Amigas y rivales

¿Hay algo malo en ser mujer, una mujer como las demás chavas? ¿por qué tengo que ser diferente para gustarle a los chavos? ¿Debería sentir orgullo por ser considerada “diferente” y no caer en la categoría “mujer”?

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Esta es una opinión

A las chicas: Cuántas veces no han oído el “me gustas porque sos diferente a las demás chavas?” Me pregunto yo, ¿hay algo malo en ser mujer, una mujer como las demás chavas? ¿por qué tengo que ser diferente para gustarle a los chavos? ¿Debería sentir orgullo por ser considerada “diferente” y no caer en la categoría “mujer”? O qué me dicen de otros comentarios tipo: “sos muy ambiciosa para ser mujer, muy mandona, muy seria, muy vulgar” etc. Como que si cualquier característica que no esté adjudicada al género femenino, es motivo de asombro.

Amigas y rivales, enemistad, o “frenemies” en inglés, son los términos clásicos usados para describir esa relación entre mujeres en la cual, aparentemente, un día son almas gemelas, y el siguiente día se andan pelando. Nos imponen la idea que el conflicto entre mujeres es “natural” y que por naturaleza somos envidiosas. La rivalidad entre mujeres se cononce como una forma de crítica que mujeres emplean suponiendo que al disminuir los éxitos de otras se sentirán mejor.

Puede que nunca se hayan sentido así, pero para mí esto es algo familiar. Muchas veces he caído en el vicio de compararme con mis amigas, u otras mujeres pilas cercanas a mí; y en vez de sentirme feliz por sus logros, internamente estoy deseando que algo les salga mal. ¡Es horrible! Si son mis amigas, y se supone que debería desearles lo mejor, ¿por qué me siento victimizada? Es como si sus logros fueran un reflejo directo de mi incapacidad. Automáticamente, como mecanismo de defensa, tomo el camino de despreciarme y sentirme de menos, o, criticar a mis amigas para hacerme sentir un poco mejor. Ningún camino me ha sido efectivo. Pero, ¿de dónde surge esta competencia y por qué nos parece normal?

Como dice Kabah  “Siempre tan amigas, siempre tan rivales, ellas sólo quieren amar” el dilema parece ser siempre una disputa por amor. Queremos asegurar a nuestras parejas, y tememos que si hay alguna chava más talentosa que nosotras, podríamos desvanecer y volvernos invisibles. Qué manera más podrida de pensar. Un ejemplo excelente que ilustra este comportamiento es lo que en inglés se llama el fenómeno del  Crab Barrel. Es una metáfora que se refiere a cangrejos atrapados en un barril: hay unos que alcanzan escapar con facilidad pero llega uno envidioso y lo jala de vuelta al barril. La mentalidad “si yo no lo puedo tener, tú tampoco.”

En el libro Malas, 2002, Carmen Alborch explica que también estamos compitiendo por ocupar un lugar en el espacio público. Durante toda la historia de la humanidad, este espacio era reservado para los hombres; el espacio para las mujeres era muy limitado o casi inexistente, por lo que teníamos que pelear para ser reconocidas. Llevamos muy poco tiempo ocupado este espacio en la sociedad, dado a que fuimos acondicionadas a ser ciudadanas de segunda categoría. El valor que teníamos era validado por el hecho de tener pareja; quiere decir que dependíamos del valor que nos dotaban los hombres. Si no contábamos con un novio (heterosexual), pasábamos a cuestionar el valor de nuestra propia vida, y de la misma manera, el valor de nuestras compañeras. Calificamos nuestro valor en relación a la otra. Citando a Alborch, “Las dudas que la mujer tiene sobre su propia valía le hace desconfiar también de la valía de las demás.

