Dejarse acariciar aunque (al principio) haga más difícil el orgasmo

Estoy sentada en un balcón y desde lo alto observo el mar Caribe. Un horizonte infinito, donde parece que el agua y el cielo se unen al final. Ya es 2015, respiro nuevos aires. Suena mi teléfono, me están entrando varios mensajes. Es él. Un nuevo “él” llegó a mi vida y pasé los últimos meses del año abriéndome a la idea de dejarme acariciar y así dejar entrar a alguien a mi intimidad.

Cotidianidad feminismo n246 Opinión orgasmo P258 sexo con amor
Esta es una opinión

Foto: Sarah Anne Johnson

Intenté huir de algo que sabía que era inevitable. El amor solo sucede, no te avisa o te pide permiso, solo pasa y no hay manera de esquivarlo, aunque sea solo por un mes, dos, diez o hasta años.

En mi cabeza todavía maldigo al amor pero de repente aparece su mirada, la de “él”, y me inunda de un cosquilleo rídiculo en el estómago. ¡Qué molesto es el amor!

La primera vez que estuve con “él” no pude huir del romance. Supe que no iba ser una noche más de sexo casual: lo supe cuando me costó llegar al orgasmo. No fue por mal sexo, fue porque estaba sintiendo y pensando demasiado. Peleaba con cada una de sus caricias.

Mi amiga, que sabe todo sobre mí, me dijo “tenés que dejarte acariciar”.

“Él” usa mucho las manos. Eso hace: acaricia. Algo totalmente nuevo para mí. Pero sigo escuchando a mi amiga que repite una y otra vez, “dejá que te traten lindo.”

La segunda vez que estuve con “él”, el sexo fue suave y tierno. Me vio a los ojos y así fue como entró en mí, no fue una penetración normal, fueron sus ojos, que acompañados de sus dedos, suavemente rozaron mi piel dibujando un trazo con tanta ternura y cariño que me dejaron totalmente anonadada.

“Déjate acariciar Daniela, no te está ahorcando, esto es lindo”, sonaba en mi cabeza.

Estaba asustada. A mí nadie me acaricia. Yo puedo coger, sin ver a los ojos, sin acariciar y sólo tener placer puro. No puedo “hacer el amor”, se me olvidó, lo borré de mi memoria, no sé qué pasó.

Dejarme acariciar durante el sexo me hace sentir que pierdo el control de lo que está sucediendo. Es ahora que me doy cuenta que el sexo, cuando es importante, no es control sino ternura. Y se siente mejor.

Y aunque sepa que me hace más feliz, que disfruto más, decido que tengo que encontrar una explicación científica. La encontré en una publicación acádemica de Georgina Montemayor del Departamento de Anatomía de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México. Y dice así: “al recibir una caricia, el cerebro libera oxitocina, también conocida como hormona del cariño, la cual permite el apego y que los seres humanos se busquen los unos a los otros.”

Así que este 2015 dejémonos acariciar. Les deseo mucha oxitocina.

Daniela Castillo
/

Joven veinteañera aficionada a los elefantes, el chocolate, los libros y el cine. Estudió ciencias de la comunicación pero no es la carrera la que define su profesión. Es feminista, vegetariana y a veces pareja, pero sin ser extremista en ninguna de las tres.


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    Ernesto /

    19/01/2015 12:25 PM

    Una nota muy buena, siempre es bueno saber un poquito más y gracias por compartirla.

    El título esta en todo...

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Jose Lopez /

    18/01/2015 11:20 AM

    Primera vez que leo algo con sentido en este diario progre. Excelente guia para todo, sobre todo para los hombres, que por naturaleza no somos tan dados al afecto.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Bea /

    16/01/2015 3:37 PM

    Qué lindo, Daniela, disfrútalo. Ese el tipo de conexión entre seres humanos que nos expande. Qué viva la oxitocina!

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    luisa /

    16/01/2015 9:59 AM

    Hola Daniela, en su foto me recuerda a mi mejor amiga, hace unos años cuando habíamos vivido un poco menos. ;)

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!



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