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El país de los hombres que no aman a las mujeres

Despreciadas desde el nacimiento en la Ciudad y en el campo, amenazadas como las nuevas ‘enemigas internas’ del Estado, con niveles de violencia epidémicos y con la incertidumbre de cómo será este período electoral con cinco mujeres determinantes para el futuro del país, este es el país más difícil para ser mujer en el continente, según CEPAL y ONU Mujeres.

De dónde venimos Discurso de Odio Hate Speech mujeres Nexus Periférica

Ilustración: Diego Orellana

1. Si es niño, matamos una gallina

En el hospital de maternidad del Instituto Guatemalteco de Seguridad Social (IGSS) de la céntrica colonia Pamplona de la Ciudad de Guatemala hubo durante muchos años letreros que advertían a los padres que no se les daría a conocer el sexo de su futuro hijo o hija para resguardar la seguridad de la madre.

La reacción que puede detonarse si el padre sabe que es niña y no un varón puede ser devastadora para la futura madre. Sin embargo, según el doctor Gustavo Vela, Jefe de Médicos del departamento de Servicio Central, la actual administración del IGSS decidió retirar los letreros para brindar toda la información a los pacientes y respetar sus derechos.

Aún así, explica que los médicos dirán el sexo del bebé aunque la mamá se oponga, siempre que el papá lo solicite. Respecto al peligro que esto representa, Vela dice que “eso se sale del manejo del Seguro Social” y que esas condiciones sociales no le corresponden a esa institución.

La epidemia misógina desde el nacimiento es urbana y rural.

—Si es niño, matamos la gallina, si es niña, ni me hables—, recuerda el médico Selvin Fuentes que escuchó en un centro de salud de Baja Verapaz, mientras realizaba su EPS en 2011.

La frase es toda una muestra de la situación de machismo, pero también del futuro de obstáculos y dificultades que le espera a la niña que acaba de nacer.

Esos obstáculos son provocados, muchas veces por las personas cercanas a la niña.

Es la tarde del sábado 9 de febrero y se juega una jornada del fútbol nacional en el estadio. Más de cuatro mil personas presencian el juego, muchas de ellos en familia. Un jugador del equipo local cae cerca de la afición luego de una falta y hace gestos de dolor.

Un hombre, que observa el partido acompañado de su familia, le grita: “Levantate, no seás niña, el fútbol es juego de hombres, no de niñitas”. Su hija, de unos 10 años, toma la mano del aficionado que tiene la respiración agitada de gritar y le dice: “Papi, ¿por qué es malo ser niña?” El hombre se quedó sin palabras y evadió la pregunta de la niña ofreciéndole comprar algo de comer.

La discriminación antes de nacer o los estereotipos en la infancia no hacen sino convertirse en discurso de odio.

—Los roles de la mujer se dan desde que nace, el hecho de asignar colores y diminutivos se basa en el sistema patriarcal en el que se vive en Guatemala y el mundo. Cosas como por ejemplo que la niña tiene que servirle la comida al hermano hombre son una serie de micromachismos que se reproducen. Esto hace que el discurso de odio se haga más fuerte, con el fin de que se mantenga la fuerza del hombre sobre la mujer—, explica la psicóloga  Geraldina Barrera de la organización Mujeres Transformando el Mundo.

La cantante Rebeca Lane dijo en una entrevista para la agencia EFE el 7 de marzo que “en Guatemala, las mujeres no somos libres”. Protestó por la violencia contra las mujeres, el acoso, el manoseo callejero y en el transporte público.

La reacción fue resumida por la cineasta Pamela Guinea con un tuit con este título: ‘La antología del odio a las mujeres en este país”.

De hecho, el 8 de marzo hubo un allanamiento ilegal en la sede de la plataforma feminista Sector Mujeres. Destruyeron las oficinas, se llevaron computadoras, pero no se robaron un centavo de la caja chica. Ese día se celebraba el Día Internacional de la Mujer.

