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La Resistencia a los Antimicrobianos podría ser la siguiente crisis mundial

El título del artículo es alarmante, sí, pero es que tal es la preocupación de los gobernantes a nivel mundial y los organismos internacionales que este tema se llegó a abordar en la 71° Asamblea General de las Naciones Unidas, celebrada hace seis semanas en Nueva York, logrando una declaración política al respecto. Pocas veces un tema de salud pública suele incluirse en la agenda de esta reunión. Solamente el virus de ébola, el VIH y las enfermedades no transmisibles han causado semejante interés.

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La mayoría de los expertos en la materia consideran que esta situación no es para menos. De no tomar acciones concretas, se estima que a nivel mundial 10 millones de personas morirán en el 2050 debido a la Resistencia a los Antimicrobianos, solo un puesto por arriba de las 8 millones de muertes que se producirán por el cáncer ese mismo año.

La Resistencia a los Antimicrobianos es responsable de que los medicamentos empleados para tratar las infecciones causadas por bacterias, virus, hongos y algunos parásitos dejen de funcionar. Esta resistencia es una respuesta adaptativa de estos microorganismos y ocurre cuando estos modifican sus genes después de ser expuestos a estos fármacos.

Si bien el desarrollo y propagación de esta resistencia se puede evitar con el buen uso de los medicamentos, todo lo contrario ocurre cuando los fármacos son prescritos y utilizados de forma incorrecta. El mal uso de los antibióticos es la principal causa del aumento de la Resistencia a los Antimicrobianos, aunque esta situación también incluye a los antivirales, los antiparasitarios y los antifúngicos.

El riesgo de que estos medicamentos se vuelan obsoletos debido a la Resistencia a los Antimicrobianos no es una situación lejana. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha reportado que en varios países se presentan casos de resistencia para tratar tuberculosis, malaria, VIH, gripe, gonorrea, y varias infecciones por las conocidas súper bacterias en instalaciones hospitalarias.

Las cifras sobre el mal uso de los medicamentos son alarmantes. Estimaciones de la OMS indican que a nivel mundial solo el 50% de los antibióticos fueron usados correctamente. Como ejemplo de esta situación se puede mencionar cuando un paciente no completa un tratamiento con algún antibiótico.

También se está haciendo mal uso de los medicamentos cuando un médico prescribe antibióticos para infecciones virales o cuando se emplean antibióticos de amplio espectro para infecciones bacterianas comunes, las cuales pueden ser tratadas con antibióticos de primera línea. Un ejemplo es el estudio hecho por el CDC de los Estados Unidos de Norteamérica, que muestra como cada año un total de 50 millones (un tercio) de prescripciones para antibióticos son hechas innecesariamente en ese país.

La Resistencia a los Antimicrobianos no solo preocupa a la OMS por sus implicaciones en la salud humana. La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y Agricultura (FAO) y la Organización Mundial de Sanidad Animal (OIE) también han aprobado estrategias para evitar el uso excesivo de los antibióticos, principalmente en la explotación ganadera, porcina, avícola y la piscifactoría.

Según la FAO, se estima que entre 60 mil y 240 mil toneladas de antibióticos son empleadas por la agroindustria a nivel mundial cada año, una cifra que aumentará en un 67% para el año 2030 debido al incremento de la demanda de productos cárnicos.

El uso inadecuado de los antibióticos en la agroindustria, no solo favorece la propagación de la Resistencia a los Antimicrobianos y nos expone directamente a alimentos contaminados con bacterias súper resistentes, sino que también afecta indirectamente nuestro hábitat. La FAO ha publicado datos que muestra que entre 70 y 90 % de los antibióticos empleados en este sector son vertidos al sistema de agua residuales, contaminando gravemente las fuentes de agua en el medio ambiente.

Para hacer frente a este problema, la OMS cuenta con un plan de acción mundial para mitigar la Resistencia a los Antimicrobianos. Dicho documento fue aprobado por los ministros de salud a nivel mundial en el 2015, durante la 68° Asamblea Mundial de la Salud en Ginebra, Suiza. Este es el resultado de varios años de negociaciones entre países miembros de las Naciones Unidas, así como diversos comités de expertos y la propia OMS.

Este plan de acción tiene una visión holística. No solo incluye medidas enfocadas en el concepto One Health, el cual integra la salud humana, la salud animal y el medio ambiente, sino que también va más allá y hace énfasis en el fomento de inversiones en investigación para la creación de nuevos medicamentos, vacunas y equipos de diagnóstico.

La aprobación de esta estrategia representa un logro por parte de las autoridades de salud a nivel mundial. Sin embargo, para que inicie un proceso de implementación de dicho plan, es necesario el apoyo y compromiso político de las autoridades.

En este sentido ha habido un consenso a nivel mundial, donde los gobernantes no solo han comprendido que la Resistencia a los Antimicrobianos puede tener un potencial pandémico incluso mayor que las enfermedades infecciosas, sino que también son conscientes que de no intervenir la economía mundial se verá seriamente afectada.

El Banco Mundial ha elaborado un informe enfocado en países de renta baja y media, donde consideran que el costo económico de la Resistencia a los Antimicrobianos podría ser tan grave como el de la reciente crisis financiera. Dicho informe analiza las implicaciones negativas en el producto interno bruto, el comercio mundial, el coste de los servicios médicos, los niveles de pobreza y la producción ganadera.

El apoyo político no solo se ve reflejado en la última Asamblea de las Naciones Unidas, los poderosos G-7 y G-20 han incluido la Resistencia a los Antimicrobianos en la agenda de sus últimas cumbres, y todo parece ser que en un futuro este tema será relevante en los compromisos que ahí se logren.

Sin lugar a dudas, el gran desafío ahora será la implementación de las acciones contra la Resistencia a los Antimicrobianos en cada país, tomando en cuenta sus propias necesidades y contexto socioeconómico. Para el éxito y consolidación de estas acciones técnicas se requerirá de habilidosas negociaciones y un dialogo constante con los sectores involucrados. La evidencia científica sobre las implicaciones en la salud, la economía y el medio ambiente debe lograr compromisos dirigidos a controlar y vigilar las infecciones resistentes a los antibióticos, así como a reducir el uso inadecuado de estos medicamentos y fortalecer la comunicación con la sociedad. Muchas de estas estrategias tendrán sinergias con planes nacionales y regionales ya en marcha, o incluso con compromisos globales como los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

Byron Calgua
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Microbiólogo que ha pasado largas horas trabajando con patógenos emergentes en un laboratorio y ahora está involucrado en soluciones globales para la salud. Entiende que la salud es una cuestión de derechos humanos; que la salud y la política se necesitan; que la salud estabiliza la economía; que la salud y el medio ambiente van de la mano; y que la diplomacia en salud puede salvar vidas.


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