La batalla de los fiambres

Conforme los años van pasando me gustan más las tradiciones. Me acerco a un proceso de maduración que, como buen caldillo, va cuajando en una fría fusión todos los aspectos de mi vida. Vivo para ser aquello que, aunque no es lo que planeaba, es lo necesario para intentar ser lo mejor que podría ser con los ingredientes que Dios me dio. Me gusta la música, me gusta el fiambre, y este año la pasé escuchando mi música favorita mientras comía fiambre. Fui feliz.

Gastro

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Abrí una botella de un vino terroso –neutro-amargo (en este caso fue un Syrah) preparada especialmente para esta ocasión– y me dispuse a probar los tres fiambres que pasaron por mi mesa ese día. En compañía de mi familia y tres maestros de la canción de mi juventud: Fito Paez, Charly García y Joaquín Sabina.

Creo que ninguna otra fecha es capaz de reunir a mamás (celosas de su receta), papás comelones, abuelos cariñosos, abuelas aconsejadoras, nietas curiosas, nietos juguetones, amigos alegres y familia agregada, como esa sabrosa y poco común tradición de sentarse a preparar tres días el fiambre familiar, que si está sabroso, será manjar de media noche hasta unos pocos días antes de navidad. Curtiéndose día tras día en el silencio de la refrigeradora. Así como debemos mejorar nosotros mismos cada día.

El primer fiambre (gracias a J), era comparable al buen Joaquín cuando canta: “Yo no quiero cargar con tus maletas, yo no quiero que elijas mi shampoo”: un poco ácido, un poco dulce, sin perder la suavidad de los sabores. Suave y fuerte a la vez. Este fiambre blanco tenía más verduras que los otros, con un buen balance de carnes, sabor a atún y palmitos que le daban una sensación de ser mas “ensaladoso” que los demás. He de decir que fue el favorito de dos de los comensales de esa tarde. Yo le tuve que echar un poquito de sal, y así me gustó mucho más. Adecuado para paladares que no quieren correr riesgos, o que inician a probar los fiambres.

El segundo fue una explosión. Como cuando Charly se tiró del noveno piso de un hotel a una piscina. Se notaba que tenía un par de días más de fermentación y la mano experta de una cocinera que lo sabe dar justo en su punto (gracias L). Probamos este fiambre pues nos contaron que esta amiga había ganado recientemente un concurso de fiambres convocado por una empresa de embutidos. Destacó el fuerte sabor a coles de Bruselas, habas y garbanzos, que me hicieron ir a traer el aceite de oliva, con el cual el sabor se asemejó al de un antipasto español mezclado con sauerkraut. Un gusto diferente. Se notaba la mano experta en el punto de casi fermentación. Como Charly: o te encanta o te desagrada.

Yo no se si es casualidad, pero justo cuando escribo esto, suena en la computadora “Dale alegría a mi corazón”, de Fito Páez, y justo eso sentí cuando probé el tercer fiambre (gracias L). Este fiambre, de un rojo intenso, me recordó mucho los curtidos tradicionales antigüeños, con una generosísima dotación de carnes, en las que destacaba un jamón virginia y un grueso salame italiano, que le daba el balance de sal necesario para contrarrestar la dulzura característica de la remolacha. Pude sentir también, a lo lejos, un sabor a mar, casi como el sabor de un cioppino pero con menos sabor a atún y más a alcaparra grande. Distinto pero delicioso. Como cuando Fito canta “de Esperanza no tenía más que el nombre, la que no esperaba nada de los hombres” en “Más guapa que cualquiera”. Cuando a la Argentina, recuerdo haber caminado un día entero entre las ventas de discos viejos de San Telmo, buscando canciones raras de Páez. Así buscaría yo este fiambre fuera de Guatemala. Definitivamente éste fue mi favorito.

No quisiera dejar de lado lo que fue más especial para mí ese día: tomarme el café con un pie de queso hecho por las manos mis dos hijas pequeñas. Con una familia así, con un menú así y con música así, ¿qué más se puede pedir?

 

Pie de queso cocinado por mis hijas :)

Pie de queso cocinado por mis hijas :)

Fito Andolini
/

Ni ingeniero por imitación, ni empresario por necesidad, ni hombre de familia por amor a mis mujeres, ni católico por cuestionador, ni crossfitero por masoquista, ni lector voraz por salud mental, ni bravo por catarsis, ni foodie por puro gusto, ni antigüeño adoptado por decisión propia, sino intentador de equilibrar todo eso en una sola vida para ser feliz.


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COMENTARIOS

RESPUESTAS

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    Erick Aldi /

    08/11/2016 9:05 PM

    Recodar es volver a vivir. Y con este artículo lograste hacer revivir ese gusto que me dio por probar un buen fiambre la semana pasada junto a mis seres queridos! Saludos.

    ¡Ay no!

    1

    ¡Nítido!

    alfonso villacorta /

    05/11/2016 1:03 PM

    como que el ingrediente más importante del fiambre es el de la comparación. no existe nigún comentario ni receta que diga que la base es la mezcla de ciertos sabores dominantes pero que deben ser suaves para no pelear entre sí, como el del perejil con suves dosis de alcaparra, queso de zacapa (peligroso por salado también) mas el anís lejano de algunas rueditas de butifarra.
    si el fiambre es de origen colonial, tuvo que ser sin mariscos, muy ácido y salado por cuanto los conservantes naturales de la época fue el vinagre, sal y muy grasoso por el aceite de oliva.
    hay ingredientes que son muy invasivos como coliflor, repollo o coles de bruselas y por su color, abusivamente invasiva, la remolacha
    otro ingrediente básico que se me ocurre, es parte importante del fiambre, es el de la ignorancia puesto que no hay un referente para decir ni siquiera el color que debe tener, mucho menos el sabor o sabores que le deben predominar.

    ¡Ay no!

    1

    ¡Nítido!

    Felix Galvez /

    05/11/2016 7:40 AM

    Me parece que el fiambre que deguste fue sencillamente y comparado a la rola aquella de Charly "viernes 3am".
    Buen artículo!

    ¡Ay no!

    1

    ¡Nítido!

    Carlos José Cintrón /

    04/11/2016 4:54 PM

    Excelente definición de lo que es una tradición alrededor de un platillo que nos identifica como guatemaltecos.
    Felicidades muy bien escrito

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    LR /

    04/11/2016 10:45 AM

    Me encanto como lograste describir el sabor diferente de cada uno realmente me disfrute el artículo.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    José Solórzano. /

    04/11/2016 7:20 AM

    En la cocina, como en la educacion de los hijos, ellas ponen su pasión y su ilusión y en este plato creo que se concentran mucho más estás dos cosas. Puedo amar la sonrisa nerviosa y la mirada disimulada que regalan a las personas que aman -y para quienes cocinaron- en esos segundos eternos entre la deliberación y el veredicto después de probar el plato. Miles de gracias a todas ellas (y varios ellos que se aventuran en estas aguas). Allí sí, barriga llena...
    Gracias Fito. El ayote en dulce que siempre da gusto comer.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Luis Castro /

    03/11/2016 8:03 PM

    Excelente y delicioso articulo. Nuevamente la magistral comparacion entre la vida y el buen comer. Como en el articulo anterior esa comparacion tan particular que hace Fito, lo convierte en un filosofo de vida dificil de encontrar. El buen comer y el buen vivir como Dios me lo permite, vaya metafora.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Elina /

    03/11/2016 6:26 PM

    Los manjares que la vida nos da, son esos sencillos pero grandes momentos.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!



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