Los mejores dos quetzales de mi vida

Debía tomar una 40R para llegar a El Obelisco. Todos me dicen que en esas asaltan todo el tiempo, así que guardé mi celular hasta el fondo de la mochila y crucé los dedos. Subí al bus, y aunque no había espacio para sentarse, seguía entrando gente. Encontré un espacito a la par del piloto, cerca de donde cobra el pasaje. Platicaría con las piedras si me respondieran y el piloto resultó ser un excelente interlocutor.

Cotidianidad Opinión P369
Esta es una opinión

Los dos quetzales mejor ganados de mi vida

Entre pláticas e historias, me contó de la manera más casual: “Mire, si uno le paga a los muchachos a tiempo, nos dejan en paz. Por eso en mi bus no asaltan; porque pagamos el día que es”.

Al principio no entendí, probablemente soy muy ingenua y tardé en caer en cuenta que se refería a la extorsión que cobran los mareros. Me comentó que son ellos quienes mandan asaltantes a los buses que no cumplían con el pago.

Me pareció fascinante la manera tan cotidiana en la que hablaba de la violencia que sufren. Se ha vuelto tan normal esta coerción e intimidación que ya no les sorprende. Si yo me asusto en cada curva por la alta velocidad en la que va el bus, no puedo imaginar qué se siente despertar cada día y saber que podrían dispararte por hacer tu trabajo.

Me explicó que las personas alegan cuando los fines de semana en el bus se cobra Q2 de pasaje. Me dijo que lo que no entiende la gente es que ese dinero sirve para pagarle a los extorsionistas. “Yo no lo hago por molestar a la gente, sino por su seguridad”.

“Ojalá más gente se portara así calidad con uno, como tú. Aquí nadie piensa en los demás”. Hablamos largo rato. Me contó de sus hijos y cómo a su más pequeño le hacen “bullying”. Cuando uno va enojada con el chofer por ir muy rápido, no nos detenemos a pensar en que sus problemas no son muy distintos a los nuestros.

Había subido más gente al bus y no le había dado tiempo de enrollar los billetes para dar los vueltos más rápido. Le pregunté si lo podía ayudar, sonrió y exclamó: “¡Si querés!”.

“¿Aquí te quedás?”, me preguntó y asentí con la cabeza. “Esperá a que todos bajen” y luego de esperar, me entregó dos monedas de un quetzal. “Te devuelvo tu pasaje, por haberme ayudado”.

Afortunadamente, dos quetzales no me quitan ni me ponen nada, pero es probable que a él sí. Y ese gesto de agradecimiento por una acción tan pequeña, me confirma que cada cosa buena que hagamos le afecta de manera positiva a alguien más.

Mi amigo, el chofer, me recordó que en el mundo que hay más bueno que malo. Siempre.

Shaili Zappa
/

Amante de los libros, el café y la lluvia. Poeta a ratos, le encanta el intercambio de ideas y retar paradigmas, apasionada por la justicia social. Trabaja para Wings, una ONG de derechos reproductivos.


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COMENTARIOS

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    Armando Najarro A. /

    12/10/2016 12:39 PM

    Como dicen otras personas, qué humano tu artículo. Usé mucho tiempo el bus y uno ve la realidad tan dura de los pilotos. Trabajan en condiciones difíciles, a veces inhumanas... y todavía con amenazas de que los maten en cualquier rato. He enseñado a mis hijos a usar la "camio" porque humaniza y los saca de confort normal, para ver la realidad. Leerte me ha resultado agradable y además saber que hay gente valiente como tú... Yo ya no me animo a subirme a un "tomate".

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    David /

    12/10/2016 9:56 AM

    muy agradable de leer, gracias por algo distinto.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    LM /

    11/10/2016 8:05 AM

    Gracias por el relato, me llevo a mis tiempos de colegio una experiencia nueva todo los dias en bus, ahora como asalariado buscare repetir la experiencia.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Mario Rodas /

