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“No tenga pena que no se va a contagiar de homosexualidad ni de VIH”, dice primer diputado gay que llega al Congreso

Es un hombre de familia, creyente de un Dios todopoderoso y respetuoso de la libertad de empresa. Hablamos de Aldo Iván Dávila Morales, pero es mucho más que eso. El 14 de enero de 2020 se convertirá en el primer diputado abiertamente gay y VIH positivo de Guatemala que promete hackear la política para favorecer a los derechos humanos.

Entender la política Aldo Dávila Congreso de la República P258

Aldo Dávila.

Fotos: Carlos Sebastián

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Aldo Dávila tiene 41 años y es el mayor de tres hermanos. Su padre falleció cuando tenía 14 y desde entonces su mamá se vio obligada a trabajar muy duro como mesera en Pollo Campero para mantener a su familia.

La situación económica era difícil, recuerda Aldo Dávila. En ese entonces vivían en la colonia Saravia, un barrio de clase mediabaja en la zona 5 de la Ciudad de Guatemala, con pocos recursos y oportunidades para mejorar sus vidas.

Si las condiciones económicas eran difíciles, su situación se complicaba porque a diario tenía que hacer frente a burlas, humillaciones y ataques en su barrio y colegio por ser gay. Fueron tiempos difíciles los que Aldo Dávila enfrentó, primero con violencia, y luego con diálogo. Ahora, esos tiempos difíciles parecen regresar.

El 14 de enero de 2020 tomará posesión como diputado en el Congreso de la República, una institución donde los diputados no esconden sus expresiones de machismo y misoginia, e incluso, las aplauden.

–Estoy listo para enfrentarlos a todos y para seguir el trabajo de Sandra, dice.

En 2016 Sandra Morán empezó a escribir la historia de la comunidad LGBTIQ+ en la política guatemalteca al tomar posesión como la primera diputada abiertamente lesbiana en el Congreso.

Aldo Dávila explica que está dentro de la política para hackearla y para luchar por los derechos humanos, no solo de la comunidad queer, sino de todas las personas.

En la siguiente conversación explica su proyecto como diputado:

—¿Por qué decidiste participar en política?
—Fue bastante interesante. Yo nunca participé en manifestaciones con ese fin. Nunca, nunca. A mí se me acercó el MLP, URNG y Winaq; ellos me invitaron a participar y me dijeron que los cambios sociales hay que hacerlos desde adentro.

El MLP me ofrecía una casilla 8 —con nulas oportunidades para ganar—. Yo no sabía qué era eso. Luego, me empecé a informar y una persona experta en esto me dijo: «Si va a participar, pelee para estar hasta arriba en las listas, en la casilla 1 del Distrito Metropolitano o rechace las propuestas. Es la única oportunidad que tiene, pero prepárese para que le digan que no, porque esas casillas son para los dueños de los partidos, financistas o las bases del partido». Entonces, les dije que aceptaría solo si me garantizaban un espacio donde tendría posibilidades para ganar; yo no quería rellenar un listado. Me dijeron que no, que las casillas 1 están comprometidas. Excepto en Winaq. Así que acepté, pero fue una decisión consensuada que tomé con mi familia y pareja.

—¿Cómo fue la campaña?
—Pobre. No había recursos.

—¿Y cómo te diste a conocer?
—Pegamos pósteres que decían Winaq. Lo hacíamos todas las noches, de lunes a viernes, de 6 de la tarde a 11 de la noche en toda la Ciudad. Los sábados y domingos íbamos a colonias y mercados. Llevaba mi carro con altoparlantes y a entregar los volantes.

—¿De dónde salió el dinero? ¿Quiénes te financiaron?
—El partido Winaq me financió. Yo gasté poco. Por ejemplo, compré el alambre de amarre para colgar unas 75 mantas vinílicas, fueron tres libras de alambre. Las colocamos en lugares estratégicos y parece que funcionaron. Aparte compré una pistola para grapas y tachuelas. Gasté en gasolina y reporté todo el uso de mi carro, el combustible y el piloto, que era yo.

