Odio y censura: un testimonio desde la intimidad

Conozco de cerca los efectos que tiene la censura en sus diferentes formas. Desde hace poco más 10 años dedico mi trabajo a documentar los métodos y especialmente los efectos que tiene ese abuso de poder en la vida de periodistas y activistas alrededor del mundo. Así que escribo esto con la experiencia de mi trabajo acuestas pero también con el desasosiego de ver a la persona que amo y con quien comparto mi vida sumergida en una batalla campal en contra de quienes quieren silenciarla.

Somos todas
Esta es una opinión

Foto: feminisminindia.com

Desde hace casi un año, un sitio que se jacta de defender la honestidad académica y el pensamiento original, lanzó una campaña evidentemente difamatoria en contra de mi compañera, la periodista y activista feminista Catalina Ruiz-Navarro. Esto como producto de la defensa que hizo en su columna de otra de las víctimas de ese portal. Aunque Catalina ha escrito más de un millar de artículos de opinión (sí, son más de mil) publicados en varios medios, tuvieron que escarbar hasta su tesis de pregrado para que con base en errores de citación pidieran a  la universidad el retiro del título y a cada periódico en donde escribe que le cancelaran sus colaboraciones.

El pedido es absurdo por muchos motivos, entre ellos porque se está desconociendo la autoridad de la universidad que le dio el título y segundo porque se está juzgando su tesis como si la hubiera escrito hoy, bajo los parámetros actuales y sin la inexperiencia de su juventud. Pero es evidente que esto no se trata de su tesis, si fuese así bastaría con su reconocimiento de fallas de citación, algo que ha hecho varias veces de forma pública, y no estarían tratando de deslegitimar todo su trabajo de al menos 10 años como periodista y su activismo como feminista. Este intento por “demostrar” su falta de capacidades no solo es absurdo (porque es evidente que capacidades tiene de sobra), es misoginia pura y dura, esa a la que se enfrentan las mujeres que transgreden por hablar de lo público y por animar a otras mujeres a rebelarse contra el sistema.

Después de meses de acoso sistemático, la campaña logró sumar otras voces, tanto de quienes por una u otra razón comparten los deseos de venganza o porque no están de acuerdo con las opiniones de sus columnas o de plano porque simple y llanamente no les cae bien. Hubo quien con tal de desquitar calenturas añejas no correspondidas hizo suya la denuncia y sometió al medio en el que trabaja como editor a reproducir y magnificar la campaña difamatoria.

La campaña ha sido metódica, incesante y motivada por deseos de venganza. Estar cerca de Catalina me ha permitido también ser testigo de la fortaleza y valentía con la ella se ha conducido.  

Cada día que ha pasado, he visto cómo el monstruo de odio enjaulado en el celular de Catalina creció al punto de cobrar vida fuera de este. Pedirle a Catalina que apague el celular a estas alturas resulta ingenuamente cruel. El acoso en línea es real y los efectos son concretos: El agotamiento físico y emocional que se traducen en insomnio y ansiedad desbordada. Son efectos físicos reales, quizás no tan evidentes como el golpe de un puño, pero posiblemente más graves y duraderos para su salud física y mental.

No dudo que entre las olas de odio y acoso existan críticas legítimas, pero estoy seguro de que esas no alcanzan a entender que sus voces se suman a las que pretenden silenciar.  Y es que en un época en donde la conectividad que ofrece internet, resulta inaceptable refugiarse en las concepciones (ultra)liberales e individualistas de la libertad de expresión.

No es la primera vez que Catalina es objeto de este tipo de acoso, seguramente no será la última. Ella continuará opinando, seguirá siendo la voz incómoda que al promover el debate de ideas, terminan fortaleciendo a la sociedad. Eso, al menos, es la esperanza de todos quienes la admiramos y queremos.

Como defensor de la libertad de expresión y la libertad de prensa creo que vale la pena detenernos y pensar para qué queremos la libre expresión o internet. ¿Para construir o para deshumanizar a quienes no comparten nuestras ideas? ¿Para que opinamos: para silenciar o para generar un debate franco y productivo? También es preocupante ver cuán efectiva y barata puede llegar a ser una campaña de desprestigio, especialmente porque son las mujeres y las feministas las que con más frecuencia se enfrentan a este tipo de persecuciones para sacarlas del debate público.

Catalina ha hecho su carrera a pulso, columna tras columna, troleo tras troleo y se ha ganado un espacio en la opinión pública colombiana y latinoamericana gracias a su disciplina y su talento. Por eso sé que ella a pesar de todo, sobrevivirá esta tormenta de crueldad y ridiculez.

Ricardo González
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Ricardo González Bernal es coordinador del Programa Global de Protección de Article 19. Es mexicano y ha dedicado los últimos 12 años de su vida a la defensa de la libertad de expresión.


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    alfonso villacorta /

    18/12/2017 11:18 AM

    sería mas valioso si escribe qué pasó porque no todos estamos en el chisme. es mas, ni conozco a catalina como para saber de su universidad, tesis, plagios, enemigos, dimes y diretes
    corresponde a un periodista poner los puntos sobre las ies y no echar leña verde y mojada al fuego, máxime si es su pareja sentimental la acusada el artículo con título tan rimbombante y pobre contenido hunde a los dos

    ¡Ay no!

    3

    ¡Nítido!

      Oscar /

      19/12/2017 9:54 AM

      Alfonso Villacorta tiene una manera muy agresiva de expresarse en sus comentarios en este medio. Casi nunca estoy de acuerdo en lo que escribe.
      Pero en este caso estoy con el. Ricardo Gonzalez haria bien en ser mas claro. A mi me gustaria sabes cual es ese " sitio que se jacta de defender la honestidad académica y el pensamiento original"

      ¡Ay no!

      ¡Nítido!

        Marlon Suarez /

        20/12/2017 7:22 AM

        Concuerdo con su comentario don OScar, sería conveniente saber cual es el famoso sitio. Que va a entender una persona que está out de todo este relajo? Mal el escritor.

        ¡Ay no!

        ¡Nítido!

        alfonso villacorta /

        19/12/2017 12:29 PM

        perdón mi agresividad. es seriedad contra el periodismo subsidiado, máxime por agencias interncionales.
        leo periódicos de otros países y veo que estamos muy pobres hasta en opinión. no puedo esperar de el clarín, la jornada o el espectador que publiquen sobre temas chapines

        ¡Ay no!

        ¡Nítido!

    Miriam /

    16/12/2017 10:47 AM

    Gracias por compartir esta historia para que se denuncie este tipo de acoso. Espero que la situación de Catalina se mejore y que ella siga trabajando y compartiendo su talento. Me alegra que usted la apoye como pareja y como colega.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Candy Vèliz /

    15/12/2017 11:18 AM

    tiene algún blog? podrían compartir el enlace para leer su columna de opinión u artículos? me encantaría leerla...

    ¡Ay no!

    1

    ¡Nítido!

    Claudia De la Cadena /

    14/12/2017 1:55 PM

    Lamentable que las agresiones y comentarios destructivos sepulten las críticas con argumentos, hay algunas interesantes que valdría la pena analizar.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    a /

    14/12/2017 9:34 AM

    deberias poner nombre propio a los que intentan censurarla

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!



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