El cuerpo masculino no es un objeto, ¿y el de una mujer sí?

Desde que nacemos nos van formando, nos van enseñando qué es lo “normal”, aprendemos lo que “debemos ser y hacer”. Así, vamos creciendo con prejuicios y estereotipos que nos parecen naturales porque nos permiten entender la realidad que nos rodea y explicarnos de forma fácil y simple cómo debe funcionar el mundo. Sin embargo, “lo normal”, “el deber ser”, son diferentes, dependiendo si nacemos niñas o niños. 

Cotidianidad Opinión P369
Esta es una opinión

Salir a la calle no es igual para un hombre que para una mujer.

Por Vanessa Sosa López

Voluntaria OCAC GT

Si naces niño no debes llorar, no debes jugar con muñecas, debes ser fuerte, debes aprender -si hace falta- a defenderte a los golpes. Si naces niña no debes vestirte de tal o cual forma, no debes alzar la voz, no debes sentarte con las piernas abiertas, no debes ensuciarte, debes “darte a respetar”, debes cumplir con estarte quieta, con verte siempre linda y hay una presión constante para cumplir con una expectativa de cómo debe verse tu cuerpo en cada etapa. Esta presión va aumentando conforme te vas haciendo mayor.

Para tratar de explicar estas diferencias de lo que se espera de hombres y mujeres podemos apoyarnos en el concepto “sistema sexo-género” propuesto por Gayle Rubin en 1975. Para ella el sistema sexo-género:

“Es el conjunto de disposiciones por las que una sociedad transforma la sexualidad biológica en productos de la actividad humana, y en el cual se satisfacen esas necesidades humanas transformadas.”

Es decir, en este sistema la diferencia biológica entre hombres y mujeres se transforma en diferencias sociales. El sistema sexo-género, como construcción social, funciona con base en privilegios para ordenar la conducta de hombres y mujeres, pero su funcionamiento no es natural ni es inamovible.

Para la Real Academia Española un privilegio es la “exención de una obligación o ventaja exclusiva o especial que goza alguien por concesión de un superior o por determinada circunstancia propia”, en este sentido los hombres tienen privilegios asignados por el simple hecho de serlo, que no son naturales ni inherentes a su condición biológica, sino que son derivados de un determinado sistema.

Uno de estos privilegios es que sus cuerpos no han sido sexualizados como lo han sido los de las mujeres. Podrán alegar algunos hombres que ellos también han sido piropeados, acosados  e incluso que tienen cierta presión estética sobre cómo debe verse su cuerpo. Sin embargo, hay una clara diferencia que se traduce en prácticas concretas al momento en que hombres y mujeres ocupamos el espacio público. Las estadísticas revelan que diariamente una de cada dos mujeres es víctima de comentarios sexuales explícitos y que en varios países el acoso sexual callejero puede empezar desde los nueve años.

El cuerpo de las mujeres es sexualizado para irse convirtiendo en satisfactor de deseos, pero de unos deseos que no son los propios sino que generalmente son los deseos de los hombres heterosexuales. El discurso que repetimos consciente e inconscientemente sumado a una gran maquinaria publicitaria funciona para presentarnos “el cuerpo perfecto”, el cuerpo que deberíamos tener para ser percibidas como mujeres exitosas, hermosas, sanas, completas e incluso para ser deseadas.

Cada imagen del cuerpo de una mujer en bikini anunciando aceites, llantas, equipo tecnológico, vehículos, motocicletas, armas etc., la pornografía, los chistes sexistas, los spots radiales con voces de mujeres que más parece que anuncian su cuerpo en lugar de anunciar un producto, los anuncios en televisión donde aparecen mujeres 90-60-90 con cara de disponibilidad para tener sexo si compras el producto que anuncian, naturalizan la idea de que los cuerpos de las mujeres son objetos disponibles a los que tendrá acceso cualquier hombre que compre una de estas mercancías. Así, palabra tras palabra e imagen tras imagen nuestro cuerpo se va convirtiendo en un “objeto”. Estos cuerpos-objetos nos despersonalizan y nos configuran como meros productos para consumo sexual.