—¿Compartís las posiciones políticas de Winaq sobre Nicaragua y Venezuela?
—El partido tiene sus posiciones y yo tengo las mías. Y todo el tiempo se ha respetado eso. Sobre Venezuela no me atrevo a hablar. Tengo amigos que me dicen que el país está muy bien; ellos tienen VIH y me cuentan que hay acceso a la vivienda, a alimentación, a tratamientos. Pero también tengo otros amigos venezolanos con asilo político en Panamá porque aseguran que Venezuela está muy mal. Mirás CNN y es una cosa. Mirás otros informativos y cuentan otra historia. Yo creo que hay que ir, ver y constatar lo que está pasando. Cuando empezó la crisis, yo me comuniqué con una ONG venezolana y me dijeron que no habían licitado las compras de medicamentos para pacientes con VIH, pero 12 días después ya había.

Es muy diferente lo que pasa en Nicaragua. Es nefasto. Han matado a defensores de derechos humanos que yo conocía y han perseguido a opositores, hay asesinatos. Vemos que en Nicaragua hay un reinado: esposo y esposa. Sin bien es cierto que en Venezuela hay convulsión, creo que es en otro nivel. Ahí todos manifiestan: los que están a favor y los que están en contra. En Nicaragua no se puede manifestar. Creo que son contextos diferentes.

—¿Quiénes son tus mentores en la política?
—No tengo. Admiro a Sandra Morán, quien abrió la brecha y ha hecho cosas increíbles, que si ella no se hubiera atrevido a hacer, nadie más. Las iniciativas de ley que no le aprobaron a ella, las quiero pasar yo.

—¿Cuál es tu agenda legislativa?
—Los derechos humanos. Hay que trabajar por el derecho a la salud y la alimentación; fiscalizar esos robos en los programas que deberían ir para paliar el hambre y abastecer los hospitales. Además, hay que ver temas fundamentales para el país, como la ley de aguas; también hay que legislar a favor de las personas con discapacidad, mujeres, jóvenes, pueblos indígenas. Tenemos que velar por la dignidad de las personas, de todas.

Tengo en mente ideas bastante fuertes contra la corrupción y la impunidad. No es posible que los procesos de licitación en el Estado siempre los ganen los mismos de siempre, en tiempo récord, sin competencia real. A veces grandes contratos se otorgan en 15 minutos. Es increíble cómo sigue la corrupción. No mano, hay que parar esa corrupción.

Por supuesto que también voy a impulsar una agenda de la diversidad y la ley de identidad de género, la ley para castigar los crímenes de odio con penas más fuertes. También hay que hacer base para la ley del matrimonio igualitario. Me han dicho que no hay condiciones, pero si pensamos así, nunca va a haber condiciones para el cambio.

—A la izquierda se le ve siempre con posturas anti-empresa, que se oponen a la propiedad privada, ¿cuál es tu posición?
—Debe respetarse, ante todo, la dignidad del trabajador y sus derechos, pero claro que tiene que haber empresas. ¿Qué hacemos nosotros sin empresas? Claro, tiene que haberlas para que generen empleos. Tenemos que garantizarles a los empresarios condiciones para que inviertan, para que participen en condiciones justas, sin corrupción. Por otro lado, las empresas tienen que generar trabajos dignos y que cumplan con las leyes. Aparte tenemos que trabajar con emprendedores.

—Me parece que tenés posturas bastante claras, pero el Congreso es un espacio de discusión, ¿en qué aspectos vas a ceder?
Si se trata de hablar a favor de los derechos humanos, voy a discutir con cualquiera que sea respetuoso. Ya hay memes que me ponen un ring y dicen «no se pierdan el encuentro entre Lucrecia Marroquín de Palomo —ultraconservadora— y Aldo Dávila en el Congreso». Lucrecia Marroquín de Palomo es muy educada, es muy respetuosa. Yo me he sentado a platicar con ella después de los programas de entrevistas en los que participamos y me dice: «Mire mijo, váyase a de poquitos; el matrimonio es una palabra muy fuerte, de mucha responsabilidad». Es una señora muy cordial y ya me la están poniendo en contra. Igual a ella.

Por otro lado, yo nunca me voy a poner a promover que se perdonen los crímenes de lesa humanidad o cuestiones similares. No voy a ceder un paso, los derechos humanos no se negocian, solo se conquistan. Yo me comprometo a ser firme, y hablo por mí, no por la bancada. El partido ya sabe, se los dije muy claro, jamás me voy a prestar a algo que atente contra la dignidad de las personas. Y jamás me voy a sentar a negociar con corruptos; solo voy a procurar que se vayan a la cárcel.

