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“Hambre o COVID-19”, el dilema en La Comunidad, Mixco.

“Mucha gente en las áreas marginales está desesperada. El COVID-19 les quitó la esperanza", dice el catequista César Puac.César vive y trabaja en La Comunidad, un sector del municipio de Mixco rodeado por barrancos, donde habitan miles de familias, muchas en pobreza y algunas más en extrema pobreza. Según César: “El virus no les preocupa tanto. Más piensan en la alimentación de sus hijos. No saben como conseguir comida. Esto provoca presión mental, lo que puede llevar a una grave depresión”.

Actualidad COVID-19 Hambre Mixco P147

Mientras esperan alimentos, la cantidad de personas y su ansiedad, complica guardar distancia social.

Hace pocos días uno de los vecinos casi perdió la lucha contra tal depresión. Don Héctor (nombre ficticio) es un hombre de unos cuarenta años. “Aquí se vé la seña morada donde me puse la soga“, dice mientras que su pulgar derecho le sigue la línea en el cuello. “Allí me colgué. ¿Por qué? Porque no supe como seguir con mi vida. Mi hijo me encontró. Cortó el lazo y va de somatarme en el pecho hasta que vinieron los bomberos a mi casa. Yo ya no podía platicar”.

La casa de madera y lámina oxidada se encuentra muy cerca del barranco al lado norte de La Comunidad. Don Héctor teme que unas columnas podridas ya no aguanten mucho y que toda la casa se caiga. Sobre todo ahora, con la entrada del invierno. Por supuesto, no tiene dinero para arreglar los palos. “Ayer un amigo me hizo conciencia. Dijo que debo olvidar todo esto y pensar más en mis hijos y mi esposa. ¿Qué va a ser de ellos si yo me mato? Quizá voy a estar en paz, pero ellos tendrán que pagar el entierro”, comenta.

La esposa de Don Héctor está molesta con él. No logra entender cómo puede haber pensado en dejarla sola en estos tiempos: “En la crisis uno mira cómo hace por los hijos, cómo les puede dar de comer. Pues, aguanta uno, que no hay donde”, dice con resignación.

Muchos epidemiólogos suponen que los nuevos epicentros de la pandemia pronto van a aparecer en el sur del mundo. Hasta ahora la mayoría de los gobiernos en América Latina copiaron las estrategias de los países europeos pero una estrategia que funciona en un país como Alemania no se puede transferir completamente a un país como Guatemala, donde la mitad de los niños sufre desnutrición. La expectativa de una hambruna es una sombra encima del ya famoso argumento: “Hay que aplanar la curva de infecciones a través de medidas de contención”.

Para muchos países de América Latina es muy probable que las consecuencias económicas del toque de queda sean más mortales que el propio virus. El Programa Mundial de Alimentos (PMA) de las Naciones Unidas advierte que puede haber “hambrunas de dimensiones bíblicas“. Aún así el presidente Alejandro Giammattei no fomenta una discusión pública sobre la estrategia nacional de cómo afrontar la pandemia. Ha seguido los ejemplos de los países europeos sin siquiera permitir preguntas controversiales sobre las medidas impuestas. Todavía hay que aguantar mucho tiempo y la población necesita que el gobierno explique cuál camino quiere tomar.

COVID-19 o Hambre

Mientras tanto el personal del Centro de Salud en La Comunidad todavía no ha visto ningún caso de COVID-19. Pero una enfermera afirma que la pandemia ha aumentado la cantidad de pacientes en los pasillos. “Hay familias que no tienen ni un quetzal para tortillas. Esto siempre ha sido nuestra realidad, pero ahora es mucho peor. Les decimos: 'Mire, quédense en casa, no salgan de su casa.' Pero no sabemos la situación que están pasando”.

