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Tenía cinco años la primera vez que me tocaron

Nunca se lo conté a nadie porque no entendía lo que pasaba. Fue desagradable. Dos amigos jóvenes de la familia llegaban eventualmente a casa. Eran dulces, juguetones y risueños. Uno de ellos tenía especial cariño hacia mí. Siempre jugaba conmigo y yo adoraba su compañía hasta una vez que, después de juegos y mimos, introdujo su mano para acariciar mi pantorrilla dentro de la manga de mi pantalón.

Cotidianidad Somos todas Opinión P258
Esta es una opinión

Flickr/Frank De Kleine Coloring (Creative Commons)

coloring-books.nu/about

Estábamos solos. La mano no podía subir porque la manga del pantalón de una niña es muy estrecha, sin embargo, sus dedos se movían de un lado a otro por debajo de la ropa y el contorno de mi pierna. El hecho se repitió hasta que un día le dije a su amigo que ya no quería jugar más con él. Cuando la visita se repitió, me aferré a el otro amigo para evitar que el acosador se acercara a mí. Podrían parecer recuerdos ambiguos, quizá inofensivos, pero por alguna razón, a mis 36 años, aún detesto ese recuerdo y esa mano.

Para mi desgracia, esta no fue la última vez que viví un desagradable momento como este. Solo fue la primera.

En México, un tipo rozaba su antebrazo con mis piernas mientras yo –de unos once años– iba de pie junto a mi madre, que al percatarse de lo que sucedía me hizo bajar de inmediato del metro. No sin antes dejar al tipo en evidencia y en ridículo con los gritos de fiera defendiendo lo suyo. A los trece años en el mercado de la Terminal en la zona 4 (Guatemala) un tipo metió su mano por detrás entre mi vulva hasta mis nalgas y siguió su camino como si nada.

Durante mi juventud perdí la cuenta de tantas agresiones. Quise hacerme invisible. Fantaseé tanto sobre posibles maneras de defenderme. A veces imaginaba convertirme en un monstruo. Otras veces que de mi vulva o de mis nalgas emergía algún horrible animal que destrozara la mano de todo el que se atreviera a tocarme. Quería que mi piel fuese venenosa para que tuvieran una muerte lenta y horrible con el mínimo roce.

En el Centro de Guatemala las agresiones son constantes, persistentes. Chipi chipi. Lluvia que no amaina. Incontables veces me tocaron los pechos y las nalgas, recibí manotazos, manoseos disimulados, manoseos descarados, pellizcos e incluso recuerdo que cuando tenía 19 años, un niño me tocó un pecho lastimándome y siguió caminando y riendo. Iba acompañado de cinco hombres adultos que lo instigaron y respaldaron.

Casi al cumplir los veintidós años un tipo me jaló del brazo sobre la 6ta avenida y al enfrentarlo levantó el puño dispuesto a golpearme. Grité y enfurecida lo reté a pelear, le juré en posición de guardia –pues recordaba mis clases de karate– que iba a matarlo si se me acercaba y quizás lo creyó. Quizás el odio y rabia acumulados en mi rostro lo espantaron.

En otra ocasión, acompañada de una amiga, perseguimos corriendo a varios tipos por las cuadras de zona 1 cuando se atrevían a tocarnos. Corrimos muchas veces hasta que agotadas nos deteníamos a tomar aire y llorar de la rabia.

Fuera de mi casa, me cuesta pensar en un ámbito en el que no hubiese violencia. Por las noches en cama, soñaba con tener un arma. Imaginaba lo feliz que podría ser si tuviera el poder de convertirme en un diablo, un demonio que me vengara de todas las amenazas. Soñaba con hacer llorar de terror y dolor a los acosadores, hacerles creer que iban a morir de una forma espantosa, deseaba que lloraran como muchas veces lloraron mis hermanas, mi madre, mis amigas, yo.

Una tarde, dispuesta a ir hacia la Universidad de San Carlos, un tipo de mi edad pegó su frente a la mía y dijo: –¡Te voy a tumbar y te voy a violar hasta que te murás!–. Me aparté aterrada de inmediato y tomé posición de defensa. Sin haber hecho algo que pudiera amenazarlo, el tipo me lanzó una patada. Aunque logré esquivar el golpe, su pie pasó golpeando mi mano y me alejé. No paraba de carcajearse. Por detrás, se me acercó otro tipo y me dijo al oído: –¡A vos ya te la chuparon toda!–. Entre el tumulto de gente del Trébol dos tipos pasaron frente a mí mostrándome sus lenguas obscenamente. Caminé rápido y casi corriendo subí al primer bus que pasó sin saber a dónde se dirigía y me ataqué a llorar. Esto continuó sucediendo en diferentes escenas y rostros muchas veces más.

