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Huehuetenango: Los pueblos migrantes que están quedando sin niños y hombres

La crisis humanitaria guatemalteca con 235,000 migrantes y refugiados en 2019, y el enojo del presidente estadounidense Donald Trump tienen un capítulo que pasa por Huehuetenango. Autoridades estadounidenses contabilizan que hasta 5 por ciento de los habitantes de esa región migraron en el primer semestre y se entregaron a sus patrullas fronterizas. Nómada viajó a esta esquina de Guatemala para ver cómo se vive tras el éxodo. Son pueblos que se están quedando sin niños y sin hombres.

Donald Trump estados unidos Huehuetenango migración P369

Un hombre camina con su hijo de la mano rumbo a Estados Unidos.

Fotos: Carlos Sebastián

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Huehuetenango es el segundo departamento más poblado (1.2 millones de habitantes) y el que tiene más frontera con México. En sus montañas, las más elevadas del país a una media de 1,900 metros sobre el nivel del mar en pleno trópico, crece desde hace 200 años uno de los mejores cafés del mundo. Así como en el Sur de Estados Unidos la economía fue ‘modernizada’ con azúcar y esclavos africanos, el Estado de Guatemala decidió hacer lo propio con el café y la esclavitud de los indígenas.

Allá arriba en las montañas, los truenos alertan que la lluvia se acerca. Estremecen. Pero ni al maestro y caficultor Obden Méndez ni a sus animales de granja ni mascotas les quita la paz. Dice que es normal en esta temporada, la época de lluvia de seis meses, en San Pedro Necta, Huehuetenango. Pero la normalidad es solo la lluvia.

– Mire cómo está mi terreno. En otros años mi cafetal estaba más verde, más cuidadito. Y el del vecino está igual, dice desmotivado, mientras señala hacia un terreno enfrente de su casa, justo al otro lado del camino de tierra.

Las filas de cafetales son casi imposibles de distinguir de la vegetación silvestre, las hojas caídas y los árboles de sombra que cubren la cuesta que es el terreno de Méndez y los otros pequeños productores de café en esta aldea.

No es por la plaga de la roya que hace tres años comenzó a afectar a muchos de los agricultores en San Pedro Necta, que perdieron su inversión y producción. Tampoco es por los derrumbes que ocurren con las lluvias. Es por la migración, explica Méndez.

Huehuetenango es el departamento que expulsa a más pobladores de Guatemala.

En las aldeas del municipio de San Pedro Necta, un municipio de 35 mil habitantes, el éxodo es notable, explica Obden Méndez, recostado contra el muro su casa. Este hombre de 36 años ha vivido toda su vida en esta aldea retirada entre cafetales infinitos. Cafetales para los que ya no hay mano de obra.

– Cuesta conseguir trabajadores para el corte de café. Ahorita ya viene la temporada de trabajo pero mire, si se da cuenta, ni siquiera he limpiado el café. No hemos podado el café, quitar las matas que ya no producen. Hay que ‘desombrarlos’ también, cortar las ramitas de los árboles, para que se metan los rayos del sol y alimenten al cafetal, pero este año no hemos podido.

Méndez calcula que desde el año pasado se han ido dos personas por semana de su aldea. Lamenta que se cada vez haya menos personas en la comunidad.

Él tiene suerte. No depende de los ingresos de su terrenito. Es maestro en una escuela rural en otra aldea cercana y tiene un sueldo fijo. La razón principal que hace que sus vecinos huyan de la aldea es la pobreza. La mayoría de las personas son agricultores y un día entero de trabajo en los cafetales se remunera con Q40 (US$5.26).

Subir el salario de los trabajadores es complicado, dice Obden Méndez, porque mientras el precio del café bajó, los fertilizantes subieron y muchos de los dueños de los terrenos pequeños, como él, aún están tratando de recuperar la inversión que perdieron durante la plaga de la roya.

 

Cafetales.

Cafetales.

En las montañas, sea en las ciudades, los pueblos o en el campo, no hay otras oportunidades de trabajo.

– Al que no encuentra trabajo, le es más fácil ir allá, que luchar aquí. He conocido a muchos que se fueron allá y han cambiado su situación, dice Méndez.

San Pedro Necta queda a 315 kilómetros de la Ciudad de Guatemala, con sus trabajos precarios y sus barrios violentísimos para los vecinos más pobres, los recién llegados. También queda a 45 kilómetros de la frontera con México.