La rivalidad entre mujeres es un invento machista para dividirnos, que resulta en una competencia interna, una lucha sistemática por ser siempre la mejor, la más bonita, la más inteligente, la más simpática, la más “fit”, la más graciosa… Estamos constantemente tratando de relucir más que las demás para ser vistas y “dignas de ser mujer”. Es como si nuestras aspiraciones y necesidades entraran en conflicto con las aspiraciones de otras mujeres. Creemos que no podemos brillar todas a la vez. Este comportamiento es incitado por la mirada masculina que siempre la tenemos encima, juzgando nuestros comportamientos y apariencias. No es sorpresa que nos sintamos y actuemos así; como productos de nuestra sociedad llevamos el patriarcado programado en nuestros códigos de pensamiento y actuamos de acuerdo a nuestros aprendizajes.

Lo único que produce esta competencia, desprecio y envidia es ¡más desigualdad! Lo último que necesitamos. Es nuestra responsabilidad romper con el orden establecido por el patriarcado para llevar una vida más íntegra y saludable. La rivalidad no es natural, por lo tanto, debemos tomar consciencia cuando desarrollamos pensamientos envidiosos. Solo así la podemos superar. Debemos vernos hacia dentro y cultivar nuestro amor propio para poder sembrarlo en otras personas. Antes de poder valorar las diferencias de nuestras compañeras, es necesario podernos valorar a nosotras mismas. Nos debemos apoyo, respecto colectivo, y en especial, nos debemos compasión.

Sororidad es la relación de hermandad entre mujeres que se apoyan mutuamente en la lucha feminista. Aunque fue la activista feminista, Marcela Lagarde, quien lanzó este concepto, yo quiero reiterar que la sororidad no solo abarca la lucha de equidad de género, pero todos los ámbitos. Se trata de crear un espacio seguro entre mujeres para que no se sientan solas, para darnos cuenta que hay otras mujeres de las cuales nos podemos apoyar, mujeres que sienten empatía hacia nosotras y nuestra situación. Se trata de brindarnos unas a otras las herramientas y capacidades para transformar nuestras relaciones humanas y la relación con nosotras mismas. Sororidad es una manera en la cual formamos relaciones saludables e íntimas con otras mujeres con el objetivo de apoyarnos. Las invito a que lo prueben.

Nicole Jacobs
/

Después de vivir 6 años en Europa ahora estudio Comunicación y Letras en Guatemala. Considero que la herramienta más poderosa de activismo feminista es el autoconocimiento. Mi vida es el aprendizaje y des-aprendizaje.


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COMENTARIOS

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    Olga Villalta /

    21/09/2018 10:11 AM

    Como dice Marcela Lagarde, "las mujeres existimos a través de la mirada masculina". Por eso cuando la pareja se enamora de "otra" la agarramos contra la "usurpadora" y no contra él. También, indica ella, nos cuesta separarnos de la pareja (aunque ya no lo queramos o no nos sentimos bien) porque "nadie quiere no existir". En el sistema patriarcal solo existimos si somos hijas de, hermanas de, mujer de, secretaria de, etc. Pero la sororidad (o solidaridad entre mujeres) no surge de manera natural, es preciso desaprender la enemistad que nos cultivó el patriarcado y aprender a valorar los dones de la otra. Esto no es nada fácil.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    frank lopez hurtarte /

    20/09/2018 9:01 PM

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    MUY INTERESANTE

    Para entender el egoísmo —tanto de hombres como de mujeres— es necesario también entender que aterrizar en este mundo es un constante "sacar agua del barco". No existe acto humano —ninguno— que no sea en favor de la supervivencia; donde encuentra espacio la envidia, y el principalmente el egoísmo.

    Uno de estos días escuché a una amiga sufrir envidia por el matrimonio de su mejor amiga ¿? Y no me lo podía creer.

    Ella misma me decía otra vez: "no hay peor enemigo de una mujer, que otra mujer" Y tampoco me lo podía creer, hasta que empecé a hacer memoria y lo di por cierto.

    Discrepo con eso de que "la rivalidad entre mujeres es un invento machista".

    Interesante, aunque el texto tiene paradojas que no logro encauzar.
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    ¡Ay no!

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    ¡Nítido!



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