24 MIN. DE LECTURA

Compartí
Actualidad Entender la política La corrupción no es normal Somos todas Identidades Guatemala urbana Guatemala rural De dónde venimos Blogs Gastro Audiovisuales Guía de viajes
11 Pasos
Compartí
Facebook
Twitter
Messenger
Whatsapp

Seguinos

¡Hola!

Necesitás saber que...

Al continuar leyendo, aceptás nuestra política de privacidad, que podés ver aquí.

“Mamá, no me siento niño”, y las familias que aceptan y apoyan a sus hijos ‘trans’

Isabel, Ana y Alicia comparten una característica poco común; son mamás que apoyan abiertamente a sus 'hijes' trans. En su camino de la confusión a la aceptación, estas mamás se han empeñado en crear espacios seguros, dentro y afuera de la familia para proteger a sus ‘hijes’ contra una sociedad que se resiste a darle la bienvenida a la diversidad.

Somos todas diversidad sexual Niñez trans P258

Ana y su hija Rosa.

Foto: Carlos Sebastián

[¿Aún no recibís La Jugada? Suscribite aquí y recibí en tu correo una explicación de lo más importante del día.]

Un día de agosto 2015, Alicia envió una carta a su familia y sus amigos cercanos. Con la despedida de su hijo y dio la bienvenida oficial a su hija, Lu. En la carta, Alicia pidió que Lu fuera respetada y que todos a partir de ese momento la comenzaran a tratar con los pronombres correspondientes a una niña.

“Queremos compartir una gran noticia. Nuestro hijo nos ha compartido ya durante varios años que no se siente como niño. De hecho, hemos aprendido que la criatura que pensamos era nuestro hijo, realmente es nuestra hija. Después de una autoreflexión profunda, conversaciones en la familia y terapia, hemos llegado a entender la verdad por ella. Entonces, estamos orgullosos de anunciar que ¡tenemos un nuevo miembro en la familia! Lu, el cual es su nombre ahora, vive a tiempo completo como niña. Ella está feliz por eso y nosotros también”.

Lu ya llevaba dos años en su transición, desde que celebró su cuarto cumpleaños 4 años en un vestido blanco. Feliz y por primera vez como niña.

1. Tres madres frente a un tema invisible

Una tarde de julio, el Mes del orgullo de 2019 en Guatemala, Ana Tobar, Isabel Rodas y Alicia ‘Despierta’ (apellido ficticio) se reunieron en un centro comercial de la zona 11 capitalina. Provienen de Guatemala, Chimaltenango y Sacatepéquez. Las tres son académicas de las Ciencias Sociales y como mamás comparten una característica poco común: las tres han decidido apoyar abierta y proactivamente a sus ‘hijes’ transgénero.

Entre ellas existe la confianza y el pre-entendimiento sobre qué es el tema trans, cómo lo viven sus hijos, cómo lo viven las mamás, y cómo es vivirlo desde su normalidad rodeadas por una sociedad que es diferente. Conocen también ya la hostilidad y la ignorancia con la que mucha gente aún reacciona cuando se habla de las personas transgénero.

Este es un tema invisibilizado en Guatemala. Por lo mismo, compartir sus historias les genera cierta ansiedad porque sean juzgados, malentendidos y discriminados. Hablarlo es la única manera de cambiar las ideas y prejuicios que existen sobre las familias trans, coinciden las tres.

Ana Tobar explica:

–Tenemos que confiar. Es difícil atreverse a dar la cara en este país tan complicado. Pero no puedo dejar que el miedo me paralice. No sé qué cree la gente que uno hace en su casa. Yo tengo que pagar cuentas, nos gusta Pollo Campero, vemos Netflix, tenemos perritos y gatos. Lo que hace toda la gente, lo hacemos nosotros también. Creo que si se dieran el chance de conocer la realidad, conocer las historias, se va a ver que somos gente de lo más normal.

2. El camino a la aceptación

El cumpleaños y la carta marcaron un antes y un después en la vida de Lu, su hermano y sus padres. Para Lu su cuarto cumpleaños fue el momento cuando su entorno más cercano comenzó a verla y reconocerla como una niña que ya no tenía que vivir como niño.

Siempre supo que era niña. Desde que tenía 2 años, comenzó a cuestionar por qué le decían que era niño. “¿Por qué tengo este cuerpo?», le preguntaba a cada rato a su mamá. Alicia comenzó a ponerle más atención a sus expresiones y a buscar información.

—Yo soy niña trans, dice Lu, hoy de 9 años.

La decisión de escribir la carta con la presentación de Lu y de simplemente dejarla ser, acabó con dos años de mucha confusión y de buscar explicaciones. Para Alicia implicó cambios prácticos, de colegio, luchas en su entorno social, pero todo a cambio de ver a su hija más feliz que antes.

—Fue aceptar. Ya no buscar explicaciones y cuestionar. Fue tomar el partido de mi hija. Decir, aquí está, ¿qué hacemos? Realmente, a partir de allí ella me fue guiando.

El camino a la aceptación es como una montaña rusa de buscar y descartar causas hasta que se escoge estar del lado de tu hijo, explica Ana Tobar. La aceptación implica también una transición en la familia.

Ana creció en una familia convencional de clase media en la Ciudad de Guatemala y estudiaba en un colegio de monjas. Su conocimiento sobre la diversidad sexual se limitaba a amigas lesbianas y amigos gays. Cuando comenzó a notar algo diferente en su hijo, fue que se topó con su propio conservadurismo.