 

Aldo Dávila no oculta su fe en Dios. Foto: Carlos Sebastián

Aldo Dávila no oculta su fe en Dios. Foto: Carlos Sebastián

***

Aldo Dávila recuerda que a los 5 años miraba caricaturas, como Batman y Robin, y entonces ya se daba cuenta de que quería un amigo cercano con quien compartir.

–Yo quería a alguien así, que viviera conmigo. Por supuesto, nada del ámbito sexual. A esa edad no pasa nada de eso, dice.

Ahora, 36 años más tarde, Aldo Dávila tiene un compañero de vida. Se llama Alex y prefiere no estar bajo los reflectores de los medios y de la política. Es un comerciante que trabaja en La Terminal, es fan del Barcelona FC, gusta de jugar al Xbox y es buen cocinero —según Aldo—.

–Llegar a este punto de aceptación no fue fácil, cuenta.

Para que un gay se acepte a sí mismo en una sociedad machista y conservadora normalmente corren muchas lágrimas y a veces, sangre.

Gracias al apoyo de su madre, hermanos y pareja, y al acompañamiento de su perro, Valentino, la vida como gay es más llevadera, dice.

***

—¿Y cómo desarrollaste tu identidad gay?
—Desde los 8 años yo ya era muy afeminado. Así como soy ahora. Había rechazo de muchos familiares, a quienes ahora ya no les llamo familia.

El estigma más grande lo tenía en el colegio, al grado de que tengo denunciado desde el 2016 al director del establecimiento educativo en el que estudié. En el colegio sufrí muchísimo. Tenía amigos, pero el hijo de la directora, Caleb Dávila, a quien también tengo denunciado, me hacía mucho bullying. Él decía: «los hombres van en esta fila, las mujeres van en esta distinta y Aldo en esta otra». Me evidenciaba delante de todo el colegio. Yo quería integrar el equipo de futbol y me decía: «no, porque es para hombres». Era una agresión verbalmente constante o instaba a que otros me golpearan.

Durante muchos años sufrí golpizas. Era terrible. Sufría humillaciones todos los días de clases. A veces se levantaban todos en la clase a pegarme «por hueco». Así fueron muchos de los once años de estudios. Fue muy doloroso. Me acostumbré a la violencia, a toda hora, todos los días. Si salía al recreo, me pegaban, o si iba a la tienda, o si hablaba. Así pasa aún ahora. Cualquiera se cree con el derecho de decirte «hueco», de herirte, de golpearte.

—¿Y eso cómo afectó tu comportamiento?
—Me volví muy violento. Era la única forma que tenía para sobrevivir. En los básicos, al que me decía «hueco» le reventaba la cara. En segundo básico los golpeaba hasta que me los quitaran de enfrente. Después empecé a ponerme un poco de freno. Por supuesto que no estoy a favor de la violencia y ahora creo que hay que hacer algo para detener ese bullying.

—¿Te aceptabas a vos mismo?
—Cuando me puse violento dejaron de decirme «hueco» y pararon las humillaciones. Yo les surtía y por eso dejaron de lastimarme. Pero básicamente reaccionaba así a los insultos porque estaba en una fase de negación a mí mismo. Era complicado porque yo no quería aceptar mi identidad gay. Me di cuenta desde muy pequeño, pero lo acepté hasta los 17 años. Lloré mucho. Enfrente de mi casa había un jardincito y salí a llorar mucho allí, en las noches. «¿Por qué yo?», me preguntaba todo el tiempo.

—¿Cómo saliste del clóset?
—Yo le decía a mi mamá que todos los jueves iba a talleres de ecología, de 6 de la tarde a 11 de la noche. Pero no era cierto. Ya tenía entonces un novio, el primero, y él me llevó a OASIS; no eran talleres de ecología, eran para aprender sobre VIH/sida y derechos humanos. Me fortalecieron mucho la autoestima.

Así que un día no soportaba más y llamé a mi mamá y a mis hermanitos a la sala. Ella me dijo: «¡A la gran puta! Me vas a decir que te tengo que sacar del colegio a mediado de año porque te volviste a pelear». Pero yo la tranquilicé y se sentó. Yo miraba a la señora en el sillón, junto a una niña de 10 años y un niño de 5. Era difícil, pero les dije: «Soy homosexual y si quiere que me vaya de su casa, me voy».

