¡Hola!

Necesitás saber que...

Queremos ofrecerte una mejor experiencia de navegación, por eso utilizamos cookies y otros datos para analítica. Conocé aquí nuestra política de privacidad.

Sí, entiendo y acepto

¿Se salva la música de la colonización?

La música, arte y disciplina dedicada a representar emociones humanas a través del sonido, ha sido parte de la historia de la humanidad en casi todas las culturas del mundo.

Blogs música Opinión poscolonialismo
Esta es una opinión

Imagen: Pexels

Por lo tanto, la música tiene su propia historia también. Y con “historia”, no me refiero sólo a compositores conocidos, estilos estéticos, o épocas de la música, sino a la trayectoria de la música en sí. Es decir, quiénes han sido sus actores, sus encuentros con otras culturas, influencias, cambios y transformaciones. La música, tanto como países y civilizaciones en donde se originó, enfrentó una severa colonización, que le trajo muchas consecuencias y es parte vital de su trayectoria.

El siglo XIX estuvo principalmente caracterizado por las independencias ocurridas en Latinoamérica y las naciones que estaban surgiendo. Sin embargo, otros continentes, como Asia y África aún eran colonias y lograron su independencia hasta después de la Segunda Guerra Mundial.

De esta forma, inició el largo proceso de desocupación de estas ex-colonias, un proceso que después fue conocido como descolonización. Estos diferentes eventos dieron pauta al nacimiento de una nueva disciplina en las ciencias humanas: el poscolonialismo.

Este concepto no tiene una sola definición, ni pertenece a una sola disciplina. Suma varias teorías que estudian la herencia de las colonizaciones de antiguos imperios. El poscolonialismo podría definirse como una posición crítica hacia los efectos del colonialismo sobre sus colonias en los campos del arte, la ciencia, la política, la sociedad, el comportamiento humano, la educación, etc.

Los “postcolonial studies”, como se les conoce en inglés, tuvieron su pico más alto a finales del siglo XX bajo la influencia de figuras relevantes, a quienes el autor Robert Young ha denominado como la “Sagrada Trinidad” del poscolonialismo: Edward Said de Israel, Gayatri Spivak, de la India y Homi Bhabha, de la India.

Según Castro-Gómez, estos autores coinciden en que el colonialismo no fue únicamente un suceso económico o político, sino que también dispone de una “dimensión epistémica” atada al nacimiento de las ciencias humanas. La palabra episteme proviene del griego y según la RAE significa: conocimiento exacto.

El autor Said es conocido por identificar los discursos de las ciencias humanas, que han fabricado una imagen triunfal de los colonizadores. Según este discurso, los colonizadores son vistos como los responsables del proceso histórico.

Castro-Gómez observa que el comienzo de las ciencias humanas a lo largo del siglo XVIII, trajo “la invisibilización de la simultaneidad epistémica del mundo”. En palabras de George Orwell: “la historia es escrita por sus vencedores”.

En Latinoamérica, destacan los autores argentinos Enrique Dussel y Walter Mignolo, quienes critican el eurocentrismo. El eurocentrismo se refiere a la forma de ver a la cultura occidental como la parte activa, creadora y proveedora de conocimientos, cuya misión es difundir la modernidad por todo el mundo, principalmente en sus colonias. Los receptores son entonces las demás culturas, quienes son vistas como las pasivas. Las que aceptan el conocimiento proveniente de su colonizador.

Lo conocido de la cultura de occidente, o del colonizador sería la creatividad y la ciencia. El resto de las culturas fue visto como imitativo, empírico y pre-racional. Y si este principio es cierto, pues debe aplicar a todo conocimiento en las ex-colonias: educación, ciencia, modelos económicos y políticos, arquitectura, arte, entre otros. Y es justo en esta parte en la que el tema del artículo será introducido: ¿cuál es entonces la conexión de la música con el poscolonialismo?

“La música de Asia y la India debe de ser admirada porque ha alcanzado un estado de perfección, y es este estado de perfección el que me interesa. De lo contrario, la música está muerta.” (Traducción libre de la cita original en inglés)

– Pierre Boulez

Es con esta cita que inicial el prólogo de la obra destacada entre los estudios poscoloniales de la música: Western Music and Its Others: Difference, Representation, and Appropriation in Music (en español: La Música Occidental y sus Otros: Diferenciación, Representación, y Apropriación en la Música) de Georgina Born y David Hesmondhalgh. Este libro trata acerca de los diferentes fenómenos que se encuentran en la música desde un punto de vista poscolonial: las influencias de occidente, el poscolonialismo en las disciplinas dentro de la música, como musicología y etnomusicología, y las diferentes expresiones musicales de diversas culturas vistas como “exóticas” y “orientales”, entre otros.

