¿Quién es Bukele, el presidente electo milénial y pro CICIG de El Salvador?

El gran ganador en la primera vuelta de las elecciones presidenciales en el El Salvador es un misterio llamado Nayib Bukele. Milénial de la política, mago de las redes sociales, hizo capital político como alcalde de San Salvador con el FMLN y compitió por la presidencia con el partido de un expresidente condenado por corrupción. Su propuesta de una CICIES, inspirada en la comisión guatemalteca, podría ayudarle a limpiar el Estado salvadoreño. A menos que solo sea una promesa de campaña.

Entender la política centroamérica CICIG El Salvador Nayib Bukele P258

Nayib Bukele, presidente electo de El Salvador por el partido GANA, durante su llegada al Centro Internacional de Ferias y Convenciones (CIFCO), en San Salvador, donde emitió su voto.

Foto: Víctor Peña/El Faro

Un terremoto político acaba de sacudir El Salvador. Nayib Bukele, el candidato milénial, el ‘outsider’ que promete renovar el Estado salvadoreño, ganó las elecciones por mayoría absoluta. Lo nunca visto en la pequeña nación centroamericana en la que dos grandes partidos, el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), surgido de la guerrilla izquierdista, y el partido de la élite económica, la Alianza Republicana Nacionalista (ARENA), se habían repartido el poder durante los últimos 30 años.

Bukele, quien usó al gris partido GANA como vehículo electoral, obtuvo el 53% de los votos, muy por encima de Carlos Calleja, de ARENA (32%) y de Hugo Martínez, del FMLN (el partido oficial) (14.4%).

La trayectoria de Nayib Bukele, de 37 años, es la de un meteoro político. Hace apenas siete años él era un joven empresario, importador de motos Yamaha, que daba sus primeros pasos en el mundo político como candidato a la municipalidad de Nuevo Cuscatlán, un pequeño municipio rural y pobre en la vecindad de San Salvador. Hoy, este prodigio de las redes sociales lanza al país a un territorio desconocido.

Hasta ayer, se pensaba que el sistema bipartidista podría resistir a todos los embates. El sistema está conformado, por un lado, por un partido de derechas, ARENA, fundado por Roberto D’Aubuisson, un político que organizó escuadrones de la muerte y fue el cerebro tras el asesinato de monseñor Óscar Romero. Por el otro, la guerrilla izquierdista convertida en partido político tras los acuerdos de paz y que tras haber gobernado por dos periodos consecutivos, ha sido ferozmente castigada en las urnas. En un país tan polarizado, parecía difícil la aparición de un candidato fuerte que luciera otros colores.

Pero el estancamiento económico del país, la violencia que no da tregua y los escándalos de corrupción que atraviesan todo el espectro político permitieron el auge de un Bukele, quien, al menos a nivel de imagen, se ha desmarcado de los políticos de siempre. De aspecto juvenil y desenfadado, ha logrado ponerse en sintonía del electorado más joven gracias a su uso magistral de las redes sociales.

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En muchas de las publicaciones en Facebook, Bukele aparecía acompañado de su esposa Gabriela Rodríguez de Bukele.

En muchas de las publicaciones en Facebook, Bukele aparecía acompañado de su esposa Gabriela Rodríguez de Bukele.

La campaña ha sido larga y dura, con ataques y campañas negras en contra de los tres candidatos principales. Los llamados troll centers (en Guatemala se les llama net centers) han sido protagonistas, vertiendo en las redes discurso de odio, miedo e incluso racismo: Bukele, quien proviene de una familia árabe, ha sido blanco de numerosas difamaciones que agitan el espectro del terrorismo islámico. El nuevo Presidente, por su parte, también ha contado con troll centers fieles a su figura para atacar adversarios, medios de comunicación y periodistas críticos.

Para colmo, investigaciones periodísticas de los medios digitales Factum y El Faro revelaron, a lo largo de la campaña, lo arraigada que está la corrupción. El 31 de enero 2019, El Faro mostró que durante los gobiernos de Antonio Saca y Mauricio Funes, de Arena y del FMLN, algunas de las principales figuras que giran alrededor de Nayib Bukele y de Carlos Calleja recibieron sobresueldos, cortesía de la secretaría de la Presidencia. Según la misma investigación, el propio candidato del FMLN, Hugo Martínez, recibía $10 mil adicionales a su sueldo de canciller.