—¿Cuál fue su reacción»?
—»¡No! ¿Cómo vas a creer? Sos mi hijo y yo te amo. ¿Tenés novio? Seguro que es el patojo que va con todas partes, verdad. Ese patojo te sedujo», me respondió.

Ella le decía patojo, pero me llevaba 10 años; él tenía una cara de nene increíble. Le dije que sí era mi novio, pero que no era menor que yo. Él tenía 27 años.

—¿Cómo fue la relación con tus compañeros del colegio?
—Igual que con mi familia, todos sentados en el sillón. Yo les digo: «Muchá, soy gay. Si alguien me quiere dejar de hablar, lo entiendo. Prefiero decírselos yo, antes de que alguien más se los comente».

No eran los de mi clase, que me golpeaban. Eran de otros grados y me protegían. Me juntaba con «los raros». Eso no solo pasa en la tele. Los grupitos de raros son muy protectores. Había un grandote, fuerte, que lo jodían por gordo. Y él nos protegía. Me dijeron: «Ay, Iván, por qué nos decís eso, si se te ha notado siempre».

Uno se paró y dijo que se iba, que no podía ser mi amigo. «Lo sospechamos, pero no sabíamos que ibas a ser eso», dijo. Se fue de inmediato. Y yo les digo “que no hay problema, que está todo bien”. Tiempo después me enteré de que él también es gay. El problema es que, al aceptar yo mi homosexualidad, y él al estar cerca de mí, podía confirmar su homosexualidad. Y por eso lo negaba.

 

Aldo Dávila y su perro Valentino. Foto: Carlos Sebastián

Aldo Dávila y su perro Valentino. Foto: Carlos Sebastián

***

Si ser homosexual ya es difícil, ser portador del VIH complica más las cosas. Aldo Dávila dice que se “contagió” desde muy joven y por eso la mayor parte de su vida se dedicó al activismo para ese grupo.

Para la población VIH positiva, tener su medicación especial y es un tema de vida o muerte.
–Muchas personas no entienden que una pastilla te puede asegurar una vida plena, o que la ausencia de la pastilla significa la muerte, dice.

—¿Cómo es tu vida como portador del VIH?
—Seguramente adquirí el virus en las primeras relaciones sexuales que tuve. Me di cuenta con pruebas de que llegué a la etapa de sida muy rápido. Tuve una meningitis viral a causa del VIH cuando tenía 22 años; es una cepa de virus que actúa súper rápido. Yo me imagino que tuve una relación de riesgo con una persona que era portadora de esa cepa. Pasó en menos de un año.

Mi mamá empezó con resistencia: “Yo no quiero que vayas ahí para juntarte con más gente así. Sos un niño. ¿A qué vas?”.

La situación solo me motivaba a seguir adelante. Los martes salíamos en las noches a entregar condones a trabajadoras sexuales, al callejón del amor, a los dos parques, al sector trans, a La Línea. Mi mamá aceptaba mi identidad pero le molestaba que me juntara con otras personas.

Un día le dije a mi mamá que fuéramos al cine, al Lux, pero que antes tenía que pasar a recoger un libro unas cuadras antes. No le dije que la llevaba a OASIS. Así que toqué el timbre y le confesé a dónde la estaba llevando. Forcejeamos en la calle, pero justo cuando una persona abrió la puerta ella sonrió y fingió que estaba todo en orden. Por cortesía, no tenía otra opción más que entrar. La presenté con todos los dirigentes y compañeros, y se dio cuenta del salón alfombrado con mesas y sillas, un estante de juegos, una televisión, un área de lectura, un salón para yoga, en fin, era un centro comunitario. Seguro que ella pensaba que era un lugar de perdición y adicciones, y se encontró con un lugar muy tranquilo, con personas amables y respetuosas. Incluso, la invitaron a repartir condones.

—¿Cómo fue el acercamiento de tu mamá con la comunidad LGBTIQ+ en riesgo de contraer VIH?
—Cuando fuimos a OSASIS la invitaron a participar en las actividades, específicamente a repartir condones en las áreas de riesgo. Ella aceptó porque lo vio como un reto. Así que movió sus horarios del trabajo y salimos una noche por la zona 1, cada uno con dos cajas de condones y trifoliares.