—Tuve muchas epifanías. Yo no me consideraba conservadora, nunca. Pero fui criada en esta sociedad, conservadora, entonces uno tiene esto instalado. Pero yo estaba viendo estas manifestaciones con mi hija. No es un berrinche. Ya van ocho años, y no era solo una fase como me decían. Y cuando a eso le sumas todo el conocimiento de estar leyendo y hablando con otra gente, vas cambiando. Te ayuda a que tu transiciones.

Su hija, quien pidió que la llamáramos Rosa en este reportaje, tenía 3 años cuando Ana Tobar comenzó a notar señales. Hoy tiene 11 años.

Nunca le gustaban los carritos, los muñecos de superhéroes o los otros juguetes que le regalaba su familia. En el fútbol y el karate no rendía, pero en clases de ballet y hip-hop era una estrella. Todos los dibujos que hacía de figuras humanas eran siempre femeninas.

—Ella odiaba ir a la peluquería, quería tener su pelo largo. Ya tenía 5 años. Nosotros le obligábamos. Pero era un drama, hasta que una vez me tuve que subir al caballito o no sé qué era, y sostenerla. Después entendí que para ella era como que si la estuviéramos mutilando.

No era solo una fase. El malestar de Rosa crecía hasta que un día le dijo a su mamá: “se equivocaron en el cielo y me enviaron en el cuerpo que no era”. Fue ahí cuando Ana Tobar abandonó “la batalla por moldearlo”, dice. Aceptó que su hijo es hija.

—Es darte chance de que tu hijo demuestra la persona que es. Cómo se siente sin intentar moldearlo, ajustarlo. Quién es y cómo quiere mostrarse hacia el mundo. Su verdadero yo. Ver su felicidad con la manera de expresarse. Es un ejercicio liberador para uno de mamá también. Supone un proceso de irte desarmando como persona, flexibilizando la mente y abriendo el corazón, relata Ana Tobar.

Una persona transgénero es alguien que no se identifica con el género que se le fue asignado al nacer –una condición conocida como discordancia de género– y decide vivir y expresar el género con el que se identifica.

Una persona transexual es alguien transgénero que ha tomado la decisión de transformar su cuerpo quirúrgicamente, adicional a otras modificaciones a través del cabello o la vestimenta, para que corresponde a su identidad de género, explica la psicóloga y sexóloga Andrea Bonilla.

Isabel Rodas escucha con atención las experiencias de Ana y Alicia de acompañar a sus hijas en su transición desde pequeñas.

—A mí me hubiera costado a esa edad, dice impresionada.

Su hijo tenía 20 años cuando le anunció que ya no era mujer, y que su nuevo nombre era Eloi. Isabel recuerda que cuando era pequeño, su hijo nunca se expresó de forma tan explícita como Rosa y Lu. Fue hasta que llegó a la adolescencia que comenzó a expresar cierta incomodidad.

No le gustaba usar maquillaje ni aretes como las otras adolescentes de su edad, y no quería depilarse. Andaba muy enojado todo el tiempo, sin saber por qué.

—Mis hijos, y los de muchas amigas, estuvieron en un colegio que yo consideraba ser bastante abierto. Me sorprendió ver la cantidad de víctimas de bullying que habían allí. Tal vez hay muchachitos que muestran señales allí, y que no han podido decirlo. Como pasó con mi hijo. No sé por qué hasta los 20 años pudo decirlo. Y me quedo pensando, ¿cómo no pude identificar esa diferencia que él tenía?

Hace cuatro años Eloi se fue a Francia. Desde allá anunció a su mamá que se identificaba más como hombre, y comenzó su transición y tratamiento hormonal. Desde el principio Isabel Rodas lo quiso apoyar. Pero reconoce que una cosa es aceptar, otra es el proceso de cambiar 20 años de costumbre. Desde que nació lo había tratado como mujer, y de vez en cuando se equivocaba cuando hablaban. Algo que le causaba mucha frustración a Eloi. “¿Cuándo vas a entender que no soy mujer?”, le cuestionaba a su mamá.

—Eso me llevó un tiempo, la verdad me costó mucho cambiarle la forma al idioma. Yo le decía, que mi estructura mental era esta. Le decía: “Tengo 20 años de tratarte como mujer. Entendeme vos también, sé tolerante conmigo también. Dame tiempo a que yo también viva el proceso y entienda lo que significa”.

 

Eloi Rodas.

Eloi Rodas.

3. La mal diagnosticada enfermedad

El lenguaje es solamente una de las construcciones que reflejan cómo las personas percibimos y entendemos la realidad. Y en Guatemala esas categorías no se cuestionan, dice Isabel Rodas, quien es antropóloga.

—Creo que uno de los problemas principales aquí es que somos una sociedad muy dogmática. La sociedad no es capaz de ser reflexiva sobre las categorías con las que maneja la realidad. Eso tanto desde el punto de vista de lo étnico, de lo religioso, de lo ideológico. Aquí solo puede haber hombres y mujeres, todo lo del medio es porque estás en pecado o estás enfermo y por lo tanto necesitas curarte, explica Isabel Rodas.

En 2019, aún hay pastores y psicólogos religiosos que ofrecen terapias de conversión a la homosexualidad y la transexualidad. Y mamás y papás que los buscan para ‘curar’ a sus hijos e hijas.

