Un nuevo muro no cambia nada

Para Trump, el muro es una promesa de campaña, pero finalmente es un muro que siempre ha estado ahí. ¿El borrón y cuenta nueva del muro migratorio, cambia en algo las condiciones de quienes cruzan buscando oportunidades?

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Esta es una opinión

Migrante observa la construcción del segundo muro fronterizo bajo la administración del presidente Obama (2009)

Foto: Karen Siu

La frontera entre México y Estados Unidos mide 3,180 kilómetros y en su tercera parte aproximadamente, se encuentra cubierta por un muro fronterizo, ubicado en su mayoría en las zonas urbanas de ambos países, dejando expuestas diversas zonas inhóspitas como desiertos, ríos y montañas. En 1994 con el Operativo Guardián, se construye un primer muro con los restos de antiguas placas de acero que fueron utilizadas en la Guerra de Vietnam, acción que permite reforzar la figura de la Patrulla Fronteriza, además se intensifica la vigilancia y se adaptan vialidades para patrullaje. Posteriormente, se construye un segundo muro, el cual incluye equipos de última tecnología de rastreo. Finalmente, este año, 24 años después de instalar el primer muro, se reemplaza por uno más alto.

Es sabido que las personas que deciden migrar de manera irregular hacia Estados Unidos evitan los cruces por estas zonas resguardadas por la Patrulla Fronteriza, así que sus opciones se reducen a transitar por los sitios más peligrosos y desolados, lo que aumenta el riesgo de ser víctimas del crimen organizado o violentadas por parte de la misma Patrulla Fronteriza, enfrentarse a condiciones climáticas extremas, como las altas temperaturas en el desierto sin el equipo necesario, o permanecer dentro de remolques en condiciones de hacinamiento durante largas jornadas, sin agua o comida.

Ahora bien, reemplazar el muro en Tijuana, una de las fronteras más transitadas del mundo, en el preciso momento que el ojo público se fija en el fenómeno migratorio, me hace cuestionar la eficacia de esta acción y plantearme varias preguntas: ¿Reemplazar un muro viejo por uno nuevo cambia algo? ¿La migración irregular disminuirá con esta acción? ¿Es acaso una estrategia psicológica en contra de los que estamos del otro lado? ¿O simplemente es una acción del actual presidente de Estados Unidos para dar una sensación de cumplimiento a sus promesas de campaña? Definitivamente todas estas preguntas son detonantes para el cuestionamiento, la expresión y la manifestación para los residentes y visitantes de Tijuana.

Para quienes vivimos en frontera y hemos crecido con la presencia del muro, la sustitución de una barda por otra es más de lo mismo. Además, es importante mencionar que este muro ha sido tradicionalmente desde sus inicios, un espacio de manifestaciones en donde se han realizado actos de denuncias públicas que visibilizan las realidades que enfrenta la población migrante como el racismo, la xenofobia y las violaciones hacía sus derechos, por medio de acciones que muestran la unión, la hermandad y la solidaridad entre los pueblos.

En lo personal, me parece que una de las manifestaciones más importantes y significativas son las cruces de migrantes fallecidos a lo largo del muro, estas cruces blancas llevan el nombre y lugar de nacimiento de cada una de estas personas que perecieron durante la travesía y que a través de ellas serán recordadas, pero con el reemplazo del muro, las autoridades estadounidenses las han removido, realizando un “borrón y cuenta nueva” del muro, sin importar lo que estas representaban. Esas cruces simbolizaban las vidas de personas que buscaban mejores condiciones, que deseaban un mejor futuro para sus familias o que huían de la violencia en sus países de origen. Sin embargo, estas fueron cobradas por las severas políticas migratorias que hasta agosto de 2017 sumaban 7,437 decesos en la frontera norte de México.

 

Cruces sobre el muro fronterizo, que recuerdan a quienes han intentado cruzarlo buscando mejores condiciones de vida

Otro de los grandes significados de estas cruces, como de los muros fronterizos, son los miles de casos de familias separadas por políticas anti-inmigrantes que a la fecha no han cesado, aunado al constante discurso de odio racial que impera en estos tiempos. Entre toda esta mezcla de política y tensión, el muro se presta para la creatividad y no sólo la artística, sino la ideológica y humanitaria.

Donde nos topamos con una pared, florece siempre la creatividad y para muchos este reemplazo de metal es un lienzo nuevo para expresarse.

Karen Romero Siu
/

Soy egresada de la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de Baja California, México. Consultora de AFSC LAC y fotógrafa en mis tiempos libres. No me las sé todas, pero sé quién sabe.


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COMENTARIOS

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    Alaide González /

    16/08/2018 5:29 PM

    Un punto de vista diferente sobre el muro, interesante.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!



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