Fuimos a los parques, bajamos al sector de las trabajadoras sexuales y luego subimos al sector trans, a la 11 calle y 4a avenida. Ahí nos encontramos a una mujer trans que siempre nos recibía de una forma violenta.

“Ya vienen a dejarnos condones los huequitos solapados”, así nos decía ella, porque no nos travestíamos. De pronto ve a mi mamá y pregunta: “¿Y esa señora quién es?”. Yo le respondo que es mi mamá y que nos va a estar acompañando en los proyectos de prevención del VIH. Ella se quedó Impactada:

“¿Y usted acepta a su hijo como es?”, dijo con sorpresa. Mi mamá no lo pensó dos veces y le respondió: “Sí, claro. Es mi hijo y tengo que aceptarlo y quererlo”.

En ese momento, la Rachel, que era una trans agresiva, malhablada y que incluso nos había asaltado antes, se puso a llorar y nos descompusimos todos. En medio de una calle de la zona 1, de noche, nos pusimos a llorar. La chica se soltó:

—Yo quisiera una mamá así, que me quisiera, que me acompañara,

Y abrazó a mi mamá, que no soltaba las cajas de condones. Mi mamá le dijo:

—Si su mamá no la quiere, yo sí. Así que permítame quererla.

Entonces, mi mamá entendió la importancia de aceptarme. Y se involucró mucho más, se capacitó. Entonces fue a todos los talleres de OASIS.

—¿Cómo se vive la discriminación de personas con VIH?
—La discriminación es real, palpable, y duele. Y pasa a todo nivel. En un foro de candidatos a diputados dije que soy VIH positivo y a partir de eso, nadie se quería sentar a mi lado. Había una organizadora vociferando que por favor ocuparan todos los espacios libres.

Yo ocupé una silla, pero el candidato que estaba a mi lado se movió. Y nuevamente quedé con dos sillas vacías en el evento. Una vez más, me moví. Y el otro candidato fue a buscar una silla extra, para sentarse lejos. Y del otro lado, una candidata mujer, que afortunadamente no ganó, tampoco se quería sentar a mi lado. Era increíble. Había personas paradas, pero nadie se quería sentar a mi lado. Yo solo le dije: “No tenga pena, que no se va a contagiar de homosexualidad ni de VIH”.

—El problema pareciera ser ese, el estigma. Pero hay que recordar que cualquier persona puede ser contagiada.
—Claro, la pandemia está focalizada en la población LGBTIQ+. Pero cualquiera puede ser contagiada. Me ha tocado ver casos de niños de 11 años con VIH.

Yo fui educador en temas de salud y una vez, en Escuintla, me topé con un caso serio. Era un tipo muy alto y fuerte que llegó a la clínica comunitaria con su sobrino de 11 años, porque el papá había muerto. El nene tenía papilomas en el pene y yo le pregunté si alguien lo había tocado indebidamente, si su tío lo había tocado. El tío salta y dice: «¡Puta! Si yo no soy hueco». Y dijo que me iba a golpear, pero yo amenacé con llamar a la Policía. Después de una larga plática, el tipo confesó que había llevado al niño con las prostitutas para «hacerlo hombrecito» y a partir de eso se había contagiado. El niño reconoció que así fue, pero igual se abrió un expediente para investigar. Al final descubrimos que el nene tenía sífilis, papilomatosis y VIH.

Así de mal está nuestra sociedad.

 

Aldo Dávila recuerda el bullying que sufrió en su etapa de estudiante. Foto: Carlos Sebastián

Aldo Dávila recuerda el bullying que sufrió en su etapa de estudiante. Foto: Carlos Sebastián

***

Aunque Aldo Dávila incursiona en la política, ya era conocido entre grupos de activistas y defensores de derechos humanos.

En 2015 acudió a todas las manifestaciones contra la corrupción y la impunidad, que derivaron en la caída de la estructura criminal de Otto Pérez Molina y Roxana Baldetti.

A diferencia de la mayoría de los asistentes, Aldo Dávila ondeaba la bandera arcoíris que identifica a la comunidad LGBTIQ+:

—¿Sos un defensor de las personas LGBTIQ+?
—No soy defensor de personas homosexuales o de quienes vivimos con VIH. Soy defensor de derechos humanos, de todas las causas que hacen que las personas no vivan con dignidad. Por supuesto que tengo mayor conocimiento de ciertas luchas, pero eso es aparte. Empecé en el activismo cuando tenía 17 años, cuando me incorporé a OASIS.