Voy en el bus que me lleva al trabajo. De inmediato la mirada de un hombre sentado casi en la primera fila se aferra a mí. El tipo no deja de verme, como si quisiera con la mirada meterse en mi cuerpo. Dos ojos como un garfio que no te lo podés quitar de encima. Al pasar a la par lo ignoré, intenté anular su energía como he hecho con otros acosadores, pero a mi paso se inclinó "disimuladamente" y se acercó a mis pechos y me dijo algo vulgar, algo violento. Pensé dejarlo pasar, pero no. Le grité: ¡Que dijiste! ¡Decilo en voz alta! ¡Repetí lo que dijiste para que todos te escuchemos!

El hombre se alteró como lo hacen todos los agresores cuando son puestos en evidencia, me dijo que yo estaba loca, que él no había dicho ¡ni picha! Esto lo repetía una y otra vez con tono más alto y agresivo, se movía en el asiento como si quisiera levantarse y cuando le dije que era un cobarde, el tipo me gritó algo como: "¡Se las pone y no aguanta nada!", (refiriéndose a que mis pechos eran de silicona) como si tener implantes –que ni siquierea es el caso–, le diera el derecho a agredir a cualquier mujer. El tipo no paró de hablar hasta que otra mujer le gritó: “¡Mejor callate!”

Se descontroló, quedó en silencio por un momento y luego retomó su perorata agresiva y patana. Yo di la espalda y seguí mi camino para sentarme. Apenas me senté comencé a temblar.

Escribo esto mientras voy en el bus para limpiar un poco la sensación de impotencia y el cansancio de los primeros minutos de mi mañana. Escribo, porque de pronto tengo consciencia de llevar 31 años de acoso, aunque sé que mis historias no se comparan con lo que han vivido tantas mujeres y otras que amo y que deseo que estén siempre seguras y protegidas por igual. Escribo para que cuando una mujer, niña, anciana o una adolescente se atreva a encarar a un agresor usted la apoye. Escribo para que usted no vuelva el rostro hacia otra dirección, para que no guarde silencio.

Alejandra Solórzano
/

Migrante desde niña. Guatemalteca y costarricense. Profesora de Filosofía en la Universidad Nacional, Costa Rica. Humana de Kōan, con quien sostiene largas discusiones filosóficas hasta el amanecer. Adicta al asombro. Siempre vuelve al lugar del crimen o a donde alguna vez fue feliz.


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    Edfar /

    02/09/2019 2:52 PM

    Me parece que has de estar bien rica y le eso todo mundo te ha de querer coger... Si se pudiera yo te atoraría por el orto ;)

    ¡Ay no!

    1

    ¡Nítido!

    Lorenzo vargas /

    15/07/2018 2:56 PM

    Conque no sea feminista , apoye alos homosexuales, el asesinato de bebés( aborto) y apoye el odio alos hombres, me parece buen artículo...

    ¡Ay no!

    3

    ¡Nítido!

      Moises Lopez /

      16/07/2018 9:07 PM

      Lorenzo tu madre deibio haberte abortado en una letrina, es a donde perteneses, quizas tu madre ya te confeso que quizo hacerlo y por eso odias el aborto? No existen femininstas si no gorilas malparidos como vos que quieren esclavizar a todas las mujeres del mundo. A lo mejor fue la caricatura que tu papa y tu pobre vieja te hicieron ver desde pequeno, solo esto explica tanta idiotez. Nunca es tarde arrepientete y tirate del puente de Belize, porque este mundo no necesita mas lacras como vos, sos un caso sin esperanza.
      No fallez.......deja de hueviar oxigeno.........:-)

      ¡Ay no!

      ¡Nítido!

        Lorenzo Vargas /

        17/07/2018 12:11 AM

        Moisés : se nota que sos un gran maricon;pero te voy a decir esto; YO NO COJO HUECOS ! Largo de aquí ! Marica

        ¡Ay no!

        ¡Nítido!

      Gabriel Gómez /

      15/07/2018 7:35 PM

      El estúpido del día.

