Atrapada en el hastío

La lucha contra la corrupción y la impunidad se volvió parte de la rutina diaria. Es una lucha de nunca acabar. Me siento desganada y desesperanzada.

Blogs Opinión P369
Esta es una opinión

Foto: Gerd Altmann / Pixabay

Escribo esta entrada al blog en primera persona con el objetivo de que a quien lo lea, se le facilite vincularse con el mismo. Hasta ahora me percato que uno de los peligros del tedio es que nos duerme la capacidad de empatizar.

En algún momento de nuestros días hemos experimentamos el hastío. El aburrimiento aparece en la cotidianidad mientras espero que el semáforo cambie a verde, mientras hago cola en la SAT o espero sacar mi pasaporte. Intento distraerme viendo el teléfono, mientras leo todo y no atiendo nada. Una vez obtenido aquello por lo que espero, ese hastío temporal desaparece.

Sin embargo, en ocasiones esa sensación de aburrimiento permanece y pareciera que llega a instalarse a mi vida de manera existencial. La incapacidad de nombrar qué siento, cómo lo siento, dónde lo siento, desde cuándo lo siento, hace que confunda tedio por tristeza, y vaya por la vida creyéndome en depresión. Cuando no, no estoy deprimida, solo estoy hastiada.

Esa sensación de “empacho estomacal” se anida en la conciencia y me encuentro en ese momento de querer nada, de inconformidad con lo que hago, de desgano por la rutina, de desencanto por la vida. Me siento abatida e insatisfecha con los días.

Me rehúso a entender el aburrimiento como únicamente una falta de motivación, si así fuera bastaría con un condicionamiento clásico para salir de ese estadío emocional y no, no basta. Entender y empalabrar qué o quiénes me tienen aburrida es encender la luz para salir de esa sensación.

En este caso en particular, a simple vista pareciera que Guatemala me tiene hastiada. La lucha contra la corrupción y la impunidad se volvió parte de la rutina diaria. Veo el noticiero, escucho a mis compañeros de oficina, leo mis redes sociales, salgo con amigos, el tema es el mismo: Ministerio Público y CICIG versus el Pacto de Corruptos. Es una lucha de nunca acabar. Me siento desganada y desesperanzada.

Huyo del tema, me refugio en la rutina. Y ahí metida en mis días, me percato de la incomodidad que se siente vivir en automático: de la casa al trabajo, del trabajo al gimnasio, del gimnasio a la casa, a las reuniones, a las cenas, a las fiestas con los mismos, a las redes sociales, a la música, a la comida. Me doy cuenta, no es Guatemala la que me tiene hastiada, es la coyuntura. No es mi rutina la que me tiene abatida, son las condiciones.

A alguien se le ocurrió cargarle la moral a las emociones, la gente te ve como mala persona si estás aburrida o desganada. Como mal ciudadano si la indignación te abandona y se vuelve apatía. Si las ganas de cambiar este país se adormitan porque pareciera que a pesar de todos los esfuerzos no se avanza y las condiciones no cambian. Se vale aburrirse, sentirse saturado, se vale perder el sentido por un rato.

La ventaja que tiene este empacho coyuntural, es grande. El aburrimiento es esa fuerza motora no descubierta que me dice que algo no camina bien. Es el inconsciente advirtiendo la necesidad de salir de ese espacio tóxico, de esa relación que no ayuda a crecer, de ese atore y desesperanza que pareciera nubla más el panorama.

Darse cuenta, del aburrimiento en el que estoy es abrirme a la oportunidad de regresar con más fuerza. Esa fuerza está ahí, de eso estoy segura porque la he sentido antes. Por el momento me doy permiso de regresar al origen, de volver a pasar por el corazón el sentido de por qué hago lo que hago. De ir a los lugares que me nutren, de conectarme con mi esencia para recobrar energías de encontrarme con personas que me dan vida, de escucharlas y saber que no voy sola, que somos muchos los hastiados.

Toda batalla aburre y satura. Ahora entiendo que las ganas de transformar este país se cansan pero no se mueren. ¡Es la corrupción la que me tiene harta! Sin embargo, tengo la certeza que esta época oscura, terminará.

La invitación es a que si en algún momento la sensación del hastío me atrapa, por una relación o una situación, me atreva a decirlo sin sentirme juzgada y sobre todo me percate de la oportunidad que tengo de transformarme y renacer con más fuerza que antes.

 

*El título de este blog se tomó del cuento corto “Atrapada en el hastío”, de Encarnación Gómez Valenzuela.

Mercedes Bautista
/

Psicóloga Clínica. Empezando la treintena. Agradecida con la vida, pidiéndole que mire con buenos ojos lo que decida hacer con ella. Mi inconsciente es el que escribe.


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    Rafael Diaz /

    03/05/2018 8:49 PM

    Bueno muchacha pongase a producir algo. A su edad ya hubiera superado la crisis de identidad de los 21 años.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Rafael Diaz /

    03/05/2018 8:48 PM

    Bueno jovencita, pongase a producir algo. Ud. Es una tipica muchacha de clase media o media alta que a su edad ya hubiera resuelto la crisis de identidad de los 21 años.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!



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