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¿Nuestros cuerpos latinos se adaptan a los premios Óscars?

La actriz mexicana es el símbolo de cómo la industria en Latinoamérica no ha querido ver una revolución que ya se está gestando en el centro de la moda mundial.

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Bad Hombre es quizás la única revista en Latinoamérica que se arriesga a contar historias de moda desde más allá del cuento ensoñador y de la princesa. Muchos acordaron que Yalitza se veía poderosa y empoderada, distinta a la parafernalia de premios y vestidos.

Cortada, ajustada, blanqueada, adelgazada en revistas para señoras blancas de sociedad. Exotizada, ya que según muchos, solo “debe” ir con rebozos, tehuanas y huipiles. Minimizada, porque cómo se atreve a vestirse así o pobrecita, déjenla vestirse así. Yalitza Aparicio, desde que se convirtió en figura estelar del mundo del espectáculo en su estamento más alto —y por ende, de la moda— ha recibido, muestras de  racismo, clasismo y hasta de gordofobia en su contra, a través de expresiones públicas y anónimas. Estas reacciones muestran cómo las revoluciones que ha generado la industria de la moda son apenas consideradas una discusión cultural con cierto atractivo por los “diferentes”, sin llegar a ser políticamente relevantes en Latinoamérica.

 

Hola!: La portada más cuestionada de todas. Muchos criticaron que “blanquearon” su piel y que sus proporciones las redujeron totalmente con Photoshop, ajustándola a los estándares que siempre han imperado en la revista.

La moda como sistema es en su origen capitalista, blanca y europea. Dentro de su red de pasarelas, capitales y firmas que han generado consumo, representación y modos a través de la imagen, la industria de la moda ha tratado, en todo momento, de conservar estos estándares racistas y eurocéntricos. Así fue hasta que llegaron las redes sociales. En lo digital otros cuerpos y estéticas —que en pasarela y revistas solo servían como novedad y casi siempre de la apropiación cultural— tratan de normalizarse y conjuntarse con ese estándar europeo para mostrar que hay otros consumidores y formas de verse que van más allá de la figura del Otro como “última inspiración”, casi siempre robada y desprovista de significado que solo se usa para consumo pero no para reflexión.

 

Vogue México y Latam: Esta portada se hizo viral al protagonizar una producción de moda donde la desligan de todo el imaginario estereotípico.

En las redes sociales las modelos y blogueras plus size, las mujeres afroamericanas y las expresiones de comunidades como la LGBBTIQ, así como el feminismo, comenzaron no solo a ser una oportunidad de mercadeo, sino a querer un espacio real y respetuoso en la moda donde se les vea más allá del paternalismo o una atracción de feria momentánea. No lo han conseguido del todo: todavía son ciertas las palabras de Tim Gunn que se hicieron virales tanto en video como en su columna de “The Washington Post”, donde criticaba a la industria de moda estadounidense por no saber ni querer vestir a las mujeres de “talla grande” que más bien eran de talla normal al ser una gran parte de la población de su país (y eso que han pasado tres años). Gunn lo volvió a recalcar en el simposio que hubo en el Fashion Institute of Technology,  Fashion and Physique, de 2018, donde se abordó la problemática enorme de los creadores que temen, por sus propios prejuicios, abordar a la mujer de más de talla 10 como un sujeto de diseño que merece los mismos riesgos y productos atractivos que el mercado estándar.

 

Teen Vogue: Una de las portadas que concilió esa imagen apastelada de Yalitza en un nivel mucho más sofisticado y statement, dándole toda la imponencia que no tuvo en apariciones en alfombra roja.

Estos problemas también se han trasladado a la raza. Desde los intentos de Edward Enninful en Vogue UK por hacer portadas más diversas (a pesar de que no haya tantas modelos así en las pasarelas), contrastando con el racismo descarado de Dolce & Gabbana con China, o la falta de miras de marcas como Gucci y H&M, que,con productos más que obvios, comenzaron a tomarse en serio “la diversidad”. Esa que se mira con exotismo, todavía, al ver el cuerpo de una mujer como Kim Kardashian y decirle “vulgar”, al compararla con la Venus Hotentote, —mujer africana del siglo XIX, esclavizada y prostituida en Europa solo por su esteatopigia—. Tal cual y como decía la joven protagonista de la película “Spanglish” al comparar a su madre, encarnada por Paz Vega, que evoca la exuberancia y la exotización latina, con Tea Leoni, la mujer sin curvas amante del deporte: “El cuerpo sin curvas disciplinado estadounidense se contrapone al sexo y la comida (y las curvas) como elemento de idoneidad”.

 

Cream. Más contrastante con Marina de Tavira, mucho más natural y mucho más editorial y minimalista que en otras publicaciones.

Esto hace que un cuerpo latino no se ajusta a los estándares europeos. Desde Christina Hendricks, a Melissa McCarthy, a Yalitza y a Salma Hayek, todas han sido objeto de burlas por no verse como las modelos que visten osadas propuestas en pasarela. Famosa es la foto donde se compara un vestido que Hayek usó en 2009, de las últimas colecciones que hizo Alexander McQueen en vida. La modelo, sin curvas, destaca porque el vestido tiene proporciones que se las crea. En Salma, el resultado es completamente distinto. Y eso pasa también con Kim Kardashian y casi todas sus hermanas, todo el tiempo. Pero este desfase no se debe a los cuerpos sino al estándar caduco de tallaje (que hasta ha impulsado fallidas leyes de talles en España y Argentina), que funciona todavía en Latinoamérica, donde apenas sí nos damos cuenta de nuestra propia diversidad.

