Mi historia de violencia sexual, cáncer y soberanía

Cuando yo tenía 18 años, mi ex novio me violó. Me hice un aborto tres días antes de mudarme para empezar la universidad. Avergonzada, no se lo conté a nadie y yo fui sola a Planned Parenthood en la calle Market en el centro de San Luis, en el Sur de Estados Unidos. Tres días después, cuando me mudé a la universidad, estaba tan deprimida que había muchos días que yo no podía levantarme y en este momento empezaron los síntomas.

Opinión P258
Esta es una opinión

De Unboundbabes.com

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Ahí estaba lejos de terminar la historia. La primera vez que ví sangre en las heces tenía dieciocho años. Hice una cita con el doctor inmediatamente. Él me dijó que no me preocupara.

Continúe por cuatro años y los síntomas empeoraron. Me sentía aturdida, no tenía hambre y siempre me sentía que tenía que usar el baño y me daba vergüenza. Estaba a punto de darme cuenta que tenía un tumor en el colon.

Cuando tenía 21 años me diagnosticaron con cáncer de colon. El tumor era del tamaño de una pelota de golf y se había propagado a través de todo mi cuerpo. Los médicos me dieron una probabilidad de vivir de 25%. Tenía que abandonar mis estudios de la universidad y comenzar el tratamiento de radiación y quimioterapia.

Recuerdo estar sentada en la oficina del médico mientras me leía la lista de todos los efectos secundarios del tratamiento: la pérdida del pelo, neuropatía (o la pérdida de sentimiento en las manos), náusea, infertilidad, pérdida de peso.

Lo leyó como una lista de quehaceres.

– Perdón, ¿infertilidad?, le pregunté.
– Pues, el tratamiento de radiación va a emitir los rayos gamas por todo de tu cuerpo y va a matar todo que está en contacto con los rayos. Efectivamente, los órganos reproductivos van a estar muertos.

No tenía ninguna idea de lo que esto significaría para mí.

Y lo que el médico olvidó de mencionar era que “los órganos reproductivos muertos” resultarían en el comienzo temprano de la menopausia, o la terminación de la menstruación en el ciclo reproductivo de una mujer.

En ese momento, sabía muy poco de la menopausia, solo sabía que era algo que les pasaba a las mujeres viejas.

Esa noche regresé a mi casa y hice lo que cualquier persona joven haría, busqué en Google.

Puedo recordar las palabras exactas de la búsqueda: Cáncer. Radiación. Infertilidad. Y los resultados popularon una lista de artículos médicos sobre cómo enfrentar el proceso de menopausia cuando ya estás enfrentando el cáncer. Y de esta manera es que me dí cuenta que ya estaba experimentando la menopausia.

Para algunos de ustedes que no lo saben, la menopausia es un cambio de vida muy significativo para las mujeres. Típicamente, ocurre en los cincuenta y es una señal que ya no puedes tener hijos. También puede significar una reducción en la libido o el deseo sexual. Tiene un impacto muy significativo en la salud y bienestar sexual de las mujeres.

Cuando continué leyendo los artículos que encontré en la red, empecé a preguntarme que si era un cambio de vida tan tremendo, ¿por qué no me dijeron mis doctores que me iba a pasar? ¿Por qué no se sintieron tristes? ¿Tenían demasiada vergüenza de hablar sobre mi condición? ¿No les importaba mi salud y bienestar sexual?

Era la primera vez que me daba cuenta de qué tan marginadas estamos nosotras como mujeres con respecto a nuestra sexualidad.

Históricamente, la experiencia sexual humana siempre se ha contado del punto de vista de los hombres: explicado por los hombres y para los hombres. Me dí cuenta que si yo hubiera sido un hombre de mi misma edad al que le cuentan que su deseo sexual va a desaparecer, el médico me lo hablaría en mucho más detalle. De hecho, sería el primer punto discutido, pero porque soy una mujer, mi calidad de vida con respecto a mi sexualidad no era tan importante.

Cuando sobreviví al cáncer trabajé para la senadora Claire McCaskill en Washington D.C. Fui a la Casa Blanca, me reuní con políticos poderosos y trabajé en legislación revolucionaria.

Pero el trabajo me parecía muy lento. Por cada paso adelante, nosotros estábamos dando dos pasos atrás y me dí cuenta de que si quería ver un cambio en el mundo, tendría que hacer algo más radical que trabajar para el gobierno de Estados Unidos.

La revolución

Si alguien me hubiera dicho hace diez años yo iba a fundar una empresa de vibradores, le hubiera dicho que estaba loco. Nunca me pasó por la mente que aquí es dónde me llevaría mi camino, pero a veces las ideas que nos dan miedo son las que vale la pena perseguir.

Yo empecé con Unbound porque quería que existiera un sitio en donde las mujeres pudieran sentirse bien sobre sus cuerpos y sus vidas sexuales. Empecé con la compañía en diciembre de 2014.

Los dos primeros años fueron horribles. Mis amigos y mi familia me juzgaban, los bancos no me permitían abrir una cuenta, los financieros no se reunían conmigo, los desarrolladores no querían trabaja. Estaba endeudada y sola. Hubo muchos momentos en los que quería parar.

Pero continué. Porque yo sabía en mi corazón que Unbound iba a ser importante. Sabía que nuestros productos hacen las mujeres felices y sabía que la sexualidad no debe ser tan estigmatizada y tabú.

Después de dos años de desarrollar y crecer la empresa, recaudé 2.5 millones de dólares de algunos de los fondos emprendedores de inversión en el mundo. El año pasado, la empresa creció más que 750%. Este año, Unbound va a vender más de 30 mil órdenes y generar US$3.5 millones de dólares en ingresos.

Pero, de lo que estoy más orgullosa es de las personas que me rodean todos los días. Somos un equipo de siete mujeres brillantes y tres hombres feministas. Me levanto todos los días y no puedo esperar a llegar a la oficina.

Así que mi consejo es tomar las experiencias que te dolieron, que te formaron, que quizás te dan vergüenza y usarlas para cambiar el mundo. Podría haber permitido que mi aborto cuando tenía 18 años o el cáncer cuando tenía 21 años me destruyeran. Podría haber dicho: Esto es tan dificil. Me da demasiada vergüenza. Me doy por vencida. Pero no lo hice, porque sabía que estos obstáculos me harían más fuerte.

También sabía que las personas que son las más capaces de resolver los problemas del mundo son las personas que han pasado por estos problemas. Y en la mayoría de los casos, estas personas son mujeres.

Así que la próxima vez que alguien intente decirte que tu idea no es posible, sólo tienes que sonreír, mirarle a los ojos y decirle: ¿Ah sí? Pues mírame.

Polly Rodríguez
/

Nacida y criada y San Luis, Misuri, Estados Unidos. Tiene una licenciatura en Economía después de batallar contra el cáncer de colon a los 21 años. Trabajó con la senadora Claire McCaskill y en Deloitte antes de empezar Unbound, una rebelde compañía de bienestar sexual para mujeres.


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    Ana López /

    12/12/2017 9:46 AM

    Vergüenza. En efecto, las mujeres vivimos la vida con vergüenza de nuestros cuerpos, de nuestra menstruación, de nuestras heces, de nuestros síntomas cíclicos. Del qué dirán, del rechazo, de tanto.
    Poderoso artículo. Gracias por este espacio que abre a tantas voces femeninas y feministas.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!



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