      ¡Ay no!

      ¡Nítido!

        Lorenzo Vargas /

        16/07/2018 7:55 AM

        El primer homosexual del dia

        ¡Ay no!

        ¡Nítido!

          Moises Lopez /

          16/07/2018 9:15 PM

          Tambien odias a los homosexuales? Definitivamente sos un caso de laboratorio de enfermos mentales, lastima que tus testiculos no se desarroyaron y por eso sufris de un tal conplejo, pero no te preocupes a cada cerdo le llega su sabado.

          ¡Ay no!

          ¡Nítido!

    Paula /

    15/07/2018 11:19 AM

    Tengo menos experiencias como esas pero han sido similares, mi reacción no ha Sido inmediata en muchas ocasiones que casi reviento de cólera y desesperación. También he tenido los mismos deseos de destrucción o quizá si se le puede llamar 'valor', he soñado portar un arma y matar en el instante a mi agresor. Últimamente me ha pasado que al subir a la camioneta no faltan los hombres que se sientan muy en la orilla y que cuando uno pasa a su lado soban su brazo con mi trasero cuando paso, cómo ya se lo que intentan los vivo esquivando pero eso es algo que no debería suceder pero los hombre creen que pueden hacer lo que quieran pero acá estamos para mentales su #$&@ en la cara para cuando lo vuelvan a intentar.

    ¡Ay no!

    1

    ¡Nítido!

      Edgar /

      02/09/2019 3:08 PM

      Déjate sabrosear! Si hasta te están haciendo el favor de disfrutar tía carnes y te pones delicada... Para que crees que existes?

      ¡Ay no!

      ¡Nítido!

    Claudia Valle /

    14/11/2016 8:19 AM

    Excelente artículo!!! no creo que haya una mujer en Guatemala que no le haya pasado algo similar, a mi mis proposal primos (hijos de primos de mi papa) me acosaron el dia del final de la novena que le hicieron en mi casa a mi abuelo, eran 6 tal vez y obligarón al mas pequeño que me besara en la boca y me amanazaron que si no lo dejaba le dirian a mi papa que yo lo besé!!! yo tenia 8 años y la mayoria de ellos eran adolescentes entre 14 y 15, el mas pequeño tenia 9 tal vez...fue horrible, y que me tocaran en la calle eso desde los 10 u 11...incluso ya cuando tenia a mi hijita y tenia que abordar los microbuses en la 18 calle para ir a mi trabajo llevaba en mi mano un broche que mantenía en mi mano siempre, abierto y cuando sentia alguna mano tocandome los gluteos, rapidamente les insertaba el filoso y largo broche en la mano o lo que encontrara, me daba gusto y hasta Placer oir el "aaayy"!!! despues que los picaba...no se a cuantos les hice daño, pero igual deseaba tener un Arma mas grande y arrancarles las manos de tajo para que no tocaran a ninguna mujer jamas!!! recuerdo que mientras mas decente o formal me vestia mas me tocaban...era a diario, ese malestar...esa sosobra, esa impotencia!!! lo peor era pensar que mi nena iba a tener que lidiar con esos patanes????!!!! porque no cambian esos patrones??? porque las madres no enseñan a sus hijos varones que tienen que respetar a las mujeres, que de ellas vienen??? Guatemala y resto de latino America necesita un cambio de mente y corazón.

    ¡Ay no!

    1

    ¡Nítido!

      Edgar /

      02/09/2019 3:11 PM

      Por pobre y no tener un automóvil te friegas! Pasa a la hija va?

      ¡Ay no!

      ¡Nítido!

      Ana lopez /

      14/07/2018 10:52 PM

      Es una sociedad machista y la educación sexual es ausente y se nutre de material de pornografía y morbo. Por eso es que los hombres son tan vulgares.

      ¡Ay no!

      ¡Nítido!