A lo largo de la campaña, Bukele hizo un uso muy efectivo de las redes sociales, su principal vía de comunicación con los votantes. A través de Twitter o de Facebook live, lanzó al aire ataques contra sus contrincantes o contra el Tribunal Supremo Electoral, pero también noticias personales, como el embarazo de su esposa, dando la imagen de un hombre directo, franco y cercano al electorado más joven.

¿Cómo será su gestión? La pregunta mantiene en vilo a periodistas de El Salvador, pues Bukele se negó a conceder entrevistas. Su ideología no es muy clara y sus contradicciones son muchas. Por ejemplo, Bukele se ha presentado como el paladín de la lucha contra los corruptos, pero lo hace desde la GANA, un partido diseñado para la corrupción, y en cuyas filas militan algunos de los personajes más oscuros de la derecha populista. La GANA fue fundada en el 2010 por el expresidente Tony Saca, quien en 2018 fue condenado a 10 años de prisión por haber desviado $300 millones de las arcas del Estado. Usó a ese partido porque el TSE, con magistrados nombrados por ARENA y el FMLN, no le permitió participar con otro mini-partido de izquierda.

Una carrera fulgurante

Nayib Bukele nació en San Salvador en 1981 en el seno de una familia de origen palestino.

A diferencia de lo que ocurre en el resto de Centroamérica, en Honduras y El Salvador, una parte de la élite es de ascendencia palestina. Así lo resume el medio El Faro en un reportaje sobre ‘los turcos‘:

“Esto: los venidos de Palestina son poder en El Salvador. Poder. El país no puede explicarse a cabalidad sin los Handal, los Zablah, los Hasbún; sin los Simán y Salume; sin los Bukele. Pero ese poderío es relativamente nuevo: por demasiado tiempo, ser palestino era cargar en el apellido humillación y desprecio. Hace un siglo más o menos, cuando los abuelos o los padres de los abuelos embarcaron en Oriente Medio y desembarcaron de este lado del mundo, aquellos primeros palestinos eran migrantes pobres que ni siquiera podían desenvolverse en castellano. Vendedores ambulantes como primera opción, buhoneros. Pero ya eran lo que siguen siendo hoy: turcos. (…) Se abrieron paso en una sociedad que al inicio los menospreció, luego los etiquetó para la eternidad con el nombre despectivo de turcos, más tarde los reprimió jurídica y socialmente, y sólo muy al final terminó aceptándolos, de a poco y recién cuando algunos de esos apellidos habían amasado fortunas intimidatorias.”

El padre de Nayib, Armando Bukele, era un hombre muy reconocido y respetado en los círculos políticos salvadoreños. Empresario con negocios inmobiliarios, farmacéuticos y empresas de comunicación, era, además, el líder religioso de la comunidad islámica de El Salvador. Era también amigo personal de Schafik Handal, uno de los líderes históricos de la guerrilla. Al firmarse la paz, Armando Bukele fue uno de los financistas del FMLN.

Cuando su hijo Nayib decidió lanzarse a la política, lo hizo, naturalmente, dentro de las filas del Frente. En 2012, ganó la alcaldía de Nuevo Cuscatlán, pero el pequeño municipio estaba muy por debajo de sus ambiciones.

En 2015, logró que el Frente lo nombrara candidato para la alcaldía de San Salvador. El FMLN decidió apostar por esta figura joven, carismática, capaz de cambiar la imagen de un partido copado por viejos comandantes guerrilleros. La apuesta resultó acertada: Nayib Bukele ganó la capital.

 

Nayib Bukele en una entrevista co el diario salvadoreño El Faro.

Nayib Bukele en una entrevista co el diario salvadoreño El Faro.

El proyecto que definió su gobierno en la municipalidad capitalina fue la recuperación del centro histórico. Antes, este era un lugar intransitable, en donde cada calle, cada plaza estaba cubierta de ventas callejeras. La clase media había abandonado el Centro desde hacía varias décadas, y los políticos habían dejado deteriorarse los edificios históricos. Bukele invirtió dinero y logró recuperar las plazas Gerardo Barrios y Morazán hasta convertirlas en un lugar apto para el paseo familiar. Esta labor, que puede compararse a la recuperación de la Sexta Avenida de la Ciudad de Guatemala, dio al alcalde popularidad, y la fama de un político capaz de emprender tareas difíciles.

