Las violaciones sexuales en serie siguen impunes en Panajachel

Un grupo de amigos que son médicos y un entrenador de gimnasio. Fiestas, Panajachel. Cuando todo apuntaba para diversión y risas, se aprovecharon de varias mujeres. En fiestas y salidas a bares. Les pusieron drogas en las copas. A todas las violaron. Con impunidad. Nómada conversó con tres de las sobrevivientes, Alejandra, Marcela y Julia Rayberg. Despertaron con agujeros en su memoria, dolores en el cuerpo y heridas en el alma. Las tres sobrevivientes comparten sus historias y acusan al entrenador Byron Cortez de violación sexual y a tres médicos de estar involucrados.

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Panajachel, uno de los municipios de Sololá, ha sido escenario donde varias mujeres han sido drogadas y violadas.

Foto: Pia Flores

En este reportaje se cambiaron los nombres de dos víctimas, para mantener su seguridad, y se mantuvo el de Julia Rayberg, quien autorizó a que se publicara su identidad. Se cambió el nombre de tres de los cuatro acusados, pues no hay denuncias en su contra en la Fiscalía, pero se mantuvo el nombre de Byron Cortez, acusado dos veces ante el MP.

Para este reportaje se entrevistó a más de 20 personas, en Panajachel, en Sololá y en la Ciudad de Guatemala, que conocen a Byron Cortez y al grupo de amigos médicos que es mencionado como cómplices o victimarios en varios de los testimonios de lo que ha ocurrido en el pueblo más grande de los que rodean el Lago de Atitlán.

  • 1. La historia de Julia
  • 2. El hábito del violador, y la segunda víctima
  • 3. La historia de Marcela y las fotos obligadas
  • 4. Pueblo pequeño, con amigos de los médicos
  • 5. Los médicos amigos de Cortez, las drogas y una tercera víctima, Alejandra
  • 6. La manada de Panajachel
  • 7. La bizarra conversación con la abogada y hermana de Edgar Ruiz
  • 8. El problema en el MP
  • 9. Y el problema de la jueza Chuy Jiatz

1. La historia de Julia

Byron Cortez fue el instructor deportivo de Julia Rayberg durante casi un año en el gimnasio en el que entrenaban los dos. Se llevaban bien, tenían cosas en común, como un estilo de vida saludable y tranquilo. Pero no eran amigos cercanos. Julia no hablaba mucho de su vida personal; el tiempo que dedicaba en el gimnasio era justamente para desconectarse de la rutina. Pero escuchaba con paciencia a él cuando contaba de su novia, de su equipo de futbol, de la pobreza en la que había crecido. Julia no era muy de salir a fiestas, pero durante casi un mes Byron le había pedido que le acompañara al cumpleaños de su amigo Edgar Ruiz, un ginecólogo. Julia aceptó.

Ella llegó con Byron Cortez a la casa del ginecólogo Edgar Ruiz en la carretera entre Panajachel y Sololá, cerca de las 2.30 de la tarde del sábado 8 de septiembre de 2018. Ella se fijó en lo lujoso de la casa y su terraza con vista al lago. Byron parecía conocer a todos los invitados; Julia, solo a él. Ella recuerda que mientras se servía su segunda copa de vino, decidió que después se iría a su casa. Pero a partir de las 4.30 de la tarde Julia ya no se recuerda qué pasó.

Despertó completamente desnuda. En un instante reaccionó al frío, al dolor, a la oscuridad, a la sábana mojada, a la confusión, a la vergüenza, al miedo, a la amnesia. No conocía el cuarto, ni la cama. Solo a él. Byron Cortez. Estaba acostado con su bóxer sobre la orina de Julia como si fuera lo más normal del mundo. Eran las 2 de la mañana, el domingo 9 de septiembre.

—Estabas tan ebria. Te salvé de la fiesta. Yo te salvé, le repitió Byron Cortez.

Intentó calmarla y le dijo que no había pasado nada. Que no tuvieron sexo. En medio del caos de sensaciones, Julia Rayberg ya sabía que eso era mentira.

—Yo lo sentía, lo sentía. Sabía que hubo relaciones. Lo sabía. Pero me culpaba a mí misma, porque pensé, ¿yo me emborraché? ¿cómo es posible que no me recuerde de nada? Él me hizo pensar eso, repetía tantas veces que él me había salvado, que estaba tan borracha, que yo misma me quité la ropa. Lo repetía como para meterlo en mi mente. Tanto que yo fui la que me sentí avergonzada, y que le paré pidiendo perdón por orinarme y agradeciéndole por haberme salvado de la fiesta. Me hizo creer que no habíamos tenido sexo.

En los siguientes días Julia Rayberg pasó por el proceso doloroso de darse cuenta que había sido víctima de una violación. Los moretes en las piernas, la uña del pie que se le cayó y la infección vaginal completaron el cuadro que su cerebro no podía procesar por la droga que le pusieron en la copa.

Julia Rayberg se fue a la subestación de la Policía Nacional Civil a denunciar a Byron Cortez. Al salir inmediatamente lo llamó. “¡Sé lo que me hiciste y ya fui a la policía! Te vas arrepentir”.

—Todavía intentó manipularme. Como tratando que le tuviera lástima. Después se puso nervioso, entró en pánico. Me dijo que iba a llegar a mi casa, que habláramos. Incluso llamó a un amigo mío.

En la noche Byron hizo un último intento de manipular a Julia cuando la encontró en la Calle Santander. Lloraba, le agarraba el brazo para que se sentaran a platicar, y le rogaba para que no fuera al Ministerio Público.