2. La nueva enemiga interna

Sandra Morán, activista que militó en la plataforma y ahora diputada minoritaria, es feminista y abiertamente lesbiana. Durante la guerra interna fue parte de los movimientos revolucionarios y tuvo que esconderse en casas de amigos antes de salir al exilio. En un conversatorio para jóvenes organizado por Nómada en 2016 relató cómo en una ocasión unas amistades le dieron cobijo para esconderla de la represión del ejército por ser militante de izquierda, pero le pidieron que se fuera cuando se enteraron que era feminista y lesbiana.

La diputada Morán asegura que parte de ese discurso de odio que discrimina a la mujer se deriva de las consecuencias del conflicto armado interno, pues después de la firma de la paz muchas mujeres tomaron protagonismo como activistas de derechos humanos y ahora abanderan luchas sociales y la defensa de la tierra y los recursos naturales.

Según la legisladora, la idea de convertir a un grupo determinado en un enemigo interno es una práctica de contrainsurgencia que los considera así porque pretenden “destruir lo que se  considera normal”. En este caso, que el hombre tiene más derechos que la mujer.

Esta forma de ver a las mujeres provoca que su participación en política y el acceso a cargos de elección popular sea más complicado, asimismo su importancia al momento de diseñar un plan de gobierno.

 

El panorama para las mujeres en Guatemala no es alentador. Foto: Carlos Sebastián

El panorama para las mujeres en Guatemala no es alentador. Foto: Carlos Sebastián

3. Una mujer se acerca al poder

Por ahora, ningún partido político ha publicado un plan de gobierno que involucre a la mujer como una prioridad o le ofrezca oportunidades. El candidato oficial del partido Frente de Convergencia Nacional (FCN), Estuardo Galdámez, por ejemplo, asegura que tiene preparado “la creación de fuentes de trabajo, certeza jurídica, al igual que para todos” cuando se le cuestionó sobre los planes de Gobierno respecto a disminuir la violencia contra la mujer. Pero, sin brindar detalles de un plan estructurado.

En esta contienda electoral contará con cuatro mujeres que aspiran a la presidencia: Sandra Torres, Thelma Aldana, Zury Ríos Sosa y Thelma Cabrera.

Tres de ellas deben enfrentar aún procesos que podrían evitar que sean candidatas, pero pocas personas las cuestionan o juzgan por esto. En redes sociales es común encontrar comentarios que dicen que podrían votar por Ríos Sosa por ser “bonita y elegante. Una dama”.

Mientras tanto, para Torres y Aldana el principal señalamiento es decirles feas y cuestionar su vida privada, sin prestar mayor atención en su hoja de vida, carrera política o, incluso, acusaciones en su contra. De la única candidata indígena se le acusa de robar energía.

Luis Rosales, el fiscal del partido política VALOR, que tendrá como candidata a Zury Ríos Sosa, asegura que “la pelea que han sufrido las mujeres obviamente ha sido complicada y ha tenido cierta resistencia”. A pesar de ello, explica que para aumentar la participación de la mujer en política debe de haber un “proceso más de convicción, sin necesidad de una ley de paridad de género”.

Pero, ¿cómo empezó el discurso de odio hacia la mujer? Hace muchos años, pero en Guatemala se agravó durante los terribles 36 años de guerra.

 

A las mujeres en provincia se les relega a las actividades del hogar y la crianza. Foto: Sandra Sebastián

A las mujeres en provincia se les relega a las actividades del hogar y la crianza. En la foto, una mujer en la comunidad de Sepur Zarco. Foto: Sandra Sebastián

4. Las abuelas de Sepur Zarco

En 1982, a punto de iniciar la etapa más sangrienta del conflicto armado interno, el Ejército decidió habilitar un puesto de avanzada militar en Sepur Zarco, una comunidad en medio del área selvática de Izabal. Se trataba de una especie de centro de recreación y descanso para los soldados.  Las decenas de mujeres que vivían en las comunidades cercanas no lo sabían, pero ese era el inicio de una pesadilla que aún no termina y que representa el odio sistemático que existe en Guatemala contra las mujeres.

