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Escuché en persona a la mano derecha de Trump: así conquistan los racistas al público universitario

Vivir como latinoamericano en EEUU en el 2019 significa despertar cada mañana con incertidumbre al oír las voces del gabinete de Trump. A veces solo es ruido de fondo, pero la incertidumbre permanece. Y entre más cercana se oye esa cacofonía de voces, se intensifica la ansiedad y el miedo con el que se vive aquí. Pero esa cercanía también revela cómo su ultraconservadurismo es capaz de coquetearle a cualquiera.

Blogs Blogs Donald Trump P369
Esta es una opinión

Jeff Sessions en su entrada al auditorio.

Foto: Illinois Review

Hace unas semanas mi universidad ofreció un espacio para que nada menos que el racista, homófobo y xenófobo de Jeff Sessions, ex-Fiscal General de Estados Unidos, diera una charla. Venía a “explicarnos el verdadero significado de la agenda de Trump”. Vaya tema de discusión para Sessions, quien se esforzó por complacer a Trump al aplastar cualquier intento de alcanzar justicia en materia de migración, derechos civiles y justicia penal

Nunca había visto a alguien del gabinete de Trump en persona. Su presencia evocaba una repulsión inmediata. Me parecía irónico que el hombre que enjauló a cientos de migrantes centroamericanos, entre los cuales (con un tanto menos de suerte) pude haber estado yo, venía a explicarnos las verdaderas intenciones de Trump, en caso de cualquier malentendido o malinterpretación. Como si su odio y fascismo no hubiera quedado lo suficientemente claro. 

Antes de ser incómodo, preocupante o repugnante, el resultado de esas elecciones de noviembre 2016 fue inesperado. La polarización y manipulación de medios, redes y espacios sociales nos llevó a creer que nuestras burbujas eran representativas de la realidad. (Ojo, que una burbuja no es igual a un espacio seguro, que vela por la seguridad de grupos marginalizados.) Por eso nos costó creer que tanta gente había elegido a Trump. 

Y yo esa noche venía para conocer a aquellos que ven a gente como yo, inmigrantes centroamericanos, como una amenaza para su país, o incluso como un enemigo. Mi intención era, contando con que la universidad estaba asumiendo cierta obligación de proteger nuestros derechos en caso de algún riesgo, poder entender los motivos y reacciones de la gente que apoya o reproduce este tipo de ideas. Esta era una de las pocas oportunidades en las que yo me podría sentar cerca de simpatizantes de Trump sin correr un riesgo tan alto. 

La sala estaba llena, pero para mi sorpresa la mayoría no eran simpatizantes de Trump. Quizás ni siquiera la mitad eran republicanos. Pienso esto porque al inicio, la voz de Sessions ni siquiera se escuchaba por los abucheos. 

Sessions comenzaba a hablar de comercio y su amado proteccionismo. “China nos hace trampa todos los días”. El discurso de la Casa Blanca de todos los días. 

Nunca había estado en un evento parecido. Sus palabras iniciales no recibían mucho apoyo. Pero hacia el final de la charla el ambiente no era el mismo. Bastó con que Sessions aludiera al debate de la libertad de expresión en el campus universitario para ganarse a la mayoría del público. Al caracterizar las protestas en su contra como “estúpidas” o “basura”, Sessions ya se había echado al público en la bolsa. Yo sentía miedo. En especial cuando veía a amistades cercanas, bastante críticos de Trump y la ultraderecha, reírse con él. 

 

 

¿Cómo era posible que Jeff Sessions, el enjaulador de niños, había logrado conseguir el aplauso de toda esta gente tras llamar basura a las protestas que justamente lo criticaban? De la misma manera que Trump los consiguió en 2016. Así como Fox mantiene ocho de sus programas en el listado de los diez programas televisivos más vistos en EEUU. O como el Brexit ganó el referéndum. Apelando a las emociones sobre los hechos para disfrazar las falacias y falta de sustento en su discurso ultraconservador y fascista. Así había hecho creer a muchos en la sala esa noche, que la protesta le faltaba el respeto o hasta violentaba su derecho a la libertad de expresión, aún cuando habló por más de una hora sin interrupciones dentro del auditorio. Así se había ganado el apoyo de la sala esa noche, antagonizando y generando odio hacia activistas de grupos marginalizados. 

