Sobre ocupaciones y otras necedades: Moisés Barrios y la historia bananera

Estuve tratando de comprimir las conversaciones que he estado teniendo con Moisés Barrios desde hace un par de años, pero no lo logro. Quizá el problema comenzó en el intento. Si tendré más conversaciones, ¿cuál es el punto de comprimirlas? El título original de este texto iba a ser «El arte de la conversación», pero con Moisés siempre reconsidero las cosas. Son algunas de sus enseñanzas: meditar, reflexionar, dejar que las cosas se añejen, como él lo dice. Y huirle a la pretensión.

Cotidianidad Opinión
Esta es una opinión

'Fruta amarga, Fruta extraña", exposición de Moisés Barrios en Concepción 41 (La Antigua Guatemala).

Fotos: Gabriel Rodríguez Pellecer

Las grandes series de su obra –el Pacífico y la Bananera– las he visto en diferentes etapas y siempre percibo en sus procesos esa meditación.

Mi participación en el proyecto Fruta amarga, Fruta extraña comenzó con la invitación de María Rondeau, directora de Concepción 41 (más bien, una auto-invitación; cuando me comentó que estaba buscando un curador para el proyecto, no dudé en proponerme). A la semana me escribió que ya estaba incluido.

Las conversaciones que había tenido anteriormente con Moisés eran esporádicas y de ahí en adelante se hicieron regulares.

Siempre me recibe con una sonrisa y al sentarnos comienzan las anécdotas, el humor negro y las reflexiones sobre la Historia de Guatemala y sus eternas contradicciones.

En Moisés encontré esa obsesión por el absurdo que forja muchas amistades que he ido recolectando con artistas.

De lo que más hablamos es de sucesos bizarros que ocurren en esta tierra de contrastes. Escucho atento cuando comienza una anécdota: «Durante su gobierno, Ubico trajo para una feria a la Ciudad de Guatemala a un grupo de lacandones y los exhibió dentro de uno de los salones de fiestas (de la zona 13) como si fueran animales». Su forma de hablar es pausada. Y en el momento de esas pausas meditamos sobre la idiotez que no cesa en los gobernantes de este país, que se empeñan en no comprenderlo (o no querer hacerlo). Lo contrastamos con sucesos actuales. Y los complejos de país pequeño.

Podría decirse que este ejercicio se convierte en un psicoanálisis del país, sin caer en solemnidades, porque a veces el humor es una forma de mitigar las frustraciones que causa esta historia conflictiva.

Otros harían piezas muy serias sobre temas como la ocupación de Estados Unidos, a través de la UFCO. Pero la primera capa de lectura de una serie de Moisés sobre este tema, es con una mirada humorística. Porque es tal la obviedad de los problemas de este país y sus causantes, que no darse cuenta, es una idiotez y a la vez una política de Estado.

Durante esas conversaciones empecé a ver rasgos de los filósofos cínicos en Moisés. Cuando dice que su insistencia en trabajar el tema de la Bananera –cubriendo con la piel de banano lienzos, objetos y revistas de arte (Artforum)– es por venganza. Leyó en un texto que Guatemala era un país virus, y esto lo marcó. Ahí comenzó la venganza. Las revistas Arforum son el Imperio –desde el mundo del arte– y Moisés les devolvió su virus. Las revoluciones estéticas son muy certeras y los cambios ocurren en uno de forma imperceptible.

Volviendo a los cínicos, recuerdo la historia de cuando Diógenes es expulsado de su ciudad natal por falsificar monedas. El oráculo le había dado la instrucción. Y al desterrarlo, él les dice: «Ellos me condenan a irme, yo los condenó a quedarse». Hago el contraste con Guatemala y su historia, porque la obra de Moisés y la Bananera es para recordarnos esa condena a quedarnos. A ser país tercermundista, eternamente ocupado, manipulado y saqueado. A tener a Estados Unidos como sombra. Su obra continúa con el tema porque es infinito. Desde la ocupación del 54, pasando por la minería, la «amenaza» comunista, su apoyo a la contra-insurgencia y el protagonismo actual de su embajada en la lucha contra la corrupción y las protestas del año pasado. Cómo esas relaciones con otros países más poderosos nos ha determinado. Resultamos siendo víctimas de esa propia condición impuesta. Y este tema engloba muy bien nuestra historia. Seguimos siendo este país virus, porque parece que no podemos deshacernos de esa piel del banano.

Los bananos que pendulan y el título de la muestra son alusivos a la canción Strange Fruit de Billie Holliday. La mirada cínica de Moisés une dos temas sobre la explotación: la bananera y la minería. Luego de ver la instalación estas dos líneas de la canción rebotan en el inconsciente de forma violenta, junto con la imagen de un esclavo colgado en un árbol: “Here is the fruit for the crows to pluck, for the rain to gather, for the wind to suck, for the sun to rot, for the trees to drop”. Acá esta la fruta para que los cuervos la arranquen, la lluvia reúna, el viento succione, el sol pudra, los árboles boten.

Con la instalación en Concepción 41, la obra de Moisés da un giro significativo. Los bananos invaden el espacio exterior de forma extraña. Las pencas pendulan de cabeza en las ramas de árboles que no les corresponden. Las ideas, Moisés las concibe desde peregrinajes. Llegó al lugar meses antes de la exposición, fue bocetando las pencas y luego las volteó. Los bananos, con la gravedad, comenzarán a ceder, y la fruta extraña florecerá.

Para volver a decirnos: este árbol no es de bananos. El banano está impuesto, como ha ocurrido muchas veces en el país. Son otros poderes los que pendulan sobre nosotros. Y los poderes no están ocultos. Están sobre nuestros cabezas, listos para que tomemos un banano de la penca y nos traguemos discursos ajenos.

Este peregrinaje culmina, por el momento, con el sol que ayudará a los bananos a madurar y pudrirse. No sin que, antes de deteriorarse frente a nosotros, los consumamos y disfrutemos.

Quedan algunas preguntas en el aire. ¿Esta obsesión con el absurdo, será un desperdicio de recursos también? ¿Será la Historia de Guatemala una gran apología del absurdo?

Gabriel Rodríguez Pellecer
/

1984. Artista visual, maestro de historia del Arte y encargado del Espacio Sótano 1. Se formó en la arquitectura y en la Internet. Se dedica al arte contemporáneo porque es una disciplina que no figura entre los Premio Nobel y lo abandonará cuando se vuelva algo legítimo, aceptado y deje de ser criticado.


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    Gustavo Cruz /

    02/06/2016 3:07 PM

    Estimado GABRIEL RODRÍGUEZ PELLECER, conoces las bananeras actuales, las fincas que están en Retalhuleu? Conocí algunas, hay muchas historias actuales que contar.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    alfonso villacorta /

    01/06/2016 6:51 PM

    como que de banana republic pasamos a ser una people republic, que en lugar de exportar el fruto, resultamos exportando gente...

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!



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