Decenas de estas mujeres fueron obligadas a trabajar, sin paga, en horarios extensos para servir a los soldados. Debían limpiar, cocinar y servir como esclavas sexuales. De esta manera, las mujeres fueron violadas sexualmente y torturadas. Según los testimonios, los soldados hacían fila para abusar de ellas. Muchas no sobrevivieron.

¿Cómo ocurrió esto? Durante los años más duros del conflicto, el Ejército persiguió a civiles por diversas razones, principalmente bajo la acusación de apoyar a la guerrilla. Miles, más de 50 mil, fueron asesinados y 245 mil desaparecidos. Pero mientras esto pasaba, las mujeres se convertían en una sola cosa: un botín de guerra.

Según el Informe de la Comisión para el Esclarecimiento Histórico, Guatemala Memoria del Silencio, existen documentados 1 mil 465 casos de violencia sexual, sin embargo, lo ocurrido en Sepur Zarco evidencia que hay un gran subregistro pues muchas veces las víctimas tuvieron miedo a denunciar. Además, el 35% de las mujeres abusadas sexualmente fueron asesinadas después.

El mismo informe explica que se considera que al menos el 31% de las ejecuciones extrajudiciales que ocurrieron contra mujeres fueron precedidas de violaciones colectivas y tortura.

De estas víctimas, 30 años después, quince se atrevieron a denunciar el crimen e iniciar un proceso con apoyo de organizaciones feministas como Mujeres Transformando el Mundo. Lograron que dos militares, Esteelmer Reyes Girón y Heriberto Valdez Asig fueran capturados, enjuiciados y condenados a 120 y 240 años de prisión, respectivamente.

Durante el histórico juicio, las once mujeres que aún estaban vivas para ese momento, debieron soportar una nueva humillación. Los abogados de los acusados basaron parte de su defensa acusándolas de prostitutas. No negaron las violaciones, solo dijeron que habían dado dinero para usarlas como objetos sexuales.

Este discurso tomó fuerza entre los simpatizantes de los militares acusados y se extendió en parte de la sociedad. Las Abuelas de Sepur Zarco, como se les llama con respeto, fueron acusadas de mentir, de ser prostitutas y de hacer —e incluso inventar— todas las acusaciones para buscar resarcimiento económico.

De esa manera, la mayoría de los pobladores del país señalaron y miraron con desconfianza a las víctimas, principalmente por ser mujeres e indígenas, o simplemente ignoraron por completo el caso.

A diferencia de otros países, como Argentina, donde las Abuelas de la Plaza de Mayo siguen viéndose con respeto y admiración, en Guatemala las víctimas sufrieron hace treinta años vejámenes terribles y ahora enfrentan las dudas y acusaciones de la sociedad.

5. Una violencia que no se detiene

En 1996 se firmó el último de los Acuerdos de Paz, sin embargo, ninguno de los doce documentos consideró específicamente cómo reparar el daño hecho a miles de mujeres.

De esa manera, la violencia sexual contra civiles se terminó en los cuarteles del Ejército, pero está lejos de solucionarse en el país. Entre enero de 2012 y febrero de 2015, por ejemplo, hubo 5 mil 840 violaciones sexuales.

Los números, sin embargo, siguen creciendo. Del 1 de abril de 2017 al 28 de febrero de 2018, el Ministerio Público recibió 6 mil 281 denuncias de violación sexual. En el mismo periodo, también registró 47 mil 759 casos de violencia contra la mujer, convirtiéndolo en el delito que más se ha denunciado en ese periodo. Ni siquiera los robos de celulares —algo a lo que la población urbana se ha acostumbrado en cada semáforo— es tan recurrente.