—¡Te metiste con la persona equivocada! Te voy a denunciar—, le gritó Julia.

—Por favor, sentémonos a hablar de las cosas. Sé que cometí un error—, le respondió Byron con lágrimas.

—¡Púdrete! Te voy a denunciar y vas a ir a la cárcel por mucho tiempo, ya verás—, continuó Julia.

De repente Byron Cortez dejó de llorar. Se tapó la cara con las manos. Cuando volvió a levantar la mirada, su expresión era diferente. Seria. Desafiante.

—Te voy a hacer cosas malas, Julia. Te voy a hacer cosas malas.

La amenaza de su violador no la disuadió. El sábado 15 de septiembre Julia presentó la denuncia contra Byron Cortez en la Fiscalía de la Mujer de Sololá.

No se quedó con eso. A los pocos días publicó su testimonio vía Facebook y en los siguientes días en un blog. Ambos rápidamente se hicieron virales. El blog se titulaba, “¿Cómo poner una violación en palabras?”. Logró hacerlo de una manera en la que animó a otras dos víctimas, Alejandra y Marcela, quienes decidieron contar sus propias experiencias de violación en Panajachel por parte de Byron Cortez y sus amigos.

Julia Rayberg recibió apoyo de cientos de personas en redes sociales. A pesar de que en su testimonio nunca mencionó el nombre de Byron Cortez, ni de sus amigos médicos, muchísima gente comentaba que sabían quiénes eran. Con solo describir el comportamiento era suficiente para reconocerlos.

Una de las personas que le escribió a Julia, aparentemente para apoyarla, fue Nathali Valeria Soto Palacios. También estuvo en la fiesta en la casa de Edgar Ruiz, y Byron Cortez fue su entrenador en el gimnasio en 2017. Le aseguró que sus papás, que son abogados en Sololá, podían ayudarla. Especialmente porque ella vio que Byron Cortez se llevó a Julia con fuerza de la fiesta..

“Julia lo siento mucho, yo quise ayudarte, pero él desgraciado ese de Pupas [Byron Cortez] te llevo a la fuerza”, dice uno de los mensajes que después repite en inglés.

 

Conversación en Instagram.

Conversación en Instagram.

Nathali Soto le preguntó a Julia Rayberg si tenía alguna relación con Byron antes de la fiesta, e insistió en que Julia le contara todo lo que se recordaba para que la pudieran apoyar sus papás.

El caso de Julia se distingue porque el preámbulo fue una fiesta privada, y hay varias personas que podrían contar qué fue lo que pasó cuando Julia perdió el conocimiento. Pero Julia no tiene ni un testigo de confianza. La única persona que conocía en la fiesta era Byron. El resto eran amigos de Edgar Ruiz y Byron.

Los mensajes de Nathali Soto Palacios ofrecían, por fin, la pequeña esperanza de una testigo.

Ese día tenía cita en la fiscalía. Emocionada, le contó al agente fiscal sobre los mensajes que había recibido. En vez de acompañarla a hablar con Nathali Soto, o citarla en la fiscalía inmediatamente, el agente fiscal le pidió a Julia Rayberg que le pidiera a Nathali Soto que por favor declarara en el MP.

Julia Rayberg fue a buscarla acompañada de una amiga de Pana. Ambas, en entrevistas separadas con esta periodista, explican que en la reunión con Nathali Soto, ella y su hermana Dulce compartieron relatos graves del ambiente previo a la violación. Nathalie y Dulce Soto les contaron como Julia empezó a comportarse, de un minuto a otro, como una persona ebria. Como si se hubiera desconectado de repente. Recordaron que vieron a Byron Cortez agarrarla del brazo y llevarla a una habitación en la casa donde también entró durante unos minutos el anfitrión de la fiesta, Edgar Ruiz. Salieron como 20 minutos después, y las hermanas notaron que el pelo de Julia estaba desarreglado y su pantalón desabotonado.

Es un testimonio clave, de las únicas testigos que se animaron a compartirle a Julia Rayberg y a su amiga lo que habían visto. Pero al momento de presentar sus declaraciones al Ministerio Público, Nathali y Dulce Soto Palacios cambiaron sus testimonios. Según las declaraciones, ninguna de las dos vieron nada que les llamara la atención; Byron Cortez y Julia Rayberg se retiraron juntos a las 6.30 y él la sujetaba del brazo porque ella había tomado, aunque podía caminar. Negaron haber dicho que Byron Cortez llevó Julia Rayberg a una habitación durante la fiesta en la casa de Edgar Ruiz.

Fueron confrontadas sobre los mensajes de texto que habían enviado después de que Julia Rayberg publicara el artículo. Nathalie Soto respondió que Julia malinterpretó todo. Dijo que hacía referencia a que Byron Cortez la jaló del brazo porque Julia “hizo un show, bailando muy provocativamente a todos” que “andaba loca y se quería quitar la ropa” y que Byron se enojó por eso. “Para no dejarla mal, dijo él, mejor vámonos. Pero ella empezó a decir que no quería ir, empezó a gritar y a hacer un relajo. Entonces vino él, y solo la jaló”.

 

Conversación en Instagram.

Conversación en Instagram.

Dulce Soto añadió que aunque Julia parecía algo tomada, no era tanto. De hecho, Dulce explicó que Julia se servía cada vez en diferentes copas y que dejó unas cinco copas media vacías con restos de vino, más lo que sobró en la botella.

Edgar Ruiz, el ginecólogo y dueño de la casa, también fue citado a declarar y dijo que no vio nada anómalo entre Byron Cortez y Julia Rayberg durante la fiesta.