Y en efecto, recuperar estas plazas tenía una dificultad más allá del urbanismo: una investigación del diario digital El Faro mostró que, para ejecutar este programa, Nayib Bukele tuvo que negociar con dos de las grandes fuerzas que dominan San Salvador: la Mara Salvatrucha y el Barrio 18. Su equipo de trabajo se reunió con líderes pandilleros y, a cambio de que no entorpecieran las obras, la municipalidad les otorgó espacios para la venta callejera y contrató pandilleros como vigilantes en las ferias de agosto. Según Héctor Silva Ávalos, periodista y fundador de Factum, uno de los principales medios digitales de El Salvador, este tipo de negociaciones no son inéditas en El Salvador: todos los partidos políticos se han reunido en algún momento con la dirigencia de las pandillas para obtener su apoyo político, u obtener permiso para hacer campaña en los barrios que controlan. Llevando a cabo estas negociaciones, Bukele demostró inteligencia, opina Silva Ávalos:

—No lo podés hacer de otra forma que dialogando con las pandillas, agrega.

A lo largo del 2016, Nayib Bukele demostró que la alcaldía de San Salvador era, antes que nada, un trampolín para algo más grande: la presidencia del país. Fue cuando su relación con el FMLN se deterioró.

A pesar de su popularidad dentro de El Salvador y afuera —la revista Time lo nombró en 2017 uno de los líderes del futuro—, dentro de la cúpula del FMLN había veteranos aspirantes que no estaban dispuestos a ceder el asiento presidencial a un joven. Como forma de presionar al partido, y a la vez de distanciarse de su pésima imagen tras dos periodos de gobierno, Bukele publicó en sus redes sociales fuertes críticas en contra del gobierno de Salvador Sánchez Cerén.

La situación se hizo insostenible. El 10 de octubre, el tribunal de ética del FMLN decidió expulsar a Bukele por “prácticas que generan división interna”, “irrespeto a los principios del partido”, y por “irrespeto al derecho de las mujeres”. Este último motivo fue a causa de un incidente en el Concejo Municipal de San Salvador, en el que, según el FMLN, Bukele llamó “bruja” y tiró una manzana a una síndico municipal, lo cual Bukele niega haya ocurrido.

Las visiones sexistas de Bukele no se resumen a ese episodio. A Cristina López, quien tiene una maestría en políticas públicas por Georgetown, le ofreció ser candidata a concejal por ser “sexy”.

Así, Nayib Bukele se encontró de repente sin partido. Intentó entonces fundar su propia agrupación, llamada Nuevas Ideas, pero no lo logró inscribir a tiempo ante el Tribunal Supremo Electoral. Se afilió entonces a Cambio Democrático, un pequeño partido de izquierdas, pero al momento de hacerlo, el TSE lo canceló por no haber obtenido el mínimo de 50 mil votos en la elección pasada. Nayib Bukele ha repetido en innumerables ocasiones que no le dejaron otra opción que la de aliarse con la GANA para poder competir. Esto, a pesar de que unos meses antes, la menospreciaba abiertamente. En una entrevista a la radio nacional el 16 de diciembre de 2016 dijo: “nunca estaría en las filas de GANA, mi corazoncito está al lado izquierdo”.

Esta alianza demostró que Bukele estaba dispuesto a todo para ganar la presidencia, incluso a aliarse con un partido que, en palabras de Héctor Silva Ávalos: constituye una fuerza espuria que representa lo peor de la política salvadoreña.

¿Más de lo mismo?

Entre los hombres fuertes de la GANA, están Guillermo Gallegos, exdiputado de ARENA y ex presidente de la Asamblea Legislativa. Gallegos fue investigado por la Corte Suprema por un enriquecimiento ilícito de $3.2 millones. Mientras fue presidente de la Asamblea, esta institución concedió $500 mil a la ONG de su esposa. En lo político, Gallegos defiende la pena de muerte y rechaza los procesos judiciales por crímenes perpetrados durante la guerra civil.

—Guillermo Gallegos representa a esa extrema derecha mafiosa y radical, opina el periodista Héctor Silva Ávalos.

