Los cuadros sin costumbres de Julio Serrano

Cuadros sin costumbre es el último libro del escritor guatemalteco Julio Serrano Echeverría, un diario plagado de anécdotas en las que la estética juega al duelo western, tratando de batirse a muerte con el entendimiento de una o varias realidades que existen fragmentadas, desperdigadas por el mundo buscando aquel lugar en el que puedan hacer eco infinitamente para no morir en el susurro del olvido.

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Esta es una opinión

Las manos de Julio Serrano y su libro.

Foto: Selene Mejía / Soy502.com

El libro de la editorial Metáfora acuña historias salvajes y románticas, reuniendo a sus protagonistas que sin saberlo, transgreden los espacios cotidianos y se elevan hacia un nivel metafísico en el cual son parte del valor inusitado y casi imperceptible de la normalidad, dejando para siempre la marca inconfundible de la tristeza y la nostalgia de algo que a pesar estar tan cerca, nos parece por demás lejano.

Bus es el primer capítulo del libro. Un desfile de personajes aislados en esa atemporalidad ajena, envueltos en la burbuja de clase y condición que los separa de todo y de todos, pero que extrañamente vemos repetidos como estampas coleccionables de un álbum de violencia, de nostalgia, de felicidad; una colección de clichés que conocemos de memoria porque los vemos todos los días que abordamos la precariedad de una bestia que nos traga y nos vomita, sin siquiera darnos el tiempo justo para poder despedirnos de ella.

la vida del payasito, del vende dulces,
del pastor, cortocircuitada la mirada de la chava que te
sonríe, de la viejita a tu lado, cortocircuito ceder tu lugar
a la joven madre que lleva a su hijo, cortocircuito hacerlo
de inmediato, tres minutos después, cortocircuito no
hacerlo. Quizás ese mismo sea el problema, demasiada
vida tiene el animal, demasiado corazón apretujado en
esta inmensa bestia de hojalata. –

Es como si de alguna manera, en todos los demás transportes colectivos existieran universos de espejos sucios y distorsionados, que repiten en hastío e indiferencia las ganas de asestarle un puñetazo al ayudante, de insultar al chofer, de querer bajarse ante el miedo de sentirse acosado por el roce innecesario (tan necesario para existir en Guatemala) de un cuerpo extraño y sudoroso.

Sin embargo, no todo se traduce en el lenguaje de la violencia, el libro guarda escenas desgarradoras, que fracturan con el alma y la mente con implacable congoja, pero que al mismo tiempo sustentan el deseo de buscar en las esquinas, esas pequeñas hermosuras que suceden en lo inesperado y lo grotesco. Algo así como encontrarle lo poético a un suicidio causado por el desamor. (Y bueno, tal vez eso también sea un tipo de violencia.)

 

Foto: Selene Mejía/Soy502.com

Probablemente de los relatos indispensables por leer en este libro sea el de universidad-proyectos, un mapa borgiano que describe el alfa y el omega de ese universo tan complejo que es el autobús; un universo que se alimenta de historias y de voces que hacen eco, mientras se adhieren a los metales oxidados de la bestia titánica y agonizante que tose, tiembla y se retuerce para entregarnos salvos (aunque no completos) a nuestro destino.

­un bus es como arrancar el pedazo a la ciudad, desprender el asfalto en medio de una manifestación o casi […] subirse a un bus es entrar a un extraño universo, están llenos de vida, llenos de historias y de voces, con su ética, su política y su estética”.

Bus termina con una bella transcripción de una conversación que sucede en dos espacios, el real y el digital; una historia plagada de culpa y de guerra, algo que nos atraviesa a todos, pero que imagino, estamos tan absortos por la celeridad, sumidos en esos monstruos dantescos de nuestra mente para poder percatarnos que nos abrazan en la soledad de nuestros asientos.

Taxi es el segundo capítulo del libro. Cuatro historias que guardan las conversaciones de aquellos seres míticos con la capacidad de ver hacia el futuro y el pasado en una carrera; sin titubear la historias se diluyen con la adecuada violencia y el justo abatimiento para que se desprendan los suspiros y las ansias de nuestros pulmones.

Una sola frase que nos lleva al delirio filosófico, los flashazos de una casi muerte que ahora es una cicatriz que no dejan dormir al desgraciado Carontetaxista, recuerdos que se convierten en una segunda muerte en la reflexión paradójica de su hermosura, y una serie de historias exprés que bien podrían ser sacadas del universo tarantinesco, son lo que componen la bizarra y emocionante aventura de este capítulo. Lo único que restaría por decir de estas historias es: ¿Cuánto para la avenida Reforma?

Seguido por el capítulo llamado Barrio, un capítulo que guarda la relación alquímica de un ser y su realidad; el choque de la violencia y la belleza, fulminadas por ese dejo melancólico de la sorda indiferencia.

Sería pretencioso tratar de describir la estupefacción que dejan estos fragmentos de vidas que se narran de un tirón, siendo el interlocutor, aquella soledad desdibujada en los recuerdos que suceden en alguna lejanía, guardados justo debajo de ese nudo en la garganta que no se logra desatar ni con los brazos poderosos del llanto bucólico.

Esta serie de textos son la narrativa intrincada de una vida que ya no conoce el remordimiento; una redención que no merece ser celebrada, porque el silencio es su único testigo.

Soy un poco también el silencio de los que no supieron nombrar a sus creadores, mi voz -espantada como pájaro y disparo, mi voz ahogada tiene por madre aquel silencio. –

Son seres como Julio Serrano aquellos que logran encontrar la relación entre esas historias inconexas y paralelas, que existen en la vacuidad de una sociedad que se destruye en violentos arrebatos de egoísmo, son libros como este los que logran construir puentes amasados en la estética y la retórica, dándole belleza a esas cotidianidades que nos rodean en formas de estereotipos y contradicciones.

Calle es tal vez el capítulo que logra magistralmente esto; letras que revelan hechos fantásticos y míticos que realmente no tienen ni una pizca de extraordinario. Historias tan normales que transgreden la indolencia y a se impregnan en los sentidos de aquellos que se atreven a observar.

Tal vez sea eso el gran logro de estas historias; el abrazar las circunstancias somáticas y culturales, para luego desenmarañar las dimensiones sociológicas y reducir a sus personajes a lo más simple de su condición guatemalteca, recordándonos con enrevesada ironía, que son en esos espacios arbitrarios, donde más libres y humanos podemos llegar a ser.

 

* El libro de la editorial Metáfora está disponible en la librería Casa del Libro, en Casa Cervantes. 

Jenner Santos
/

Periodista cultural y antropólogo que vive atormentado porque Selena murió el día de su cumpleaños. Cree que los paches son mejor que los tamales.


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