Migración: éxodo de espinas y lágrimas para las mujeres que huyen

Escapar de la escasez de oportunidades, para caer en las brasas de las redes de trata y la violencia sexual. La migración es un fenómeno que requiere mucho más que políticas restrictivas, que poco o nada aportan para detener el éxodo.

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Esta es una opinión

Migrante de Honduras de paso por la localidad de Frontera Comalapa -Chiapas, México.

Foto: Carlos Sebastian

La migración irregular en la población hondureña tiene su origen en situaciones tanto de orden histórico como estructural. Dentro de las principales causas podemos mencionar la pobreza, la inequidad y desigualdad social, el desempleo, la violencia generalizada por las maras y pandillas, además del desplazamiento forzado, entre otras. Dichas causas se entienden como mecanismos alternativos de subsistencia frente a la realidad social, económica y política, a la que se enfrenta día a día esta población.

Como hemos visto anteriormente, la migración ha demostrado ser un fenómeno multicausal. Sin embargo, al momento de buscar respuestas y soluciones, nos encontramos ante grandes vacíos en cuanto a las estrategias implementadas por el Gobierno de Honduras, que se enfocan principalmente en establecer esquemas que restringen y reducen el flujo migratorio por medio de medidas represivas, en lugar de ofrecer soluciones viables para la población migrante.

En Honduras y otros países de América Central, los migrantes son en su mayoría hombres, pero es necesario reconocer la alta participación de las mujeres en el fenómeno migratorio. La Secretaría de Gobernación y Justicia de Honduras indica que las mujeres migrantes en su mayoría son jóvenes entre 20 y 40 años, solteras, cabezas de familias, que muchas veces huyen de la violencia doméstica y en su mayoría, realizan esta travesía teniendo algún tipo de responsabilidad familiar.

Las mujeres y los niños migrantes son los grupos más vulnerables al momento de encontrarse en una situación de movilidad, pero a pesar de los riesgos que implica la travesía, no parecen haber motivos para que se reduzca el número de hondureñas que deciden migrar hacia el norte, cuyo número se incrementa año con año. Asimismo, la Red Regional de Organizaciones Civiles para las Migraciones (RROCM) ha advertido su preocupación por el aumento de casos de abuso sexual y violaciones sexuales sufridas por mujeres y adolescentes migrantes irregulares, cometidas por particulares, bandas delictivas, traficantes de personas o empleados de instituciones gubernamentales, en los países de tránsito o destino.

Lo anterior se agrava por la falta de acceso a un procedimiento efectivo de denuncia y de vías para conseguir protección efectiva. Amnistía Internacional estima que 6 de cada 10 mujeres migrantes son abusadas sexualmente, pero son muchas las mujeres que viajan sabiendo que serán abusadas, ya que muchas de ellas consideran que es una cuota que deben pagar. O sea, saben que son víctimas, pero no se asumen como tal.

Ante la ausencia de un Estado que las resguarde, son las mismas mujeres migrantes quienes buscan facilitar el proceso a otras mujeres, articulando sus propias redes, que buscan apoyar a familiares, amigas, conocidas o referidas, para ayudarlas a llegar a su destino. Con base en la experiencia adquirida durante su desplazamiento, aconsejan, ayudan a conseguir un empleo, comparten su conocimiento para establecerse, indican que papelería deben llevar consigo y hasta aconsejan sobre cómo ir vestidas al momento de migrar, todo esto para garantizar la permanencia y estabilidad en el país de destino.

En otros casos, la decisión de migrar no necesariamente corresponde a un acto autónomo de las mujeres que enfrentan este desafío, sino se trata de un arreglo familiar. Son muchas las mujeres que por su condición de madres solteras o jefas de hogar, se ven obligadas a dejar a sus hijos al cuidado de familiares, vecinas o amigas en el país de origen, mientras ellas logran establecerse en el país de destino.

Aunque existen algunos actos de solidaridad entre migrantes centroamericanos, el mundo de la migración es un mundo de sálvese quien pueda. El camino para las migrantes es duro y los momentos paz y tranquilidad son escasos. Muchas de estas mujeres son reclutadas por sus mismas compatriotas para trabajar en prostíbulos, bajo la promesa de que mejorarán su vida y posteriormente tendrán trabajos dignos.

Son muchas las mujeres hondureñas que buscan desaparecer de su realidad y encontrar un nuevo inicio, nuevas oportunidades, una nueva vida: en palabras de Sami Nair y Juan Goytisolo “Emigrar es desaparecer para después renacer. Inmigrar es renacer para no desaparecer nunca más”.

Karen Valladares
/

Egresada de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras-UNAH, Consultora de AFSC LAC, Acreditada por FRONTLINE DEFENDER como defensora de los Derechos Humanos. Aprendiendo a desaprender constantemente.


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