—Muchas veces te vimos en la plaza, manifestando contra la corrupción y la impunidad. ¿Por qué?
—La corrupción y la impunidad me lastiman. Me afectan a mí porque necesito medicamentos para vivir con VIH y no siempre están disponibles, pero también me afecta muchísimo que no haya buena atención para niños y madres en los hospitales, que las escuelas se caigan a pedazos.

Muchas personas dicen: «a mí no me afecta, yo tengo mi trabajo y vivo bien». No lo saben, pero la corrupción y la impunidad están en todas partes, en las carreteras mal construidas, que pueden ser un atentado contra su vida; en que tengan que buscar salud privada porque la pública no funciona, que algunos se roben el dinero que se debería invertir en los alimentos para las áreas más golpeadas por el hambre.

—¿Cuáles son los retos que has enfrentado como activista?
—Tenemos que hacer presencia los gays. Más de una vez me tiraron la bandera de la diversidad al piso en las manifestaciones del 2015. Recuerdo que en una ocasión, yo iba solo a las protestas y de repente un tipo me arrebató la bandera, la tiró al piso, me insultó y me dijo que no tenía por qué estar defendiendo esas «huecadas».

Entonces, Alex, de La Batucada del Pueblo —un grupo de ciudadanos que participaba en las protestas—, levantó mi bandera, me la entregó y me invitó a que manifestara con ellos; estaba rodeado de buenas personas, incluyentes. Ahora ya sé que no debo ir solo, así que siempre vamos con amigos. Alex, mi pareja, no va. Nunca. Él no se involucra en esas situaciones, pero me apoya de otras formas. Cocina delicioso y siempre me recibe con la cena servida. Esta semana —después de las elecciones— además me compró una cerveza porque me vio muy estresado. Es importante mencionar todo esto porque los gays también manifestamos contra la corrupción y la impunidad. Son temas que nos importan, que nos afectan, a lo individual y como parte del conjunto de la sociedad.

 

Aldo Dávila llega al Congreso con la promesa de defender los derechos humanos. Foto: Carlos Sebastián

Aldo Dávila llega al Congreso con la promesa de defender los derechos humanos. Foto: Carlos Sebastián

***

Antes de aceptar participar en la política, Aldo Dávila era activista en la organización Gente Positiva, que vela por las personas con VIH y sida.

Los coordinadores de Gente Positiva le dijeron que al participar en la campaña política debía dejar la organización, así que renunció a su trabajo.

En esta entrevista, realizada seis meses antes de que tome posesión como diputado, Aldo Dávila reconoció que está desempleado, pero cuenta con el apoyo de su pareja y su madre.

–Estoy jodido buscando chance, contó.

Javier Estrada Tobar
/

Periodista y comunicador. Se formó y trabajo durante casi diez años en Lahora.gt. Apasionado por las letras, el desarrollo humano, la política, las redes sociales, el cuidado del medio ambiente y la buena comida.


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    Luis Paraiso /

    10/07/2019 11:29 AM

    Hace un chingo de tiempo ya me encontré en México a Pablo que me dijo que tenía que darle un vistazo a Luis y entre otras cosas le pediría que le autografiara su último libro “El Rio Novelas de caballería” Bueno pues en eso estábamos y nos subimos a un taxi hablando de Luis y este libro viene al asunto aunque no sé si es ahí donde cuenta esta anécdota. Dice Luis que cuando la revolución triunfa le llegaron a pedir de que se constituyera candidato a DIPUTADO Casi no recuerdo pero parece que rechazo la propuesta a lo que sin perder tiempo le fueron a contar a la madre de Luis que su hijo iba para diputado, a lo que respondió con la calma y la sabiduría de esos tiempos… LASTIMA TAN HONRADO QUE ERA!

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Adan /

    07/07/2019 3:25 PM

    Me parece que tiene sus objetivos e ideales bien establecidos. La lucha por los derechos de todos es importante para nuestro país. Solo espero que pueda ser apoyado en el Congreso retrógrado y vendido que tenemos. Éxitos en la gestión de Aldo.