En esta contienda electoral, un candidato a la presidencia debió abandonar la carrera porque fue acusado de violencia contra la mujer.

Según consta en una denuncia en el Ministerio Público, Juan Carlos Eggenberger, ahora excandidato presidencial del partido VIVA y director de la Fundación Probienestar del Minusválido (FUNDABIEM), fue acusado por su exesposa de violencia contra la mujer “en su manifestación física en el ámbito privado”.

Antes los cuestionamientos sobre esta acusación, el excandidato aseguró que no tiene cuentas pendientes con la justicia y que lo señalaban por lo que llamó un “tema familiar en el ámbito privado” y explicó que todo se derivó de una “dolorosa, triste y complicada” separación y divorcio.

Lo que Eggenberger llama un “tema familiar” se trata de un ataque que dejó a su pareja con golpes en el tórax, la mandíbula, el brazo y la pierna izquierdas, además de un espasmo cervical. Debió recibir atención médica por 30 días y estuvo incapacitada durante 15 días. En la denuncia se especifica, sin embargo, que el ataque no dejó marcas ni cicatrices visibles en el rostro.

El día que VIVA perdió a su candidato: El primero de los candidatos en desertar, acusado de violencia contra la mujer

A los alarmante números de violencia contra la mujer se suma que durante los 11 meses estudiados ocurrieron 245 femicidios. Es decir, por el hecho de ser mujer, fue asesinada una cada 32 horas.

Al creciente número de casos se suma la impunidad. De los acusados por violencia contra la mujer, solo 1 mil 431 fueron condenados. Es decir, solo el 3%.

Otra forma de violencia contra la mujer es más silenciosa, pero igualmente ataca a las víctimas y las condena a una variedad de sufrimiento. Se trata de la negación de asistencia económica, lo que regularmente se conoce como los casos en los que un hombre se niega a brindar una pensión económica para las necesidades de sus hijos, luego de la separación de su pareja.

Por este delito hay 3 mil 043 denuncias y solo 140 personas condenadas, según datos oficiales del Ministerio Público. Esta práctica de impunidad muestra una preocupación que la psicóloga Geraldina Barrera Colindres, de Mujeres Transformando el Mundo, explica al asegurar que en muchos de los casos de violencia intrafamiliar, las víctimas no se atreven a denunciar por miedo a quedar sin un sustento económico.

—Muchas mujeres dicen que no denuncian porque no saben quién va a mantener a sus hijos—, explica Barrera.

Esto se agrava en muchos casos porque las mujeres se han casado muy jóvenes y obligadas a abandonar sus estudios, por lo que no tienen una carrera profesional para conseguir un trabajo bien remunerado.

6. El “derecho” sobre la mujer

Muchas mujeres sufren violencia por parte de sus parejas, una de estas es la económica. Pero, otra es determinar los roles que hombres y mujeres tienen en una familia. La sociedad en general, especialmente la guatemalteca, ha hecho que en el imaginario colectivo se considere que todas las labores del hogar deben hacerlas las mujeres. No importa que ellas también trabajen, deben hacer la cena para el esposo.

Esta conducta se ha normalizado. Pocas personas lo consideran un abuso, a veces —por herencia cultural— ni las mismas mujeres.

En marzo de 2018, una de las parejas más populares de la farándula guatemalteca se casó. Los locutores y presentadores de televisión Pamela Paz y David Castro reúnen a cerca de 220 mil seguidores en Instagram, lugar en donde a diario comparten momentos propios de una pareja de jóvenes que inician su vida matrimonial.

Muchos guatemaltecos menores de 30 años, y muchos más adolescentes, se divierten con sus ocurrencias y los consideran como un modelo de pareja. Días antes de su boda, hicieron un video para responder a preguntas de sus seguidores. Varios cuestionaron a Pamela si, después de casarse, David “le daría permiso” de seguir subiendo videos en los que bailaba luego de despertarse.

