borda.

Para evitar casos como el mío y el de tantas personas de mi generación, es importante que empecemos a cambiar nuestro discurso en relación al cuerpo. Que le enseñemos a nuestros hijos e hijas, sobrinos/as, amigos/as a aceptar y amar el cuerpo propio. A cuidarlo. A alimentarlo con cosas que lo nutran y mantengan saludable. A hacer deporte por amor al deporte, por salud, porque nos permite desempeñaron bien la vida. Que renunciemos a la búsqueda de un ideal a cuestas de nuestra salud emocional. Somos el ejemplo de las nuevas generaciones. Creemos un mundo más amoroso y tolerante para ellas y ellos.

Después de muchos años de terapia, he llegado a aceptar mi cuerpo como es y siento la libertad que viene de comer por salud, por amor propio o por simple antojo. Se lo que es comer sin culpa o remordimientos. He aprendido a encontrar belleza en mis imperfecciones y cicatrices. Amo mi cuerpo por mío, no por perfecto.

Astrid Lottmann
/

Casi Antropologa, coach de salud, luchadora y amada por la vida. Buscadora insaciable de la verdad y la luz. Emprendedora en el negocio de la comida saludable. La vida es un camino profundo y hermoso para aprender a ser mejores, hacerlo es obligación.


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    poralliporalla /

    14/12/2016 9:02 AM

    Gracias por tu articulo. La presion que hay en la sociedad guatemalteca para ser delgado es bastante fuerte', lo digo por experiencia propia de la manera en que alimente un odio a mi cuerpo desde una temprana edad, a pesar de ser una persona de peso normal. Yo siempre fue mucho mas alta que la mayoria de hombres y mujeres en Guatemala y eso me hacia sentir anormal, especialmente cuando era adoslecente y veia que las chicas de 1.60cm de estatura y de 100 libras siempre eran el "hit"/

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Miriam /

    13/12/2016 2:06 PM

    Gracias por su artículo. Comparto que ahora hay más información que puede ayudar para prevenir los desordenes alimenticios, aunque también hay que considerar que existe un "mayor bombardeo" de programas basura que dan ideas para dietas peligrosas , "ideas para cuerpos perfectos" que puede confundir sobre todo a los niños/as y jóvenes. Creo que la mejor defensa es construir desde adentro con una buena autoestima y apoyar a los más jóvenes a querer, respetar y cuidar su cuerpo.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!



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