Brasil a punto de hacer un Jimmy Morales

"Pueden llamarlo de todo, menos corrupto", es el argumento básico de los seguidores de Bolsonaro, quienes están dispuestos a ignorar la falta de experiencia, el círculo dudoso a su alrededor y las viejas formas que anticipan retrocesos.

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Esta es una opinión

Morales llegó al poder surfeando un discurso de pureza, anti-corrupción, sin experiencia y rodeado de militares y evangélicos. Como Bolsonaro.

Foto: Carlos Sebastian

Las democracias latinoamericanas, cuando pasan por crisis agudas, se vuelven vulnerables al surgimiento de un salvador de la patria, alguien que teóricamente puede dar una solución definitiva a los males de la nación. Recientemente, Guatemala ha probado el amargo gusto de este remedio. Un candidato que no tiene mucho más que un slogan para ofrecer durante su campaña, difícilmente trae resultados contundentes a lo largo del mandato. Brasil, que ya apostó dos veces por cazadores de corruptos (en 1961, con Jânio Quadros, que renunció después de siete meses, y en 1989 con Fernando Collor, el primer presidente brasileño a sufrir un impeachment), planea embarcarse de nuevo en esta fantasía al llevar ex capitán del ejército y diputado federal Jair Bolsonaro al máximo cargo del país.

Desde 1985, cuando terminó la dictadura e inició un nuevo ciclo democrático en Brasil, no se veía una elección tan decisiva para el rumbo político del país. El resultado de la primera vuelta señala que el brasileño quiere un cambio político profundo. En las dos casas legislativas – Cámara de Diputados y Senado Federal – más de la mitad de los congresistas no consiguió re-elegirse, algo que no ocurría hace 20 años. Los vientos también parecen soplar hacia el este en el ejecutivo, ya que el 46% de los electores declaran preferir a Jair Bolsonaro (PSL), que terminó con una ventaja de 18 millones de votos en relación a Fernando Haddad (PT). La segunda vuelta definirá si el país dará un giro radical a la derecha conservadora y económicamente liberal o se apostará una vez más en el modelo de gobierno que prioriza las pautas sociales y un mayor protagonismo del Estado.

La limpieza es fruto del cansancio con la vieja política y tiene sus raíces en la operación Lava Jato, que reveló escándalos de corrupción dentro de Petrobras que alcanzó a todos los grandes partidos, con destaque para el PT. Después de 13 años en el gobierno, el Partido de los Trabajadores perdió mucho capital político con la prisión de sus principales líderes, como el ex presidente Luis Inácio Lula da Silva, y con el impeachment de la ex presidenta Dilma Rousseff. Desde entonces vio crecer una ola de antipetismo que ha tomado cuenta de buena parte de la opinión pública. Nadie supo sacar tanto provecho de este desgaste político como Jair Bolsonaro.

El parlamentario, en su séptimo mandato seguido, era un político sin gran exposición nacional, hasta ganar notoriedad por saludar al general que torturó Dilma Rousseff en la dictadura militar, durante la votación del impeachment de la ex mandataria. La figura de verdugo del PT, sumada a un discurso que promete el rescate de los valores conservadores, el combate a la corrupción y la intolerancia contra los criminales, elevó su popularidad al punto de dejarlo blindado en cuanto a su postura autoritaria y declaraciones polémicas que promueven el machismo, el racismo y la homofobia. El candidato también admite su desconocimiento en temas básicos como educación, salud y economía. “Pueden llamarlo todo, menos de corrupto”, es el argumento básico de sus seguidores.

La razón de la ceguera voluntaria es simple, y compartida por muchos brasileños: como la izquierda PT es la más clara encarnación de un sistema profundamente corrupto y la elección de Fernando Haddad puede significar el indulto para Lula, es preferible dar a Bolsonaro el mismo tratamiento que se regaló a Trump, es decir, aplicar un descuento generoso a las barbaridades que el hombre dice, a la espera de que sean sólo figuras de estilo.

Si su inminente victoria en las urnas se confirma, es difícil decir lo que se puede esperar del gobierno de Jair Bolsonaro. Las expectativas cambian diametralmente a depender del espectro ideológico de quien lo analiza. A los favorables a un avance neoliberal, las propuestas poco claras de Paulo Guedes – economista formado en la Escuela de Chicago y principal asesor de Bolsonaro en el área económica – apuntan a una disminución de la carga tributaria, privatización de estatales y un secado de la máquina pública, algo que el mercado financiero celebra. A cada encuesta electoral que confirma la tendencia de victoria de Bolsonaro, las acciones sufren expresivas apreciaciones. En el otro lado, Bolsonaro representa un retroceso civilizatorio, debido a su contumaz defensa de la dictadura militar brasileña y por las fuerzas que se unen en torno al candidato, como los grandes oligarcas, empresarios del agro, líderes evangélicos y más notoriamente, los militares. Su candidato a vicepresidente, el General del Ejército Hamilton Mourão, afirmó que el 13º salario sería “una carga pesada para los empresarios” y que sería posible crear una nueva constitución hecha por “un grupo de notables” dispensando la participación del Congreso democráticamente elegido. A los trabajadores, esta afirmación les provoca escalofríos. 

