Elogio del tiempo lento

Todos aplaudimos cuando surge un nuevo servicio en el mundo del “fast” para ahorrar unos minutos. Nos emocionamos cuando abre una nueva línea de transporte rápido; y nos desesperamos cuando Internet se tarda largos segundos para abrir una página. Echamos pestes cuando el semáforo se pone rojo antes de que nos dé tiempo de acelerar, porque sentimos que ese semáforo nos está quitando injustamente una parte de nuestro tiempo, tan valioso.

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Esta es una opinión

El Conejo Blanco, uno de los personajes de Alicia en el país de las maravillas.

Imagen: Walt Disney

 

Traducción libre: Christina Chirouze

Porque en realidad de eso se trata: el tiempo nos está pareciendo cada vez más un recurso raro, un capital finito del que hay que hacer buen uso – ¿cómo, de otra manera, lograr ver todas las películas, leer todas las novelas, cenar con todos los amigos que pueden enriquecer nuestras vidas, y por quienes nos cuesta tanto encontrar un espacio en nuestra agenda tan repleta? Sin hablar siquiera de las tareas profesionales, cuya fragmentación continua yace siempre como una nube negra sobre nuestras mentes.

Sin embargo, los estudios sociológicos son claros: nunca, en la escala de la historia, hemos tenido tanto tiempo libre. Pero más acumulamos ese tiempo, y más nos parece escaso. Como si, de tanto sacudirlo, hubiéramos roto nuestro reloj de arena, y que el tiempo se estuviera escurriendo de nuestras manos. Y allí estamos, cuales conejos de Alicia en el país de las maravillas, condenados a siempre sentir que vamos tarde, siempre esperados en una cita urgente en alguna parte. Entonces, después de ese día que habremos vivido tan rápido, lo que nos ocupa es menos el recuerdo de todo lo que hicimos que el pesar de todo lo que nos perdimos.

Jea Giono, el escritor francés, oponía la flecha del tiempo a la “redondez de los días”, esa forma eterna y estadística que nos proporciona ese sentimiento de llenura. “La civilización nos quiso persuadir que vamos hacia algún lado, una meta lejana. Nos hemos olvidado en el camino que la única meta es vivir, y que vivir lo hacemos todos los días y que a cada hora del día llegamos a esa meta, con solo el hecho de vivir”. Dinamismo, innovación, acumulación ¿con qué fin? Para reapropiarse el mundo, nuestras vidas, urge ir más despacio.

 

* Este artículo fue publicado en el periódico francés “Le 1”.

Julien Bisson
/

Periodista reportero en Francia, especializado en política internacional y literatura. Desde mayo 2017, es redactor jefe del periódico “Le 1”.


Christina Chirouze
/

Chapina parisina. Gestora cultural de La Caféothèque. Entre bibliotecas académicas, vagabundeos urbanos y viajes mochileros, sintetizó su pasión por el arte en general, y en especial el de Centroamérica.


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