Quizás Sessions sonaba más convincente cuando se oía un “Fuck Jeff Sessions” en el fondo. Pero las relaciones de poder también pesan. Es decir, no es lo mismo que protestantes le griten “supremacista blanco, racista, homófobo”, e incluso “Fuck Jeff Sessions”, a que Sessions se refiriera a ellos como “basura” tal como sucedió.

El activismo desde las raíces de los oprimidos por el racismo institucional y la discriminación estructural en EEUU es una voz que se eleva en medida en que se le niegan y violan sus derechos y libertades. Me acordé de cuando la respetable periodista Marcela Turati me dijo que las voces de los oprimidos (por sistemas y estructuras políticos, sociales y económicos) tienden a ser tan marginalizadas que pareciera que hablaran desde el fondo del mar. Y estas voces se radicalizan, con justificación, cuando constantemente se les niega el espacio, la dignidad, la vida. 

Ahora bien, que Sessions, desde su privilegio blanco y exorbitante posición de poder político y social, los llame basura, siendo quien ha violado su dignidad y derechos humanos de una manera brutal, es una aberración. Es un insulto y, claramente, una manifestación de supremacismo blanco. 

Pero esta noche nadie parecía recordar o conocer el contexto de los hechos. Nadie parecía recordar el legado de Sessions: un sistema de justicia que había puesto las instituciones al servicio del racismo y del fascismo. 

 

Estudiantes protestan afuera de la sala donde habló Jeff Sessions.

Llegué a casa preocupado. No era necesario viajar a las comunidades más racistas o con mayor voto ultraconservador para conocer la cara del ultraconservadurismo. Su retórica le había funcionado a Sessions en una universidad de prestigio. Además de ser en Chicago, una ciudad azul

Por supuesto que es inevitable despertar todos los días temiendo a un Trump victorioso en el 2020. Lo que sí es evitable es conocer mejor nuestra historia y el contexto de nuestras 

decisiones políticas. Sólo así lograremos que no nos vendan odio por justicia. Aún cuando no gane un Trump en el 2020 o una Marine Le Pen en el 2022, ojalá que que no permitamos que una retórica de emociones y desinformación nos vuelva a arrebatar la dignidad y la verdad. Nunca más.

Rodrigo Castillo
/

Me muevo en el mundo estudiando política y antropología, corriendo, discutiendo y leyendo. Vine a Nómada para traerle paz al pedazo de mí que dejé en Centroamérica y al pedazo de Centroamérica que me llevé conmigo.


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    Mario Lopez /

    26/11/2019 1:13 PM

    Muy revelante la exposicion de como nos laban el cerebro y combierten una falsedad en verdad. Vamos atrasados pero hemos llegado a 1984. Estamos al borde de un abismo y al no estar conscientes de las jerigonzas que nos alimentan, caeremos en el. Y una vez en el fondo, no hay vuelta atrás.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Northwestern University /

    23/11/2019 11:14 AM

    Vos Rocho, el contexto es importante también!

    Querrás decir: “Hace unas semanas [la asociación de estudiantes republicanos de] mi universidad ofreció un espacio...

    (Esto te lo debieron haber enseñado en el curso de retórica de primer año.)

    ¡Ay no!

    1

    ¡Nítido!

    Victor lopez /

    22/11/2019 11:54 AM

    Bush, obama, la mafia clintoniana y todos los presidentes anteriores han sido nefastos para la region, TRUMP POR INCREIBLE QUE PAREZCA HA SIDO EL MENOS PEOR . seria bueno que escribiera de cada uno de los presidentes anteriores a trump , y les saque sus trapitos al sol... para que haya equilibrio en lo que escribe...

    ¡Ay no!

    5

    ¡Nítido!

      davide valentini /

      23/11/2019 8:21 AM

      En cosa seria mejor?Trump recibio Estados Unidos en buenas condiciones.Crisi del 2008 archivada empleo en claro crecimiento.Y al final que ha echo?Casi nada, que es exactamente lo que tenia que hacer.Ocupar el debate politico de pasiones nefastas para que todo quedara igual.Dejar la economia crecer con su cargos de inevitables daños a futuro.Por uno que tenia que ser anti-establishment realmente muy poco.

      ¡Ay no!

      ¡Nítido!



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