    11/10/2016 5:47 AM

    Ahora en otro país uso el bus es tan interesante que un Buenos Días le cambia el rostro al cobrador o al chofer. En Guatemala deje de usar el bus en tiempos de Colom por que hubo una ola de muertes, antes nunca hubo necesidad de carro. Algunas veces use el transmetro pero se pierde eso el hablar con el chofer que conoce la ciudad y ve muchas historias seria genial que alguno con tiempo tuviera su espacio en algun blog pero es peligroso para ellos. Ojalá realmente que un día se decidan a brindarle seguridad a está mara que en otro país seria rico pues tiene un negócio de buena entrada pero como paga extorción y en Guatemala la mara no puede pagar mas y a los unitransportistas no les llega el subsídio entonces están bien clavados.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Mario /

    10/10/2016 10:07 PM

    Excelente Post, mucha gente no entiende que no tenemos que dar un gran aporte para hacer un gran cambio si no que aveces estos pequeños buenos actos del día día si lo hacen si bien nosotros creemos que no repercuten estos si tienen su eco en el universo y puede ser la raíz del cambio porque empieza en nosotros ese cambio nadie se pone en los pantalones de nadie y todos tenemos problemas, si bien no son los mismos puede que algunos peores que los de otros, si comprendemos que alguien puede tener un mal día y tu no, solo con comprender a esa persona ya hacemos parte del cambio

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Pam /

    10/10/2016 3:27 PM

    Casi me hiciste llorar. Mi papa siempre se ha dedicado al negocio del transporte y me hiciste recordar cuando lo acompanaba en el bus. Tristemente por la ingrata violencia de este pais, se fue a trabajar lejos, y aunque ya estaba grande cuando se fue y lo veo con frecuencia, resiento su ausencia. Gran articulo, muy humano, nos recuerda que tambien son personas que tienen familias y personas para quienes son importantes. ***Lamento las tildes, este teclado no me lo permite.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Alejandra /

    10/10/2016 12:47 PM

    Sencillo y humanista, me encantó.

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    ¡Nítido!

    Monica /

    10/10/2016 11:09 AM

    Soy afortunada, porque muy pocas veces me tocó movilizarme en camioneta, pero las veces que tuve que usar ese medio de transporte, siempre escogía sentarme en el "monticulito" al lado del chofer... Justo donde va la palanca de velocidades y el vuelto enrollado... O me iba parada en el respaldo del asiento del chofer, aunque hubiera lugares. Por alguna razón me sentía protegida (tal vez era lo contrario, pero me hacía sentir segura) y casi siempre cruzaba algunas palabras para ver si era de los platicadores o no. Escuché cosas muy interesantes y de los brochas, no digamos. Es un mundo increíble ese de los camioneteros, desde mi punto de vista, uno triste, pero increíble, lleno de matices y experiencias que no se repiten. ¡Que te abunden los Q2.00! ;)

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

      Shaili Zappa
      Shaili Zappa /
      10/10/2016 12:06 PM

      El "monticulito", allí mero me senté. Es eso, un mundo interesantísimo, doloroso, triste, pero lleno de matices y experiencias, just ocomo vos decís :). Gracias por leer, y entiendo exactamente lo que decís de sentirte protegida, de alguna manera, yo también. Los mejores Q2 de la vida, ¡abundarán en mi memoria para siempre :)!

      ¡Ay no!

      ¡Nítido!

    Mishelle /

    10/10/2016 10:13 AM

    "En el mundo hay más bueno que malo. Siempre." Me gustó todo el artículo... pero me quedo con esta última idea. Que bonito es andar por la vida con los ojos llenos de bondad, dándonos la oportunidad de encontrar una esperanza aún en escenarios tan cotidianos y desolados como nuestro transporte público.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

      Shaili Zappa /

      10/10/2016 11:04 AM

      "Andar por la vida con los ojos llenos de bondad". Así mero. Gracias por leer, me alegro que te haya gustado. :)

      ¡Ay no!

      ¡Nítido!

    Lucía Escobar /

    08/10/2016 9:04 PM

    Abrazos, yo te conocí en Guate jalón, y también platicamos un montón. ¡Qué buena onda leerte y de ayudante de chofer!

    ¡Ay no!

    1

    ¡Nítido!

      Shaili Zappa
      Shaili Zappa /
      10/10/2016 11:10 AM

      ¡Lucha! Me recuerdo super bien de nuestras pláticas. Gracias por leerme-siempre te leo y admiro mucho lo que hacés y hablás. ¡Abrazotes!

      ¡Ay no!

      ¡Nítido!







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