“Es muy fácil pensar que todo es una mierda”

Esta carta, titulada “Sin amor nada tiene sentido”, es la primera de una correspondencia que mantendré junto a Gabino Rodríguez (director del grupo mexicano de teatro Lagartijas tiradas al sol), sobre los procesos creativos que estrenaremos en el Festival BAD, en Bilbao, en el mes de octubre. Yo estrenaré “El futuro empezó ayer”, y esta carta habla un poco de ella y de lo que representa para mí vivir hoy en Guatemala.

Cotidianidad amor guatemala mierda Opinión P369 teatro
Esta es una opinión

Mi madre y mi abuela.

Foto: Marco Canale.

Gabino querido:

Ando de regreso en Guatemala después de una crisis que me tuvo dos meses en Buenos Aires. Estoy mirando el lago –este lago que me acompañó cuando me estaba separando de Agus– escribiendo esta carta. Antes estuve trabajando en la escritura de una obra sobre mi familia. Ahora es la obra de ese viaje en donde tantas cosas volaron por el aire y creo que es también una obra sobre el amor, algo en lo que casi no había pensado. Cuando una amiga leyó los primeros apuntes de la obra me escribió: «Veo tu relación con tu padre, con tu madre, con tus hermanas, hay algo de la relación con tus amigos, pero ¿donde estás vos? ¿Dónde está tu relación con el amor». La pregunta me pegó muy fuerte. «El texto parece escrito en tercera persona, no decís nada de lo que sentís ahora, al regresar a la violencia que vivieron en tu infancia». Estoy escribiendo a tientas, con muchas dudas sobre qué es hacer teatro.

La crisis te confronta con tu propio cuerpo. El enemigo, ya no está afuera, tu cuerpo te lo recuerda una y otra vez. Y el cuerpo habla porque siente cosas, cosas que no quisiste ver, recordar, sentir. Como dice un proverbio chino: «Tu enemigo es tu maestro». No es una ecuación directa pero esta crisis personal me trastocó muchas ideas que tenía de las luchas políticas y sociales como un enfrentamiento contra el poder, y que tienen que ver con el lugar desde el que estuve haciendo teatro. Algo venía moviéndose en este sentido desde Guatemala. La sensación de que las luchas hacia fuera hacían agua, que se nos caían de las manos. Que seguíamos una serie de indignaciones que se sentían contentas de enumerar el horror, aunque no lo movieran. Que no estábamos analizando la coyuntura real, que es una coyuntura muy terrible, muy dura, y que está adentro de todos nosotros y de las relaciones que nos unen. A veces siento que los izquierdistas preferimos mirar una realidad que no existe, una realidad que no esté tan hecha mierda, donde las víctimas sean seres ideales, porque si vemos lo que hay nuestras ideas se caen y nosotros mismos nos tambaleamos. Ese creo que es el problema de fondo, nosotros nos vamos al carajo.

Cuando uno toma distancia, la revolución (o el plan democrático progresista de los intelectuales) se convierte en algo triste, un poco solemne, absurdo. Hay razones estructurales, claro, hay un poder económico brutal, y hay un ejército que está en las calles pero ¿de qué sirve repetir esto una y otra vez, cuando no podemos ver lo que pasa entre nosotros, qué es lo que estamos haciendo, reproduciendo? Y seguimos imaginando un mundo que no nos pertenece. Un pueblo imaginario que espera agazapado para hacer la revolución marxista leninista o indigenista, y que no está marcado por el racismo, por la versión más desesperada y terrible del capitalismo, por el conservadurismo, por el machismo, por el miedo, la tristeza, el odio, la violencia que recibe y ejerce.

A mí me educaron en el combate, mi padre era un tipo violento y yo aprendí a relacionarme con él desde el enfrentamiento. Ataque, contraataque. Me pegas, te pego. Un día mi terapeuta me dijo: «En lugar de enfrentarte, dejá que ese dolor se asiente adentro, después ves». Y cuando salís del enfrentamiento la tristeza es más grande. Ves a los ojos lo que hay, lo que está pasando, y es una realidad muy dura. Y a veces sentimos que no podemos más. Hace un mes casi matan a una compañera del grupo, tuvo que ir a negociar con los asesinos y ahora paga una cuota mensual. Una semana antes había visto con sus hijos cómo tres jóvenes a los que les vendía material escolar en la librería cuando eran niños, bajaban de un picop y baleaban a su vecino en la calle. Sus hijos corrieron a la casa, ella se quedó junto al cuerpo que se desangraba gritando para que llegara una ambulancia que se negaba a entrar al barrio. Ahí se murió. Unas semanas después la extorsionaban a ella. Todos son pobres, los asesinos, los que mueren, los niños que salen corriendo. Entre medio los artistas de este país se quitaban los ojos en una pelea sobre el rol de los curadores, amigos se quitaban del facebook, se llamaban dictadores, ladrones, el odio volvía a propagarse y la gente se reunía en un teatro con ganas de sacar en alguna dirección el resentimiento, la violencia, el miedo, a fin de cuentas, creo que el gran motor es el miedo. El miedo especialmente a no ser queridos.