En mayo de 2019, la Organización Mundial de Salud quitó el término ‘trastorno de identidad de género’, de la lista actualizada de trastornos mentales, después de años de categorizar erróneamente el ser transgénero o transexual como una enfermedad. Al mismo tiempo se introdujo el término descriptivo discordancia de género como parte de los temas de la salud sexual de las personas.

Fue un paso clave para eliminar la estigmatización y discriminación históricas que las personas trans viven en Guatemala y el mundo pero el efecto real aún puede ser tardado.

Ana Tobar compara el cambio con el esfuerzo que han hecho activistas que trabajan por la inclusión y los derechos de las personas con discapacidad.

—Esto no es una enfermedad, no es una anormalidad. Es una forma de desarrollo sexual distinto que fuera de estos contextos tan limitantes y represores la persona podía desarrollarse de mejor manera. En el tema de discapacidad durante la última década se ha mantenido este debate de que las condiciones no son trastornos, para romper con todas esas categorías de que son menos válidos. Sí, tienen una condición biológica, pero es una manera de funcionar distinta. La discapacidad se produce en un contexto adverso. Lo están planteando así, «no estamos enfermos, la sociedad nos está limitando». Aquí es lo mismo. Salirse de esos conceptos.

La evidencia es clara para las tres mamás; el malestar que puede generar la discordancia de género en una persona, niño o adulto, desapareció en Lu, Rosa y Eloi, cuando comenzaron a vivir su identidad de género, y no el género que les fue impuesto en base a sus genitales.

Ser trans u homosexual no es una enfermedad. Pero vivir en un entorno hostil que discrimina sí pone en riesgo su salud mental, dice la psicóloga Andrea Bonilla, graduada en sexología en Australia.

—Lo que enferma es el rechazo y el maltrato de las demás personas. Crecer en un entorno donde no hay aceptación. Aún en una casa donde hay aceptación, tienes que lidiar con el resto de la gente en una cultura como la guatemalteca, donde la fobia y la agresividad son interiorizadas, igual la misoginia y el machismo.

El rechazo tiene consecuencias graves para la población trans, explica Andrea Bonilla. Hay altos índices de suicidio. Son propensas a sufrir de depresión, ansiedad, represión de quiénes son. Tienden a aislarse y desarrollar sus actividades únicamente en ciertos lugares para evitar tener problemas. Limitan su círculo, su espacio. Pueden demostrar cierta actitud defensiva a las demás personas.

Hasta cosas cotidianas, como ir a una cita médica les puede resultar intimidante a las personas trans porque no saben qué decirle al médico, y si es una persona inclusiva o no.

En su clínica, Bonilla actualmente atiende a diez personas trans, de las cuales ocho son menores. La terapia que ofrece también apoyo a las mamás y los papás para que den acompañaiento.

La mayoría de las personas que llevan a sus hijos o hijas a su clínica sufren de la misma confusión e ignorancia que vivieron Alicia, Isabel y Ana al principio: “Algo le está pasando a mi criatura, ¿qué hago?”. Hay algunos casos donde llegan furiosos y esperan que sea algo que pueda ‘quitarse’ o ‘curarse’ con terapia.

—Tienes que explicarles que no es una terapia de conversión. Que está bien ser quienes son. Y que la terapia de conversión no le quita quien es, lo que va a hacer es reprimir.

• Leé: Ser gay: Quisieron ‘curarme’ con un exorcismo y con el Hogar Seguro, por Pia Flores

Andrea Bonilla resalta la necesidad de construir redes de profesionales de la salud que son inclusivos para apoyar a las personas trans en su desarrollo. Desde psicólogos, médicos generales, psiquiatras, endocrinólogos para cuando comienzan su tratamiento hormonal, y finalmente cirujanos para hacer transición de transgénero a transexual.

4. “Prefiero una hija feliz, que un hijo muerto”

El miedo a la violencia mantiene la ansiedad en las tres mujeres. Es una meditación constante entre apoyar su desarrollo de manera incondicional y controlar cuánto exponerles.

No apoyarles en su transición y obligarles a vivir el género equivocado puede provocar depresiones y hasta llevarles al suicidio. Dejarles ser quienes son en una sociedad conservadora, implica que corran el riesgo de ser víctimas de crímenes de odio.

Hubo una época cuando le llamaban a Alicia del colegio donde estaba Lu y le decían que necesitaba ir a terapia y que no le comprara ‘tanto rosado’ a Lu. Por un tiempo Alicia les hizo caso. Pero Lu estaba muy infeliz y reaccionaba con berrinches por cualquier cosa.

—No logré reprimir a Lu tanto tiempo, fue una cosa imposible. El tema del suicidio para mí fue un motor muy grande para decidir apoyarla, porque Lu estaba infeliz. Si puedes perder a tu hijo pues entonces yo prefiero una hija feliz, que un hijo muerto, dice Alicia.

La psicóloga Andrea Bonilla explica que el miedo a que la niñez trans sufra de algún tipo de violencia, muchas veces lleva a que las mamás y los papás sean sobreprotectores y que en el intento de proteger, repriman.

—Así es como la familia puede ser el primer nicho de discriminación para la persona. Mi mamá me decía «es que me da miedo que le pase algo». En una sociedad como la guatemalteca, corren ese gran riesgo de ser sujetos de cualquier clase de violencia, dice Ana Tobar.

