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El viaje de un hombre gay: el infierno en Nicaragua, el paraíso (excluyente) de Costa Rica y el refugio en España

Miles de nicaragüenses abandonan su tierra cada día. Hay quienes huyen de la falta de oportunidades y la pobreza —que se agrava y podría alcanzar hasta 2,4 millones de personas por causa del Covid-19—. Otres huyen porque sus convicciones y su activismo son incompatibles con el régimen que gobierna con la violencia y el terror como herramientas. Escapar, encontrar oportunidades y refugio afuera del país centroamericano es una carrera por la supervivencia para cualquiera, pero es aún más complicado para un hombre gay.

Orgullo LGBTIQ P369

Ilustración: Diego Orellana

Los 130 mil kilómetros cuadrados de Nicaragua se convirtieron, en cuestión de años, en una cárcel para las voces disidentes al gobierno de Daniel Ortega y Rosario Murillo. Pero especialmente para la ya vulnerable comunidad LGBTIQ+, que alzó las banderas de la diversidad en las protestas contra el régimen durante 2018 y en represalia fue perseguida, encarcelada y violentada.

Entre las más de 100 mil personas que abandonaron el país más grande de Centroamérica, entre abril de 2018 y marzo de 2020 —según la Agencia de la ONU para los Refugiados—, la comunidad diversa era la que tenía más urgencia de encontrar un refugio. La violencia política, que dejó unos 325 muertos, agravó la situación de inseguridad y los ataques hacia las disidencias sexuales.

Esta es una historia que ejemplifica cómo no ser heterosexual puede ser más complicado en un conflicto social.

La comunidad LGBTIQ+ en la mira

Mel es un hombre gay mestizo de Bocao, una ciudad nicaragüense cercana a los grandes lagos de ese país. En 2018 estaba feliz porque terminaba de estudiar la carrera de turismo en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN). El joven tenía ya todo un plan para montar una empresa dedicada a promocionar los destinos turísticos de su país. Pensaba que pronto sus sueños se convertirían en realidad.

Pero en abril de 2018 Mel se involucró en las protestas ciudadanas contra Ortega y Murillo. Las revueltas ciudadanas surgieron por una reforma al sistema de seguro social que afectaría a la población trabajadora y las personas pensionadas, aunque realmente ese fue solo un capítulo más de un largo historial de abusos del gobierno contra la ciudadanía.

Ortega ha conseguido extender su permanencia en el poder, de tal manera que al final de su mandato —el 10 de enero de 2022— sumará 15 años consecutivos como presidente de Nicaragua.

La sangre se derramó en la UNAN durante las protestas cívicas, que fueron reprimidas con violencia por la policía y militares. Por lo menos 325 personas fueron asesinadas en ese tiempo. En medio de esa situación, la vida de Mel corría peligro por el asedio y la persecución de agentes del Estado nicaragüense, que se ensañaron contra la comunidad LGBTIQ+.

Les estudiantes fueron el símbolo de la ‘insurrección de abril’ en Nicaragua. Protestaron, se atrincheraron en su universidad y se rebelaron contra el poder. Por eso se convirtieron en blancos de las fuerzas del Estado. Pero Mel era más vulnerable que muches de sus compañeres. Estar en las protestas era peligroso, pero ser gay en Nicaragua significa desafiar al Estado, a las instituciones y el orden tradicional.

El régimen de Ortega y Murillo tiene a la comunidad LGBTIQ+ en la cima de su larga lista de enemigos, pues desafían al poder y acompañan causas como las de los trabajadores pensionados. En esas listas de enemigos estaba el nombre de Mel. Por eso decidió dejarlo todo y buscar refugio fuera del país.