Pero hay un detalle en el que no coinciden las declaraciones en el caso. Mientras todos parecen haber notado la hora exacta que Byron Cortez y Julia Rayberg se fueron de la fiesta, existen diferentes opiniones sobre el estado en el que se encontraba Julia. En una declaración Julia estaba tan tomada que ni se podía parar, mientras en otra estaba caminando con dificultad mientras Byron la llevaba a la fuerza, agarrándola del brazo. En cambio, el ginecólogo Edgar Ruiz, el anfitrión de la fiesta, declaró que Julia caminaba normal, por sus propios medios. En toda su declaración Edgar Ruiz se refiere a Byron Cortez como su entrenador. No como su amigo.

2. El hábito del violador, y la segunda víctima

Una y otra vez, las personas entrevistadas para este reportaje coincidieron en un punto.

—Aquí en Pana, todos se conocen, todos saben todo de todos. Pero este grupo sobresalía.

Lo describen con un comportamiento misógino, en la forma con la que trataban a las mujeres y cómo hablaban de ellas. Algunos añaden que no les sorprendió cuando escucharon sus nombres relacionados a las violaciones en Pana.

Al entrenador Byron Cortez lo describen como el “caza gringas”. Tiene un gusto por las mujeres extranjeras en Panajachel. Ofrecía sus servicios como entrenador en gimnasios o en oenegés. Incluso algunos recuerdan haberlo visto esperando afuera de los bares para ver si salía alguien conocida, tomada y sola.

—Era como, no sé, un depredador—, dice una de las personas entrevistadas.

Dos entrevistados mencionaron que una noche específica a mediados de 2017, Byron estuvo con un grupo de extranjeras jóvenes en un restaurante-bar en Panajachel. Una de ellas, que parecía tener unos 17 años, estaba muy tomada.

—Byron se aprovechó de la situación, la agarró del brazo y comenzó a besarla.

Sin su consentimiento. Solo se detuvo porque las amigas de la chica intervinieron.

—Él siempre era grosero, así. Y por su cuerpo y fuerza, una de mujer quedaba vulnerable.

Byron Cortez tenía un habito perturbador de coleccionar y enseñar fotos de mujeres desde su celular, y decir que ellas querían sexo con él.

Tenía fotos de dos de sus víctimas, sin saber que algún día lo hablarían entre ellas.

Después de ver la publicación de Julia en Facebook, Marcela la contactó. Julia la reconoció, había visto su foto en el celular de Byron Cortez un día en el gimnasio. Byron Cortez alardeaba de Marcela con Julia.

—Mirá, ¿tú la conocés? Le preguntó Byron Cortez a Julia Rayberg en una de sus prácticas en el gimnasio. Era una foto del perfil de Facebook de Marcela.

—Es que ella quería tener sexo conmigo, pero yo le dije que no.

Marcela nunca quiso tener sexo con Byron Cortez.

3. La historia de Marcela y las fotos obligadas

Un agujero en el estómago le absorbe cada vez más energía a Marcela y empuja las lágrimas hacia sus ojos. Ella resiste. El agujero está allí desde la madrugada, o desde la noche anterior, no está segura. Solo sabe que por cada kilómetro y túmulo que avanza en la carretera entre la Ciudad de Guatemala y Sololá para ir a ratificar la violación sexual que sufrió, el agujero se agranda más. Llegando a Sololá apenas la deja respirar.

Está acompañada por esta periodista.

Marcela intenta ser fuerte. “Estoy bien”, dice mientras se muerde el labio y sus manos mueven nerviosamente el zíper de su billetera. Está donde ninguna mujer quisiera estar, en el asiento trasero de un camión blanco del departamento de recolección de evidencias del Ministerio Público de Sololá. La acompaña una fiscal de la Fiscalía de la Mujer, que tampoco habla, y una psicóloga que va adelante y que no deja de chismear con la especialista técnica sobre cualquier cosa. Su voz jovial y constante distrae, como un tranquilizante que evita momentos de silencio incómodo en este recorrido desagradable. Van a hacer cuatro paradas en Panajachel para reconocer los lugares donde Marcela estuvo el día que fue violada. Es primera vez que regresa y le preocupa que todos la vayan a reconocer.

—Pana es un lugar súper chiquito. Todo el mundo se conoce y tiene relación con la misma gente. Él entrenaba a muchos profesionales del área, médicos, extranjeros. Así fue como me captó a mí, porque yo lo conozco desde 2011 y siempre estuvo así diciéndome, “mire, que yo la entreno, yo la entreno”, hasta que me convenció.

Fue al mediodía un sábado de 2017. Marcela terminó de trabajar y decidió ir a almorzar en Aticaldos, que quedaba cerca de su oficina. Allí Marcela encontró a Byron Cortez, su entrenador del gimnasio, y a Edgar Ruiz, un ginecólogo de Sololá, amigo de Byron Cortez. Comieron juntos y Marcela decidió acompañarlos al Punto Rojo, un bar cerca de la playa pública del Pana. Llegaron a la 1.30. Quedaba un poco retirado del centro de Panajachel y Marcela no conocía el bar. Pero estaba con personas conocidas y la estaban pasando bien. Ella se tomó dos micheladas que ya venían preparadas. Eso es lo último que Marcela recuerda.

El carro del MP estaciona cerca del bar. Las cuatro mujeres bajan y Marcela camina detrás de las demás con escalofríos. No es por el viento helado de ese día en Atitlán. Es la reacción instintiva de su cuerpo por acercarse al bar donde sospecha que fue drogada. La fiscal entra a preguntar al personal del bar si alguien recuerda a las personas y la fecha. Fue hace más de año y medio; nadie sabe nada.

