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Una nueva generación de líderes locales trae cambio

Guatemala ha sido marcada por una profunda exclusión social, económica, étnica y política. Como resultado, persiste la desigualdad en la distribución de la riqueza, la concentración en la propiedad de la tierra, abusos a los derechos humanos y una muy reducida variedad étnica en el Congreso.

Opinión
Esta es una opinión

Joven Awakateka, directora ejecutiva de la Asociación Política de Mujeres Mayas Moloj

Alicia López

Los líderes más notables del movimiento indígena emergieron durante la lucha histórica para apoyar los Acuerdos de Paz de 1996 que terminaron simbólicamente con tres décadas de guerra civil. A raíz de este triunfo simbólico, los movimientos sociales se dividieron en grupos que representan los intereses de los indígenas, los campesinos, las mujeres, los jóvenes, entre otros. El efecto neto ha sido dividir y debilitar la voz y el poder colectivo de las bases populares guatemaltecas.

Gracias al trabajo de héroes como Rigoberta Menchú y a la buena voluntad de la comunidad internacional para apoyar la implementación de los Acuerdos de Paz, donantes internacionales financiaron lo que esperaban sería la transformación de Guatemala en un país democrático y próspero. Pero el gobierno guatemalteco, el sector privado y las organizaciones de la sociedad civil no siempre estuvieron preparados para administrar esos recursos y articular sus amplias agendas. En algunos casos, incluso, las prioridades extranjeras se impusieron a las locales lo cual generó una atmósfera de desconfianza.

Sin embargo, en años recientes, varios esfuerzos exitosos para combatir la corrupción y la impunidad han demostrado el poder creciente de las organizaciones locales  y de una ciudadanía proactiva. En este contexto, es esperanzador que dentro de la difusa pero dinámica sociedad civil más líderes locales, como Menchú o Amilcar Pop, están emergiendo.

Como representante de la Fundación Interamericana (IAF) para Guatemala, durante casi ocho años y más de 50 viajes al país, he conocido a talentosos jóvenes quienes están rediseñando el rostro de las organizaciones locales. La estrategia de la IAF en Guatemala se enfoca en promover procesos orgánicos, inclusivos y de largo plazo para lograr una inclusión social, económica y política. Los líderes de estas organizaciones con frecuencia son jóvenes, nacidos entre fines de la década de los 70 y principios de los 90, y con la destreza de movilizar comunidades usando WhatsApp y Facebook. Como nunca antes, estos líderes pueden establecer relaciones dentro y fuera del país ampliando así sus perspectivas y capacidad de pensamiento crítico en la elaboración de sus planes de acción.

Una nueva generación abierta al diálogo

Estos líderes emergentes han demostrado un interés particular en aprender a negociar y considerar los beneficios de un desarrollo económico justo. Durante una visita al corazón del territorio Q’eqchi’, que ha tenido una tremenda expansión de plantaciones de palma africana, ranchos ganaderos, crimen organizado y proyectos de infraestructura, Ernesto Tzi, un líder Q’eqchi’, director de la Asociación Aproba-Sank (SANK), me dijo: “No estamos en contra del desarrollo económico, pero queremos ser adecuadamente consultados e incluidos en las discusiones que llevan a las decisiones de avanzar estos proyectos, ya que afectan a la vida de la comunidad”.

Tzi, quien actualmente estudia derecho, puede movilizar multitudes tanto en español como en Q’eqchi’; ha pasado incontables horas hablando con sus mayores acerca de la apertura al diálogo y a nuevas ideas, subrayando siempre la importancia de defender los territorios indígenas. Este diálogo no ha sido fácil debido a la profunda desconfianza existente entre los grupos indígenas, el gobierno y el sector privado.

