La biología del sexo: qué dice la ciencia sobre las mujeres y los hombres

¿Por qué utilizamos el sexo biológico para perpetuar las perspectivas machistas que nos hacen más daño de lo que nos ayudan a generar vínculos humanos? La ciencia explica cómo se forman los cuerpos pero no enseña que es aceptable o no.

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Esta es una opinión

Imagen: New Statesman

Como biólogo, con frecuencia he cuestionado la forma en la que las sociedades enfatizan las diferencias entre mujeres y hombres y se basan en el sexo biológico para justificar las normas de género que imponen. Gran parte de lo que asociamos con la construcción de la mujer y del hombre se ha reducido, históricamente, a sus órganos reproductores y otras características anatómicas y fisiológicas secundarias que se asocian con ellos. Pero en un contexto en que intenta utilizarse el argumento de forma reductiva – es decir, que se reduce la idea de hombre y mujer a lo que definen nuestras estructuras físicas – es importante comprender realmente qué dice la ciencia sobre el tema.

Muy temprano por la mañana, cuando aún no ha salido el sol, muchos de nosotros encendemos un interruptor que ilumina la habitación en la que estamos para comenzar con nuestro día. De la misma manera, y justo como un sistema eléctrico, los cuerpos tienen una serie de interruptores internos que iluminan cientos de “habitaciones” en nuestro interior.

Para la biología, estos interruptores internos son los genes. Y desde nuestro nacimiento, se encargan de encender y apagar distintos interruptores que permiten que nuestros cuerpos funcionen como deben, y generan instrucciones para que células similares adopten distinta apariencia y cumplan distinta función.

Los interruptores de los que hablaba se activan en distintos momentos del desarrollo del embrión durante el embarazo, por ejemplo, y desde el primer trimestre de la gestación, distintos genes expresan proteínas de forma tal que establecen diferenciación entre ovarios, en el caso que la persona cuente con dos cromosomas X, y testículos, en el caso que cuente con un cromosoma Y.

A partir del segundo trimestre de gestación, el cerebro del embrión recibe el influjo de distintas hormonas que forjan estructuras corporales mayormente asociadas a cuerpos femeninos y masculinos.

Un feto femenino normalmente secreta poca o ninguna testosterona, por lo que sus genitales externos permanecen femeninos – hay que aclarar que los testículos son ovarios modificados – y típicamente exhiben patrones, estructuras óseas y movimientos corporales asociados a lo femenino. Al momento en que los factores genéticos interactúan con el ambiente, puede alterarse la forma en que la información que contiene cada uno de ellos se expresa en el individuo en cuestión. A esto le llamamos epigenética, y es por esto que los cuerpos femeninos llegan a exhibir un mayor grado de empatía, fluidez verbal, velocidad perceptiva y memoria asociativa.

Típicamente, un feto masculino secreta testosterona, que modifica en el cuerpo el desarrollo de las estructuras genitales hasta que adopta en la forma de un falo y resulta en el descenso de los testículos al escroto. Estos cuerpos se identifican con rasgos más tradicionalmente asociados a lo masculino, incluyendo su estructura ósea y movimiento corporal, rango vocal, y habilidades visuales y espaciales.

Es importante aclarar que, aunque las diferencias sexuales son significativas, en tanto la población tiende a ocupar un espacio entre ambos extremos de un continuo, esto no implica que existan limitaciones generalizables sobre el potencial y la experiencia de un individuo específico. Es posible, por ejemplo, que existan discordancias, en tanto la diferenciación sexual de las gónadas ocurre en el primer trimestre y la del cerebro inicia en el segundo trimestre de la gestación y probablemente finaliza posteriormente al parto.

Mi propósito con esta explicación es dar a entender que nacemos con un conjunto de genes que se encargan de darle forma e instrucciones a nuestra corporalidad. Pero además de los componentes genéticos de nuestra identidad sexual y de género, es importante entender que es a través del ambiente y las condiciones culturales que aprendemos, imitamos y hasta imponemos las normas y roles de género que históricamente hemos asociado como íntimamente ligadas al sexo biológico. Tal como nos enseña la epigenética, nuestro entorno es una gran influencia sobre nuestros genes y juega un papel importante en determinar lo que se enciende o se apaga.

Nuestros cuerpos deben entenderse como un producto de una serie de combinaciones entre nuestros genes y el ambiente, que resultan en la creación de un diseño único. Pero como escribe el novelista Jeffrey Eugenides, “La biología te da un cerebro, pero la vida la convierte en una mente”. Y es importante entender que dentro de nuestras explicaciones sobre lo que constituye a un hombre o una mujer, la base biológica es tan sólo uno de los elementos. Y es que existe una capa, quizá más importante, de ideas y creencias sobre la base de las cuales atribuimos un valor cultural a esas diferencias innatas, inmutables e inocentes que nos distinguen a todos.

