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Así viví un acoso sexual en la frontera

Un sábado por la mañana en la frontera entre Guatemala y El Salvador. Carros viniendo, carros pasando. El tráfico de Semana Santa en su punto máximo. Una mirada impersonal del oficial de migración y el pasaporte fue sellado. Nunca imaginé lo que viviría momentos después.

Cotidianidad Opinión P258
Esta es una opinión

La frontera entre Guatemala y El Salvador.

Foto: Estrategia y Negocios

Exhausta por el largo camino, usé la breve parada en migración para encontrar un baño. Sin embargo, los baños públicos estaban cerrados. Caminé alrededor para encontrar otra opción, cuando me encontré con un oficial de la SAT (autoridad tributaria guatemalteca) que me enseñó el camino a los baños de sus oficinas. Agradecida por su amigable oferta, lo seguí. Me enseñó el baño, le agradecí, le dije adiós y cerré la puerta detrás de mí. Una situación común y corriente, que no valdría la pena recordar si no fuera por un corto pero significativo incidente que sucedió.

Al ir bajando mis pantalones miré hacia la puerta, que estaba cerrada con llave. La ventana se había abierto. Como si fuera algo a propósito, el representante gubernamental se quedó ahí, contemplando a través de la ventana, viéndome.

En parte sorprendida y en parte disgustada, pero definitivamente molesta, le grité. Él salió corriendo, se escondió de mí y de los oficiales de policía que llamé después.

Cualquiera podría decir que este incidente menor no debería ser algo que me preocupe, que estoy exagerando por escribir respecto a esto o que no es suficiente para hablar al respecto. Y ya he escuchado esta acusación antes y me han dicho que no haga un escándalo de cosas como esta.

Esos hombres que llaman a esto “percepción hipersensible” deberían en una situación así. Imagínense que están presos en una cárcel para hombres en Guatemala, cualquier cárcel normal, hacinada, llena de asesinos, violadores, pandilleros y demás. Después de que amanecieron con vida, deciden ir al baño, se bajan los pantalones y un guardia de presidios está viendo a través de la ventana en una forma sexual con completa impunidad.

Imagínense en una situación como esta. Uno va al baño, se baja los pantalones y un oficial gubernamental está viendo a través de la ventana en una forma sexual con completa impunidad. Yo no estoy hablando de baños públicos, pero de una situación en donde uno cree estar en privado. De hecho, aparte de haber violado mi privacidad, lo que pasó es más que una conducta inapropiada. Este incidente de acoso sexual me afectó y afecta a las mujeres todos los días. Y no es una historia que no es suficiente para contar, sino no ejemplificaría lo profundo que habita en las raíces de la sociedad guatemalteca.

Mujeres: los objetos sexualizados

Esta no es la primera vez que un asalto sexual me ha sucedido en Guatemala, y definitivamente no es el más perjudicial. Como sea, la violación de los derechos y la dignidad de las mujeres continúa más allá que esto. Mientras el acoso callejero y el hecho de que te tilden de prostituta son el pan de cada día, las mujeres son constantemente tratadas como objetos sexuales para satisfacer la mirada masculina. El sexismo en la sociedad no pocas veces tiene un impacto violento físicamente.

La reciente publicación de la Comisión Interamericana de Derechos humanos afirma que el femicidio en Guatemala ha aumentado 400% entre 2001 y 2010. En 2014, 876 casos de femicidio –muertes violentas de mujeres– fueron reportados, excluyendo un número de casos que no llega a registrarse en las estadísticas oficiales. Por otro lado, el reporte registra 51,525 crímenes denunciados en contra de mujeres en 2013. Para combatir este número enorme de incidentes, el Ministerio Público creó un Comité para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer que implicaba una “Ley contra el femicidio y Otras Formas de Violencia Contra la Mujer” en 2008.

A pesar de que el número de casos reportados aumenta constantemente, el impacto que han tenido estos casos en la consciencia de la sociedad no parece ser proporcional. De hecho, las mujeres no sólo siguen siendo sexualmente objetivadas, sino que siguen siendo tratadas con total desigualdad. Mientras los hombres son representados en posiciones de liderazgo en la política, la economía y otras disciplinas, el cuidado de los hijos, de la casa y otros trabajos reproductivos se dejan para el género femenino en lugar de distribuirlos equitativamente. La violencia doméstica hace muchísimo más difícil pararse en contra de esto. Adicionalmente, el número de embarazos juveniles es alarmantemente alto, siendo la mayoría a causa de violaciones, incluso dentro de la misma familia. Especialmente mujeres indígenas sufren de estas circunstancias.