Sin embargo, esta disposición a dejar atrás el pasado ha producido cambios. SANK se ha aliado con la Asociación de Abogados y Notarios Mayas de Guatemala para crear una vía legal que permite a las comunidades indígenas administrar sus tierras de acuerdo a sus tradiciones ancestrales, cumpliendo al mismo tiempo con las leyes guatemaltecas e internacionales. Esta práctica protege a los territorios del despojo de tierras y evita las ventas individuales. Actualmente, el gobierno local apoya algunas de las iniciativas de SANK para salvaguardar los territorios indígenas y estimular la economía local. Específicamente, el gobierno local está financiando concursos que fomentan y premian la diversificación de cultivos, y ha permitido el uso de un lugar estratégico para el funcionamiento de un mercado campesino.

Los líderes jóvenes están más dispuestos a usar enfoques innovadores para la solución de problemas, a cuestionar a los líderes mayores y a los donantes internacionales, y a colaborar con diferentes grupos independientemente de etnias o género.

Alicia López, joven awakateka, directora ejecutiva de la Asociación Política de Mujeres Mayas Moloj (MOLOJ) ilustra este punto. Alicia insiste en que la agenda de las mujeres no debe estar dividida por etnias. Esta práctica, según ella, retrasa el progreso de la misma. Las mujeres no sólo deben trabajar juntas, sino también con aliados estratégicos masculinos y con organizaciones internacionales que comprendan sus prioridades y sus necesidades. Bajo el liderazgo de López, diversas organizaciones de la sociedad civil se han unido para apoyar iniciativas tales como lograr la paridad electoral para las mujeres y los indígenas (esta se discutió en el Congreso de Guatemala), e incluso para apoyar públicamente el trabajo de la Fiscal del país.

La resistencia de los mayores a ceder espacio

A pesar de estos éxitos, los movimientos sociales de Guatemala enfrentan varios retos. Uno de ellos es el relevo generacional. Muchos líderes mayores hablan positivamente sobre esto, pero cuando se trata de ofrecer oportunidades y otorgar a los jóvenes poder de decisión, con frecuencia se muestran renuentes a ceder sus espacios.

La familiaridad y el uso de la tecnología también pueden causar fricciones generacionales. Aunque el desarrollo de relaciones personales tiene sus méritos, el uso de la tecnología tiene enormes efectos multiplicadores. Los líderes jóvenes tienen la capacidad de organizarse a través canales tradicionales pero también por medio de aplicaciones de mensajes de texto y redes sociales. Conforme pasa el tiempo, los líderes jóvenes están sacando a sus contrapartes de más edad de sus zonas de “confort”, lo que comprensiblemente, causa desacuerdos.

Otros obstáculos son las rivalidades y el celo interinstitucional. Algunas organizaciones, quizá temerosas de perder su protagonismo, se muestran renuentes a compartir sus contactos, recursos y conocimientos. No son pocas las organizaciones que dedican recursos a desarrollar algo que ya existe, o a conectarse con un cooperante o gobierno con el que organizaciones similares ya tienen relaciones bien establecidas.

Adicionalmente, la frágil situación económica que enfrentan organizaciones de sociedad civil con frecuencia hace que cambien sus prioridades para satisfacer las expectativas de sus cooperantes. Esto merma el potencial de líderes locales y tiende a convertirlos en implementadores pasivos, en vez de líderes activos y creativos.

Para lograr una transición ordenada en los movimientos sociales guatemaltecos, el gobierno y la sociedad guatemalteca, así como la comunidad internacional, debemos permitir que líderes como Ernesto Tzi, Alicia López y muchos otros desarrollen todo su potencial. Estos nuevos líderes tienen lo necesario para adaptarse, innovar, negociar y aprender, mientras trabajan para satisfacer las necesidades y prioridades de aquellos a quienes representan. No apoyar sus esfuerzos podría ser costoso; de hecho, podría socavar los logros alcanzados por sus antecesores.

Ernesto Tzi

Ernesto Tzi, líder q’eqchí, director de la Asociación Aproba-Sank (SANK)

Jose Toasa
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Actualmente es el Representante para Belice y Guatemala de la Inter-American Foundation (IAF), una agencia autónoma del gobierno federal de los Estados unidos con sede en Washington, DC. Jose tiene una maestría en Economía de George Washington University y licenciaturas en Economía y Matemáticas de American University; las dos ubicadas en Washington, DC.


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