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Todas podríamos ser Katherine (recuerdo de un secuestro)

Katherine Dessire Morataya Arenas de 22 años había desaparecido y la encontraron, pero sin vida. Atada y con signos de violencia, en el fondo de un barranco.

Blogs P369
Esta es una opinión

Paro contra el femicidio #NiUnaMenos

Foto: Carlos Sebastian

3:00 am – Insomnio.

A mí también me llevaron una vez. La amenaza era esa: “si no nos entregan la plata, te vamos a ir a dejar lejos, para que les cueste encontrarte”.

Semanas antes había salido la noticia de otra mujer, hallada en algún barranco o montaña por Amatitlán. Yo sabía de quién hablaban: Guadalupe. Trabajaba en un lugar cerca de mi casa. Era joven, de pelo negro, liso y largo. Sonrisa amable y expresiva.

Yo tendría suerte, seguramente no me pasaría así a mí. En mi cabeza me explicaba durante esas horas que eso que estaba viviendo era solo un secuestro rápido, una extorsión, que no hablaban en serio cuando me amenazaban con una muerte como la de Guadalupe, espeluznante por el estado como la encontraron. El recuerdo de ella estuvo presente durante esas horas: qué habrá vivido, cuánta crueldad pasó. Lloré por ella. Yo seguramente tendría suerte, porque a mí seguramente no me harían eso.

¿Cuántas horas habían pasado? ¿Dos? ¿Cuatro? La noche estaba cayendo. Sabía que estábamos cerca de un área con terrenos baldíos, lo vi a través de los agujeros del suéter que me cubría la cabeza. ¿Será que podría escaparme corriendo si abría la puerta del carro? ¿Cuánto aguantarían mis piernas? ¿Cuánto tendría que correr para encontrar ayuda? Mejor no intentarlo: también estaba la amenaza de que me dispararían si intentaba algo.

Estuve bastante tranquila durante esas horas, porque seguramente no me ocurriría a mí lo que le pasó a Guadalupe. Pero me invadía la nostalgia al pensarla: esta vez la noticia tenía un rostro conocido, cálido. Qué duro lo que le tocó vivir. Seguramente yo no tendría ese final, a pesar de que insistían con el tema de dejarme lejos para que les costara encontrarme.

Las horas se hicieron eternas. Recordé otro caso: entre la milpa la encontraron. Pensé que ése era seguramente un caso de violencia doméstica. Me recordé de Wendy también en esas horas. Otro asesinato a mujer, con cara e historia conocida: víctima de su ex novio. A él también lo conocía. Pero seguramente no terminaría yo así, seguramente ya faltaba poco, seguramente no era verdad que estarían dispuestos a meterme un tiro en la cabeza -como dijeron si gritaba o intentaba algo-, ni me irían a dejar muerta lejos a pesar de la amenaza. “No: seguramente no será mi caso”, me convencía una y otra vez.

“¿Tiene hijos?”, me preguntó. “Recuerde lo último que hizo con él, porque esa será la última imagen que tenga de su mamá si no hacen lo que pedimos”. ¿Podría mi hijo recordarme? Tenía poco más de dos años. Lloré otra vez.

La pesadilla terminó. Fue mi familia de amigos del trabajo la que me atendió. Él no estaba en el país, ni lo estuvo después al regresar y enterarse de lo ocurrido. Fue mi familia de amigos la red que me llenó de abrazos y seguridad esa noche y en los días siguientes. Me compadecía por ellos: por sus lágrimas, por su noche de viernes llena de angustia y miedos por mí. Insistía en convencerme de que esa noche yo no iba a terminar como Guadalupe, pero mis amigos no lo sabían: ¿cómo no temerlo en este país de muerte violenta?

4:34 am –  Es de noche aún, pero ya cantan los pájaros. El recuerdo me despertó.

Guadalupe en mi mente. Katherine Desiree, Wendy, Solange, las Niñas del hogar seguro. Tantas: demasiadas. Heridas nuevas sobre heridas aún recientes por las miles de muertes violentas que dejó el conflicto. Guatemala supura violencia y muerte. No verlo, banalizarlo, normalizarlo, justificarlo o enajenarnos es muestra también de muerte: la nuestra, de nuestro espíritu, de nuestro ser sensible y sintiente. ¿Y qué somos sin ello? Qué logramos, sino ser parte del engranaje de violencias, muerte, impunidad e injusticias en este país que -como dice Andrés- muere un poco más cada día.

#NoLasOlvidamos

PD: Según el Grupo Guatemalteco de Mujeres (GMM), de enero de 2010 a noviembre de 2018 se han registrado 6,286 muertes violentas de mujeres. Solo el año 2018 (a noviembre), 661 mujeres perdieron la vida de manera violenta. 

Vivian Guzmán
/

Guatemalteca, economista landivariana. Soy amante y aficionada a la fotografía. Empedernida soñadora e idealista. Mamá de una maravillosa niña y un maravilloso niño.


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    Ojos de Ángel /

    12/04/2019 4:00 PM

    Que nadie comente esta clase de escrito demuestra algo tristemente interesante: que ya la sociedad ha cotidianizado y se ha acostumbrado tanto a estos hechos de violencia de género por lo que no les presta mayor atención. La indiferencia y tolerancia al respecto, si bien es cierto no son la causa, son la tierra fértil para los hechos de femicidio. Terrible no...

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

      Vivian Guzmán /

      14/04/2019 10:23 PM

      Gracias a usted por leer, por la empatía y por comentar. Saludos.
      Vivi

      ¡Ay no!

      ¡Nítido!



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