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¿Por qué hay tantos partidos políticos en Guatemala?

La data sugiere que los guatemaltecos no somos partidarios, pero si muy ideologizados. Como resultado, se vota por el candidato y no por el partido.

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Esta es una opinión

Foto: Prensa Libre

En 1984, se adopta en Guatemala una nueva Constitución política, marcando así el inicio de elecciones libres y abiertas en el país. Si bien el fortalecimiento de las instituciones políticas en el país ha mostrado poco progreso en la rendición de cuentas y la transparencia durante esta nueva época democrática (recordemos que 4 de los 6 últimos presidentes han sido acusados ​​o condenados en casos de corrupción de alto perfil), en la Guatemala después de los Acuerdos de Paz surgió un sistema multipartidista altamente dinámico. 

Una tendencia particular parece haberse consolidado en este proceso de alternancia en el poder ejecutivo. Después de más de treinta y cinco años de vida democrática, ningún partido ha podido evitar un giro hacia la irrelevancia electoral o la desaparición absoluta del universo partidista del país.

Desde la elección de un presidente civil en 1985, 73 partidos políticos más innumerables comités cívicos han presentado candidatos para postularse para un cargo público. Entre estos casos se encuentran partidos que resultaron electos pero que desaparecieron del mapa político poco después de terminar sus mandatos.

Éstos incluyen las organizaciones políticas que sirvieron de plataforma a los tres de los últimos cinco presidentes: el Frente Republicano Guatemalteco (FRG) y Alfonso Portillo, la Gran Alianza Nacional (GANA) y Óscar Berger, y el Partido Patriota (PP) y Otto Pérez Molina. Por ahora no agregamos a la lista a FCN-Nación, cuya cancelación falta por ser resuelta en el Tribunal Supremo Electoral (TSE). 

¿Por qué los partidos políticos en Guatemala desaparecen del mapa político con tanta frecuencia?

La data sugiere que el comportamiento electoral de los guatemaltecos está vinculado a la desaparición de partidos políticos. Utilizando una serie de encuestas realizadas por el Proyecto de Opinión Pública de América Latina (LAPOP) entre 2004 y 2017, he encontrado una serie de hallazgos notables que caracterizan cualitativamente al electorado guatemalteco.

Lo resumo en tres puntos. 

1. La gran mayoría de guatemaltecos (78.2%) somos muy proclives a situarnos en la escala ideológica.

 

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Fuente: Autor con encuestas LAPOP (2004-2017)

La forma en que LAPOP cuantifica este indicador es mediante la escala ideológica, en donde 1 y 10 representan una izquierda y derecha radical, respectivamente. De los casi diez mil casos tabulados a lo largo de las siete encuestas, 78.2% de los encuestados pueden colocarse en la escala ideológica. La Gráfica 1 nos demuestra cómo se identifican en la escala ese 78.2% de guatemaltecos. Aunque menos de una cuarta parte del total, la mayor parte de los guatemaltecos se sitúan en el centro. Eso sí, son más los guatemaltecos que se identifican en la mitad conservadora de la escala (44.7% entre 6 y 10) que en la parte liberal-progresista (32.2% entre 1 y 5). 

 

2. Los guatemaltecos no nos sentimos representados por partidos políticos.

De los más de ocho mil casos tabulados por LAPOP en sus siete iteraciones entre 2004 y 2017, sólo un 12% de los guatemaltecos encuestados dijeron sentirse representados por partidos políticos. Al comparar la data sobre ideología (azul) con los resultados de partidismo (naranja), la diferencia es abismal.

 

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Mientras que la identificación ideológica ha sido constante en todas las encuestas, llegando a aumentar significativamente en la encuesta de 2017, el partidismo ha ido disminuyendo. 

3. Los guatemaltecos somos escépticos frente a los partidos políticos, pero no creemos que la democracia puede existir sin ellos. 

Los politólogos afirman que los partidos políticos son indispensables para el funcionamiento de un sistema político democrático ya que refrenan al funcionario electo, dan voz a la oposición, y desarrollan una cultura de competencia política.

Pero, ¿podrían existir democracias sin partidos?

LAPOP planteó esta pregunta a sus encuestados en Guatemala entre 2006 y 2012, produciendo resultados que se prestan a la interpretación.

La Gráfica 4 muestra cómo la incertidumbre de los encuestados guatemaltecos frente a la necesidad de los partidos en una democracia.

 

 

Los partidos políticos siguen siendo la mejor organización a la que los votantes pueden acudir para organizarse e influenciar las políticas públicas. Sin embargo, Guatemala parece carecer de la capacidad institucional para operar de manera partidaria como sus vecinos regionales. Los clivajes partidarios son características sobresalientes de Honduras y El Salvador, donde los votantes son fieles al partido de su elección.  

Un electorado altamente ideológico se manifiesta en el voto personalista: se vota por el candidato, no por el partido.

Y en esa decisión se pierde el sentido de una democracia funcional, con aspiraciones de largo plazo basadas en la creación de agendas de desarrollo integral intergeneracional. El diseño legal-racional de la política partidaria—léase la Ley de Partidos Políticos—permite la proliferación de organizaciones que carecen de mecanismos de regularización interna para producir un sistema de partidos estable e institucionalizado. 

Los partidos políticos que se consideran institucionalizados se adaptan y resisten los cambios de régimen: son complejos desde el punto de vista organizativo, lo que significa que poseen varias subunidades a lo largo del territorio donde operan. Además, los partidos son autónomos, o pueden diferenciarse de otras agrupaciones sociales, incluidos los partidos rivales.

Finalmente, los partidos institucionales son coherentes, no sólo al tener miembros que comparten una mentalidad similar e impulsan una agenda política en común, sino que también funcionan con mecanismos establecidos para resolver disputas intra-partidaria y entre partidos.

El resultado es que, en Guatemala, gracias a un sistema de partidos políticos institucionalmente inestable, tenemos una gobernanza que sigue siendo patrimonial, con cámaras de gobierno pobladas por elites socioeconómicas y políticos tradicionales, huérfanos de cohesión ideológica aún dentro de los mismos partidos.

En la política guatemalteca existe la demanda—un electorado ideológico—, pero carece la oferta—partidos que se acoplen a las peculiaridades y creencias del elector—. 

Vaclav Masek
/

M.A. Candidate at the Center for Latin American and Caribbean Studies (CLACS) / TA for Prof. Jorge Castañeda


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