No basta con emitir un comunicado de alerta por el sarampión

La velocidad con que se propaga la información a través de los medios digitales hizo que el caso de sarampión confirmado en Guatemala fuera de conocimiento mundial tan solo unos minutos después del comunicado oficial del Ministerio de Salud el 20 de enero.

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Esta es una opinión

Foto: DW/Ministerio de Salud Pública

Esta enfermedad, prevenible gracias a los programas de vacunación (inmunizar a un niño cuesta menos de Q8), ha adquirido gran interés porque en Europa ha causado un aumento en el número de casos. En tan solo nueve meses del año 2017 murieron el doble de niños por sarampión que todo 2016 y las proyecciones van hacia el alza en 2018.

En la actualidad, los países del viejo continente con más casos reportados son, en su orden, Rumania, Italia, Bulgaria, Alemania, Portugal, Francia y Suecia. Este desmedido aumento en el número de pacientes infectados guarda relación directa con la disminución en el número de niños vacunados. La razón: “los reportes que han demostrado la posible conexión entre la vacunación y el autismo”.

Esto fue refrendado por la revista médica-científica “Lancet” en 1998 cuando publicó la investigación de AJ Wakefield. La misma revista se retractó en 2004, además, un estudio a gran escala en Dinamarca (2002) y la revista “Vaccine” (2014), que examinaron más de un millón y medio niños, descartaron cualquier relación entre la vacunación y el autismo.

Sin embargo, los estudios que aseguraban que sí existía riesgo de autismo hicieron estragos e inclusive uno de cada cuatro niños no fue vacunado, esto sumado al 1.8% de niños que no recibieron inmunización por razones religiosas o filosóficas en Estados Unidos y Europa. A lo anterior se unieron viejos mitos como el uso de agentes tóxicos en la vacuna, las campañas de “Yo decido no vacunar a mi niño”, el miedo a efectos secundarios o la conspiración de grandes multinacionales acerca de las enfermedades infecto-transmisibles.

Hoy se puede afirmar que hasta nueve de cada 10 personas, por lo menos en Europa, que fueron diagnosticados con sarampión, no fueron vacunados según los esquemas. La Organización Mundial de la Salud (OMS) fijó la meta de erradicar el sarampión en por lo menos cinco regiones del mundo para el año 2020. De hecho, la región de las Américas donde se incluye a Guatemala fue la primera en erradicar oficialmente la enfermedad. Lo anterior ha recibido un gran revés con los repuntes a nivel mundial de la enfermedad.

Los programas de vacunación han demostrado ampliamente su impacto en la salud mundial. Se ha confirmado que la erradicación de algunas enfermedades, inclusive el sarampión en varios países, salva la vida de al menos ocho millones de personas al año. Se redujo la cantidad de nuevos contagios y/o muertes a causa de sarampión a nivel mundial hasta un 85 por ciento, y el ahorro en los costos en el tratamiento de pacientes fueron de gran beneficio para los gobiernos de los países que implementaron esquemas de vacunación. El objetivo de la OMS es que la cobertura de vacunación alcance el 95 por ciento de niños en cada país.

Sin alcanzar la meta

El sarampión es un virus altamente contagioso, se propaga a través de la tos y los estornudos, y puede vivir hasta dos horas en la superficie o en el aire donde la persona infectada tosió o estornudo, es decir, no se necesita estar en contacto directo con una persona infectada para adquirir la enfermedad.

Sus síntomas clásicos son fiebre alta, tos y/o moqueo, ojos enrojecidos, puntitos blancos dentro de la boca (manchas de Koplik) y un característico sarpullido. Los niños menores de cinco años y las personas mayores de 20 años corren más riesgo de padecer complicaciones o presentaciones graves de la enfermedad.

La mejor forma de prevenir la enfermedad es la vacuna contra el sarampión, las paperas y la rubeola (SPR o triple viral) que ofrece una protección duradera después de recibir dos dosis. En Guatemala se administra a los 12 y 18 meses de vida de forma usual.

Con todos los anteriores datos, llama la atención el regreso del sarampión a Guatemala y la forma en que se hace público el único caso confirmado después de la posible estadía del paciente en Alemania. Es deber del Ministerio de Salud informar este tipo de hechos, pero debe hacerse con responsabilidad con el cuidado de no crear pánico en la población y sobre todo que la información sea útil y completa.

Posterior al primer comunicado donde la cartera de Salud confirmó el caso, el cual fue replicado por miles de personas en sus medios sociales, se publicaron posteriores comunicados de las medidas a tomar por la población y los posibles síntomas de la enfermedad, pero estas publicaciones ya no tuvieron el mismo impacto.

Y aunque los representantes del ministerio de Salud hacen de conocimiento general las acciones inmediatas, no se dan a conocer datos importantes como el alcance de la vacunación en el país contra el sarampión que llego a tan solo un 63.2 por ciento en 2014-2015, según el PNUD, esto lejos de la meta de la OMS que es el 95 por ciento.

Si a eso le agregamos que la desnutrición crónica alcanza el 43.4 por ciento de niños guatemaltecos, según UNICEF, siendo este grupo uno de los más vulnerables, entonces la información no se trasladó completa.

El gobierno debe evitar que el sarampión se convierta en un nuevo problema de salud para Guatemala.

 

 

Kenneth Wilde González Cedillo
/

Médico y Cirujano egresado de la Universidad de San Carlos de Guatemala y el Instituto Karolinska en Estocolmo, Suecia. Profesor de la Facultad de Medicina de la USAC por seis años y actualmente médico de atención primaria en la región de Västmanland, Suecia.


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    Lissette Minera /

    29/01/2018 11:57 PM

    El análisis del Dr González es una alerta certera para las autoridades del Ministerio de Salud, quienes deben registrar y reportar adecuadamente resultados de la campaña de vacunación por el repunte del sarampión cuando ya se había erradicado. Como el Dr. señala, es un revés a los avances logrados en años anteriores. Especialmente, el Ministerio debe hacer su mejor esfuerzo por invertir más recursos de su escaso presupuesto en estrategias de prevención, porque significa un impacto positivo en la reducción de costos en el tratamiento de enfermedades, más aún si son prevenibles!

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!



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