Les enfada la falta de protección de parte del Estado y que no exista mayor conciencia sobre la relación entre discursos de odio y crímenes de odio —que en Guatemala sigue sin figurar en el código penal— y que la gente confunde el derecho a la libre expresión por discriminar, sin pensar en las consecuencias.

—Los conservadores no se dan cuenta de que sus ideas no se quedan allí, en el tuit, o en el post que están compartiendo. Esas ideas cerradas son peligrosas si llegan a personas que sí van a tener la capacidad de venir y ejecutar una reacción, dice Ana.

–Eso es el miedo que da. Que alguien ejecute algún acto de violencia, agrega Isabel.

–Están hablando a diestra y siniestra, pero no se dan cuenta de la responsabilidad moral que tienen con este tipo de ideas que están divulgando, sigue Ana Tobar.

Muchas de las amigas de Isabel son conservadoras. No las ha enfrentado y siente que es algo que necesita hacer en algún momento, por muy pequeño que pueda ser el efecto.

—Tengo una responsabilidad en esto. Aunque sea con este mi grupito de incidencia, de unas 40 mujeres de 50 años. Quiero ir construyendo el mensaje para poder en algún momento decirles «miren, ustedes están alimentando estas ideas y lo que no quiero es que cuando mi hijo se tope con sus hijos, no le propinan una golpiza pues, solo les pido eso.»

Su voz comienza a quebrar. Eloi tal vez esté lejos ahora, pero dentro de poco su estadía en Francia se acabará y regresará por primera vez a vivir como hombre trans en Guatemala.

—No les estoy pidiendo ni que sean sus amigos. Nada. Sino que simplemente no haya actos violentos provocados por una intolerancia que lleve a la violencia.

Hace dos años Ana lloraba de la rabia, tristeza e impotencia que le generaba leer mensajes de odio en whatsapp y en redes. Hasta se ponía a responder todos. Por su propia salud mental ha decidido ya no hacerlo y llevar su lucha por los derechos trans a través del activismo. A finales de junio participó junto a otras mamás y papás activistas de toda Latinoamérica en la VII Convención de Familias por la Diversidad Sexual en Medellín, Colombia.

5. El desconocimiento sobre la posibilidad de ser trans

Gabriel Matías no deja de repetir lo agradecido que se siente con la vida. Tiene 23 años, y hace tres comenzó a vivir como hombre en concordancia con su identidad de género. No perdió ni una amistad, ni encontró rechazo de ningún miembro de su familia. Fue en este momento que realmente comenzó a vivir, cuenta con una sonrisa orgullosa.

Desde que tiene memoria se recuerda que se sentía diferente. No le gustaba tener el pelo largo y nunca se sentía cómodo con su cuerpo. En el colegio envidiaba a sus compañeros que no estaban obligados a usar uniforme con falda.

Creció con esa inconformidad sin ni siquiera saber qué era una persona trans. No sabía que vivir como hombre era una posibilidad.

A los 13 años, cuando entró en la pubertad y su cuerpo comenzó a desarrollarse, cayó en crisis incontrolable hasta los 17 años. Igual que Eloi Rodas, Gabriel estaba enojado todo el tiempo. Ni él, ni su familia entendían por qué. Cualquier cosa pequeña le hacía reaccionar con rabia.

—Comencé a hacer mucho ejercicio. Eso era como mi escape y creo que solo así evité realmente caer en depresión. Entrenaba ciertas partes de mi cuerpo, los brazos y el pecho, como para evitar que se miraban mucho las partes que se estaban desarrollando. Igual nunca me miraba como yo quería.

Se aisló. Se encerraba en su casa y en sí mismo. Comenzó a leer un montón. Un día leyó sobre la testosterona en el fisicoculturismo y los efectos secundarios que tiene en el cuerpo de las mujeres. Indagó más y más hasta que de pronto llegó a conocer sobre las personas trans.

—Todo se me iluminó. Por primera vez entendí que eso era yo. Y al segundo me dio un bajón. Entonces, ¿qué hago a partir de ahora? ¿y mi familia?

Le dio tristeza profunda. Quería decírselo a su familia pero tenía miedo de que lo iban a rechazar. Caminaba por las calles y se imaginaba dónde iba a dormir cuando lo echaban de la casa.

Tomó una decisión peligrosa. Comenzó su tratamiento hormonal sin el acompañamiento de un médico. Algo que puede causar problemas de salud muy graves si no está controlado por un endocrinólogo.

La mamá de Gabriel notaba que él estaba mal y organizó que se fuera a terapia con un psicólogo. Después de varias sesiones, Gabriel decidió contar la situación a sus papás. Fue difícil. Su miedo más grande era decepcionar a sus papás. Lloraba tanto que solo lograba preguntar “¿ustedes saben qué es una persona trans?”.

Para su sorpresa, los dos ya sabían que él era hombre trans. Y lo aceptaban. Cuando Gabriel se lo contó a sus dos hermanos menores, su hermana respondió: “yo ya sabía desde años que en realidad tengo dos hermanos”. Gabriel viene de una familia extensa y evangélica. Desde el día que se presentó frente a ella como hombre, cada miembro de su familia le dio la bienvenida como Gabrielito.

—Fue increíble, como si me hubieran quitado un costal de harina de mis hombros. Todo se fue encajando. Era como si hubiera cambiado de un mundo a otro.

