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La migración más allá de la estadística

La migración debe evaluarse más allá de las razones económicas o violentas que la ocasionan. Obliga a acciones solidarias lejos de los dogmas usuales y que involucran, tanto a Estados como a ciudadanos, de los países que la sufren. En ambas vías.

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Esta es una opinión

Migrantes hondureños de paso por la ciudad de Guatemala.

Foto: Carlos Sebastián

“Uno es persona y dos ya es un número” nos explicaba nuestro profesor de derechos humanos, durante un curso en Ginebra. Las cifras no tienen rostro, no tienen dolor. Sirven para medir, calcular o contar. Recuerdo a otro profesor, que se arreglaba la corbata, mientras decía que los números ayudan a establecer criterios para tomar decisiones.

Si les digo que en los últimos ocho años, 74 personas han perdido la vida mientras están retenidas por las autoridades americanas tras un arduo viaje que finaliza con el cruce de la esperada frontera, les puede sonar como un número bajo. Hasta que entendemos que no hay cifra capaz de contener el valor de una persona o hasta que el horror no nos permite seguir haciendo la vista gorda.

Cuando conocemos la historia con nombre y rostro, la miseria y la injusticia se muestran desnudas. Y nos deja atónitos e impávidos ante la realidad que experimentan muchos guatemaltecos. Esa trágica historia en la que de alguna manera se condensa toda la experiencia migrante se llama Jackeline Caal. Con apenas siete años, se apila junto a los otros 73 y que de alguna manera los representa. Los reúne: su muerte carga con toda esa responsabilidad de trascender por todos los demás.

El problema nunca ha sido la migración, tan antigua como los primeros pobladores de la tierra. Lo son las soluciones simplistas que hasta ahora se han difundido en el debate público a raíz de los ‘discursos’ políticos donde la forma coincide con el fondo. O mejor dicho, que carecen de él.

Tal y como dijo Zizek en una entrevista en El País, no debemos abogar por una solución de corte nacionalista, como cerrar las fronteras. Pero tampoco debemos regalarnos ante la ingenua creencia de que las podemos abolir mañana. Siempre me ha gustado más la visión realista de Alexandria-Ocasio Cortez que invita a ampliar la perspectiva actual, donde el elemento que predomina es el racial, procurando la seguridad del migrante a través de la desmilitarización con que intenta contenerse.

Hace unos días en la ONU se llegó a un primer tímido pacto sobre la migración: el llamado Pacto Mundial para la migración segura, ordenada y regular. En él se sumaron alrededor de 160 países de los 193, desmarcándose de un acuerdo no vinculante varios Estados clave como Estados Unidos o Chile, donde Guatemala, por razones difíciles de imaginar, afirma que se une con ciertas “reticencias” siendo un país emisor y dependiente de las remesas.

Muchos de estos países siguen utilizando un concepto trasnochado de soberanía, que en esta ocasión claramente está siendo utilizado como una excusa política. El acuerdo deja claro que son los Estados los que mantienen la potestad para decidir su política migratoria además que forma parte de la propia naturaleza de un acuerdo que no es vinculante. Creo que en Guatemala es muy necesario redefinir el concepto de soberanía dentro del marco global que supone el siglo XXI, donde la impotencia del Estado ante los retos transnacionales no deja de aumentar y su capacidad como unidad dadora y dotada de significado cada vez está más desgastada.

Parte de estos esfuerzos son el Plan Alianza para la Prosperidad, que inició en el 2014 sin que haya producido los efectos deseados. Las deportaciones de los migrantes guatemaltecos desde Estados Unidos continúan en aumento. Por ello, México con la llegada de su nuevo mandatorio, Manuel Lopez Obrador, saca provecho de la actual coyuntura para anunciar un nuevo plan llamado Plan para el Desarrollo Integral de Centroamérica que supondrá enormes beneficios para el Estado mexicano y actuará complementando al antiguo Plan Alianza para la Prosperidad en el Triángulo Norte.

Ambos planes son esfuerzos de cooperación entre países puesto que los fenómenos trasnacionales –como el migratorio, el narcotráfico y el cambio climático– requiere de la actuación de todas las partes involucradas para atisbar una solución. Me parece positivo que ambos planes sean un esfuerzo por escarbar hasta el fondo del asunto, dejando que los políticos y sus discursos se centren en los efectos fáciles de ver y de utilizar.

Sin embargo, es necesario hablar más allá de las condiciones paupérrimas que ocasionan el éxodo de miles de personas, también de las razones por las que las políticas públicas solidarias son pobremente recibidas por las poblaciones. Y tan impopulares entre los políticos actuales. Hemos visto el descaro muchas veces incluso de criminalizar la pobreza, como si los migrantes fuesen personas peligrosas y llenas de odio, cuando en realidad van con el estómago vacío buscando alternativas para poder vivir una vida digna.

En este sentido me parece importante traer a colación al escritor y divulgador Victor Bermúdez, quien planteó en su último artículo la necesidad dar razones convincentes a los demás de por qué debemos ser solidarios con los más necesitados. Según él, no hemos sido capaces de hacerlo. En lugar de ello se ha tratado llenar el vacío con los “dogmas y discursos moralizantes” que de poco valen.

Hasta que no seamos capaces de dar respuesta a esa pregunta, la mejora económica para las personas con necesidad llegará en algún momento. Pero la solución integral a un fenómeno tan complejo como el migratorio, estará lejos de nuestra vista.

Tal vez, como dijo un sacerdote en el programa Salvados, de Jordi Évole: parte de la solución está en entender la solidaridad de manera diferente. Si la solidaridad del pasado consistía en saber distribuir entre todos, la del futuro pasará por ir contra nuestros propios deseos.

Mateo Echeverría
/

Graduado en Humanidades por la Universidad de Navarra. Enamorado de la filosofía. Hace años que dejé Guatemala, aunque todo lo que me importa aún sigue ahí.


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COMENTARIOS

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    Víctor López /

    04/01/2019 10:45 PM

    Interesante tu artículo , lástima que nuestras elites económicas y políticas no les importe el pueblo, cuántos estudios no se han hecho para solucionar el problema? Y nuestras elites no mueven un dedo... Si ellos que tienen el poder no lo hacen , no creo que nosotros podemos hacer algo... Claro los que tenemos un pequeño negocio , nos defendemos un poco, poco por que tenemos a la sat encima ... ( ese es otro lío) . Lo único que nos queda es " aguantar" como dijo el nefasto expresidente Colom. Para finalizar me agradan este tipo de artículos ...

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!



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