Cómo era ‘el buen patrón’ hondureño Rosenthal

Con la caída de Jaime Rosenthal, y el Grupo Continental en Honduras, se tambalea uno de los grupos que mejor ejemplifica la estructura empresarial que ha dominado Centroamérica por décadas: el grupo empresarial diversificado. Pero los grupos empresariales siguen dominando en gran medida por la misma razón que el crimen organizado se fortalece: la debilidad institucional. No debería sorprender que grupos empresariales legales e ilegales interactúen. Las afirmaciones que la liquidación del Banco Continental resuelve el problema, asume ilusamente que el resto del sistema financiero hondureño no tiene dinero del narco. Entonces, ¿qué cambiará con la caída del Grupo Rosenthal?

Política

El empresario Jaime Rosenthal, en su antiguo despacho.

Foto: Tiempo.hn

Cuando se conoció la decisión de la liquidación forzosa del banco, gente de San Pedro Sula, donde el grupo tiene su base, se volcó a las calles gritando “Jaime, amigo, el pueblo está contigo”. Es difícil pensar que algo similar pudiera pasar en el caso de que el acusado por lavado de dinero fuera cualquier otro líder empresarial centroamericano. ¿Quién es entonces Jaime Rosenthal, y cómo estableció su grupo empresarial?

En qué se parece Rosenthal a los demás empresarios

El desarrollo del imperio liderado por Jaime Rosenthal ejemplifica lo que es típico para los grupos empresariales centroamericanos, siendo a la vez una excepción. La mayoría de los grupos empresariales surgen de empresas establecidas por migrantes europeos, judíos o árabes en las primeras décadas del siglo XX. Fue igual con Yankel Rosenthal, padre de Jaime, el judío rumano quien fundó la empresa Rosenthal & Rosenberg dedicada a importación. Como muchos grupos empresariales, él de Rosenthal se diversificó cuando las oportunidades se presentaron, por razones económicas o políticas.

Jaime Rosenthal pensaba que un grupo hondureño no podía aspirar por ser la empresa más grande en un solo sector: era mejor optar por ser el segundo o el tercero en varios sectores. Grupo Continental es típico en el sentido que creció al ritmo de las “debilidades institucionales” del país.

Es decir: sabía aprovechar tanto las regulaciones estatales como sus vacíos, llenando también vacíos que iba dejando el capital internacional. El grupo Continental estableció una empresa aseguradora cuando Honduras pasó una ley prohibiendo capital extranjero en el sector de seguros –como sucedió en Guatemala para beneficiar a una aseguradora nacional–. Pero los hondureños no podían pagar seguros y por eso el grupo estableció un banco para prestarles dinero (ahora Banco Continental).

A menudo los negocios de los clientes del banco quebraban y el Banco fue incluyendo estas empresas en su creciente grupo empresarial llegando a incluir ahora alrededor de 35 empresas en 6 ramos principales como dueño mayoritario, y con acciones en varios otros. Hasta aquí vemos varias características definen al grupo Continental como el típico de Centroamérica.

En qué se diferencia

Sin embargo, en otros aspectos el Grupo Continental era excepcional. La mayoría de los líderes de grupos empresariales centroamericanos ejerce influencia en la política vinculada a defender los intereses de sus empresas en el corto o largo plazo. Las ambiciones políticas de Jaime Rosenthal, en cambio son anteriores a sus negocios actuales.

Estuvo encarcelado por haber tomado partido por los trabajadores en la gran huelga bananera de Honduras en 1954, entrando luego con fuerza en la política como uno de los líderes del partido liberal. De ahí se adentra en los medios, primero como cofundador de La Prensa, y luego el Diario Tiempo, que sigue siendo parte de su grupo y anunció que cerrará tras esta debacle.

En 1970 el fundó el partido Alianza Liberal del Pueblo (ALIPO), siendo electo vicepresidente en el gobierno de Azcona Hoyo (1986-88). Más adelante estableció un canal de televisión (Canal 11) para influir en la política y una empresa de cable para fortalecerse en la competencia con otros canales. Así se ha mezclado durante toda su carrera motivos políticos y económicos. Pero muchas veces también ha sido una voz independiente.

Cuando básicamente todos los empresarios de Honduras se aliaban con los militares y diputados para sustituir el presidente Manuel Zelaya en el golpe de estado de 2009, Jaime Rosenthal se opuso. Cabe recordar que su hijo, Yani, fue ministro de la presidencia en el gobierno de Zelaya. (Su sobrino, Yankel, en cambio, fue ministro de inversiones durante el actual gobierno de Juan Orlando Hernández del Partido Nacional).