Y en algunos aspectos sí era sí. Moviéndose en el mundo como hombre, Gabriel ha notado cómo la sociedad lo trata diferente. Ya no tiene miedo si camina solo. Si ve un grupo de hombres en la calle, ya no cruza al otro lado para evadirlos. Ahora se mueve con libertad.

—Se siente completamente el machismo guatemalteco. Es como si hubiera subido un escalón social. Hasta te tratan con más respeto.

 

Gabriel Matías.

Gabriel Matías.

6. La mochila rosada

Ana, Isabel y Alicia, como cualquier otra mamá o papá, quieren que sus hijos e hijas sean felices y que estén seguros. No fueron Lu, Rosa y Eloi que cambiaron, comenzaron a ser, sin la presión de cumplir con una expectativa social ajena. Sus mamás cambiaron su forma de pensar, se adaptaron a la realidad.

En un entorno social que no es igual de inclusivo, eso implica dar pequeñas batallas cada día sobre elementos que otros dan por sentados. Por ejemplo, comprarle una mochila rosada a tu hija.

—Cosas que para otras familias son simples, nosotras las tenemos que pensar y decidir qué es lo mejor para mantenerlas seguras, explica Ana.

—Sí, —continúa Alicia— desde qué ropa ponerle, desde qué baño usar, desde qué mochila llevar al colegio. Qué colores son los permitidos. Y a quién te abres, a quién te revelas y a quién no. Hay que dar batallas todos los días. Cada decisión en lo cotidiano, aunque ya casi es inconsciente. Ahorita por ejemplo, si estuviéramos aquí sentadas y me dice que tiene que ir al baño, ¿la dejo sola?. Ya tiene 9 años, pero mejor la acompaño.

—A veces se siente como si uno estuviera en un campo minado. No es que los estás enviando a la escuela y sabes que van a regresar bien, contándote los líos de siempre. Es como estar a la expectativa de ahora qué ha pasado. Lo de la mochila rosada llamó demasiado la atención, por los colores y toda esa diferenciación de género. Celeste para los niños, rosada para las niñas. Así, la sociedad controlando y creando ideas sobre qué es correcto, dice Ana Tobar.

Enviar la carta de apertura a su familia y amigos fue una decisión liberadora para Alicia, pero tuvo, y sigue teniendo hoy, años después, implicaciones en la vida práctica y social de la familia por la intolerancia, explica.

—Nosotros hemos perdido muchísimos amigos, desde playmates de ella, hasta amigos míos. Hemos tenido que depurar allí. Fue una situación muy liberadora, por un lado, pero también muy difícil porque nos quedamos sin el círculo social. Antes, entre amigos hacíamos mucho eso de que te cuidan a los niños un ratito, y otro día tu cuidas a los de ellos. De repente se acabó esa situación porque la gente cree que es algo contagioso.

De repente Lu y su hermano comenzaron a ser excluidos. De federaciones deportivas, grupos de amiguitos, hasta de colegios. Alicia, quien vive afuera de la Antigua Guatemala, ha tenido que buscar nuevo colegio para su hija tres veces, después de que fuera expulsada. La última vez el caso fue tan descarado que Alicia decidió demandar el colegio.

—Estaba harta. Todavía pensé “¿los demando o no los demando?”. Me los expulsaron a los dos en período vacacional, con anomalías, sin seguir protocolos. Todos sabían que era por discriminación. Decidí hacerlo por algo que leí en un libro maravilloso: “defiende a tu hija o hijo, porque viendo eso va a entender que tiene valor, y un día se va a defender”.

Fue cuestión de ser coherente hacia el mundo y con el apoyo hacia su hija. El libro que Alicia menciona se llama The Transgender Child (El niño transgénero), de Stephanie Brill y Rachel Pepper, y se ha convertido en una guía para Alicia en el proceso de acompañar a su hija.

El año pasado Alicia ganó la demanda contra Antigua Green School por quitarles el derecho a la educación a sus hijos. El colegio publicó una disculpa pública reconociendo el trato diferencial que ejerció con Lu y su hermano.

A las mamás no solo les tocan batallas en las instituciones afuera del hogar, también se dan con personas cercanas que aún buscan causas como si la condición de las y los trans fuera una enfermedad, o buscan “razonar” con ellas.

Por ejemplo, un familiar de Ana Tobar le echó la culpa a ella por ser feminista. “Saber qué ideas le has metido en la cabeza”, le dijo.

O las acusaciones hacia Alicia de que ella hubiera cambiado a Lu, porque quería una hija.

Isabel Rodas se cuestionaba si ella era responsable porque se divorció.

—Yo decía “¿será porque yo me divorcié? Fue muy traumático el divorcio, ¿será que mi hija tomó la decisión de vengarse y ser hombre para asumir el poder que yo no pude tener frente al papá?”, y cosas así.

Un amigo gay le calmó: “Nombre, si mis papás son la pareja perfecta. Se quieren, siguen juntos y son unos perfectos católicos. E igual yo soy gay”.

Otro miembro de la familia de Ana una vez le dijo sobre la visibilidad de las personas trans: «Es que esta gente lo que quiere es llamar la atención», en vez de reconocer que es cuestión de garantizar que tengan los mismos derechos que todos.