El entorno del bar está vació por ser temprano y entre semana. Donde Marcela trabajaba sí hay mucha gente. Sabe que alguien la va a reconocer. El agujero en el estómago aprieta. Es imposible que el carro del MP pase desapercibido y en cada parada Marcela tiene que posar en frente del lugar para la cámara de la especialista técnica. Colabora sorprendida, porque le dicen que es necesario para ratificar su denuncia. No sabe ni qué cara poner. ¿Qué cara se pone para las fotos del expediente de la violación que una sufrió?

Después de las dos micheladas, ese sábado despertó en un piso de piedra que reconoció. Era del jardín de su casa en las afueras de Panajachel. Ya no había luz de día como en su último recuerdo del bar; era de noche.

—Él debe haber asumido que yo tenía las llaves de mi casa dentro de mi bolsa, pero las tenía en mi carro. No las encontró. Entonces, no se cómo abrió el portón, pero a la casa no pudo entrar y desperté afuera. Creo que eran las 9 de la noche, y había muchísimo frío.

Byron Cortez estaba a la par suya. Los dos estaban desnudos. Cortez le dijo que se vistiera. Él se levantó para orinar en una esquina del jardín oscuro. Marcela no entendía qué había pasado, ni cuánto tiempo había dormido. “¿Cómo llegué aquí?”, se preguntó. Comenzó a entrar en pánico, y se apoderó de ella un dolor fuerte en todo el cuerpo.

En la siguiente semana, Marcela fue a una cita con su ginecólogo. Tenía una sensación diferente en sus genitales y sospechaba de una violación ese sábado que perdió el conocimiento y terminó desnuda en el patio de su casa. El doctor le confirmó que tenía una inflamación en la vagina. Una irritación común provocada por sexo sin lubricación. Salió fría de la clínica.

—Nunca entendí, o no quise entender realmente, qué significaba. Fue humillante. Ha sido súper difícil para mí primero entender qué fue lo que me pasó. Estaba en una negación horrible.

4. Pueblo pequeño, con amigos de los médicos

Es difícil para Marcela regresar a Panajachel, el lugar en el que pensaba que iba a envejecer pero del que salió huyendo de un día para otro. Apenas ha logrado compartir su experiencia con una persona de confianza, y ese día junto al MP tuvo que revivir su pesadilla con personas desconocidas y esta periodista. Al terminar el recorrido nada distrae a Marcela, ni las conversaciones de la amable psicóloga. En la carretera de Panajachel a la vecina Sololá, Marcela se quiebra en un llanto silencioso.

A finales de septiembre, cuando Marcela fue a presentar su denuncia inicial al MP de la Ciudad de Guatemala, a 145 kilómetros de Panajachel, la experiencia fue peor.

Fue un proceso de 6 horas en el que tuvo que repetir su testimonio una y otra vez, desde la ventanilla de información, la sesión con la psicóloga, la declaración con la fiscal auxiliar y la médico forense. A cada una de esas mujeres en el MP, la pregunta que parecía interesarles más fue: “¿Pero por qué vienes a denunciar hasta ahora?”, como si denunciar una violación fuera algo sencillo. Sus miradas de desconfianza desconcertaban a Marcela, aunque nada la espantó tanto como el mensaje de que tendría que ir a ratificar su denuncia en la fiscalía del MP a Sololá, a 7 kilómetros de Panajachel.

La médico forense en la capital le dijo que después de año y medio ya no aplicaba hacerle el reconocimiento ginecológico. Marcela sintió alivio, pero después se desplomó cuando supo que la médico forense registró que ella “se opuso a la evaluación”. Ese detalle le valió cuestionamientos en el MP en Sololá y la obligó a que quedarse un día adicional para acudir al Inacif local.

Comienza a oscurecer en el lago tornasol. Marcela está agotada en la Fiscalía de Sololá. Física y emocionalmente. Y todavía no se puede regresar a su casa. Tiene que esperar una copia de la denuncia ratificada. Aunque teme por su seguridad. Cerca del edificio del Ministerio Público de Sololá queda el hospital privado donde trabaja Edgar Ruiz, el ginecólogo amigo de Byron Cortez, que estuvo con ellos la tarde que ella perdió conocimiento y fue violada. Es el mismo hospital en el que trabaja Ángel Manuel Vásquez, también ginecólogo, y Roberto, un radiólogo cuya sonrisa quedó grabada en el último recuerdo de la tercera víctima que compartió su testimonio para este reportaje.

Marcela sabe que hay empleados del Ministerio Público de Sololá —una sede pequeña, de tres pisos, con personal en su mayoría local— que son amigos personales del ginecólogo Edgar Ruiz.

—¿Está segura que la otra psicóloga no tendrá acceso al expediente?—, pregunta Marcela varias  veces a la psicóloga del MP de Sololá asignada a su caso.

—Sí, no se preocupe. Porque sería un delito si ella hace eso—, responde.

Hablan de la psicóloga Nancy Guerra, de esa fiscalía, que el 8 de septiembre estuvo en la fiesta de cumpleaños de Edgar Ruiz, donde estuvo Byron Cortez con Julia Rayberg.

5. Los médicos amigos de Cortez, las drogas y una tercera víctima, Alejandra

“Estás siendo paranoica, ellos son doctores. Cuidan a las personas, tratan mujeres. Te van a llevar a tu casa para que estés segura. Todo va a estar bien”, se repetía a sí misma Alejandra en Panajachel.