Por más que esté claro el deseo de Brasil de girar a la derecha, es fundamental entender cuál será la velocidad de la maniobra. Las democracias son como grandes transatlánticos: sus correcciones de ruta deben ser lentas y graduales, para evitar grietas y fisuras en su estructura. Los cambios drásticos en el curso económico o político suelen cobrar un precio alto. Pueden sacudir violentamente la economía, como ocurre en la Argentina o hasta culminar en una corrosión profunda de los pilares democráticos, como sucedió en Venezuela. Cualquiera que sea la extensión del cambio, hay que estar atento a sus efectos sobre sus hermanos hispanos, altamente influenciados por Brasil en rubros como el comercio exterior y las relaciones políticas regionales. El nuevo rumbo es hacia el este. El destino… no se sabe. 

Bruno Galba
/

Periodista formado por la Universidad Federal de Bahía, especializado en Comunicación Corporativa, Marketing y Responsabilidad Social. Tiene 17 años de actuación en cargos de liderazgo en empresas multinacionales como Petrobras y Odebrecht. Actua hoy en el mercado financiero, como consultor en comunicación y marketing.


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    Armando Sobalvarro /

    17/10/2018 12:23 PM

    Me parece que Rodrigo Polo necesita una cita en el Federico Mora... está mostrando serios síntomas de demencia: "...Doctor Jimmy Morales, el mejor presidente de Latino América de todos los tiempos..."???

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

      Natalia /

      20/10/2018 12:39 AM

      Jajaja ya me parecía raro que solo yo lo notara...o es un troll que se hace pasar por Rodrigo Polo o de verdad el tipo está demasiado afectado del cerebro...

      ¡Ay no!

      ¡Nítido!

      Rathor /

      19/10/2018 7:41 AM

      Ojalá y usted por su apellido no esté traicionando la memoria de alguien que dió más de 30 años de su vida a la patria...

      ¡Ay no!

      ¡Nítido!

    PAPAZOPAPAZ /

    16/10/2018 7:28 PM

    "Las democracias son como grandes transatlánticos: sus correcciones de ruta deben ser lentas y graduales, "

    en Guatemala la izquierda quisiera golpe de estado y hacer una asamble popular constituyente.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Rodrigo Polo /

    16/10/2018 7:27 PM

    jajajajajajajaja están ardidos pero bueno!!!, se les acabo la fiesta y al fin podrá trabajar en paz el señor Presidente Constitucional de la República Doctor Jimmy Morales, el mejor presidente de Latino América de todos los tiempos, ahora falta meter a la cárcel a la corrupta de la Thelma Aldana, a mucha gente que ha estado fastidiando el desempeño tanto del Doctor Morales como de los honorables Diputados y por último los jueces ya podrán otorgar medidas sustitutivas e impartir justicia pronta y cumplida sin la presión de la socialista internacional.

    ¡Ay no!

    1

    ¡Nítido!

      Natalia /

      20/10/2018 12:36 AM

      o usted está financiado por la élite militar o tiene un preocupante daño cerebral...nadie en su sano juicio puede llegar a pensar que el que está dejándonos tan mal, pueda ser el mejor...y el de toda Latinoamérica? Pfff..! A donde le mando un su mapa para que se ubique?

      ¡Ay no!

      ¡Nítido!

      Armando Sobalvarro /

      17/10/2018 12:16 PM

      Alagrán Diabla Rodrigo. Hasta donde es capáz Ud. de llegar? Me ha tenido sorprendido siempre con sus twitazos y otros comentarios pero este de "....Doctor Jimmy Morales, el mejor presidente de Latino América de todos los tiempos...." si me hace pensar seriamente en su sanidad mental.

      ¡Ay no!

      ¡Nítido!

      Iván Gramajo /

      17/10/2018 10:17 AM

      Está bien que defendas a Jimmy Morales, cada quién defiende lo que considera correcto. Pero te echaste un 100 al afirmar que "es el mejor presidente de América Latina". Ni Don Moralejas podía hacer chistes así de buenos como el que acabas de hacer.

      ¡Ay no!

      ¡Nítido!



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