Alicia tuvo que llamarle la atención a un amigo, que agarraba a Lu y le decía “te explico, tu eres hombre”. Dice que ya no pierde energía en pelear para convencer a las personas a respetar a su hija.

—De verdad, prefiero estar con mi hija. Yo le doy la preferencia a ella. La gente que está con nosotros está. Son poquitos, y estamos muy bien con eso.

7. Nadar contra la corriente

Gabriel es moreno, de pelo corto y con barba diluida. Con voz fuerte cuenta su historia sin reservas. Para él, todo ha tenido resultados positivos en la combinación de un proceso de terapia hormonal y el apoyo completo de su familia.

Considera que Lu y Rosa son muy afortunadas. Él hubiera querido saber desde pequeño todo lo que sabe hoy, y que la gente a su alrededor reconociera las señales. Le hubiera encantado comenzar su transición mucho antes y vivir su adolescencia como varón.

—Creo que lo más importante es que los papás no invaliden a los niños y niñas. Hay que dejarse llevar, ellos saben. Solo hay que ponerles atención.

Cuándo y dónde comenzar el tratamiento médico es un tema complejo. Lu tiene 9 años. Desde ya tiene fobia a la pubertad y de saber que en unos años su cuerpo comenzará a desarrollar características más masculinas. Para tomar este paso Alicia planifica llevar a Lu y su hermano a Europa para vivir, para que su hija pueda recibir el mejor tratamiento posible.

Gabriel también está por tomar un paso importante para acomodar su cuerpo masculino. La emoción es evidente cuando comparte que muy pronto tendrá la posibilidad de realizarse una mastectomía doble, la operación para quitarle las mamas. Por fin se podrá liberar de usar la venda incómoda para tapar sus pechos todos los días.

Al recordar cómo era antes, los papás de Gabriel le dijeron algo que es un punto clave para las personas trans. “Cuando tu estabas antes con ese pelo largo, tratando de vestirte como niña, tratando de encajar, estabas nadando contra la corriente. Ahora estás feliz”, le dijo su mamá.

—Eso era ir en contra de tu naturaleza. Esta es tu naturaleza, agregó su papá.

8. Redes de apoyo

Isabel, Ana, Alicia y Gabriel saben que muchos niños y niñas trans no encontrarán el mismo espacio seguro en su familia. En muchos casos se toparán con transfobia y represión. En otros con ignorancia y falta de comprensión.

Por eso Gabriel Matías también se involucró en el activismo para apoyar a los que no gozan del privilegio de una familia inclusiva.

—Yo quisiera que tengan lo que yo nunca tuve: información.

Existen varias organizaciones que trabajan con la población LGBTIQ y por sus derechos en Guatemala. Pero no existe una iniciativa específicamente para mamás y papás de niñas y niños trans.

Las tres mamás decidieron abrir la página Familias Por la Diversidad GT en Facebook para crear una red de apoyo para familias y aliados de la diversidad sexual y de género en Guatemala.

Habilitaron también el correo familiasporladiversidadgt@gmail.com donde otras familias con ‘hijes trans’ pueden buscar apoyo e información.

***

Actualización, 26/9/2019, a las 16:00 horas

El papá de Rosa no estuvo de acuerdo en hacer pública su historia.

—Me parece que su identidad y otros aspectos de su desarrollo, son parte de la esfera personal y familiar. Comprendo el deseo de visibilizar y discutir en el espacio público cuestiones que han sido históricamente negadas, pero debo señalar también el interés de niños y niñas a ser protegidos en una sociedad poco comprensiva e intolerante, aspecto que papás y mamás deben tomar en consideración. Ya será mayor de edad y podrá decidir por cuenta propia lo que estime conveniente en este y otros aspectos de su vida. Y aunque ahora son aspectos poco valorados, estimo mucho la privacidad, la intimidad y el pudor, así como el derecho de decidir qué aspectos de la vida personal y familiar se comparten públicamente, dijo.

Pia Flores
/

Buscadora de las historias invisibles y experiencias con sentido. Antropóloga irreverente y amante de la diversidad, la noche, las auroras coloridas y los cuentos que tardan.


Hay Mucho Más

No te perdás las últimas publicaciones de Nómada

¡Gracias por suscribirte!

(Revisá tu correo y confirmá tu suscripción)

A qué hora te gustaría recibirlo:

Te gustaría recibir sobre:

¡Gracias!


Con qué frecuencia te gustaría recibirnos:

Uníte a nuestro grupo de WhatsApp

¡Gracias!


19

COMENTARIOS

RESPUESTAS

INGRESA UN MENSAJE.

INGRESA TU NOMBRE.

INGRESA TU CORREO ELECTRÓNICO.

INGRESA UN CORREO ELECTRÓNICO VÁLIDO.

*

    Luis Aguirre /

    16/08/2019 2:21 PM

    Como es posible que a los 4 años una madre apoye que su hijo se sienta de otro sexo... ya me imagino si mi hijo a los 5 años me dice que es obeso (pesando 50 libras) y que va comer unicamente 1 vez al día... pues como persona conciente lo llevo al médico y al Psicologo para que lo orienten y decirle que pone en peligro su salud... pero apoyar a un niño a que cambie de sexo porque lo percibe de esa forma????? imaginemos que la madre apoya que le inyecten hormonas femeninas para apoyarlo.......???? la sexualidas el niño la va a estar expiremntando en su edad de adolecente o en su edad adulta. allí puede decidir que quiere hacer.... pero a los 4 años... este niño debería de estar con el dilema de que jugar ó que caricatura ver...

