Carta a un sancarlista desde la UNAM

Estás en la Universidad Nacional Autónoma de México y no pasan dos minutos, desde que subiste una foto al Facebook, en la que aparecés acompañado en la explanada del campus con los murales de la biblioteca al fondo, para que tus amigos te pregunten qué estudiás.

Cotidianidad Opinión P369
Esta es una opinión

Foto tomada de Wikimedia

UNAM

Pero vos, sin querer queriendo, llegaste a la celebración del fin del semestre. Eso es todo.

Congregados en grandes círculos la gente se sienta sobre el césped mojado, oye música y bebe cerveza.

En un día de lluvia intermitente, recorrés los pasillos de esta universidad y encontrás cierta familiaridad.

Aunque sabés que las diferencias son otras y de gran calado. Te resulta inevitable pensar en el lugar del que te graduaste.

Hace unos años te levantaste tarde, como solías los sábados. Era el día de tu bautizo e iban a ir todos los de la clase.

La mayoría de tus amigos se habían mostrado extasiados de cara al evento y, otros menos, masoquistas, como hay que ser para ponerse a merced de un montón de amedrentadores.

Entonces no sabías que la Escuela de Ciencias de la Comunicación (ECC) era más admirada por sus fiestas que por sus bautizos.

Y que los integrantes del sub Comité de Estudiantes de la Huelga de Dolores no te iban a arrojar en una pileta de vello y fruta podrida, como en otras facultades.

Te iban a obligar a tomar XL y a dar vueltas en círculos con la frente puesta sobre un palo de escoba. Y luego se cagarían de la risa. O al menos eso estaba planeado para ti, que preferiste no ir.

Tomaste tu decisión con el pesar de que unas semanas atrás encapuchados llegaron a tu clase para anunciar que los faltantes serían bautizados de forma individual.

“Quién va querer que esos cerotes nos agarren separados, muchá”, decían, “Esos son locos vos”, decían. Su asistencia era movida por la costumbre, y a veces por el miedo. Al final todos eran castigados por querer estudiar.

Te preguntabas por qué un montón de chavos sin nada que hacer se daban a la tarea de ponerse una capucha y una túnica azul.

Si realmente eran estudiantes como decían, ¿no tenían algo mejor que hacer? Y te intrigaba saber qué ganaban por hacer lo que hacían.

Ese día que no estuviste, y eso te lo contaron tus amigas, estos buenos muchachos pusieron a las chavas del salón contra un paredón y las rociaron con una motobomba. Su intención era verles las tetas. Y… lo lograron. Para los presentes no bautizarse no era una opción.

Como normal era empezar a identificar que varios de los bautizantes también formaban la Asociación de Estudiantes de la ECC. Ellos mandaban, no era secreto, y para algunos, incluyendo el director, era más fácil buscar su amistad que combatirlos.

Se encerraban en un cuarto en la entrada del edificio a matar las horas jugando cartas todos los días.

Sí chingaban, pero “poquito”. Lejos de lo que se suponía que significaba portar una capucha, ahora se te acercaban a pedir dinero con bates en la mano cada vez que entrabas a los parqueos.

La palabra que usaban, al principio o final de cada demanda, era: “compañero”. Como si fuese una llave a las puertas de la impunidad para todo aquel que se tapa el rostro.

En realidad era un asalto consensuado. Los aguantabas y pagabas, al fin de cuentas ahí habían estado durante años. Y ahí iban a seguir cuando te fueras.

El dinero se iba a los bolsillos de los miembros de la Asociación, que debía ser de estudiantes, pero no lo era.

Varios llevaban más del doble de los años que se necesitaban para sacar la carrera y otros no estaban inscritos a la universidad.

O sea, eran vividores.

Aunque vistos con detenimiento ya no la estaban pasando a gusto. Iban porque debían favores a la Asociación de Estudiantes Universitarios (AEU).

Se movía mucho dinero. Por el derecho de piso que cobraban a los negocios dentro y fuera de los edificios de la ECC.

Las fotocopiadoras, el café internet, las ventas de ropa que se convirtieron en un mercado y hasta el chiclero de la esquina. Pero el director Gustavo Bracamonte, se tapaba los ojos. Y los consentía hasta con uniformes para que jugaran fútbol.

Vale decir que esta condición no es generalizada en todas las facultades donde los estudiantes no habían recuperado su asociación. La mayoría.

Y cuando te creíste que los encapuchados y sus problemas no iban a pasar de ahí fue cuando la violencia estalló.

En el 2012, desconocidos con pasamontañas entraron al edificio S-10 para golpear a estudiantes que querían ganar las elecciones de la Asociación de Estudiantes de Ciencias Económicas. Los molieron a batazos. Incluyendo a un tu amigo.

La indiferencia ensombreció a toda la universidad. Y se criminalizó a los golpeados de tener la culpa por andar metidos en clavos. “¿Qué es eso de querer cambios? Si todo funciona”.

Escampa en los alrededores de la biblioteca que tiene un diseño de Juan O’ Gorman, en el que Quetzalcóatl, el único hombre que se hizo divinidad, según la leyenda, rodea a varios dioses, incluyendo Tláloc, el de la lluvia.

El sol se asoma y por un ínfimo instante veo a los estudiantes y te da una impresión. Es como la USAC, pero sin encapuchados.