Otro protagonista del partido es Herberth Saca, primo del expresidente. Herbert Saca es un operador político que se podría comparar a Gustavo Alejos: siempre a la sombra y siempre cercano al poder. Sobre él pesaron investigaciones por nexos con el narcotráfico. Según una investigación de Factum, utilizó fondos públicos otorgados por el presidente Mauricio Funes, hoy prófugo de la justicia protegido por Daniel Ortega en Nicaragua,  para atacar a adversarios políticos, manipular a la fiscalía y comprar preeminentes periodistas.

Ese es el partido en el cual milita Nayib Bukele, cuyo lema es “el dinero alcanza cuando nadie roba”. Pero la contradicción es aún más profunda: el proyecto insignia de Bukele en materia de justicia es la creación de una CICIG para El Salvador, una CICIES. La creación de un órgano internacional de investigación ya había sido discutido ampliamente en El Salvador, y todos los partidos, ARENA, FMLN y GANA, se unieron para rechazarla de tajo. Nayib Bukele, alzando la bandera de la lucha contra la corrupción, propuso la idea nuevamente. Sin embargo, pocos creen que logre los consensos para lanzar el proyecto: los escándalos de corrupción han salpicado todas las fuerzas políticas del país, y a nadie conviene invitar a investigadores de fuera. En ese sentido, el ejemplo de Guatemala, y las investigaciones contra políticos, empresarios, operadores, abogados, jueces, hace figura de espantapájaros. El Dorado para los votantes y espantapájaros para los políticos. Antes de 2021, cuando tiene la oportunidad de ganar diputaciones, está cuestarriba el proyecto político. Eso sí, la CICIG en Guatemala necesitó de cuatro años de negociaciones entre el Gobierno y la ONU antes de llegar al Congreso.

 

Bukele en uno de sus mitines como alcalde de San Salvador. Foto: El Faro

Bukele en uno de sus mitines como alcalde de San Salvador. Foto: El Faro

Según Eduardo Escobar, analista de Acción Ciudadana El Salvador, organización que realiza un monitoreo de los gastos de la campaña presidencial, el candidato que más dinero ha gastado en espacios en televisión, radio y prensa escrita es Nayib Bukele. En los tres meses de la campaña oficial, gastó no menos de $7 millones de dólares. ¿De dónde viene tanto dinero? Según el Escobar, es imposible saberlo.

—En El Salvador existe un deficiente control de las finanzas de los partidos. No hay unidad de fiscalización de los gastos de campaña, y por lo tanto, no se puede saber si lo que reportan los partidos políticos al TSE son las cifras reales—, explica Escobar.

Sin embargo, la revista Factum deja algunas pistas. Una investigación mostró que el exalcalde de San Salvador contrató, con fondos municipales, a una empresa de comunicación dirigida por un empleado de las empresas de su familia, Mario Piche Guerrero, para realizar spots audiovisuales de carácter propagandístico. La empresa obtuvo un cuarto de millón de dólares en contratos municipales mediante simulación de competencias y firmas falsificadas para promover la imagen del candidato.

Lo cierto es que las acusaciones de uso personal de fondos públicos han perseguido a Bukele a lo largo de los últimos años. En un país en donde la opacidad de los gastos presidenciales, el desvío de fondos, y los sobresueldos a las principales figuras políticas de todos los partidos son norma, queda la duda el candidato milénial va a cambiar algo en el panorama político.

Una victoria de Nayib Bukele se parecería más a un cambio de vestimenta del mismo sistema político.

—Mi tesis es que pudieron haber tres competidores. Pero todo el entramado de corrupción, uso patrimonial y corporativo del Estado y crimen organizado es transversal a todos los partidos—, explica Héctor Silva Ávalos.

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Los retos de Nayib: pandillas, migración y economía

La tasa de homicidios de El Salvador en 2018 fue de 51 por 100 mil habitantes, el doble que en Guatemala. Si bien esta estadística ha bajado (en 2016 llegó a 81 homicidios por cien mil habitantes), El Salvador es el segundo más violento de Latinoamérica, con solo Venezuela por delante. Para el analista Roberto Cañas, esta debe ser la prioridad del nuevo presidente.

—No se puede vivir en un país con 9 muertos diarios. Sin seguridad no hay desarrollo ni inversión.

El presidente tendrá que lidiar con unas pandillas que se han convertido en una fuerza política y en una economía paralela dentro de la cual se mueven 60 mil pandilleros activos y su base social estimada en alrededor de medio millón de personas. Una situación que contribuye a la migración.