Una huida en medio de la violencia y la homofobia

El sueño de crear una empresa de turismo, la familia y amigues se quedarían en Nicaragua. Por causa de la persecución, Mel probaría comenzar una vida en Costa Rica, el país vecino y destino de la mayoría de nicargüenses que buscan refugio. Para eso tuvo que evadir a la policía y a los grupos paramilitares que le asediaban en el barrio María Auxiliadora, donde se vivía, y se movió a otra casa. Ahí planificó su salida.

Sin poder conseguir un pasaporte, por peligro a ser detenido, Mel salió de Nicaragua hacia Costa Rica usando una credencial del Instituto Nicaragüense de Turismo. Había conseguido ese documento en 2016 cuando participó en el proyecto para la creación del mapa turístico nacional. Era su única forma de huir del país.

Con esa cartilla consiguió moverse a través de Nicaragua, hasta que se aproximó a las zonas fronterizas. En los puestos de control San Carlos y el Papaturro consiguió pasar desapercibido. En ese momento Mel se movía con la apariencia de un estudiante que debía hacer un trabajo de investigación en las reservas naturales. En realidad, era un hombre gay perseguido por defender los derechos humanos y oponerse al régimen.

Ya cerca de terminar el viaje a Costa Rica, Mel pagó a un taxista tico para atravesar un punto ciego en la frontera, pero poco antes de cruzar, la camioneta fue interceptada por tres militares armados. En el registro le exigieron sacar todas sus pertenencias. Ahí estaba su título universitario y copias de las denuncias que presentó en el Centro Nicaragüense de Derechos Humanos, CENIDH y la Comisión Pro Derechos Humanos en contra del gobierno y sus agencias de seguridad. Esa podía ser una condena.

Los nervios se apoderaron de Mel, pero los militares apenas vieron el sello del título universitario y no se detuvieron a hacer una revisión de todos los documentos. “Si el militar hubiera sido un fiel seguidor del régimen y si hubiera registrado bien la bolsa, no se sabría qué hubiera pasado”, cuenta el joven. A pesar de ese inconveniente, pudo llegar a suelo costarricense y respirar tranquilo.

Costa Rica: un “paraíso” excluyente

En Centroamérica, una de las regiones más peligrosas y desiguales del mundo, Costa Rica es una anomalía. La red de salud pública, el sistema educativo y el modelo de intervención del Estado en grupos vulnerables es ejemplar. Además, la población LGBTIQ+ tiene cada vez más reconocimiento y el matrimonio igualitario está vigente desde junio de 2020. Pero ese paraíso no es para todes.

Quienes migran a Costa Rica, especialmente desde Nicaragua, encuentran un Estado excluyente y poco solidario. Por eso Mel encontró paraíso excluyente. En un país que no era el suyo, sin trabajo, sin documentos legales, y sin tener una red de contactos, el joven solamente contaba con dinero para un mes de renta de una habitación en la que solamente cabía un pequeño catre y su ropa.

Mel fue invitado a brindar su testimonio a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, que levantaba testimonios de nicaragüenses forzades a desplazarse por motivos de persecución por parte del régimen. Ahí contó que un solicitante de refugio, y especialmente si es gay, no tiene los mismos derechos civiles y humanos que cualquier persona en otra condición.

Gracias a organizaciones no gubernamentales, Mel consiguió apoyo en casas de acogida para la comunidad LGBTIQ+ y la asistencia de agencias internacionales de ayuda para migrantes y refugiados. Pero en las calles de San José, la capital costarricense, no encontró posibilidades de empleo y solo ganó miradas de desprecio y rechazo. “Era toparse frente a frente con la discriminación y la homofobia, y además con la xenofobia. Ser gay en Costa Rica aún es un reto”, contó.

Entre las casas de acogida también encontró a activistas LGBTIQ+ que, lejos de ayudarle, le complicaban más la vida, tratando de excluirlo y acusarlo de aprovecharse de la asistencia. Eso lo llevó a una depresión profunda, al punto de provocarse daños.

