¿Por qué necesitamos educación integral en sexualidad?

En mi colegio, el no ser virgen era algo raro e impensable, pues al estar en un ambiente conservador y religioso eran pocas las personas que eran sexualmente activas o que admitían serlo. En cambio, en la universidad, veían el que alguien fuera virgen como algo casi imposible.

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Esta es una opinión

Foto: http://otrasvoceseneducacion.org

Tengo 18 años y hasta hace unos meses mi conocimiento en educación integral en sexualidad (EIS) era muy limitado. Estudié en colegios católicos desde la preprimaria hasta graduarme de bachiller y crecí en una familia conservadora católica. En el colegio me enseñaron algunos aspectos de educación integral en sexualidad: el método de ovulación Billings y, en el caso del cuerpo humano, en biología, me enseñaron los órganos sexuales y las fases del ciclo menstrual de la mujer. Honestamente no presté mucha atención y olvidé casi todo tras ganar el examen en el que lo evaluaron, no me sentía cómoda hablando de sexualidad en un ambiente en el que no podía expresarme libremente o dar mi opinión sin miedo a que mis compañeras y maestras me juzgarán o incluso meterme en problemas por mencionar temas “en contra de la moral o la religión”.

En mi hogar, en algún momento, mi mamá intentó hablarnos a mi hermana y a mí del tema pero, por alguna razón, nos parecía raro e incómodo hablarlo con ella, entonces cambiábamos el tema o le decíamos que no queríamos saber de esas cosas. Durante estos meses de aprendizaje me di cuenta de que la razón por la cual no quería hablar de eso con mis papás era que toda la vida, en distintos lugares, diferentes personas me habían hecho sentir que la sexualidad era un tema del que no se hablaba, que hablar de cualquier tema relacionado a las relaciones sexuales era algo sucio o imprudente. Tuve suerte que a pesar de ello busqué por mi cuenta respuestas a mis dudas, aprendí que la sexualidad no es tabú, al contrario, creo que ahora hablo acerca del tema muy abiertamente, a veces demasiado para el gusto de algunas personas. Yo tuve suerte, porque por iniciativa propia investigué del tema, pero como no es algo “normal” de hablar, son pocas personas las que hacen esto. La falta o mala EIS, tiene serias consecuencias, como los embarazos no planificados, poco o ningún conocimiento de derechos sexuales y reproductivos, enfermedades venéreas, entre otras. En la sociedad guatemalteca estas consecuencias se reflejan en la alarmante cantidad de embarazos adolescentes, de acuerdo al Observatorio de Salud Sexual y Reproductiva (OSAR) entre enero y junio del 2018 se han registrado 51110 embarazos en niñas y adolescentes entre 10 y 19 años (Es importante recordar las innumerables consecuencias que estos embarazos tienen en la vida de las niñas y sus bebés), el poco acceso a servicios e información de salud sexual y reproductiva y la alta cantidad de abuso sexual también son una consecuencia de la mala EIS de nuestro país y  tener el tema como algo tabú.

A pesar de haber crecido en un ambiente conservador y compartir algunos de esos valores, también tenía muchas ideas que no compartía con mi familia ni con mi colegio. Entre estos temas está la manera en que ellos abordaban la Educación Integral en Sexualidad o EIS. Yo no estoy de acuerdo con su creencia que hablar de planificación familiar y relaciones sexuales insta al libertinaje. Para mí es la base necesaria para tener relaciones interpersonales adecuadas y una vida sexual sana.

Cuando salí del colegio y entre a la universidad me di cuenta de que yo realmente había vivido en una burbuja. En mi colegio, el no ser virgen era algo raro e impensable, pues al estar en un ambiente conservador y religioso eran pocas las personas que eran sexualmente activas o que admitían serlo. En cambio, en la universidad, veían el que alguien fuera virgen como algo casi imposible. Estos eran dos grupos de personas muy diferentes, pero había algo que sí tenían en común y eso era la falta de educación integral en sexualidad. Muchos que ya eran sexualmente activos no conocían la importancia de conocer el ciclo menstrual ni la importancia de usar condón aunque la mujer utilice otro método para evitar embarazarse. Tampoco conocían la importancia del consentimiento, que es acceder de manera consciente y sin presión a tener algún tipo de relación sexual, esto es algo básico y de extrema importancia para que haya respeto en las relaciones sexuales y que estas sean algo bueno y correcto, no un delito.

Tomar conciencia de esto fue lo que más me ayudó a decidir que quería llevar a cabo un proyecto de EIS, y enfocarlo en un sector  de jóvenes más conservador, pues considero que mi propia experiencia me ayuda a saber de qué temas se sabe más, de cuáles se sabe menos y cómo abordar ciertos temas. Para hacer esto tuve que prepararme para crítica constructiva, incomodidad por parte de las otras personas y evitar ciertos temas, como el aborto, lo cual impidió que fuera una EIS completa. Con algunas personas si fue imposible abordar temas tan simples como el condón y pastillas anticonceptivas, pues decían que estaban en contra ellos debido a sus principios religiosos. Lo que consideró que fue clave para llevar a cabo esta actividad de la manera más aceptada y efectiva para con los participantes fue explicar que con la EIS yo no buscaba imponerles nada, que después de cada taller no tenían que cambiar su vida sexual si no querían, que lo que yo les enseñaba era para que conocieran mejor su cuerpo, sus opciones, derechos y dejarán atrás el tabú de la sexualidad y términos como “pipi” o “Va-yay-yay”. Con el fin de que realmente vivieran una sexualidad libre.