 

Mujeres en Panajachel hacen una representación sobre la violencia que sufren en la sociedad. Foto: Sandra Sebastián

Mujeres en Panajachel hacen una representación sobre la violencia que sufren en la sociedad. Foto: Sandra Sebastián

Pamela grabó un video haciéndole la pregunta a su esposo David y él respondió que sí, que tenía permiso para seguir bailando. Una pareja admirada, que no han tenido un escándalo por su relación, sin embargo, sin darse cuenta multiplicó un micromachismo derivado de que miles de sus seguidores consideraron normal que ella le “pidiera permiso” a su su esposo después de casada.

David reaccionó solo unos segundos después y explicó en un siguiente video que Pamela era libre, que él no quería ni debía prohibirle nada. Un año después, ella sigue bailando.

Ninguno de sus seguidores cuestionó ese momento en que se pensó si un hombre tiene derecho a prohibir algo a su esposa, o, como la frase que trata de establecer aún más las bases del problema, “su mujer”.

Esa frase, “su mujer”, formó parte del proceso de violencia sexual durante la guerra interna. Las capturaron por ser “la mujer” de alguien acusado de guerrillero, las violaron porque sin tener alguien que las defendiera —los hombres de la comunidad habían huido o fueron asesinados— ahora eran “sus mujeres”.

Por ejemplo, hasta el año pasado, en el IGSS la decisión de que una mujer se sometiera a una intervención quirúrgica para no tener más hijos la tomaba el esposo, muchas veces sin tan siquiera consultarlo, mientras la madre estaba en labor de parto. Ahora, según las autoridades del Seguro Social esta decisión la puede tomar únicamente la mujer.

La frase, y el sentimiento de que una mujer debe pedir permiso a su pareja para salir a la calle, para decidir cómo vestirse o qué decir en público o incluso sobre su maternidad, es un modelo de comportamiento que se replica, sobre todo en las áreas urbanas.

Casualmente, el mayor número de denuncias de violencia contra la mujer, son por hechos ocurridos en la ciudad capital.

7. El génesis de la violencia sexual comienza en la niñez

La psicóloga Geraldina Barrera ha recorrido muchos municipios del país como parte de su trabajo en Mujeres Transformando el Mundo. Ha visto muchas cosas, pero sobre todo ha sido testiga de cómo la violencia contra la mujer se normaliza y tiene raíces en muchas de los comportamientos de los guatemaltecos. Por ejemplo, los matrimonios de hombres adultos con niñas.

En muchas comunidades, incluyendo centros urbanos, se vuelve común ver a hombres de 35 o 40 años de edad casarse con niñas menores de 15 años.

Este tipo de matrimonios ocurren de dos maneras frecuentes: de un acuerdo entre el hombre y los padres de la niña; y, cuando la niña que ve que a sus amigas les toca la misma condición de ser entregadas por sus padres, aceptan la proposición.

Debido a esto, en muchos de los casos cuando un tercero pone una denuncia ante las autoridades que ha terminado en procesos que llevan a la captura del hombre las primeras en defenderlo son las niñas.

“No se lleven al papá de mi hijo”, dicen muchas de estas niñas, a pesar de que en la mayoría de casos sufren violencia física y psicológica explica Barrera.

Los casos de embarazos en niñas y adolescentes no son escasos. En 2017, según datos del Observatorio de Salud Reproductiva, 92 mil 259 mujeres menores de edad tuvieron un embarazo. Estos números fueron aún mayores en promedio durante el primer semestre de 2018, cuando se reportaron 51 mil 110 casos.

Con estos números, en Guatemala se considera que al día 33 niñas de entre 10 y 15 años son embarazadas. Los departamentos donde más casos se dan son Huehuetenango, Alta Verapaz y Guatemala. Esto demuestra que se trata de un problema generalizado y que no se limita a comunidades rurales.