Y es que hay que hacerse algunas de las preguntas que hacen los autores mencionados anteriormente: se supone que la música es un medio por excelencia no representativo y aún así, se utiliza en muchas ocasiones, por medio de gobiernos, instituciones y hasta turismo, para representar con el uso de figuras musicales, otra música y otra cultura.

¿En qué momento entonces se puede hablar de música de Guatemala o música de Ghana? ¿Es posible que la idea de que la construcción de una identidad propia de una música puede implicar la exclusión o el repudio de otra música? Y pues es con este tipo de preguntas que evalúa el poscolonialismo en la música.

El concepto de la “autonomía” en la música se desarrolló a finales del siglo XVIII y trajo un discurso confuso un siglo después. Por un lado, la filosofía de la música mostraba que la música era un ente universal, pero por el otro mostraba también que cierta música representaba a un cierto grupo de personas. Este discurso se reprodujo y se adquirió en las colonias, sobre todo.

El autor Said trajo a la luz el concepto de lo “oriental” como aquello ajeno y diferente al occidente y esta idea surgió a principios del siglo XX, justo en el momento en el que los viejos imperios europeos luchaban contra la creciente modernidad, que probablemente rompería con esas antiguas construcciones.

Esta idea de lo “oriental”, era visto como algo seductor y como un pasivo imitador de su ex-colonizador. Y es que muchísimas obras en la música han utilizado este discurso de ver aquello que no es occidental, como algo exótico y atractivo. Algunas obras que podrían ser un ejemplo de ello son: la ópera La Flauta Mágica de Mozart o las óperas Turandot y Madama Butterfly de Puccini.

Estos discursos y herencias del conocimiento han llevado a la asociación de algunos sonidos con cierto grupo de personas y al pensamiento de que cierta música pertenece, sin duda alguna, a ciertas personas específicas y por lo tanto es vista diferente. Hasta se asemeja un poco a aquella fuerza omnipresente desde la época colonial: el hecho de tratar de forma diferente a alguien debido a sus creencias y rasgos personales.

Una vez escuché la anécdota de un doctor en Filosofía originario de Nigeria, que vivía en Alemania y no lograba conseguir un trabajo en su área. El único trabajo en el que pudo permanecer fue el trabajo que ejerció mientras estudiaba para ganarse la vida: percusionista de los instrumentos Djembe y Dunun, ya que algunas personas tienen la idea y la asociación de que alguien originario de África es un buen percusionista

Es esta forma de pensar, que suma el hecho de tener necesidad de representación y diferenciación, más la asociación de cierta música con grupos específicos de personas y hacerla de menos en algunas ocasiones, es una herencia colonial.Lo que el autor John McLeod describe como la forma en que los colonizadores, no sólo se apropiaron de tierras, sino que también “colonizaron la mente” de los “subalternos” (éste último es un concepto de Spivak para denominar a los no colonizadores).

Hoy en día, existen muchos autores y activistas musicales, cuyo interés es descolonizar la música y sus disciplinas pertenecientes. Esta actitud, sin embargo, empieza de forma muy personal en cada individuo.

Por lo tanto, quizá es necesario estar consciente de que conceptos como éstos existen. Hacerse, desde lo personal, la siguiente pregunta, propuesta por muchos autores poscoloniales: ¿Por qué es que muchas veces se ve lo ajeno (con mayor frecuencia lo occidental) como algo superior?

 

Karla Noack
/

Cantante de ópera y musicóloga. Entusiasta de la música y de todas sus disciplinas


Anuncio

Hay Mucho Más

No te perdás las últimas publicaciones de Nómada

¡Gracias por suscribirte!

(Revisá tu correo y confirmá tu suscripción)

A qué hora te gustaría recibirlo:

Te gustaría recibir sobre:

¡Gracias!


Con qué frecuencia te gustaría recibirnos:

¡Gracias!


Anuncio

1

COMENTARIOS

RESPUESTAS

INGRESA UN MENSAJE.

INGRESA TU NOMBRE.

INGRESA TU CORREO ELECTRÓNICO.

INGRESA UN CORREO ELECTRÓNICO VÁLIDO.

*

    Jairo Campos /

    20/03/2019 11:38 PM

    Felicidades por el articulo. La Música es muy importante para la Sociedad Guatemalteca , y me encanta que existan estos artículos, para que las personas tengan más puntos de vista.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!



Notas más leídas




Secciones