Fue una noche de febrero 2018. Alejandra quería irse para su casa. Después de dos tragos, decidió que era hora de despedirse del ginecólogo Ángel Manuel Vásquez y el radiólogo Roberto en el bar en Panajachel donde se reunieron. Ángel Manuel Vásquez y Roberto, haciendo muecas de decepcionados, le dijeron que se quedara un ratito más. Solo un ratito. Comenzaron a insistir.

Le ofrecieron llevarla a su casa, diciéndole que podría ser peligroso que caminara sola. Alejandra estaba acostumbrada a caminar sola de noche en Pana y la insistencia le generó desconfianza. Más que todo de Roberto, el radiólogo que en varias ocasiones había mostrado interés en Alejandra, el que más la presionaba para que se quedara para otro trago, para platicar más, para intentar ir un paso más allá.

No era la primera vez que se reunían. Eran conocidos. “Son doctores. No seas paranoica, todo va a estar bien”, se repetía Alejandra. Así calmó las alertas internas y se dejó convencer. Aceptó quedarse y ellos le dieron un vaso con el último trago de la noche.

A partir de ahí la memoria de Alejandra se empezó a apagar. Sabe que momentos después de terminar el vaso salió del bar caminando con Ángel Manuel Vásquez y Roberto. Recuerda su confusión al no reconocer las calles en las que caminaba todos los días en Panajachel. Su último recuerdo es la cara del radiólogo Roberto, observándola con una sonrisa.

—Desperté el día siguiente en una cama con un charco de orina. Mi orina. Inmediatamente mi cabeza se llenó de preguntas. ¿Pero cómo me oriné? No tomé suficiente para estar borracha, hasta para orinarme. Ni para no recordar nada.

Eran las 10 de la mañana y se sentía mal. No se sentía ella misma. Tampoco se recordaba de mucho. Solo de la cara de Roberto, el radiólogo.

Alejandra hace una pausa en la entrevista. Excavar su memoria para recordar uno de los instantes más desagradables de su vida es doloroso y le cuesta poner en palabras las sensaciones sin precedentes que sintió cuando despertó. En algún punto profundo de su cabeza pulsaba algo que solo puede comparar con una migraña sin dolor, un malestar que le generaba un desorden en su mente. No podía sostener una conversación, sentía que su cerebro estaba desconectado de su cuerpo.

La confusión desalentadora y la vergüenza por haber ensuciado la cama como si fuera una niña fueron reemplazadas por una sensación física mucho más perturbadora entre sus piernas, en sus genitales.

“Alguien tuvo sexo conmigo, alguien me violó”, se dijo.

Las tres violaciones repiten un patrón. Tragos con este grupo de amigos y la pérdida repentina del conocimiento. Después despertar con un bloqueo mental en la memoria, con poca ropa o desnudas, a veces con lesiones o marcas en el cuerpo, orinadas o sangradas. A veces con nada más que la certeza física de que hubo un acto sexual mientras no estuvieron conscientes. Violaciones sexuales. Violadores sexuales en serie.

—No puedo ni decir que yo tuve sexo, porque no estuve mentalmente presente, no estaba consciente. Alguien me violó.

Pasaron meses. Como muchas otras víctimas, Alejandra nunca presentó una denuncia. La confusión y la negación la detuvieron y por un tiempo era más fácil así. No pudo creer que alguien cercano fuera a abusar de ella. Pero las estadísticas no las respaldan; en la mayor cantidad de casos, las violaciones sexuales son llevadas a cabo por conocidos de las víctimas. Alejandra tampoco podía creer que Roberto, o Ángel Manuel Vásquez, ellos que son médicos, le hicieran algo así. Dice que hubiera preferido convencerse de que lo estaba imaginando.

—Me cambió esa experiencia… ni sé si llamarla así. Sí, la experiencia—, dice con resignación.

Todavía no sabe cómo nombrar la violación que sufrió y la describe bajo un nombre ficticio en un lugar escondido en el Altiplano. No pasa ni un día sin considerar ir a presentar una denuncia, tiene miedo de que Ángel Manuel Vásquez o Roberto puedan tomar represalias.

6. La manada de Panajachel

Los entrevistados describen la amistad entre Byron Cortez, Roberto, Ángel Manuel Vásquez y Edgar Ruiz como perversa, cuestionable. Para Byron, era el éxito en la vida entrenar a mujeres extranjeras y ser amigo de estos médicos. Los médicos tenían el dinero y hacían las fiestas en Sololá. Él conocía todas las extranjeras en los bares de Panajachel. Era como un intercambio.

Varias personas entrevistadas coincidieron al afirmar que Edgar Ruiz a veces le decía a Byron Cortez: “Si conocés a más mujeres, nos las traés”. Conocidos de Edgar Ruiz entrevistados para este reportaje compartieron que una de las exnovias de Edgar Ruiz odiaba a Byron Cortez porque, según ella, él era la razón de las infidelidades de su novio.

Con las mujeres que conocía, Byron Cortez hablaba de su voluntariado de futbol con niños, contaba de su novia bonita en los Estados Unidos, y se presentaba como un buen hombre. Enfatizaba que él no era como sus amigos médicos.

—Siempre andaba con este grupo de doctores. Pero hablaba mal de ellos, de cómo ellos trataban a las mujeres. “Ellos tienen una forma de tratar a las mujeres… pero yo soy diferente, valoro mucho a mi novia”. El siempre trató de hacerse el bueno entre todo este grupito—, dice otra entrevistada.

Pero estando con el grupo, Byron Cortez cambiaba. Adulaba a Edgar Ruiz. Y Edgar Ruiz lo trataba como su mandadero.