 

Oscars 2019: Muchos la vieron hermosa, pero otros dijeron que era lo mismo de siempre: que la vestían como “quinceañera”, a pesar de ser de Rodarte. Foto del Instagram de @sophielopez

En una región donde la diversidad de cuerpos y razas salta a la vista, se sigue vendiendo la talla europea estandarizada, ignorando las demandas de las mujeres con curvas. En países como Colombia, sus grandes marcas, como Studio F, venden tallaje pequeño y así han vendido su modelo aspiracional. Incluso se ha sabido en redes del mal trato que han sufrido las mujeres de tallas más grandes que van a entrar a sus tiendas.

 

Globos de Oro 2019: Fue el primero y el más polémico. A pesar de ser de Miu Miu y al ella verse cómoda (amó sus alas), volvió la crítica: ¿no había nada más sofisticado para ella? Esta foto, que aparece en el Instagram de @sophielopez con el capitán “Cinderella on her way to the ball!” (“Cenicienta camino al baile”).

Colombia también es famosa por sus jeans y su cultura de las curvas. En el país hay un intenso debate,  con implicaciones de clasismo, racismo y slutshaming: ¿por qué debemos celebrar esta herencia del narcotráfico tan patriarcal/pero a su vez/qué mujeres tan vulgares por su sensualidad?. En el centro de este debate está el famoso jean sin bolsillos, que para 2012 representaba, junto con los jeans, la décima exportación del país. Pero apenas hasta ahora, en lugares céntricos de confección como San Victorino, en Bogotá, se habla de crear para tallas grandes.  Y las propuestas, como siempre, dejan mucho qué desear. Pobre de la mujer en México, en Brasil, en Perú, que no entre en ese sistema de tallaje y patrones para mujeres sin curvas: si no tiene los recursos, tiene que ser creativa. Así lo ha expresado Laura Agudelo, @lapesadademoda, fat blogger y relacionista pública que desde 2011 ha inspirado a miles de mujeres en la región a encontrar sus propias inspiraciones de estilo, lo mismo que Adriana Convers, @fatpandora, la única influencer de talla grande que ha llegado a ser reseñada en portales como Man Repeller. Pero, si llevamos tantos, tantísimos años luchando, ¿por qué los confeccionistas están tan ciegos? ¿Por qué nada cambia?

¿Por qué nada cambia a pesar de que ese modelo de señora blanca tan aburridor, como lo mostró Hola! con Yalitza, está mandado a recoger, está más que trillado y no representa a nadie? ¿Por qué la moda latinoamericana se empeña en seguir manteniendo su señorialidad y esas estructuras excluyentes tanto en confección, editorial y en sistemas de intercambio?

 

BAFTA: Un Alberta Ferreti que falló en fitting, pero que igual fue criticado por exactamente lo mismo, si bien fue alabado por otra gran parte de quienes examinaron el look en redes sociales. Foto del Instagram de @sophielopez

Televisa cerró todas sus oficinas en América del Sur. Y, a excepción de unas pocas publicaciones y de su pobre estrategia digital, vendían siempre lo mismo: a esa mujer blanca, de apariencia inofensiva, que ya nadie quiere ver, cuando hay propuestas como Bad Hombre, que le hizo justicia a Yalitza, revistas mexicanas como Crom y blogueros y fotógrafos que están mostrando que esas influencers blanquísimas, aburridísimas e idílicas, así como esas presentadoras que salen en todo lado están aburriendo a la gente. Que ese modelo de mujer correctísima a lo Audrey Hepburn y Chanel, trasladada a una estética tropical y “limpia” es de poco interés para gente que sabe que en el mundo hay portadas con Tess Holliday, que Gucci y Vetements horrorizarían a tanto gurú de moda y seguidores que creen que todavía hay solo “una forma” de vestirse correctamente, cuando el espectro ha estado abierto desde los años 60 con creadores como el mismo McQueen, Kenzo, Yamamoto y otros visionarios y que en el mundo, en Tokio, en Seúl, e incluso en Colombia hay gente que está mostrando que la moda es un disfraz, pero hecho arte y sobre todo una visión personal que está hecha para el análisis estético, mas no moral. Que la diversidad no es solo mostrar moda y artesanía, que en las urbes hay todo tipo de cuerpos, como el de Yalitza, quien se enfrentó a un sistema moda que se aferra a un status quo anacrónico, a pesar de que el mundo lo dejó atrás hace años.

 

Critic’s Choice Awards: Un Prada, largo, imponente, que a muchos impresionó por su hechura y por su largo. Y uno de los looks menos criticados. Foto del Instagram de @sophielopez

Luz Lancheros
/

Editora Global de Moda de One Metro/Metro World News. Se ha especializado en la moda como fenómeno social, político e histórico. Su trabajo de investigación se ha enfocado en los modos de exclusión de la moda popular colombiana y la conformación histórica de la industria en su país. También es colaboradora del portal latinoamericano Nueva Mujer, donde trata problemas de género y moda.


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COMENTARIOS

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    Kris /

    26/02/2019 1:50 PM

    Buen articulo, aunque cabe mencionar que la firma de Alexander MQueen no inició en los 60s.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!



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