Otro dato que alerta sobre esta violencia sexual —disfrazada de amor— contra las niñas es que durante el primer semestre de 2018 más de cinco niñas de entre 10 y 15 años se convirtieron en madres cada día. Niñas cuidando a niñas.

Pero, ¿cuál es el discurso de los hombres en muchos de los centros urbanos al escuchar estas estadísticas? “Muchas niñas andan de cuscas desde pequeñitas también”, dice un estudiante del primer semestre de Derecho en la Universidad de San Carlos de Guatemala.

De nuevo, tal y como lo quiso hacer ver la defensa de los militares del caso Sepur Zarco, la culpa es de las mujeres, a pesar de ser ellas las víctimas.

A pesar del alarmante número de niñas embarazadas, en el Congreso se ha hecho poco por tratar de protegerlas. El último intento fue la iniciativa 5376, que se trataba de la Ley para la protección integral, acceso a la justicia, reparación digna y transformadora a las niñas y adolescentes víctimas de violencia sexual, explotación sexual y trata de personas.

Esta iniciativa fue reducida a críticas, muchas de ellas machistas, y señalada de ser una ley proaborto. Esto debido a que se proponía que no fuera punible la interrupción voluntaria de un embarazo en niñas menores de 14 años antes de las 12 semanas de gestación.

En respuesta, en el mismo Congreso se puso sobre la mesa otra iniciativa, la 5272, que buscaba aprobar la Ley para la Protección de la Vida y la Familia. Esta propuesta busca castigar con penas de cinco a diez años de cárcel a una mujer que permita que se le practique un aborto, pero incluso va más allá.

Esto te explicará sobre la leyPor qué es tan grave la ley que enviará a prisión a las mujeres por una pérdida, según los médicos

Considera penas de dos a cuatro años de cárcel por un “aborto culposo”, es decir el que puede ocurrir en un accidente o en una práctica que no buscaba interrumpir el embarazo.

Una mujer podría sufrir el duro trauma de perder a su bebé en un accidente, pero además podría ir a la cárcel por ello.

La discusión de ambas propuestas provocó fuertes reacciones, llevando incluso a un movimiento masivo el sábado 2 de septiembre en el que marcharon miles de personas contra “la legalización del aborto”, a pesar de que ninguna propuesta busca eso.

Se dieron discursos y varios políticos aprovecharon el movimiento para mostrarse y unirse a la condena. Sin embargo, en ningún momento de esa marcha se habló del creciente número de niñas embarazadas y la maternidad forzada.

Tres semanas después de esa marcha, la iniciativa 5376 recibió dictamen desfavorable en la Comisión de la Mujer y terminó de esa manera el intento por ser aprobada. En cambio, la 5272 aún sigue su camino en el pleno del Congreso y está cerca de convertirse en ley.

8. Los medios de comunicación  y su discurso

El 11 de febrero se conmemora el día internacional de la mujer y la niña en la ciencia. Varios medios de comunicación publicaron reportajes especiales ese día en sus sitios web y sus redes sociales, entrevistando a mujeres destacadas. Sin embargo, mientras se realizaba este tipo de publicaciones, la misma semana se hacían más de 20 notas sobre fotografías de mujeres en traje de baño o poca ropa, en una búsqueda clara de generar más visitas a su sitio.

Unido a este trato noticioso que se realizaba con la mujer y sus logros, se observa la forma en que los medios de comunicación, sobre todo los pequeños periódicos y radios del interior del país dan a los crímenes de odio y la violencia contra la mujer.

El jueves 30 de octubre, esos medios locales, todos con páginas en redes sociales, replicaban, sin censura, un video en el que se mostraba una mujer, aún con vida, minutos después de ser macheteada por su pareja. La mujer intentaba hablar mientras agonizaba. En las imágenes se observa una de las manos, cortada de su cuerpo, sobre la cama.