A Edgar Ruiz las personas entrevistadas lo describen como un médico exitoso, pero también un hombre machista y controlador. Varias personas han confirmado para este reportaje cómo en una fiesta Edgar Ruiz, un hombre alto y robusto, agarró a su exnovia del cuello y amenazó con asfixiarla. También afirman otros incidentes de tocar e intimidar mujeres en bares. Los entrevistados dicen que después, la excusa de Edgar Ruiz siempre fue que estaba borracho.

Sarah Peller, una estadounidense que vivió durante muchos años en Panajachel, accedió también a hablar para esta investigación. Recuerda que Edgar Ruiz una noche llegó a Element, un bar donde ella estaba con sus amigos. Él estaba muy borracho y quería bailar con ella. Ella lo rechazó pero él insistió y la comenzó a tocar, agarrándola por la cintura. A Sarah le pareció extraño su comportamiento, pues Edgar Ruiz sabía que ella es lesbiana. “No me toqués”, le dijo ella, pero él no la respetó. Es un hombre alto, musculoso, y Sarah se sintió tan insegura que salió corriendo del bar. Edgar Ruiz quiso perseguirla pero sus amigos lo detuvieron.

7. La bizarra conversación con la abogada y hermana de Edgar Ruiz

Nómada intentó contactar al ginecólogo Edgar Ruiz para cuestionarlo sobre los dos casos de violación donde aparece su nombre como testigo o cómplice. Su abogada y hermana, respondió en su nombre. Pidió que su nombre no fuera citado para mantener oculta la identidad de su cliente y hermano, pues no ha sido denunciado ante el MP.

—En el caso de una de las víctimas, a quien llamamos Marcela en este reportaje, ella recuerda que las últimas dos personas a las que vio antes de perder el conocimiento fue a Byron Cortez y a su hermano Edgar Ruiz. ¿Según su hermano, qué pasó ese día?

—Aparentemente eso pasó hace un año o dos años, porque ni siquiera ella tiene la certeza (esto no es verdad. Marcela sabe que fue el 4 de febrero de 2017). Pero con ella no se ha salido ninguna noche. Mi hermano nunca anda solo, siempre anda conmigo o con otro grupo de amigos. Nunca andan dos personas solas jamás. Y los fines de semana él se va de Sololá, y los pocos fines de semana en los que él se ha quedado, yo he estado con él.

—¿Me dice que es imposible que él haya estado solo con Byron Cortez ni una sola vez en los años que tienen de conocerse?

—No, para nada. Solo en el gimnasio.

—En el testimonio de otras testigas del caso de Julia Rayberg, dos dijeron que en la fiesta el 8 de septiembre, Byron Cortez llevó a Julia a un cuarto en donde podría haber empezado a violarla, y que su hermano Edgar Ruiz entró momentáneamente a ese cuarto.

—No, definitivamente no. Yo estaba ese día acá. Si de algo me encargo es que nadie entre a las habitaciones.

—¿Usted está en todo? ¿Encima de Edgar Ruiz y vigilando a los cuartos también? ¿Todo el tiempo?

—Así es.

—Hemos entrevistado a más de 20 personas y muchos comentan que Byron Cortez y su hermano Edgar Ruiz tienen un comportamiento bastante misógino.

—No para nada. Créame, que si fuera así, yo no estuviera aquí a la par de él. La mayoría del círculo de amigos son mujeres. Si ellos tuvieran esta característica de misóginos, ninguna mujer se le acercara. Fuera tonto de parte de una mujer hacerlo.

—Encontramos más víctimas, con el mismo patrón. Ustedes conocen bien a Byron Cortez, ¿qué piensan respecto a las acusaciones en su contra, por drogar y violar a dos mujeres?

—No. A él lo conocemos. Es más, dentro del grupo de amigos, si me puedo expresar vulgarmente, entre ellos, los hombres, dicen que él es el más hueco de todos, porque siempre ha sido fiel a su novia.

Aunque la denuncia formal de Julia Rayberg no es contra su hermano Edgar Ruiz sino contra Byron Cortez, la abogada insiste que es falsa. Dice que Julia tuvo problemas con las drogas cuando vivía en Estados Unidos hace cinco años, y que eso invalida su testimonio.

Julia Rayberg vive en Guatemala desde hace 5 años. Cuando publicó su testimonio en Facebook, ella misma hizo referencia a sus años de la universidad y su consumo de alcohol, por lo que había decidido dejarlo por completo durante cuatro años; ahora ya solo toma vino de vez en cuando y no sale mucho a fiestas. Por eso fue que a Byron Cortez le costó tanto convencerla de que lo acompañara al cumpleaños de Edgar Ruiz.

8. El problema en el MP

Estas denuncias evidencian uno de los delitos sexuales más invisibilizados y complicados de documentar: la violación facilitada por drogas o alcohol. Un fenómeno, o conjunto de delitos, que ni siquiera se registra con datos en Guatemala.

Desde el 1 de enero de este año hasta el 31 de octubre, 6 mil 333 mujeres han sido evaluadas por el Instituto Nacional de Ciencias Forenses (Inacif) después de presentar una denuncia por violencia sexual en el Ministerio Público. Sí, en Guatemala, 20 mujeres y niñas fueron abusadas sexualmente cada día de lo que va del año y lo denunciaron. Otros centenares o miles fueron abusadas y no lo han denunciado. Y en diciembre es el mes del año en el que se disparan estas violaciones, coinciden ginecólogos y organizaciones de mujeres.

El Inacif no lleva ningún registro sobre cuántas de estas violaciones tuvieron drogas de por medio, pues no hay registro de cuántos de los peritajes sobre violencia sexual incluían una solicitud del MP de una evaluación toxicológica, ni cuántas de ellas salieron positivas. No existe ningún dato en Guatemala que ni siquiera dé indicadores de la cantidad de violaciones por drogas en el país.