Si pensamos un momento en las implicaciones reales de la sexualización del cuerpo de las mujeres, nos daremos cuenta que nosotras salimos a la calle y nuestro miedo no es sólo que nos asalten, nuestro miedo de caminar en la calle es a que nos griten obscenidades, que nos toquen, que nos violen o que nos maten por el hecho de ser mujeres. Yo no sé ustedes, pero a ningún hombre que conozco le he escuchado decir que le da miedo caminar en la calle porque le gritan cosas, o que tiene miedo de que una mujer “le meta mano”, menos aun de ser violado.

Mientras nuestros cuerpos sigan siendo vistos y entendidos como objetos, como productos descartables, como satisfactores de deseos, como mercancías de consumo sexual, para nosotras salir a la calle poco a poco se irá transformando de una incomodidad a un peligro que, incluso, puede ser de muerte.

Desnaturalizar la cosificación y sexualización de nuestros cuerpos y desnaturalizar el acoso sexual callejero es parte de un todo que necesariamente debe pasar por reconocernos hombres y mujeres como iguales. Es tarea de todos y todas recuperar la humanidad que nos habita, volvernos cómplices y trabajar para que los privilegios de unos dejen de ser la sentencia de muerte de otras.

El reto es hacernos conscientes de nuestras prácticas cotidianas, de nuestros discursos y nuestras actuaciones respecto a nuestro cuerpo y  el de las otras personas, tanto en el espacio privado como el público.

Observatorio Contra el Acoso Callejero Guatemala
/

Somos una colectiva que evidencia el acoso callejero con el propósito de recuperar los territorios que han dejado de ser seguros y propone formas de transformar la cultura violenta que ha normalizado el acoso como parte de la interacción en los espacios públicos.


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COMENTARIOS

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    Feministo /

    26/05/2017 7:53 PM

    Pues yo confieso que como homosexual veo con deseo y lujuria los cuerpos masculinos,eso si, sin meter mano ps jajaja

    ¡Ay no!

    2

    ¡Nítido!

      Mariela /

      31/05/2017 5:01 AM

      y los acosas en las calles? si no entonces tu comentarios no tiene que hacer aquí. si sí, que te pasa mano?

      ¡Ay no!

      ¡Nítido!

      Mario Paredes /

      27/05/2017 8:06 PM

      Yo siempre he sospechado q eso del feminismo y las luchas por la diversidad sexual es una conspiracion gay para q haya mas peces en el mar para ellos.

      ¡Ay no!

      2

      ¡Nítido!

    Moises Avila /

    26/05/2017 2:48 PM

    Hoy día la cosa es todos contra todos, para no ir muy lejos aparte del talento futbolero de Cristiano Ronaldo, le gusta exhibir su cuerpo tal chica de calendario. ASí que es culpa de todos y todas eso de andar enseñando y provocando.
    Pero el otro extremo sería irse a vivir con los Amish, Musulmanes o Menonitas, que seguramente también tienen sus errores garrafales para vivir como nosotros.

    ¡Ay no!

    2

    ¡Nítido!

    Marlon Suarez /

    26/05/2017 2:14 PM

    "Cada imagen del cuerpo de una mujer en bikini anunciando aceites, llantas, equipo tecnológico, vehículos, motocicletas, armas etc., la pornografía, los chistes sexistas, los spots radiales con voces de mujeres que más parece que anuncian su cuerpo en lugar de anunciar un producto..."
    Y no será que la misma mujer tiene la culpa al dejarse utilizar de esa manera? Si tan usadas se sienten en este tipo de anuncios por qué las mismas aceptan estos trabajos? El problema radica en su mismo genero, no se respetan, pero como esos trabajos son dinero fácil, entonces así es como explotan su cuerpo, una especie de prostitución solapada.

    ¡Ay no!

    2

    ¡Nítido!

      FHR /

      18/04/2018 11:12 AM

      Una mujer tiene todo el derecho de expresar su sexualidad como quiera. Sin embargo, el problema es cuando usan el cuerpo de esta con motivos erróneos. Aunque no lo creas, aunque suene a oxímoron, las mujeres que usan mini falda respetan sus cuerpos tanto como una que cubre más su cuerpo. Es expresión de género y la libertad de usar una prenda sin miramientos lo que no se entiende aún, lo que se toma como provoca, cuando en realidad una mujer se viste a su gusto y conveniencia.
      Ah, y la prostitución, que es muy diferente, también debería ser respetada y no utilizada como una manera de degradar a una persona. No hay argumento válido para hacerlo.

      ¡Ay no!

      ¡Nítido!



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