¿Por qué, entonces, estamos tan obsesionados con la idea reduccionista de que el valor del ser humano se encuentra en su sexo biológico? ¿Por qué utilizamos el sexo biológico para perpetuar las perspectivas machistas que nos hacen más daño de lo que nos ayudan a generar vínculos humanos? ¿Por qué a los hombres se nos enseña a rechazar y denigrar lo femenino cuando iniciamos nuestras vidas en el útero de la misma forma que lo hacen mujeres? Sobre estas preguntas, la ciencia no tiene respuestas, y debemos examinarlas críticamente para darles salida desde los principios éticos y morales: un punto de partida sería reconocer que la diferencia no es causa para denigrar y discriminar a nadie. La ciencia nos dice cómo los cuerpos se forman a partir de la interacción genética, celular y hormonal; la ciencia da una descripción de cómo son las cosas, más no nos dice qué debe ser considerado como lo normal, lo moral o lo aceptable.

Javier Ajú
/

Licenciado en Biología por la Universidad del Valle de Guatemala y Máster en Ciencia de la Universidad de Melbourne en Australia. Estudia la historia evolutiva y biogeografía de plantas tropicales usando fósiles, ADN y algoritmos matemáticos.


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    LORDOFTHENIGHT /

    30/08/2018 8:52 AM

    Donde estan l@s hermafroditas, la conjugacion genetica y las variables del transtorno mental, La verdad veo esto, mas como un discurso o ensayo oportunistas... En nuestro medio es un hecho el machismo social que se enquisto de cierta forma y en relación histórica al desarrollo de nuestra cultura o las culturas, existen avances en relación a temas de igualdad de genero (nuestra sociedad Falta muuuuuchooooo), pero hay que dejar claro que se ha construido sobre cimientos machistas por lo que la tarea no ha sido fácil, sumando a ello el tipo de sistema que nos da asco en alguna forma tacita y textual.... Soy Quimico Biologo y creo que habría mucha tela que cortar con respecto a este articulo, la biologia netamente nos da un contexto acerca de esas relaciones simbioticas o mutualistas, pero el eje de la sexualidad tiene un trasnfondo de mayor magnitud al encajarlo en torno a una biologia del sexo humano...
    no se si las personas que acá escriben forman parte de ese circulo de amistades de este "box Populy" y x ende se les otorga el derecho de pizo para sus apariciones jajajajjajja, buena onda, paz....

    ¡Ay no!

    2

    ¡Nítido!

    Hugo /

    30/08/2018 8:04 AM

    Me parece raro que este tema, que esta bastante bien argumentado, tenga tan pocos comentarios.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Hugo /

    30/08/2018 12:03 AM

    Muy interesante articulo
    Pregunta: “Por qué utilizamos el sexo biológico para perpetuar las perspectivas machistas que nos hacen más daño de lo que nos ayudan a generar vínculos humanos? ¿Por qué a los hombres se nos enseña a rechazar y denigrar lo femenino cuando iniciamos nuestras vidas en el útero de la misma forma que lo hacen mujeres?”
    Responde: “es importante entender que es a través del ambiente y las condiciones culturales que aprendemos, imitamos y hasta imponemos las normas y roles de género que históricamente hemos asociado como íntimamente ligadas al sexo biológico. Tal como nos enseña la epigenética, nuestro entorno es una gran influencia sobre nuestros genes y juega un papel importante en determinar lo que se enciende o se apaga.”
    Por eso es importante la familia, primer entorno social del individuo. Valores, ética, moral, dignidad, RESPETO, que conforman al final nuestra conducta social, se obtienen de la calidad de nuestras relaciones intra familiares

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Juan Carlos /

    29/08/2018 1:20 PM

    El problema es que es difícil encontrar quien de una definición "holística" del ser humano o de la sexualidad o del comportamiento o lo que sea que tenga que ver con la humanidad. Casi todo el mundo "usa" las ciencias (sociales, científicas, etc) para defender su punto de vista (generalmente con poca o nada honestidad ante la evidencia) justamente amparandose en que los datos en general son neutros, cada quien le brinda asigna un valor a los datos (habría que aceptar que en la gran mayoría de casos arbitrario) para justificar el estar a favor o en contra de tal definición o tal o cual postura al respecto de la humanidad. Y si a esto se agrega el gigantesco sesgo cognitivo que en general hay ante los hallazgos científicos (de la ciencia que sea), la mesa está servida para la argumentación falaz y los sofismas ¿Cuánt@s somos realmente críticos ante esto? ¿Por qué en general en lugar de comentar y comentar y opinar no se le brinda a las personas la evidencia directamente de dónde viene para que cada un@ en pleno uso de la libertad y sentido crítico formemos opinión? (pero mi opinión no la ovejez de la opinión inducida) Interesante punto de vista. Saludos.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!



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