La pérdida parcial o completa de la memoria de la víctima y la desorientación, ambas resultados de la droga, les hacen dudar de su experiencia y las señales de violación. Atrasa su reacción. Mientras ellas lentamente comienzan a hacer sentido del caos, la sustancia rápidamente abandona su cuerpo sin dejar rastro. Así la droga le roba algunos elementos para entender y reconocer que fue víctima de un delito: cómo, dónde, cuándo, qué pasó, quién fue.

Y el Ministerio Público no parece mover un dedo para auxiliar a estas mujeres. Para la abogada Paula Barrios, de Mujeres Transformando el Mundo, esto es crítico.

—Todavía se parte de que la víctima es la que tiene que, a través de su cuerpo, poner las pruebas, conseguir y convencer a los testigos. Y no es así. Es responsabilidad del Ministerio Público. Y eso otra vez demuestra la falta del sistema judicial de reconocer lo fundamental de la credibilidad del testimonio de la víctima.

Los tres casos de Panajachel son alarmantes, explica la abogada Barrios. No le queda ninguna duda de que la coincidencia de las características en los testimonios de Alejandra, Marcela y Julia Rayberg demuestran que existe un patrón: la sospecha del uso de algún estupefaciente, el tiempo que durmieron, que se orinaron, la presencia de las mismas personas. És un patrón que necesita ser investigado como tal, no como casos aislados, dice Barrios. Considera muy probable no solamente que participan varios personas en cada incidente, sino le preocupa que los agresores continúen con el modus operandi, en Panajachel o en cualquier parte de Guatemala.

9. Y el problema de la jueza Chuy Jiatz

Esta periodista contactó a Byron Cortez para preguntarle cómo responde a las acusaciones en su contra. Respondió que tiene muchas cosas que quisiera decir y que quería ofrecer su ayuda con la investigación de Nómada para el caso. Pero que sus abogados le aconsejaron no dar declaraciones. Dice que ha sufrido mucho daño por las acusaciones, y que sus abogados están preparando “sorpresas”.

Desde que fue remitida una orden de captura contra Byron Cortez, él había estado prófugo. Pero se presentó en la audiencia del 19 de noviembre pasado. El abogado Rodolfo Díaz, de la Fundación Sobrevivientes, solicitó en el caso de Julia Rayberg, que Byron Cortez fuera ligado a proceso por las denuncias de violación y agresión sexual y que fuera enviado a prisión preventiva. La jueza de Primera Instancia Penal, Lidys Mercedes Chuy Jiatz, dictó que no habían suficientes pruebas en la acusación de violación porque Julia no se recuerda el momento que pasó.

Esto a pesar de que el domingo 16 de septiembre apareciera otra pista. El tampón que Julia Rayberg se puso antes ir a la fiesta con Byron salió de su cuerpo. La violación, que según la jueza Lidys Mercedes Chuy Jiatz no existió, había empujado el tampón tan adentro, que no fue visible durante el examen ginecológico y su cuerpo se tardó 8 días en expulsarlo. Julia entregó el tampón como evidencia al MP pero para la jueza Chuy Jiatz tampoco era indicio suficiente del delito de violación.

La jueza Mercedes Chuy no le creyó a Julia Rayberg.

Pidió al MP que investigara a Byron Cortez por haber tocado a Julia Rayberg cuando ella estaba despierta. Y quedó bajo arresto domiciliario en el departamento de Sololá hasta la próxima audiencia en abril de 2019.

Byron Cortez regresó a Panajachel y fue visto en la Calle Santander en su bicicleta, como si nada. Iba conversando con una mujer extranjera.

***

(Nota del editor: Decidimos publicar los nombres de dos de los médicos ya que aparecen en los expedientes de la fiscalía y son testigos clave en ambos casos)

Pia Flores
/

Buscadora de las historias invisibles y experiencias con sentido. Antropóloga irreverente y amante de la diversidad, la noche, las auroras coloridas y los cuentos que tardan.


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COMENTARIOS

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    José /

    08/12/2018 9:49 AM

    Apenas llegué a leer el inicio porque me resultó indignante.

    Me duele constatar que mi hija, por el sólo hecho de ser mujer, ya está expuesta a una serie de vejaciones o agresiones. Como padre siento una mezcla de odio a esta sociedad y mucha frustración porque no sea posible una convivencia con respeto.

    Y de las víctimas de este caso como tantos otros, quedan sujetas a lo que piensan y deciden otras y otros. ¿Qué clase de justicia es esta?