En la escuela donde trabaja Méndez también se nota el éxodo. La escuela tiene 40 niños. Perdió al 10% de sus alumnos entre enero y mayo, cuando se fueron con sus papás al Norte. 10% en cinco meses.

Es un patrón que se repite. Brendy Méndez, hermana de Obden, también es maestra. En su escuela hay 197 alumnos inscritos.

– En la escuela donde yo trabajo, se han ido 3 niños, pero solo el año pasado se retiraron más de 12 estudiantes, de los pequeños con los que yo trabajo. Aparte de eso sé de otros 6 estudiantes del nivel básico que también se han ido por lo mismo. Y hay niños que este año iban a entrar a preprimaria, y no los ingresaron, porque van a viajar. Nos afecta como escuela y como comunidad, dice Brendy Méndez.

La cantidad de menores de edad que fueron deportados (por vías área y terrestre de EE. UU. y México) subió de 645 en enero a 3,044 en junio.

La maestra está convencida que el aumento de papás y mamás que deciden migrar con sus niños es porque existe una idea en la comunidad, con cierto fundamento, que si son detenidos no serán deportados. Consideran que es más seguro y aumenta las oportunidades para que toda familia tenga éxito en su búsqueda de un futuro mejor.

La aldea donde vive Brendy Méndez es en su gran mayoría una comunidad patriarcal. A pesar de que a las mamás se les asigna el rol de la crianza de los hijos, antes los que llegaban a las reuniones con padres de familia en la escuela donde Méndez, eran los papás.

– Ya son solo las señoras que llegan a las reuniones. Y las señoras, cuyos esposos se fueron para allá, son las que siempre se prestan para colaborar para cualquier tipo de evento, porque ellas son las que tienen. Ahora son las señoras las que deciden.

Por el cambio climático las distintas épocas de la producción de café han cambiado mucho, dice Obden Méndez. Antes contrataba a diez personas para trabajar en su terreno. El año pasado, por primera vez le tocó contratar un equipo solo de mujeres.

– El corte de café es temporal. Antes la cosecha era hasta enero, pero ahora comienza ya en noviembre. En la última cosecha, en noviembre y diciembre del año pasado, más que todo contraté puras mujeres, porque no había hombres. Sus esposos están en Estados Unidos. Antes era raro ver a una mujer cortando café aquí. Ahorita son más mujeres que hombres. Todo lo contrario.

 

Mujeres han quedado solas en Huehuetenango, en ocasiones trabajan en el corte del café, pero no siempre es así. Las remesas y la mejora en la calidad de vida que representa les permite ya no aceptar trabajos mal pagados. Foto: Carlos Sebastián

Mujeres han quedado solas en Huehuetenango, en ocasiones trabajan en el corte del café, pero no siempre es así. Las remesas y la mejora en la calidad de vida que representa les permite ya no aceptar trabajos mal pagados. Foto: Carlos Sebastián

Obden Méndez dice que lo más probable es que este año no va a tener ninguna producción de café. Para la época de preparación del terreno no logró encontrar trabajadores. Ni hombres, ni mujeres.

Algunas de las mujeres que se quedan en la comunidad reciben suficientes remesas para sostener a la familia y cubrir la canasta básica. Ya no tienen las misma necesidad de buscar un ingreso adicional. Por eso muchas ya tampoco aceptan el trabajo mal pagado en los terrenos de café. Ya no tienen la misma necesidad, dice Brendy Méndez.

En 2018 el ingreso de remesas en Guatemala superó los US$9 mil millones, el 12% del PIB. Y US$5 mil millones en lo que va del año. Según una encuesta realizada en 2016 por la Organización Internacional de Migración los tres departamentos adonde se destinan más remesas son Guatemala, San Marcos y Huehuetenango. Históricamente son más los hombres que migran y envían remesas. El 78% de los remitentes son hombres, pero también el 58% de los receptores en Guatemala son hombres. El promedio mensual que reciben son US$379, lo cual equivale a Q2,800, el triple que el trabajo a destajo en el café y casi un salario mínimo. En Guatemala es de Q2,992.37 mensuales (US$393).

Las remesas, que ahora el presidente estadounidense Trump amenaza con gravar, cambian la vida de los pueblos guatemaltecos.