“Ella, mi mujer, había salido de la casa, diciéndome que iría con su hermana, así que la seguí y vi que se subió a un camión, me quedé entre el monte viendo, cuando regresó le pregunté dónde había estado, y lo que me enojó fue que me mintió al decir que estuvo con su hermana, yo sabía que no era así, me fuí sobre ella, la tenía acostada en la cama, la revisé y no tenía ropa interior, así que enfurecí, se me metió el Diablo y fue cuando la agarré a machetazos. Yo estaba bravo, si hubiera tenido su ropa interior, no habría hecho eso, pero me mintió y yo con el Diablo dentro, por eso actué así.”

Quien habla es Mario Tut Ical, dos días después de asesinar a machetazos a su pareja, Alejandra Ico Chub, en Chisec, Alta Verapaz luego de ser capturados.

Una opinión de Andrea IxchíuTras el horrendo femicidio de Alejandra Ico Chub, mujer q’eqchi’, el asesino, Mario Tut, Ical sigue prófugo

Los medios de comunicación locales y nacionales publicaron las declaraciones en las que el hombre intenta justificar el asesinato y llamaron al hecho un “crimen pasional”. En sus relatos, aseguraban que todo había ocurrido cuando el hombre había quedado “cegado por los celos”.

Si bien, la mayoría de comentarios en redes sociales condenaban el hecho, también hubo algunos que llegaron a justificar lo ocurrido o culpar a la víctima enfocándose en la declaración del asesino de que no llevaba ropa interior.

9. ¿Cómo cambiar la historia?

Ninguna organización que trabaja por los derechos de la mujer tiene, por ahora, una solución para detener el discurso de odio hacia la mujer impregnado en los guatemaltecos que los lleva a decir frases como “No seas niña” o a ver en cierta forma de vestir una justificación para una violación sexual.

Sin embargo, varias psicólogas, incluyendo al equipo de Mujeres Transformando al Mundo, consideran que el camino es la educación. Primero en casa y luego en las escuelas y colegios.

Demostrar que frases como “mi mujer” llevan cargado un sentimiento de que la mujer es un objeto que les pertenece. Esa será el único, aunque largo, camino para hacer que Guatemala deje de odiar a las mujeres.

Juan Manuel Vega
/

Periodista guatemalteco. Empecé en radio y terminé enamorado de las posibilidades del periodismo digital. Lo único que siempre he querido hacer es leer y escribir.


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    jorge /

    15/04/2019 2:43 PM

    Excelente investigación. Sigan así

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Luis Paraiso /

    11/04/2019 8:09 AM

    "Sin embargo, varias psicólogas, incluyendo al equipo de Mujeres Transformando al Mundo, consideran que el camino es la educación. Primero en casa y luego en las escuelas y colegios." Cierto, es la escuela y la educacion son la base para erradicar esta violencia seran 50 años de trabajo y un proyecto que lo sostenga. Quizas mantener la ignorancia es el arma fatal de la corrupcion. (Pero no es necesario ser psicologo para diagnosticar esta vilolencia)

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Chicho Corazón /

    09/04/2019 1:58 PM

    Empecé a leer este artículo y no sé por qué razón creí que quien lo escribió es una mujer, al comprobar que fue un hombre me pareció fantástico, así se evita eso de los ataques misóginos y se reivindica que no todos los hombres de este país nos comportamos igual y es más, tratamos de ser diferentes y de crear la diferencia para disminuir el machismo. El cambio social para cambiar lo cultural o viceversa es tardado, pero tratando y tratando, insistiendo e insistiendo, educando y educando, es posible que dentro de pocas generaciones veamos el fruto. Hay que recordar que en las mismas congregaciones religiosas bíblicas, se les adoctrina a los feligreses que la mujer se debe someter al hombre, que así lo dice la palabra divina, lo cual ayuda a reproducir el modelo machista y patriarcal. Buen artículo y sí, es posible el cambio sociocultural y revertir este modelo ingrato e injusto para la mujer. Felicitaciones.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!



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