Ni la educación sexual ni el cuidado preventivo reproductivo se fomentan lo suficiente en Guatemala, dejando a muchas mujeres sin ningún tipo de defensa en contra de la dominación masculina.

Mientras las mujeres no puedan caminar en las calles sin ser acosadas sexualmente, no es posible una ley que le dé a las mujeres la dignidad e igualdad que merecen. En cambio, realmente necesitamos mujeres y hombres empoderados que luchen por derechos de la mujer y en contra de la supremacía masculina, que luchen contra el sexismo y el machismo fuertemente enraizados en la cultura local.

El hecho de que un oficial gubernamental –que trabaja en una agencia aduanera en la frontera– se sienta cómodo para acosar a una mujer extranjera, enseña lo poco asustados que los hombres están respecto a recibir un castigo por sus acciones. En este caso, al reportar el incidente a la policía y confrontar al perpetrador, yo fui capaz de demandar mis derechos para no ser sexualmente acosada. La denuncia no sólo me alivió, sino en realidad tuvo un impacto.

Por lo tanto, una denuncia incrementa la oportunidad de devolverle su dignidad a una mujer, además de que crea conciencia de la frecuencia con que los derechos humanos de las mujeres se violentan. Todos necesitamos apoyar la lucha por la igualdad y en contra de la opresión. La actual situación del país, donde gran parte de la ciudadanía demanda justicia, abre las puertas para mejorar este tema en la agenda política. Porque la lucha por los derechos humanos no puede librarse sin la lucha por los derechos de la mujer.

Sarah Ulrich
/

Periodista alemana especializada en asuntos de racismo y movimientos sociales. Tiene estudios en ciencias sociales, políticas y filosofía. Actualmente trabaja en un documental sobre la "primavera guatemalteca".


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    Doris Romero /

    09/05/2016 9:32 AM

    Es lamentable esta situación de acoso permanente que vivimos las mujeres en Guatemala. Ud. tiene razón cuando dice que le dicen que exagera la "percepción hipersensible". Y es que siendo Ud. extranjera, tiene otra visión del mundo, en su país estas cosas, por mínimas que sean son condenables, aquí no, con Ley de Femicidio y tantas otras, pero la realidad machista, conservadora, sexista, misógina y homofóbica está a la orden del día. Si a una guatemalteca le sucede lo que a Ud., lo deja así, se calla, y posiblemente hasta le dé las gracias al policía por haberse dignado mirarla... es risible, pero preocupante...

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Roxana Avila /

    09/05/2016 9:29 AM

    EStimada Sarah, tal vez yo tenga más de una historia como la suya que puedo compartir. Actualmente escribo un libro sobre el tema. Además sobre la investigación que realiza sobre temas políticos. Ya tiene mi correo, si desea contactarme.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Nim Balam /

    09/05/2016 8:41 AM

    Sarita, lo que hacemos en mi familia en defensa de nuestras mujeres (esposas, hermanas, hijas, sobrinas, primas), es ir a darle una lección a quien les falte el respecto. Así que niña, hágalo, está en su derecho. Además con poner en su lugar a un bandido de la SAT, hasta la aplaudirán.

    Cuídese mucho y no se exponga.

    ¡Ay no!

    1

    ¡Nítido!

    alfonso villacorta /

    07/05/2016 8:44 AM

    es un caso de voyeurismo que no lo puede lo puede generalizar a todo hombre o funcionario migratorio. en paises desarrollados esto es una grave felonia pero en el tercer mundo lamentablemente es como una travesura celebrada por otros.
    todavia hay que trabajar para eliminar los abusos de cualquier tipo porque hasta pudo ser victima de violación por su ingenuidad, porque en el tercer mundo todo puede ser posible y es mejor no ir sola ni al baño.

    ¡Ay no!

    5

    ¡Nítido!



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