– Se notan los cambios en la comunidad. Una de las señoras tenía su casita de lámina con nailon antes. Ahora tiene su casa de block, de dos niveles, con terraza. Es por las remesas que recibe. Nosotros en las escuelas por ejemplo lo vemos en el vestuario de los niños. Los niños que antes eran de escasos recursos, ahora los vemos más cambiaditos, con mejores zapatos. Y las mamás, cuyos esposos están allá, ahora usan teléfonos táctiles. Cosas así.

 

La arquitectura del lugar ha cambiado con las construcciones hechas con las remesas. Foto: Carlos Sebastián

La arquitectura del lugar ha cambiado con las construcciones hechas con las remesas. Foto: Carlos Sebastián

¿Un pueblo también sin mujeres?

Una tendencia en las estadísticas de Homeland Security es que en 2019 ya no solo migran hombres centroamericanos, sino también unidades familiares. De los 235,000 guatemaltecos detenidos hasta junio, hay 27 mil menores no acompañados, 41 mil adultos, y 167 mil unidades familiares. Y cada vez son más las mujeres jóvenes que también deciden migrar.

Los dos maestros en San Pedro Necta confirman esa tendencia. Aseguran que el uso de redes sociales influye en eso.

– A veces pone mucho en qué pensar, pero el uso de las redes sociales ha contribuido mucho a este fenómeno. Conozco por lo menos tres casos, donde las señoritas han conocido a sus novios en Facebook. Entonces han viajado para encontrarse con ellos allá.

La situación es confirmada en otro municipio de Huehuetenango. Mario Rodríguez y Pedro Julián, ambos de 23 años, son del caserío Las Cruces, en las afueras de la cabecera de Aguacatán, uno de los dos municipios con más deportados de Estados Unidos este año.

A diferencia de la vegetación exuberante de San Pedro Necta, el paisaje en Aguacatán es rocoso y seco. En el horizonte atrás de la casa que cobija a la tienda, las nubes oscuras se unen con las montañas grises.

Con los codos en la ventanilla de la tienda local en una colina desnuda, antes de la chamusca del domingo, explican que es común ver las fotos del éxito que algunas amistades en Facebook logran tener en Estados Unidos. Los dos aseguran que ver la calidad de vida allá, o lo que puede generar en su comunidad, es un factor que motiva a migrar. Tanto a los hombres como a las mujeres ahora.

 

Mario y Pedro dicen que a través de las redes sociales admiran la calidad de vida de sus amistades en EEUU y los motiva a migrar. Foto: Carlos Sebastián

Mario y Pedro dicen que a través de las redes sociales admiran la calidad de vida de sus amistades en EEUU y los motiva a migrar. Foto: Carlos Sebastián

Mario y Pedro. Foto: Carlos Sebastián

Mario y Pedro. Foto: Carlos Sebastián

 

Los dos solteros y jóvenes dicen, entre bromas y lamentos, que son tantas las mujeres jóvenes que se han ido de esa comunidad pequeña (unas 20 casas de seis personas según el cálculo de Pedro Julián) que ahora tienen que ir a otras comunidades para conocer mujeres. Cuando se acaban las sonrisas, Julián lo repite con más seriedad.

Mario Rodríguez es más callado. Pedro Julián se burla: “Que tiene la cola machucada porque ya se fue, y lo devolvieron”, dice con una sonrisa. Mario Rodríguez se fue a Estados Unidos hace tres años. Buscaba lo mismo que todos. Vivir en vez de sobrevivir. Ganaba hasta US$500 por semana en proyectos de construcción, hasta que fue deportado en enero de 2019.

Entre la mezcla gris-amarrilla de granjas pequeñas de animales, milpas, casas de adobe y block, de repente surgen casas de dos y tres pisos. De colores pastel brillantes, naranja, celeste y rosa. Algo imposible de alcanzar si se trabaja solo como ayudante de albañil o cortador de café. Así lo resume Pedro Julián:

– Esas casas son de las familias que reciben remesas. Muchos sueñan con construir su casa allá. Tener una mejor vida, mejor ropa, mejor comida. Otros mandan el dinero acá, para sostener a su familia y arreglar la casa.

Pia Flores
/

Buscadora de las historias invisibles y experiencias con sentido. Antropóloga irreverente y amante de la diversidad, la noche, las auroras coloridas y los cuentos que tardan.


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    Luis Paraiso /

    29/07/2019 11:55 AM

    Los niños como pasaporte.