La ayuda de las organizaciones no gubernamentales y las agencias de ayuda se acabó; Mel pasó a la situación de calle. Tuvo que soportar hambre y vivir sin techo. Y también tuvo que soportar la xenofobia creciente de un país que cada día recibe a más y más nicaragüenses.

Gracias a un pequeño grupo de amigues, Mel superó una de las etapas más difíciles de su vida. Pasó unos meses en casa de un amigo y consiguió recuperarse. También ahorró todo el dinero que recibió de una agencia de protección de refugiados. Así vio la oportunidad de salir de ese mundo oscuro llegó con la planificación de viaje a España.

Mel contactó con un español al que había conocido en Nicaragua para la Navidad del 2017, en casa de su mejor amigo de su ciudad Bocaco. Empezaría una nueva búsqueda de refugio.

Viaje a España y el refugio

Mel salió de San José el 17 de febrero de 2020 y llegó a su destino en España el 20 de febrero, dos días antes de su cumpleaños. En Toledo se encontró con su amigo, quien le dio un espacio para vivir en su casa. Pero en vez de un refugio, encontró un infierno. Su compañero de piso era violento y pasaba el día gritando, golpeando a sus mascotas y amenazando con su arma.

Mel dice que le obligaron a hacer cosas que no quiere recordar. Era un abuso tras otro. Así que pidió ayuda a una organización cristiana para conseguir un pasaje a Madrid. No le importaba dormir en las calles o dejar de comer. Una vez más quería huir de la violencia. Tuvo que aguantar un mes así hasta tener una respuesta. Y luego, que tuvo que esperar más tiempo para poder viajar.

Luego de alejarse de su abusador y tratando de empezar una nueva vida, el joven consiguió por fin establecerse en una casa de acogida en una ciudad, donde se encuentra a salvo. Gracias a esa organización consiguió un techo y comida. Y espera próximamente tener un trabajo.

Esa cuarentena, provocada por la pandemia del Covid-19, fue aprovechada por Mel para escribir una pequeña fábula llamada "Parada Técnica Mel_Art_Nic". Se representa a sí misma como un tren cansado de un largo viaje de caminos sinuosos y malas vías, con los motores cansados y los vagones muy afectados, que detiene su marcha en esa ciudad para descansar en el Gran Hotel Talavera Resort, que no es nada más que la casa de acogida donde se encuentra.

También aprovechó el encierro para practicar la pintura, que se le da muy bien y que inició en Costa Rica. Hoy Mel se encuentra bajo el resguardo de una organización y continúa divulgando en sus redes sociales una lucha justa contra el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo en Nicaragua.

Jacob Ellis Williams
/

Del tras en transición pero por el momento género fluido. Afrodescendientes, originarix del Caribe Sur de Nicaragua, Bluefields. Feminista y defensorx de derechos humanos de la comunidad LGBTIQI+. Exiliadx en Costa Rica. Coordina Mesart (Mesa de articulación de la comunidad LGBTIQI+ en exilio capítulo CR).


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    Amilcar /

    11/08/2020 3:01 PM

    solo llegue a compañeres y perdí todo interés de lectura

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Patricia /

    05/08/2020 5:51 AM

    qué chocante el lenguaje con "les"... me gusta leer nómada pero esto es "too much"

    ¡Ay no!

    1

    ¡Nítido!

    Antonio /

    05/08/2020 1:04 AM

    Desde el momento en que el autor de la nota empieza a utilizar un “Les” en lugar de “Los” o “compañeres” en sustitución de “compañeros”, perdió mi atención. Pudo estar interesante el artículo, pero si el autor no respeta el lenguaje correcto, no tiene sentido gastar 6 minutos de lectura, tratando de descifrar su concepto inclusivo.

    ¡Ay no!

    1

    ¡Nítido!

    Martha /

    03/08/2020 5:23 PM

    Como que no todo cambio es nuevo, Nomada un ejemplo.

    ¡Ay no!

    1

    ¡Nítido!



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