Haters y discusiones bizantinas

Todos llevamos a un pequeño "odiador" adentro, nosotros decidimos si lo alimentamos o le permitimos expresarse. Todo dependerá del tipo de batalla que querramos pelear.

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Esta es una opinión

Ilustración: Pixabay / OpenClipart-Vectors

Todos somos haters en Internet. Es una de nuestras necesidades al construir una persona para el mundo digital. Por definición, un odiador es esa persona que siente antipatía y aversión hacia algo o alguien y le desea todo mal. Como en todas los ámbitos que se relacionan con la conducta humana, no todos somos odiadores en el mismo grado ni por las mismas circunstancias.

Hay odiadores moderados que solo quieren llamar la atención, como el cliente que se queja porque lo atendieron mal en algún lugar. También hay odiadores acérrimos, esos que odian todo, a todos y para los que no hay nada que valga la pena en el mundo. Las redes sociales son un maravilloso campo de cultivo para expresar todos esos sentimientos que antes hubiéramos compartido solo con algunas personas. Además, ahí siempre se encontrará uno con alguien dispuesto a ejercitar las discusiones bizantinas. Quizás no discutamos sobre cuál es el sexo de los ángeles, aunque después de una breve búsqueda puede uno llegar a discutir con un miembro de la “Flat Earth Society”  sobre si la tierra es plana y las conspiraciones de la NASA.

Nuestro lado hater es la contraparte a ese impulso que nos hace compartir fotos de gatos y de pandas porque a veces el mundo se torna demasiado denso. A veces nos pasan cosas de las que necesitamos hablar y en las redes hay una audiencia dispuesta a mostrarnos simpatía o antipatía. Hay muchos que se alimentan de esa retroalimentación y ni siquiera les importa si lo que reciben son respuestas negativas, con tal de recibir una respuesta.

Hace un par de semanas fui a un centro comercial de la zona 14 y vi algo que me indignó. Vi una caja de cartón que está destinada a ser una estación de lactancia. Mi primer impulso fue llamar a las de Free the nipple   y hacer una manifestación frente a la caja; convocar a la Liga de La Leche en pleno para que se pusieran a amamantar a sus bebés por todo el centro comercial; forrar la caja con la foto censurada de Anastasia Chernyavsky y ver arder el mundo. Después de rumiar en lo personal mi disgusto por la caja me fui a Facebook y pregunté en un foro de mamás qué pensaban de la caja. Les dije que yo la encontraba atroz y que quería saber si alguien la había usado y cuál había sido su experiencia.

Las primeras respuestas fueron amables, me decían que era una pena que yo pensara que la caja es atroz sin haber entrado a ella, que era una buena opción para las mamás a las que no les gusta amamantar en público. Alguna se quejó de que la caja es pequeña y hace un poco de calor adentro pero, en general, las mamás de ese grupo la encuentran buena. Algunas me dijeron que no me preocupara, que su uso es opcional y no están obligando a nadie a usarla. Después de una docena de respuestas le di las gracias a quienes se habían tomado el tiempo de contestarme, les dije que aunque para mí seguía siendo atroz, respetaba que las mamás la encontraran útil y que mientras no obliguen a nadie a usarla, pues todo está bien. Lo que siguió fueron unos sesenta mensajes en los que llegaron a decirme que Guatemala está mal por gente como yo, que nunca está conforme con lo que hay y que se dedica a hablar mal de las buenas iniciativas. En ese momento para ellas yo era la hater criticando sin razón.

Como nadie se tomó la molestia de preguntarme por qué me parecía atroz la caja, como tampoco parecían interesadas en dialogar sino en dejar claro que yo estaba mal por mi crítica y como no pienso usar la caja, decidí alejarme de esa discusión bizantina en particular. Incluí el episodio en mi archivo personal de temas para pensar con calma porque me parece interesante contrastar mis opiniones y sesgos con los de otras personas.

Yo vi en la caja la crítica latente a las mamás que amamantan a sus bebés en público, esas cejas levantadas y la posibilidad de decirles que se tapen, que se metan mejor a la caja, claro, por ellas mismas y su privacidad. Las mamás del grupo dejaron claro que hay muchas que prefieren que no las vean, que hay bebés a los que les cuesta comer en calma si hay mucho ruido y que, a final de cuentas, es su elección usar la caja. Yo estoy de acuerdo con eso y espero que nunca se le acerque un guardia de seguridad a decirle a ninguna de ellas que use la caja porque está en un “ambiente familiar” o porque está “molestando” a la gente.

Entiendo que estamos en la era de los indignados y que uno ve comentarios que chorrean odio por todas partes, que a veces dan ganas de alegar porque podemos. Entiendo que nuestro lado hater o una tarde muy aburrida en el trabajo nos haga tener ganas de discutir a lo bizantino solo para saber que no estamos solos. Sin embargo, me preocupa que dejemos de hablar de temas importantes porque nuestros argumentos pueden ser reducidos al absurdo o ignorados bajo la etiqueta de que los hicimos por odiadores. Me preocupa que nos limitemos a pensar que el fin de cualquier crítica es, simplemente, manifestar el odio que nos corroe o que pensemos que los demás están haciendo alguna crítica para manifestar el odio que los corroe, hay discusiones bizantinas y otras que valen la pena. Cada uno debe decidir en cuál quiere invertir su tiempo.

 

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Conoció los cómics porque un día se empachó de literatura, aunque nunca dejó de creer que se puede cambiar al mundo un lector a la vez. Ama el cine y los dulces de anís.


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    HUGO FRANCISCO LOPEZ SAAS XELA /

    01/05/2018 1:33 AM

    Yo soy un "lover" del internet

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!



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