    ¡Ay no!

    1

    ¡Nítido!

    Marlon /

    06/07/2019 4:42 PM

    Pregunta honesta: Por que utilizan “gay” en lugar de “homosexual” si el articulo es en español y la palabra tiene una traduccion?

    ¡Ay no!

    1

    ¡Nítido!

    Luis Paraiso /

    05/07/2019 10:34 PM

    Psicoanálisis barata
    Este articulo fue publicado el 4 de junio y tiene 15 reacciones de los lectores de Nómada. El Articulo
    “Paremos la tortura contra las niñas en América Latina” publicado el 7 de junio que habla de Las niñas latinoamericanas menores de 14 años están siendo violadas, sistemáticamente, en sus espacios más cercanos y familiares, para luego ser forzadas a llevar embarazos y partos, sin que a la gran mayoría se les ofrezca la opción de decidir sobre su presente y futuro. Tiene una sola reacción de la parte de un lector. Pienso que hay MUCHOS CULPABLES EN ESTE ASUNTO.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Otto Cuéllar /

    05/07/2019 4:17 PM

    Una historia muy humana que retrata de manera muy objetiva lo quer padecen nuestros hermanos de diferente orientación sexual. Llama la attención las dificultades que enfrenta una persona tachada de afeminada en nuestro medio machista patriarcal, solamente conociendo esas experiencias podemos entender las dificultades y la necesidad de reivindicar sus derechos. Llama la atención la poca solidaridad de su organización: "Gente Positiva", si no lo apoyaron en su campaña, por lo menos le hubieran dado un permiso; es completamente posible y legal, incluso la participación política es un derecho constitucional. Se autodefinen como defensores de derechos humanos, pero se lo niegan a uno de ellos; esa incongruencia duele.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Rathor /

    05/07/2019 10:57 AM

    Me parece magnifico, soy de la politica: "cada quién puede hacer de su c... un candelero" lo que no apoyo y no estoy de acuerdo es que por no ser de la ideología de las personas sea insultado...si aldo es de izquierda recalcitrante que bien pero que no insulte a los oponentes porque lo he visto en la TV y realmente tiene una boca de cloaca y esa boca no la debe llevar al congreso...

    ¡Ay no!

    2

    ¡Nítido!

    Luis Paraiso /

    05/07/2019 8:36 AM

    NO SE LE PIDE MAS. Es un diputado del pueblo y no un diputado de un grupo de personas que viven mal su situacion afectiva y tratan de hacercelas pagar a todo el mundo.
    —¿Sos un defensor de las personas LGBTIQ+?
    —No soy defensor de personas homosexuales o de quienes vivimos con VIH. Soy defensor de derechos humanos, de todas las causas que hacen que las personas no vivan con dignidad. Por supuesto que tengo mayor conocimiento de ciertas luchas, pero eso es aparte. Empecé en el activismo cuando tenía 17 años, cuando me incorporé a OASIS.

    ¡Ay no!

    1

    ¡Nítido!

    Luis Paraiso /

    05/07/2019 8:29 AM

    En fin ! Vaya una persona que responde a todos los chapines sin empleo ni trabajo como hacer para encontar uno. Se gana bien, se come bien, viaticos, carro blindado, incluso podra dar brete a la familia y amigos. Para todos los sin trabajo nace una esperanza !!!
    En esta entrevista, realizada seis meses antes de que tome posesión como diputado, Aldo Dávila reconoció que está desempleado, pero cuenta con el apoyo de su pareja y su madre.
    –Estoy jodido buscando chance, contó.

    ¡Ay no!

    4

    ¡Nítido!

    Víctor López /

    04/07/2019 8:00 PM

    Doña Ana : don aldo debe y tiene que ver por los intereses del pueblo... No por los intereses de un grupitititito, el pueblo somos todos heterosexual, homosexual ,etc. Nosotros los heterosexuales , no estamos pidiendo privilegios... Así de simple

    ¡Ay no!

    2

    ¡Nítido!

    Alexander Melgar /

    04/07/2019 7:13 PM

    A este es el mal hablado que anda manifestando escudándose bajo la bandera de un colectivo... Bien Nómada, periodismo serio. Con gente tan inepta como esta avanzaremos...

    ¡Ay no!

    8

    ¡Nítido!







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