El Programa Mundial de Alimentos pronostica que a nivel mundial la pandemia podría llegar a causar 300.000 muertos de hambre al día. Si en países como Guatemala las cosas siguen igual, no se va a recordar a COVID-19 como una dramática epidemia sino como la causa de la hambruna más mortal de todos los tiempos. La enfermera sabe muy bien que los estómagos vacíos de niños son especialmente vulnerables: "El parasitismo intestinal es uno de las enfermedades que aquí tiene mayor porcentaje de las morbilidades. Hay personas que no tienen la higiene debida, porque viven en asentamientos a la par de aguas negras".

Los problemas de higiene son una de las razones porque las que la Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que una expansión masiva del COVID-19 en América Latina tendrá resultados mucho más mortales que en Europa y los EEUU.

Otro factor es que los hospitales no están preparados y las inversiones en el área de salud siempre han sido insuficientes. Alemania gasta un promedio de 6000 es en salud para cada uno de sus habitantes. Guatemala, apenas 240 dólares.

“No contamos con los insumos necesario”, dice la enfermera. “Estamos viendo demasiados casos de niños de meses de edad que padecen de desnutrición. Necesitamos que la familia en casa tenga alimentos, pero no hay”.

A unos doscientos metros de distancia del Centro de Salud se encuentra la Parroquia San Pedro Nolasco. Frente a la puerta de entrada está sentado el padre Abel Villegas en una silla plástica con una mesa puesta en el piso de polvo. El sacerdote registra los nombres de personas necesitadas que vinieron en espera de ayuda. “Estamos en un sector muy vulnerable. ¿Qué hace la gente? Pues, están en casa ahora porque no se pueden salir. Muchos han sido despedidos de sus trabajos. Entonces nosotros como iglesia intentamos dar una respuesta con lo poco que podemos“.

La Comunidad es considerada zona roja. Puede ser peligrosa también para aquellos que quieren ayudar. “La gente mata por conseguir alimentos", dice el padre Abel. Añade que: "Esto va a aumentar. Nuestro deseo es que la violencia baje, pero nuestra realidad es otra. A veces da miedo meterse a los callejones en donde visitamos a familias pobres. El rato menos pensado nos asaltan o incluso atentan contra nuestras vidas”.

Ayuda de emergencia

Dos días más tarde un salón a la par de la Iglesia San Pedro Nolasco se llenó de bolsas y cajas de alimentos. El padre Abel Villegas trata de ordenar el caos: “Con estas donaciones podemos ayudar a cuatrocientas familias. Arroz, azúcar, frijol, sal y también jabón, detergente y cloro. Es nuestra respuesta al llamado de atender a los menos favorecidos”.

La noticia de que la Iglesia Católica está entregando víveres se ha divulgado rápidamente. Cientos de personas hambrientas se acercan. Entre ellos un hombre mayor con mejillas hundidas y ojeras profundas. “Uno va a donde den ayuda”, dice sentado con los ojos cerrados. “No hay trabajo. Cuando uno les habla a los patrones, ellos te dicen que también se sienten atormentados. No tienen de donde agarrar. Así es bastante difícil poder uno sobrevivir”.

Muchos de los que esperan no están anotados en la lista del padre. Probablemente tendrán que irse con los manos vacíos. A la esposa de Don Héctor le molesta que aún así vinieran tantos: “Hay mucha pobreza y cuando dan algo de gratis, todos quieren. Pero así no se puede. No hay suficiente para todos”.

Toda la gente está usando mascarilla pero pocos guardan distancia. Un agente de la Policía Nacional intenta poner orden. “Duele ver a las personas que ya no tienen comida en sus viviendas”, dice el agente uniformado. “Esto es algo desgarrador. Pero también tenemos que guardar las medidas. Se va a ayudar en una forma ordenada. Evitemos las aglomeraciones. Yo sé que no es tanto la falta de disciplina, sino la desesperación del ser humano por falta de comida.“

Dos horas más tarde en la casa de la familia de Don Héctor, la esposa llevó un costal lleno de alimentos donados. Sin vacilar empieza a preparar una sopa de fideos. Ya no tiene condimentos, solo un poco de sal y unas hierbas que su hija recogió en el barranco. Está ansiosa por comer, pero con muchas dudas acerca del futuro: “Tal vez la enfermedad no nos va a matar sino el hambre. No hay trabajo, no hay nada. Si no logramos un ingreso pronto, habrán muertos de hambre”.