    ¡Ay no!

    5

    ¡Nítido!

    sambapati /

    03/08/2019 5:53 PM

    olvidate y de alli sampan la pedofilia como norma tmb, la mara se trabo

    ¡Ay no!

    6

    ¡Nítido!

    Luis Paraiso /

    03/08/2019 1:48 AM

    La vida es un eco de absurdas emociones.
    Antes de responder a su progenitura, observe lo que le rodea, las personas que de una manera tienen interacciones con él, interróguese sobre estas personas, haga memoria si cerró la puerta cuando usted tenía relaciones con su pareja de juegos, no deje plantado su progenitura delante de la tv porque usted le pela lo que la tele le mete en la cabeza o lo que va a ver donde los vecinos.
    No se sorprenda que si su hijo ve programas que no lo conciernen porque usted no puso cuidado a esto. No se sorprenda si su hijo imite situaciones y conductas de adulto. Si su hijo le hace preguntas que usted mismo se hace y que usted como solamente tiene una fuente de información porque está de moda, solo pueda responderle mamadas. Si a usted le gusta ir a según usted cagarse de la risa viendo la gay pride con sus hijitos, no se sorprenda de nada es usted CULPABLE.
    Es raro que si un niño se toma por marciano, o por un héroe ninja usted no haga la misma respuesta
    Acuérdese cuando usted se la llevaba de Batman o de Batí-chica y déjese de mamadas.
    Recuerde siempre que el magnate de la tv de Guate tiene problemas con la justicia. Piense sobre todo que lo que es autorizado por la ley no es bueno para todo el mundo, ejemplo: prostíbulos, tabaco alcohol, pornografía, películas, en algunos países ciertas drogas, conducir un auto, etc etc.
    Si usted le pone su tanga a su progenitura, o el calzoncillo dese cuenta que hay un problema de la misma manera si usted se pone las prendas del niño o niña.
    Ser padre o madre no es una conducta a seguir ES UN ESTADO
    En la naturaleza TODO TIENE SU LUGAR

    ¡Ay no!

    5

    ¡Nítido!

    José Domingo Naco /

    02/08/2019 6:33 PM

    Gran error cometen estás madres porque al afirmar como "trans" a sus hijos, solo les están diciendo que "algo está mal con ellos". Así los confunden más y ocasionan un fuerte daño en sus vidas. Recordemos que a esas edades tan tempranas, los niños igual podrán decir que quieren ser un súper héroe y no les damos una capa para que se tiren del segundo piso. Recomiendo el testimonio de Walt Heyer, ex-transexual que previene a cientos de personas, justamente de ese error. Tiene argumentos muy sólidos y se encuentra en YouTube.

    ¡Ay no!

    5

    ¡Nítido!

    Víctor López /

    01/08/2019 1:53 PM

    !4 años , solamente , 4 años ! A esa edad un niño no mide peligros , puede agarrar un cuchillo y hacerse daño , a esa edad El Niño no puede, conforme pasen los años , sera capaz de manipularlo . Si ya viejo el hombre o mujer se tuerce es otra cosa , ( no quiere decir que estén equivocados ) pero un niño de 4 años !por favor ! A esa edad no hay malicia , como todo habrán sus excepciones , pero por lo general uno es inocente ... Doña se Pía está "torcide con este teme" . Hasta "el idiome cambie , buene jóvenes ya tiremes nuestres dicciónaries, ya ne sirve...

    ¡Ay no!

    7

    ¡Nítido!

      Víctor López /

      01/08/2019 2:17 PM

      Quise decir ( no quiere decir que no estén equivocados )

      ¡Ay no!

      ¡Nítido!

        - /

        01/08/2019 9:00 PM

        Contesta el celular vos Hector Arnoldo Hernandez Rojas alias "Víctor Lopez"..... No me digas que no hay señal en tu cuchitril de Escuintla?

        ¡Ay no!

        1

        ¡Nítido!

    Víctor López /

    01/08/2019 11:08 AM

    "Se equivocaron en el cielo , me enviaron en el cuerpo que no era". Doña Pía se , nomada , yo , todos nos equivocamos . Dios nunca se equivoca , equivocados vivimos nosotros ... El creador del universo nunca .

    ¡Ay no!

    7

    ¡Nítido!

      - /

      01/08/2019 9:06 PM

      Vos Hector Arnoldo Hernandez Rojas alias "Víctor Lopez" ya que no querés contestar el celular....voy a tratar de comunicarme con vos por medio de la nineth o la sonia......o mejor llamo donde trabaja la Sonia....tal vez así logro comunicación con vos...

      ¡Ay no!

      2

      ¡Nítido!