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Verum Veritas /

    07/12/2018 10:42 PM

    Como empezar... Sera mas sencillo por decir NO APOYO LA VIOLACION, TODOS LOS VIOLADORES DEBERIAN DE SER ENJUICIADOS Y LOS DERECHOS A LAS MUJERES SUSTENTADO Y APOYADOS DEBIDAMENTE.
    Ahora que ya he puesto mi simientos quisiera seguir con lo siguiente.
    Estoy muy de acuerdo con denunciar y fortalecer los derechos de la mujer, sin embargo, creo que utilizar este nuevo movimiento de fortalecimiento femenino para sustentar una vendeta personal es completamente ridiculo.
    Procedo a expliar, sera que este verdaderamente es un caso de violacion? Parece muy absurdo que la victima aparenta muy buena salud tanto fisica como mental en todos sus medios sociales tanto antes como despues de la supuesta fecha de asalto no? @jmrayberg (oviando por la abundante publicidad hacia su "violacion") Si ese es el caso, he de decir que le aplaudo porque seria la primera de muchas personas que he ayudado que se recupera tan prontamente y de tal manera tan sustancial.
    Siguiente punto, la evidencia propuesta por Nomada como puntos de contacto sufren de uno, si no es que de varios defectos. Primero, hoy en dia cualquier persona puede falcificar una conversacion en instagram; lo unico que es necesario es mas que un dispositivo de tecnologia, programa de edicion (abundantes gratis) y deseo de editar tal conversacion (la cual en este caso, creo q abunda). Segundo, parece muy interesante que una nativa estadounidense utilice tan pobre ingles en sus conversaciones, tanto en gramatica como en composicion (si no saben de lo que hablo, pues oviamente no dominan el ingles lo suficiente). Tercero, la "evidencia" de violacion, cualquier persona con mas de 2 dedos de frente o minimo conocimiento medico sabe lo ridiculo que estas epeculaciones suponen; en otras palabras, hubiera creido mas que fue el espiritu santo que bajo a violar a nuestra victima.
    Ahora, ya que he expuesto unos cuantos agujeros en esta acusacion, procedo a exponer un nuevo punto... El acusado. Una persona que se ha dedicado ha hacer amistades y ayudar a personas en necesidad en los momentos mas precarios. Claro, una persona de origenes pobres, de procedencia indigena y crecido en un area de repudio social. Como alguien de ese estato va a poder poner su voz en contra de una anglosajona estadounidense, y mucho menos alguien que es tan socialmente versatil y manipuladora?
    He de aceptar que se me han acercado, con preocupacion, con depresion, con ideaciones suicidas, no "en su bicicleta, como si nada". Y es la relacion la que me forzado ha realizar este comentario.
    Ya basta de utilizar movimientos sociales por beneficio propio, ya basta de apoyar al conquistador en contra del conquistado, ya basta de seguir la prosa de cualquier orador sin descubrir la verdad por uno mismo. Ya basta de condenar al pobre. Ya basta.
    En fin, no pretendo convencer a nadie a travez de este discurso, ni mucho menos entablar una discusion porque no tengo el tiempo para discutir con personas cegadas. Pero espero poder haber dado un punto de vista que muestre otro lado de la moneda.
    Nuevamente, no sueño ni creo en un mundo donde violadores ronden impunes, ni un mundo donde se aproveche del debil. Realmente solo espero que la justicia llegue al que la merece, no al que la consiga por cualquier medio.

    ¡Ay no!

    6

    ¡Nítido!

    Raul /

    05/12/2018 5:33 PM

    Que horrible historia. Pobres las chicas pero aprendan en lugares como Antigua y pana abundan estas escorias sociales aprovechandoce de la gente que se pasa de copas. Por eso pilas que estos mañosos se conocen a km en estos pueblos.

    ¡Ay no!

    2

    ¡Nítido!

    en perspectiva /

    04/12/2018 7:36 PM

    a alguien se le ha ocurrido que la fama que tiene Pana de que la mota y demás drogas se consiguen muy facilmente allí tiene que ver con la cantidad de violaciones????

    ¡Ay no!

    5

    ¡Nítido!

    Ernesto /

    03/12/2018 3:59 PM

    Es indignante lo denunciado. Pero es más alarmante la pasividad que demuestran los sololatecos sobre las acciones cobardes de estas personas que dicen ser médicos, pero solo son delincuentes con título. Como sociedad , si permitimos que sucedan estos atropellos delictuosos sin intervenir, nos rebajamos a la altura del delincuente... Pero cómo son hijos de papi y con dinero... no les importa. Triste el estado de «su» "sociedad" al permitir ( y solapar) estos cobardes actos.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Trudy Mercadal /

    02/12/2018 5:00 PM

    Ya es hora que dejen de encubrir y blindar a estos violadores. La solución no es que las mujeres se encierren y no vivan una vida normal, sino que los violadores dejen de violar. Y ya. Para lograrlo, es necesario llevarlos a la justicia y exigir al MP y juzgados hacer su labor bien y transparentemente.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Ellen /

    02/12/2018 10:42 AM

    The solution is simple:
    1. Do NOT go out at night.
    2. Do NOT go to bars.
    3. Find a hobby that will keep you intertained & at home after dark.
    4. Have a big mean dog in your garden & a machete by your bed.

    ¡Ay no!

    1

    ¡Nítido!

    El Apóstata /

    01/12/2018 6:27 PM

    Estoy seguro que ni Nómada ni Pía Flores publicarían un trabajo como este si no estuvieran bien seguros de que son hechos reales y confirmados. No pude seguir leyendo porque sentí un nudo en el estómago y una cólera tan grande. Para las víctimas: Justicia, Justicia, Justicia.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Reina Vasquez /

    01/12/2018 3:01 PM

    Un gran trabajo periodístico, esto es un secreto a voces en distintos puntos del país, urge reformar nuestra constitución, nos falta mucho por hacer, para proteger a la gente.
    FELICIDADES A Julia Rayberg, por su valentía y coraje de hacer la denuncia y hacerlo publico para que otras mujeres estén alertas y prevenidas y no pasen por este camino amargo de la revictimización de nuestras miserables leyes e instituciones que fueron creadas para proteger al victimario.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Edwin vega /

    01/12/2018 12:55 PM

    Un saludo no fraternal para el nueva Nómada gt por mentir y ser un títere dorando el mejor presidente de Bolivia tenia una imagen diferente ahora los veo cómo los demás oportunistas arribistas

    ¡Ay no!

    1

    ¡Nítido!







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