En lo económico, el presidente se va a encontrar con una situación complicada. La economía de El Salvador es la que menos ha crecido en los últimos 20 años en Centroamérica, con un promedio de crecimiento entorno al 2%. Según Jonathan Menkos, director ejecutivo del Instituto Centroamericano de Estudios Fiscales (ICEFI), malas decisiones que datan de la época más dura del neoliberalismo explican este estancamiento. Una de ellas es la dolarización de la economía, y otra, la reducción de los bienes y servicios públicos, así como el bajo gasto social que el Estado puede realizar.

—El modelo económico de El Salvador es un modelo exhausto. No hay innovación tecnológica y el sector productivo es muy débil. Las remesas han sido la tabla de salvación de la economía salvadoreña, pero no pueden sustituirse a una política económica—, explica el experto.

 

Nayib Bukele enfrenta varios retos económicos, financieros, políticos, de seguridad y migración, entre otros. Foto: El Faro

Nayib Bukele enfrenta varios retos económicos, financieros, políticos, de seguridad y migración, entre otros. Foto: El Faro

Para Menkos, una de las tareas más urgentes e ineludibles del nuevo presidente será implementar una amplia reforma fiscal que permita al Estado llevar a cabo una política social que permita reducir la pobreza, que, a día de hoy, castiga al 30% de la población, sin aumentar una deuda pública que ya está en números rojos.

—Yo espero que la legitimidad que le dio la victoria de ayer le permita llegar a un acuerdo de país en el tema fiscal—, agrega Menkos.

A nivel internacional, Bukele tendrá que entenderse con sus pares en la región. Tarea difícil porque dos de sus vecinos son dictaduras y otro amaga con golpes de Estado. Bukele no ha sido cordial con ellos. Sobre Juan Orlando Hernández, presidente de Honduras, declaró, en una entrevista en CNN “Juan Orlando debería revisarse a sí mismo al haberse impuesto antidemocráticamente como dictador”. Y cuando el periodista Ricardo Vaquerano le preguntó por Twitter si Jimmy Morales debía respetar el fallo de la Corte de Constitucionalidad que amparaba a los investigadores de la CICIG, Bukele le contestó: “Por supuesto. Jimmy Morales y sus aliados ya traspasaron los límites de la legalidad varias veces. Esta puede ser la más peligrosa.”

 

También tendrá que cabildear ante el gobierno de Estados Unidos en favor de los casi tres millones de migrantes salvadoreños que viven en suelo norteamericano. Su reto principal: lograr que Donald Trump reconduzca el TPS, un estatus migratorio temporal que protege de la deportación a 200 mil salvadoreños, pero que podría desaparecer antes de finales de este año.

A propósito, Thelma Aldana fue observadora electoral: Esto sabemos sobre Thelma Aldana y su preparación para competir por la Presidencia

Post scriptum

El 13 de enero, Bukele declinó la invitación a un debate de candidatos a la presidencia para presentar su plan de gobierno ante sus seguidores. En un teatro abarrotado, vestido con jeans y chaqueta negra casual con el zipper abierto, luciendo su conocida barba bien recortada y su pelo engominado hacia atrás, Nayib Bukele habló durante casi una hora y media dando a conocer su visión del país al estilo TED talk.

Habló de prevención de la violencia mediante programas sociales y programas recreativos para la juventud. Habló de reactivar la economía con un ambicioso plan para aprovechar el potencial turístico y comercial del litoral salvadoreño. Habló de educación, de inversión, de infraestructura, de atención a los migrantes. Se le veía relajado, frente a un público que dócilmente rompía a aplaudir en los momentos indicados, o celebraba con risas las ironías del candidato. Siguiendo un guion bien preparado presentó ideas sobre desarrollo económico, nuevas tecnologías. Y por supuesto, desarrolló la idea de crear una CICIES para combatir la corrupción.

Al día siguiente, la prensa reveló que gran parte de su plan de gobierno estaba hecho de plagios de diversas fuentes.

Sebastián Escalón
/

(Toulouse, 1977). Biólogo de formación, realizó una tesis sobre la reproducción sexual de los poliquetos (una clase de gusanos marinos). Se desvió hacia el periodismo después. Es Nieman Fellow en la Universidad de Harvard, 2018.


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