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Caravana migrante: violencia contra la mujer como factor de peso

La caravana migratoria es una alerta para la región: es imperativo abordar con seriedad las causas estructurales del fenómeno. Mientras los centroamericanos no encuentren condiciones dignas de vida, seguirán migrando.

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Esta es una opinión

Menores y sus madres inmigrantes guatemaltecos deportados desde EE UU.

Foto: Carlos Sebastian

Caravana migrante: más allá de una crisis humanitaria

Mientras la caravana migrante dominaba los titulares, yo me encontraba en un refugio para mujeres en Tegucigalpa, la capital hondureña. Escuché historias desgarradoras de extrema violencia y de coraje.

Una de ellas, de una niña de 7 años llamada Valeria. A Valeria se le dió la opción de quedarse a salvo en este refugio con su madre o de volver a su padre abusivo. Este último, quién podía pagar sus cuotas escolares. Valeria decidió ir a la escuela. Afortunadamente, mi hija de 7 años nunca tendrá que elegir entre su educación y su seguridad. En cambio, millones de niñas en Centroamérica no tienen esa opción.

Como parte del equipo de Oxfam que viajaba por Honduras, Guatemala y El Salvador, países que forman parte del Triángulo Norte, también escuché historias impactantes de violencia de género y pobreza. Casos muy duros que retratan el hambre y la situación de las pandillas.

Con esta experiencia me quedó muy claro que la caravana migrante es más que una crisis humanitaria o un problema de inmigración.

La caravana es una protesta contra la negación de los derechos humanos. Y en contra de las políticas públicas fallidas en Centroamérica, que Estados Unidos ha apoyado por décadas.  La migración de América Central a los Estados Unidos no es un fenómeno nuevo. Ha estado ocurriendo durante muchísimos años. Lo que es histórico sobre la caravana, es que miles de personas han elegido salir juntos en un éxodo masivo.

Centroamérica: Estados fallidos

Las personas en la región están hablando abiertamente sobre cómo sus Estados les han fallado. Y muchos más continuarán haciendo este viaje difícil y peligroso, porque las personas buscan sobrevivir a toda costa. Esto es especialmente cierto para mujeres y niñas, las más afectadas por la violencia y la pobreza en la región. Las estadísticas oficiales en Honduras, país con la misma población de Nueva Jersey, revelan que una mujer es asesinada por cada día.

Lo reportan también experiencias como el  horrible incidente del 8 de marzo de 2017 en San José Pinula, Guatemala. En esta población, 56 niñas fueron encerradas en una habitación en un refugio para niños administrado por el Gobierno. Las encerraron por organizar una protesta contra la violencia sexual, el abuso físico y otras condiciones repugnantes que enfrentan en el refugio. Esa noche, un fuego misterioso mató a 41 de esas chicas, a pesar de sus gritos y llamadas de socorro.  El caso continúa en la impunidad.

Durante mi visita a la ciudad de Guatemala, me reuní con defensores de derechos de las mujeres y con el Defensor de los Derechos Humanos de ese país. Ellos continúan luchando todos los días para que se haga justicia en este caso y en muchos otros en los que impera la injusticia.

Sostienen que el hecho de que el Estado no proteja a su propia gente, en particular a las mujeres y las niñas y a las comunidades pobres e indígenas, nos hace pensar cómo este país se desmorona más y más. “Las historias de este país están escritas con sangre y fuego”, me dijo sin rodeos Maya Alvarado, de la publicación feminista La Cuerda.

La captura política del Estado combinada con actitudes patriarcales profundamente arraigadas y una cultura machista ha llevado a los países del Triángulo Norte a tener algunas de las tasas más altas de pobreza y violencia en el mundo. Según el Grupo de Trabajo Latinoamericano, las mujeres y las niñas son las más afectadas por los altos niveles de homicidios, violencia sexual, desapariciones forzadas y secuestros en estos países.

Para empeorar las cosas, los altos niveles de corrupción e impunidad en el sistema de justicia penal conlleva a que las mujeres no busquen justicia en el Estado. Mientras tanto, la violencia continúa normalizándose como una forma de vida. Los altos niveles de violencia también afectan el acceso a servicios básicos como la salud y la educación.

Las mujeres y las niñas: las más vulnerables

Las y los jóvenes son especialmente vulnerables cuando se enfrentan a la trata de personas y la violencia sexual, y también cuando son secuestrados u obligados de forma rutinaria para llevar a cabo la vigilancia, unirse a pandillas o informar a los grupos armados. En los últimos años, los estudios muestran que el 95% de los homicidios en estos países han quedado sin resolver.

Las estadísticas son escalofriantes. Lo que vi durante mi viaje en el Triángulo Norte es que las personas ahora están rechazando y diciendo “¡Basta!” Algunas personas están optando por abandonar sus hogares y su país para intentar llegar a un lugar seguro en los Estados Unidos. Otras se quedan y luchan por un cambio. Como las mujeres que visité en la Ciudad de Ahuachapán, al norte de El Salvador, en la sede del Centro Shaira Ali, que Oxfam a ha apoyado con financiamiento.

En este lugar, más de 600 niñas, niños y mujeres que han sufrido violencia están reconstruyendo sus vidas partiendo de su empoderamiento para lograr la igualdad de género, los derechos humanos y recuperar su dignidad. Estas mujeres están trabajando con líderes comunitarios e incluso funcionarios gubernamentales para mostrar cómo las comunidades pueden ser resilientes y saludables cuando invertimos en mujeres y niñas.

De hecho, proporcionar seguridad y servicios para las mujeres y las niñas debe ser el centro de nuestro enfoque hacia la región. Las políticas de los Estados Unidos deben basarse en los derechos de las personas, apoyar los esfuerzos anticorrupción que ayudan a los pobres, centrarse en las estrategias de prevención de la violencia basadas en la comunidad, promover el desarrollo rural sostenible y el acceso a la justicia, y luchar contra la violencia sexual y de género.

Hasta que no abordemos estas causas estructurales de la migración desde Centroamérica, las caravanas crecerán y se multiplicarán porque las personas están tan desesperadas por sobrevivir y vivir con dignidad. Es hora de un enfoque diferente, poniendo en el centro de nuestro trabajo las necesidades de las personas de la región, especialmente priorizar las acciones para apoyar a las mujeres y las niñas.

Fatema Sumar
/

Vice President of Global Programs @oxfamamerica, Juggling Mom, Global Wanderer, Local Explorer.


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