Investigué acerca de los principales temas de educación integral en sexualidad, y decidí enfocarme en: su importancia, los factores que la conforman, mitos acerca de la EIS y las relaciones sexuales, anatomía sexual, el ciclo menstrual, productos para la menstruación, el embarazo, métodos de planificación familiar, infecciones de transmisión sexual, consentimiento y cultura de violación y, por último, la igualdad de género. Para aprender acerca de todo esto investigue durante mes y medio para poder preparar el proyecto.

Siempre estuve consciente de que en Guatemala había mucho abuso sexual y que debido al fuerte machismo, que está presente en muchos aspectos de nuestra sociedad, la violencia sexual se ha llegado a normalizar. En la mayoría de casos se considera que si la víctima fue una mujer, ella lo provocó o no fue lo suficientemente cuidadosa. Si quien fue violado fue un hombre, se cree que eso no fue realmente una violación porque es “imposible” violar a un hombre. Se criminaliza a la víctima en lugar de al violador o se le dice que lo que le pasó no es algo malo. Sabía bastante acerca de la cultura de violación, pero ver cifras de casos reportados en relación con el número de violaciones que hay en realidad, la cantidad de abuso sexual infantil en el país y la falta de ayuda a víctimas y falta de justicia me impactaron altamente. Según la reportera Claudia Palma (2016) uno de cada 8 casos se reportan, desconfían del sistema penal guatemalteco, o ni siquiera saben que lo que les hicieron es un delito. Aún peor ni siquiera ese 12.5% de víctimas logra obtener justicia, pues en muchos de los casos reportados no se lleva a cabo el debido proceso ni se encarcela al violador.

Ver los altos números de violaciones, tras haber estudiado acerca del consentimiento en las relaciones sexuales, me hizo ver la importancia de hablar sobre éste, sin ningún tipo de presión externa. Solo sí significa sí. Que haya personas que no comprendan esto debería de ser motivo de vergüenza para nuestra sociedad. En nuestra cultura se nos enseña a las mujeres a ser “prudentes”, no usar ropa reveladora o hacer algo que pueda “provocar” a los hombres, hacen esto en lugar de enseñarle a los hombres algo muy simple, el respeto a las mujeres, ¿por que las mujeres se deben de limitar en su forma de actuar o de vestir porque el hombre es “incapaz” controlarse? ¿Por qué nuestra sociedad le da excusas al hombre de actuar, literalmente, como un animal irracional y luego culpa a la mujer de ello? Para mí, esto es algo ridículo e incluso denigrante para el hombre, pues lo rebaja a nivel de animal, un ser que se guía solo por instintos y que coge porque quiere coger, sin importar lo que la otra persona desea. Reducirnos a objetos sexuales y a animales nos limita en nuestra vida, no nos permite una vida libre y plena, con relaciones interpersonales sanas y respetuosas, ni permite vivir nuestra sexualidad de manera adecuada y responsable.

Este es un tema que me importa mucho, pues corrompe la imagen de la mujer y del hombre. Permite pasar por encima de la mujer, ignorar sus deseos y tomarla a la fuerza como si fuera una cosa. A mí como mujer no me permite vivir una vida libre y plena sin sufrir algún tipo de violencia sexual, limita mi persona a como me veo y como visto. Es por esto que he decidido hablar de este tema, tomarme el tiempo de buscar evidencias, para mostrar que la violencia sexual está altamente presente en nuestra sociedad y que es algo que nos destruye como personas.

La EIS no nos enseña solo sexo, nos enseña del amor propio, respetarnos, cuidar nuestro cuerpo, dejar atrás mitos e ideas machistas y mejorar el autoestima de los jóvenes. Considero que todas estas enseñanzas que menciona deberían de ser importancia para todos los centros educativos, pues prepara y empodera a los jóvenes, en lugar de hacerlos sentir culpables y exponerlos al peligro de una vida sexual llena de riesgos y una sexualidad limitada.

 

Olga Colom
/

Orgullosamente guatemalteca, estudiante de Derecho y feminista. En busca de mi voz y de una Guate mejor.


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    Víctor López /

    28/09/2018 9:55 PM

    Más de lo mismo: feminismo en su versión 4.0 . Le recomiendo a doña Olga que lea el libro EL VARÓN DOMADO DE ESTER VILAR ese libro lo amamos los varones heteresexuales.

    ¡Ay no!

    1

    ¡Nítido!



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