    Los padres conprendiero el sistema liberal y usan los hijos como pasaporte a este mundo. La sociedad guatemalteca avanza en el sentido ultra-liberal, a saber que existe en esta teoría el principio subyacente de la "sociedad de propiedad" es decir que el bienestar de los individuos debe ser la consecuencia de su capacidad para dirigir sus propias vidas y riqueza en lugar de depender de la redistribución de los recursos estatales.
    La "sociedad de propiedad" hace énfasis en los sentimientos individuales como la base de la democracia y afirma que es de la responsabilidad de todos de manera individual asumir su propia protección social, habitación, seguridad, salud.

    En esta sociedad se limita el papel del Estado en asuntos económicos, sociales y legales. Desreglamentación del mercado y salarios.

    Se hace la creación y apertura de nuevas áreas de actividad a la ley del mercado. Minería, gas de schiste.

    Y el individuo tiene un rol de "empresario de sí mismo" o "capital humano" que podrá desarrollar y crecer si sabe cómo adaptarse e innovar. Micro crédito, nuevos empresarios.
    Entre tanto se escucha ya el llanto de las viudas de esta guerra económica, de los hijos que se quedaran con hambre pensando que papá va regresar, terrenitos empeñados y nunca recuperados, pérdida del sentimiento NACION, iglesias predadoras, todo se vende todo se compra es una lástima pero esto no sucede que en América, entre negros, chinos, indios todos tienen sus pobres y son siempre los mismos.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

      Carlos Barrera /

      15/08/2019 10:16 AM

      La idea de usar a los niños como pasaportes me parece irresponsable y poco ético. Sin embargo disiento de su pensamiento, en un sentido muy estricto, es imposible sostener una sociedad "colectiva", el individualismo es algo inherente al ser humano, no conozco a nadie que pague más impuestos por su propia voluntad para que el Estado sea más grande y se meta más en sus vidas, es más si pensamos desde una perspectiva económica, en Guatemala tenemos tanta economía informal, ¿Por qué? Bueno, las personas quieren al gobierno y al Estado fuera de sus vidas, en lo más profundo de su ser, nadie quiere pagar los salarios de un montón de burócratas que no hacen más que despilfarrar el dinero que a nosotros los contribuyentes tanto nos cuesta ganar. Nuestra gente es muy trabajadora, eso es algo que hay que reconocer, sino veamos como se desarrolla el capitalismo en la agricultura en muchas comunidades indígenas por ejemplo. La inmigración sucede cuando un Estado que su harta y única obligación es proveer seguridad y justicia, no lo hace, las personas huyen. La poca falta de certeza jurídica aleja la inversión y provee de pocas oportunidades de trabajo para las personas (veamos lo que pasó hace poco con Nova, una empresa que daba trabajo a mas de 1,300 personas, debieron cerrar debido a extorsiones y a que asesinaron a 3 de sus empleados), imagínese, el gobierno no garantiza la seguridad y justicia, ¿Cómo la gente va a querer vivir en un país donde no puede trabajar porque el Estado no garantiza ni lo más mínimo que debería? Pero qué sucede, ¿Nosotros debemos dejar que burócratas parásitos controlen como nosotros debemos pensar, en qué debemos creer, cuánto dinero podemos generar, etc, etc? Creo que hacer más grande el Estado, es meterlo más en nuestra vida, es darle más control sobre nosotros. Guatemala es un país muy complejo, por un lado tenemos toda la corrupción, por otro lado todos los monopolios, por otro lado una sociedad que en muchos no se cree parte de la solución al problema, nadie quiere reformar como funciona el Estado, y lo más irónico es, que todos quieren que Guatemala prospere. Ojalá algún día podamos reformar el Estado y hacerlo más pequeño para que realmente exista igualdad ante la ley y no el tamaño de la billetera sea favorable en las cortes, que a aquellos guatemaltecos trabajadore que madrugan a trabajar, no los maten por robarles su propiedad privada, que todos los guatemaltecos tengan las mismas oportunidades de generar su propia riqueza y ser empresarios cuantos de ellos quieran, no los mismos de la foto, que aquellas personas que mueren de hambre en muchas partes de Guatemala, puedan pararse sobre sus zapatos y encontrar un trabajo digno para ayudarse y salir de la pobreza.

      Saludos.

      ¡Ay no!

      ¡Nítido!



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