El humilde que negoció con narcos

Pero Jaime Rosenthal también ha sido una excepción por su imagen popular. En Centroamérica se tiende a percibir a los líderes de los grandes grupos empresariales con una mezcla de temor, repudio y admiración. Dado que manejan sus empresas en gran secreto y sus actividades son desconocidas, abundan en Centroamérica los mitos sobre estos líderes. En cambio, Jaime Rosenthal siempre hablaba abiertamente sobre – al menos una parte – de sus negocios.

Cuando yo lo entrevisté en 2012, me recibió en sus oficinas en un edificio viejo en el centro de San Pedro Sula. Yo venía de la oficina de uno de sus competidores: los Atala Farajs, en el elegante edificio de Banco Fichosa, de múltiples pisos, vidrios negros y guardias armados por todos lados. Las oficinas de Rosenthal eran un contraste, sin ningún aspaviento que indicara su posición. Se dedicó a contarme la historia de su grupo durante tres horas mientras firmaba solicitudes de préstamos.

Me dio la impresión de ser un hombre franco, sin vanidad ni pretensiones. Me pareció muy hondureño en el sentido de que faltaba algo de la desconfianza que uno encuentra entre las elites empresariales guatemaltecas o salvadoreñas. Un hombre al que le gustaba hablar de sus empresas, la política e historia de Honduras y sobre todo de San Pedro Sula, y que lo hacía sin preguntarse demasiado porqué a esa investigadora le interesaba. Tampoco me pareció que contó la historia para defenderse de alguien, como a veces es el caso cuando las élites recibe una investigadora o periodista.

Por supuesto lo que me contó no era toda la historia. Según el tesorero de los Estados Unidos, tenía tres empresas en las Islas Vírgenes, donde escondía parte de su fortuna que según la Revista Forbes suma a US$1,173 mil millones. Eso sin embargo, no rompe su imagen de “buen patrón”.

Sus empresas ofrecen empleo directo a 11.000 hondureños e indirecto a muchos más. A diferencia de los otros grupos empresariales nunca salió del país: seguía siempre invirtiendo en Honduras. Los Rosenthal tampoco han sido asociados con uso de violencia, como varios de los demás líderes empresariales hondureños.

Bueno, aunque si las acusaciones de lavado dinero son confirmadas, los Rosenthal han contribuido indirectamente a la violencia del país, por sus vínculos con los narcos Cachiros. Pero para el hondureño común, el narcotráfico y el lavado de dinero no son su principal problema. Sus problemas principales son la falta de empleo, de oportunidades, la violencia diaria contra la gente. Y las empresas pequeñas – por las maras y otros delincuentes, pero también por la policía y los militares – están preocupados por la falta de justicia y la impunidad.

Si no ocurren cambios estructurales e institucionales en Honduras lo único que puede proteger al ciudadano común en el corto plazo es un “buen patrón” poderoso, y si desaparece uno, buscarán otro. Poco ayuda el que los EEUU desbaraten un grupo mafioso. El hasta ahora relativo éxito del sistema judicial en Guatemala contra la impunidad se debe al trabajo de largo plazo del pueblo guatemalteco por fortalecer sus instituciones. Solo así tuvo éxito la intervención externa –en la CICIG. Como esto no existe en Honduras, probablemente poco va a cambiar por lo mejor en el corto plazo. Esperemos que si traerá cambios profundos en el largo plazo.

Benedicte Bull
/

Catedrática de la Universidad de Oslo. Autora (con Fulvio Castellacci y Yuri Kasahara) del libro Grupos Empresariales y Capitalismo Transnacional en Centroamérica: Estrategias políticas e económicas (Pagrave, 2014, en inglés). Bloguera, columnista, ex–periodista, aficionada a la cultura narco-pop, y bailarín de la salsa escandinava.


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    Ernesto Rodas /

    10/11/2015 8:20 PM

    Don Peter
    Se escribe CINISMO...

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Peter Lim /

    09/11/2015 10:23 AM

    Este caso ejemplifica claramente el SINISMO yanqui! No me causaría sorpresa alguna que la intervención directa contra este magnate se debe también a la postura que asumió durante el derrocamiento de Mel Zelaya.
    Digo SINISMO porque arbitrariamente imponen medidas contra empresarios que según ellos "colaboran" con los narcotraficantes. Me pregunto cuantas empresas y bancos yanquis han cerrado forzadamente por orden judicial gringa por los mismos casos? Sigo incrédulo al pensar que únicamente en Latinoamérica (por hablar solo del continente) existan empresarios demoniacos que colaboran con los narcotraficantes, mientras que los bancos gringos ni se salpican ante la tentación de satanás. Menuda jeta la de los gringos.

    Algo me huele muy mal sobre este caso y se me hace que al pobre Rosenthal está pagando muy caro su descaro ante los yanquis.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!



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