Pero es demasiado fácil pensar que todo es una mierda. Porque también está la luz en esta tierra que tanto te enseña, también está la fuerza, jodida, por momentos destructiva, enrareciéndose o resucitando en un abrazo, en una mirada a los ojos. Esta amiga me escribió: «Estoy implicada en mi entorno y a pesar de lo que me duele, agradezco también poder tomarme de la mano y ver a los ojos a tanta gente que me ha aportado más de lo que yo he imaginado». Y recuerdo a un grupo de niñas que conocí, que habían sido rescatadas de la trata sexual. Y recuerdo que vi a una niña de diez años embarazada y sentí que mi cuerpo volvía a tambalearse. Y unos días después bordé con ellas, escuchándolas reír y cantar reguetón, y diciéndome que la música que yo escuchaba era de viejos. Y cuando nos fuimos y le dije a Silvia Menchú, una bordadora y lideresa, «tenemos que volver», ella me dijo: «No te olvides que quienes las necesitamos somos nosotros».

Hay algo difícil para mí, en lo que se unen Guatemala y mi infancia, y es que el amor y el daño se mezclan, se confunden. El amor se enrarece, la desconfianza es enorme, los miedos, no al opresor, sino de la gente cercana. Esa mezcla te engancha y te puede poner peligrosamente en el lugar del súper héroe que todo lo cambia. Pero ese súper héroe, por fin lo aprendí, no existe. Hay cosas que me han hecho más daño del que creí.

Hay que ir más atrás, más hacia adentro. Es lo que nos queda y no es poco. Es la vida, a fin de cuentas. La vida frente a nuestro ego, la dificultad de todo lo que implica mirarnos sin el refugio de las grandes palabras. La posibilidad de encontrarnos sin certezas, las preguntas que no se responden en blanco y negro. La muerte que no aparece como algo lejano sino como algo que está ahí. El amor, que como me dijo un día Fer, es un acto de desnudez. Y sin amor nada vale la pena. No es que me haya hecho un hippie que piense que el amor todo lo cambia. Pero sin amor, nada tiene sentido. La destrucción y la construcción no son lo mismo.

Cuando estaba en los días más duros, encerrado en la casa de mi vieja, abrí el I ching sin tirar las monedas. Esto fue lo que apareció.

Un I Ching

Un I Ching

43 Kaui / El desbordamiento (La resolución)

Arriba Tui, Lo sereno, el lago.

Abajo, Ch´ien, Lo Creativo, el cielo.

El Dictamen

El desbordamiento.

Hay que dar aviso a la propia ciudad.

No es propicio tomar las armas.

Es propicio emprender algo.

La imagen del desbordamiento.

El lago ha subido al cielo.

Agus me abrazó con fuerza y dijo: «Abraza a este momento, con todo lo que trae».

Marco Canale
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Marco Canale (Buenos Aires, 1977) Trabaja en procesos de creación escénica que indagan en la biografía y lo político, buscando echar luz sobre la contradictoria realidad que habitamos. Sus trabajos han sido presentados en diferentes países y contextos. Forma parte de Las Poderosas Teatro.


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COMENTARIOS

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    Florencia Golds /

    29/08/2014 4:13 PM

    Hola Marco! Volviste a Guate? Yo estoy recién salida de Buenos Aires y con sismos afectivos varios. ¿Es la vuelta al origen que expulsa hacia otros lugares? No estas en FB, espero que leas este mensaje.
    Saluditos

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Claudia Jo Ríos /

    25/08/2014 5:09 PM

    Que lindo.-

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Victor /

    24/08/2014 5:55 PM

    Me parece una radiografia que roza la perfección. Me entristece al mismo tiempo que siento una enjundia dentro de mí, como si se tratase de una fuerza extraña.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Maria /

    14/08/2014 4:31 AM

    Me encantó. Se siente cómo la vida y las ideas se van integrando. :)

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    telmaajin /

    13/08/2014 3:44 PM

    Que de a huevo mi flaquito, eso nos hace crecer tambien a nosotras, lo leimos juntas con Telma A y Rosita

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Isabel /

    13/08/2014 12:04 AM

    Aun cuando necesario, duele enfrentar a quienes amamos. Sobre todo a nosotros mismos. Gracias por la sinceridad.

    -Isabel

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!



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