    Luis Paraiso /

    01/08/2019 9:37 AM

    Este articulo comienza con una flagrante mentira “Mamá, no me siento niño” Para los que han tenido hijos podrán o los que tienen costumbre de trabajar con niños pueden comprobar que esta manera de estructurar la frase no corresponde al lenguaje o a la manera de expresarse de un NIÑO.
    Una vez hecho esta observación entonces es bien la prueba que los adultos proyectan sus propios fantasmas predadores en sus hijos o en los hijos de los otros en el primer caso eso llama incesto en el otro es pedofilia.
    Que la madre haya tenido el deseo de tener una hija o un hijo en lugar del que tiene puede ser que ese sea el origen de la aceptación, quizás la madre sufrió durante su infancia su condición de niña y un trauma normal que son los pasos iniciáticos para una vida de adulto. Es una reacción que le pertenece a la madre pero en ningún caso debería convertirse en la herencia del niño.
    Para comenzar este tipo de artículos sería bueno referirse a personas que han trabajado el tema de la infancia como Françoise Dolto. De la manera y la frecuencia con la que se publican estos artículos más me parece que es de la aculturación o imposición de ideas venidas de otros lugares.
    Leí aquí mismo un articulo similar y entre las personas que comentaban o no sé bien si fue la persona que escribió el articulo se proponía como persona capaz de guiar o alguien en este camino. Su conducta me pareció sospechosa, dudosa mas parecía un predador al acecho de su víctima.
    La primera obligación de los padres es de dejar vivir la vida de niños a sus hijos y esto comporta dudas, miedos, momentos iniciáticos, frustraciones y tantas cosas que es la infancia.
    Pero no proyectar sus frustraciones sus deseos a eso se le llama CANIBALISMO.

    ¡Ay no!

    7

    ¡Nítido!

    Apacito Soria /

    01/08/2019 9:02 AM

    Me cuesta aceptar las expresiones de estas mamás. Hay estudios que revelan que las mamás pueden influir inconcientemente (es decir, sin saberlo) en la conducta de los hijos, específicamente, en formas de conducta concretas, como comportarse como varones o mujeres cuando su sexo biológico es el opuesto, lo que parece ser el caso de Ana e Isabel En cuanto a Alicia, la decisión de un adulto la obligó a aceptar al hijo, el caso típico de la madre que no quiere perder a su prole; no aceptarlo hubiese equivalido a perderlo.

    Otro factor que influye es el consumo de anticonceptivos durante el período de lactancia materna... ¿influyó acaso en los dos primeros casos?

    Lo que es cierto es que nadie puede negar la identidad biológica con la que nació.

    ¡Ay no!

    6

    ¡Nítido!

      Mario Paredes /

      02/08/2019 10:23 PM

      Hasta donde llega Nomada para contentar a sus financistas! Que puede saber un niño(a) de su orientacion sexual? Como que no sea que los padres sintieron que era cool tener un hijo(a) LGBTIQ....XX porque de esa forma podria viajar por todo el mundo a congresos contando su maravillosa experiencia y ellos de paso acompañarlo. Yo respeto mucho el trabajo de lucha politica que hace Nomada y en cuestiones de defensa de la comunidad LGBT... igual creo que sus derechos deben ser respetados pero hablamos de niños. No jodan!

      ¡Ay no!

      3

      ¡Nítido!

      Oscar Gonzalez /

      01/08/2019 12:03 PM

      "las tres son académicas de las Ciencias Sociales".....coincidencia? no creo. Como bien dices, las madres influyendo su ideología de izquierda y equidad de género en sus hijos? Quién sabe pero realmente algo para preguntarse... Para una mujer de izquierda podría ser un "trofeo" tener un hijo trans? otra pregunta interesante!

      ¡Ay no!

      6

      ¡Nítido!

        Marlon Suarez /

        01/08/2019 1:02 PM

        Oscar, que tiene que ver la izquierda aquí? Estas mezclando el cebo con la manteca!

        ¡Ay no!

        2

        ¡Nítido!

          Oscar Gonzalez /

          02/08/2019 8:19 AM

          Hola Marlon, gracias por su pregunta.
          Solo digo, a veces solo hay que sumar 1+1 para sacar las cuentas. No es una casualidad que la mayoría de las personas que simpatizan con la izquierda también son grandes impulsores de los "derechos" de la equidad de género. Para muestra este artículo, en este medio, de la Srita periodista....no la parece coincidencia?

          ¡Ay no!

          2

          ¡Nítido!

    Marlon Suarez /

    01/08/2019 7:39 AM

    Eso quiere decir que si un niño le dice a sus padres que ya es adulto debemos de tratarlo como tal? que tenga todas las obligaciones y derechos de un adulto? que se emborrache y haga desmadres y no le digamos nada bajo el argumento: "es que él es un adulto y yo lo acepto como tal".

    Increíble como ha llegado la sociedad a descomponerse a tal grado de que los hijos mandan a sus padres.
    El mundo alreves decían por allí, dentro de poco se van a asustar que una persona sea heterosexual.

    Lo que estos padres deberían de buscar es la razón o causa que marcó al niño para pensar de esa forma, la constelación familiar marca a las personas, los abusos a menores también marca de por vida a los niños. Mejor averiguen en donde fallaron el ser padres!

    ¡Ay no!

    6

    ¡Nítido!

      Estuardo Rodriguez Rodriguez /

      01/08/2019 4:42 PM

      Muy atinado, los lobys están muy bien financiados y su fin último aunque no lo sepan es reducir la población aún a costa de convertir a medio mundo en algo que solo en escasas ocasiones tiene verdaderas raices biológica, acaso en el reino animal vemos leones transvestidos y básicamente aunque creemos ser superiores somos en principio animales.

      ¡Ay no!

      1

      ¡Nítido!

    Monica Nunez Cham /

    31/07/2019 11:31 PM

    Hermosas historias de familias guerreras!!

    ¡Ay no!

    8

    ¡Nítido!







Notas más leídas




Secciones