Juan Luis García
/

Dejó una vida tranquila para irse al otro lado del Suchiate. Cuando llegó a la CDMX aún pensaba que el picante le quita el sabor a la comida. Hasta ahora las salas de redacción han sido su trinchera. Escribe para entender.


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COMENTARIOS

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    Edwin Gomez Bolaños /

    20/10/2016 2:29 PM

    Existió en un tiempo un "Honorable" que hacia honor a su nombre, consecuente, rebelde, luchador por las causas sociales, vinieron los acuerdos de paz y este Hono se diluyo, se corrompió, se vulgarizo al extremo de ser la vergûenza de toda la USAC, poco a poco la academia ha ido desapareciendo y si tenes razón muchos nos fuimos para nunca mas volver, desde nuestras profesiones seguimos la lucha y el ejemplo de aquellos verdaderos "Honorables" que luchaban por una Guatemala mejor y no por intereses personales

    ¡Ay no!

    1

    ¡Nítido!

      Harold Mora /

      23/10/2016 12:30 PM

      jajajajja eso ni vos te lo crees, pues vemos en el diario vivir a muchos profesionales egresados de la Honorable USAC laborando en el gobierno o ongs sostenidas desde el extranjero.
      Donde solo saben pasar el tiempo haciendo tranzas en lugar de recordar "la conciencia social, y el lema de la USAC id y enseñad" no pero lo que hace es formar lideres para exigir que el gobierno los mantenga con los ingresos de los impuestos que pagamos todos.

      ¡Ay no!

      1

      ¡Nítido!

    Diego Castañeda /

    20/10/2016 12:04 AM

    Recuerdo que cuando estaba por ingresar a la Tricentenaria, con el ideario de ser un ingeniero, arquitecto o abogado, al final de cuentas me llamo la atención la carrera que "formula mensajes masivos de comunicación" ya sea el medio(radio, tv, prensa y medios digitales), de como una "Escuelita" egresa profesionales que son parte de la gran maquinaria de la comunicación (la que esconde , persuade, mal informa y si informa, informa a medias). Pero la realidad era otra, la "Escuelita" era famosa en todo el campus no por su academia (ojo el Lic. Bracamonte ahora es Coor. de Extensión ya que el glamur de ostentar el título de Director no va con el de docente y mejor darle un puesto que aunque no proponga mucho la cosa es echar chile) si no que por sus exámenes de admisión de entonces 2005 no incluía matemáticas en su prueba de ingreso. Pero el combo no quedaba ahí, lo mejor era que una iba a formar parte de la mejor unidad académica en realizar fiestas y la que mejor perdía el tiempo (ese era el orgullo de aquella AECC conjunto con su deshonorable -bastión hasta hoy día de la secuestrada AEU-) La verdad esta nota solo desnuda un poco de lo que se vivió en esos entonces y que con cambios que se intentan hacer en la actual coyuntura pareciera que se vislumbra una luz, pero hay que recordar que el león rugiente (el estatus quo de la Usac) anda incomodo y ya esta haciendo movimientos para que limpiar la casa de los viejos lobos e instalar nuevos lobos que calmen las aguas de Cicig ya que las 3 veces centenaria es el vivo reflejo de la calle (aunque en las aulas todavía no se hace conciencia de esa realidad, solo nos quedamos en foros). Y que hablar de esa AECC de esos tiempos que se mantuvo con fraudes (amenazas, convocatorias un día antes de vencimiento pegada en el baño de mujeres) y por un lapso intervenida con el argumento de la falta de elecciones en AEU. Pero todo tiene un ciclo y el sábado siempre esta ahí para los coches, y los jueves para las autoridades...

    ¡Ay no!

    1

    ¡Nítido!

    Samael Escovel /

    18/10/2016 3:37 PM

    Da tristeza, cólera, indignación, rabia, que la U se convierta cada viernes en una discoteca, y cuidadito si debatís esto con lo ¨estudiantes¨por que se indignan, los decanos seguidos por cada lamebotas que sin despeinarse ganan los cursos por default y luego terminan siendo auxiliares y luego catedráticos, aún hay buenos estudiantes pero salen frustrados de ya no regresar, el chupadero a la entrada de la U es el claro ejemplo de la burla a la Ley, hasta donde recuerdo no debería de haber un lugar de perdición a cierto perímetro de la U; el sindicato reclamando derechos sobre sus huevonerias y llegas a las 17:00 luego de pedir permiso en el trabajo para ver algún tramite y ya no están, desde las tres de la tarde saludos dejan, los decanos son chamarra de sus colegas turbios que ni llegan a dar clases y corona el asunto que gana quien debería de perder, y quien le puso ganas ve sus ilusiones destruidas. ¿como remediar esto? casi imposible, desde que es autónoma es como Guatemala en pequeño, lleno de corrupción, transas,nepotismo, y lo que una vez fue una academia termina siendo el colchon de muchos borrachos los fines de semana, ahhhhhhh la huelga, ahhh los encapuchados, dignos ejemplos de refranes de lo que no debe venir a ser un ser humano en vida a la tierra. ¿Que ta pasó Usac? antes eras chevere.

    ¡Ay no!

    2

    ¡Nítido!

      Alejandro González /

      25/10/2017 6:54 AM

      Los buenos estudiantes la hacemos chévere un día a la vez. Soy estudiante de Agronomía y vivo en primera persona la evolución de la facultad de agronomía. El cambio es gradual, generacional y si no lograste aportar nada durante tu estadía en la U, lo siento por vos.

      ¡Ay no!

      ¡Nítido!



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