    Victoria /

    03/10/2016 11:44 AM

    Me siento identificada con la nota. Me sucedió cuando tenia 4 o 5 años, mi recuerdo es que visitaba la casa de una vecina y ahí tres niños, de 3 o 4 años mayores, me tocaban mi parte intima, entre mi ropa interior. Nunca se lo he comentado a nadie, y cuando creci y entendí lo que me paso me daba tristeza y vergüenza ver todos los días a estos vecinos. ya pasaron muchos años y solo uno de ellos esta con vida. Ahora cuando lo veo me da tristeza y cólera, porque me habla como si es mi amigo. Si hubiera hablado posiblemente se habría evitado lo que después hicieron con otro niño que incluso -según comentaban ellos mismos- lo violaron. Mi llamado es los padres que seamos responsables, estemos siempre pendientes de nuestros hijos, para protegerlos de las personas que tienen malas intenciones, ya lo han comentado muchas personas "los abusadores están muy cercanos a nuestros hijos y debemos identificarlos". Que Dios los bendiga.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

      Ana López /

      14/07/2018 10:49 PM

      Qué triste lo que te sucedió. A mi me pasó en la calle, siendo una niña de 6-7 años con niños caminando en la calle. Debes enfrentar a tu agresor y decirle lo que te hizo, que le carcoma la vergüenza de que tú sí recuerdas lo que te hizo y que se entere su familia. Callar es hacer que ganen esas ratas inmundas. Yo lo hice con mi cuñado y aunque me distanció de toda mi familia, me hice escuchar y respetar. Nunca, nunca se confía los hijos a nadie... ni familia ni amigos!

      ¡Ay no!

      ¡Nítido!

    César A. /

    30/09/2016 7:18 AM

    El acoso se termina cuando aducas a tus hijos desde casa, así terminamos el ciclo.
    Lamentablemente los progresistas desean como siempre librarse de la responsabilidad delegandola al estado y después preguntan porqué no funciona.
    A los hijos, se les enseña con el ejemplo y el respeto se aprende como valor inalienable.

    ¡Ay no!

    4

    ¡Nítido!

    María Fernanda Chajón /

    29/09/2016 11:08 PM

    Alguna vez caminando por la zona 10 más o menos a los 18 años, pase con mi hermana por un edificio en construcción. "Sht... Sht...!" empezaban los albañiles. Mi hermana y yo caminamos más rápido y la oí decir entre dientes y obviamente molesta "yo no me llamó sht sht". Así me surgió la idea de escribir un libro o algo, preguntarle a las mujeres que conocía sobre casos de acoso como estos que se quedan impunes y son vistos con normalidad. Lo más triste de mi idea, es que nadie quiere contarme nada porque a todas les da pena.
    Hasta ahí llega el tabú del acoso, la vergüenza y la frustración que provoca.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

      Luisa /

      05/10/2016 5:51 PM

      Triste que nosotras seamos las que cargamos con la vergüenza, cuando no hicimos nada...

      ¡Ay no!

      ¡Nítido!

    LuisGe /

    29/09/2016 8:36 PM

    Me alegro mucho que hayas escrito acerca del tema. No existe excusa para tocar a otra persona sin su consentimiento. Es muy triste ver que tantas mujeres sufren este problema. Es importante enfrentar a los agresores y que aquellos que vemos esto nos pongamos del lado de la víctima.
    Cerremos filas y no los ojos.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Diana D. /

    29/09/2016 1:22 PM

    Una muy triste realidad. No se lo deseo a nadie. Pero sinceramente es usted una mujer muy valiente al pronunciarlo y denunciarlo, ya que muchas se quedan calladas y se aguantan. Es hora que como mujeres nos unamos en contra del acoso callejero.

    ¡Ay no!

    1

    ¡Nítido!

    Manuel Estuardo Morales /

    29/09/2016 1:18 PM

    Ustedes no tienen la culpa, pero me imagino que han de tener un cuerpo voluptuoso, lo cual no es excusa, pero los hombres no entienden eso, lastimosamente en nuestro medio las damas con cuerpos bien dotados tienen que vestirse como si fueran monjas, para no encender el morbo en los hombres menos ilustrados y que siguen con la mentalidad que la mujer es un utensilio para saciar su aberrada fantasía, les pido perdón por estos y muchos mas, pero no todos somos iguales, habemos quienes somos respetuosos de la libertad y de la belleza

    ¡Ay no!

    7

    ¡Nítido!

      xx /

      04/10/2016 3:25 PM

      ¿Sólo yo sentí lascivo este comentario? Si quiere decir que no importa cómo se vista una mujer merece respeto, ¿por qué separa a las voluptuosas del grupo? mmm

      ¡Ay no!

      1

      ¡Nítido!

      Lilly /

      30/09/2016 12:16 PM

      que bonito comentario

      ¡Ay no!

      ¡Nítido!







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