Los fideos están hirviendo en una olla encima del fuego de un leño y algo de basura. Don Héctor los mira con gusto. Durante los últimos días el hambre le ha molestado mucho: “Te sientes desmayado. Da sueño. Uno se pone verde porque toma puro agua de chorro. Hasta cuando me agacho miro como una luz”, dice aún con la sonrisa en el rostro.

Las primeras cucharadas de sopa le devuelven el ánimo a este hombre que parece mucho mayor a la edad que tiene. “Saber cuánto tiempo tardará esta crisis. Por eso uno pone de su parte. Como dice el señor presidente, uno tiene que colaborar con forrarse la boca lo más que pueda. Así tiene que ser. Porque si no, ¿quien quiere morir? Ninguno".

Andreas Boueke
/

Reportero radiofónico que detesta teléfonos móviles, sociólogo, ciclista, alemán pesado (dice Magalí, su preciosa esposa chapina), residente en Guatemala desde hace ya treinta años.


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    Víctor lopez /

    26/05/2020 7:44 AM

    Doña Ana Espada : la Dra María Eugenia Barrientos , el Dr Ochoa Gutiérrez ... y vienen muchos más están tratando a los pacientes de ese mentado virus con una receta básica,el virus NO ES TAN MORTAL , eso si tiene que ser tratado a tiempo es como cualquier enfermedad ... hasta el cáncer se puede llevar si se lleva un tratamiento a tiempo... le invito a que vea esos videos y después opine ... podre no estar de acuerdo con usted pero NUNCA pediría que la censuren , usted al pedir que me censuren solo muestra lo peor de su persona ... aún así YO NO PIDO QUE LA CENSUREN .

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Martha elizabeth Soto Soto /

    22/05/2020 2:27 PM

    Me parece que todo lo que se se está haciendo para que no se siga expandiendo la enfermedad está bien pero también debemos de pensar en el que no tiene por qué hay muchas personas que tienen como para poder vivir y siempre le quitan al pueblo que no tiene

    ¡Ay no!

    2

    ¡Nítido!

    Arely /

    20/05/2020 5:08 PM

    Gran artículo que delinea un lado de la pandemia que no tanto se mira o escucha. Existen otros determinantes sociales de la salud que afectan a las comunidades más vulnerables todos los días, aún mas ahora durante una pandemia. Muchas personas, especialmente aquellas que tienen el privilegio de practicar el distanciamiento físico, el privilegio de no trabajar / trabajar desde casa y el privilegio de no tener que preocuparse como se alimentarán, olvidan lo casi imposible que es para la gran mayoría de la población hacer lo mismo. Tiende a culpar al individuo más que a la estructura política y económica en su conjunto que falla a estas comunidades (que casi siempre son indígenas). Tan rápido son algunas personas para decir cosas tan insensibles y racistas sin reconocer las condiciones o situaciones de otra gente. las cosas no cambiarán hasta que las comunidades más vulnerables sean apoyadas y elevadas.

    Gracias por traer luz a esta situación.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Ana de Espada /

    20/05/2020 4:25 PM

    El señor Victor López anda pregonando en este medio informativo que el virus del COVID-19 NO ES MORTAL, se dan cuenta que clase de personas se atreven a comentar en este espacio.
    NOMADA debería censurar a este señor, no sea que sus idioteces se la crean algunas personas que sean mas torpes que él, cuestión que me asombraría, y se expongan creyendo que el virus no mata. El presidente Trump dijo que para combatir el virus recomendaba tomar Lysol, cloro y muchas personas terminaron en el Hospital intoxicadas. Es increíble como el señor López escribe incansablemente tanta bobada, pero el colmo fue escribir que EL COVID-19 NO ES MORTAL,
    Por favor señores de NOMADA es necesario un filtro para evitar a los descerebrados como el señor Victor López.

    ¡Ay no!

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    ¡Nítido!



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