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La Ciencia de Ellas

Son las nueve de la mañana y, mientras tomo un café, decido ver las nuevas publicaciones en redes sociales, que ya para esa hora surgen de forma rebosante y descontrolada. En un mar de opiniones, de comentarios triviales y de discusiones pseudo-intelectuales, existe una incesante competencia por la ganar relevancia, llamar la atención un poco más de lo normal y ser tema de conversación en ámbitos no virtuales.

Cotidianidad Opinión P258
Esta es una opinión

Comencemos un nuevo modelo valorando el papel de la mujer en la ciencia, la tecnología y el desarrollo.

Foto: Flickr, Argonne National Laboratory

Hay algo que me llama la atención: desde hace algún tiempo, en las redes sociales virtuales se vienen “celebrando” días especiales casi diariamente. Y soy específico en mencionar “redes sociales virtuales” porque la celebraciones ocurren de forma exclusiva a través de Facebook, Twitter, Whatsapp o mensajitos, pero rara vez se celebran estos días en el mundo real… El “día del abogado”, del “ingeniero”, del “traductor”, del “blog”, del “chef”… Una enorme cantidad de “celebraciones”.

Transcurre el día y vuelvo a hacer un breve ejercicio de lectura rápida sobre los titulares de Facebook ya pasadas las 5 de la tarde. Encuentro una escueta publicación de una amiga que menciona el 11 de febrero como el “Día de la Mujer y la Niña en la Ciencia”. Para mi sorpresa encuentro que la interacción en la publicación en ese momento era casi nula: dos “likes” y cero “compartidos” durante las tres horas que llevaba de haber sido publicada. Dentro de mis subsecuentes exploraciones esporádicas de redes sociales el mismo día, tampoco encontré más publicaciones referidas a tal celebración.

Lo relevante no es la popularidad de una simple “celebración” en redes sociales o verificar cuantas personas hayan interactuado, o el hecho de que se haya viralizado o simplemente si se ahogó en la tonelada de otras publicaciones del día. El asunto es que la celebración del “Día de la Mujer y la Niña en la Ciencia”, pasó completamente desapercibida en mi círculo social, el cual podría describir como considerablemente heterogéneo. Desde mi perspectiva, esta falta de entusiasmo respecto la fecha es un reflejo directo de la percepción colectiva del rol de la mujer en nuestra sociedad, así como el nivel de relevancia y de prioridad que se les está dando. Y si analizamos un poco más el trasfondo de esta indiferencia, seguramente es porque en efecto existe un olvido de esa importante figura de la “mujer científica” que tanto nos hace falta. Y no ocurre sólo en Guatemala. Ocurre en todo el mundo.

La ciencia a través de la historia y el rol de la mujer

No es un secreto que se mencione muy poco el rol de la mujer en la ciencia y la investigación a través de la historia. De hecho, existen casos puntuales de proto-científicas como el de Hipatia de Alejandría, quien hace alrededor de 1500 años escribía tratados de álgebra, astronomía y geometría1. Cabe resaltar que la figura de Hipatia como un ícono de ciencia y desarrollo intelectual, perdura hasta nuestros días en ámbitos académicos y no académicos2. Otros nombres como Aglaonike (la primera astrónoma conocida de la antigua Grecia), Pitia la Antigua (primera esposa de Aristóteles, zoóloga marina) y Enheduanna (poeta y astrónoma sumeria) son sólo algunos ejemplos de mujeres en la ciencia (más bien, proto-ciencia antigua), pero que de alguna forma quedaron sepultados a través de los tiempos3. Durante la edad media se mencionan nombres como Mercuriade (médica y cirujana italiana), Herrad de Landsberg (autora franco-alemana de un tratado enciclopédico), Adelmota de Carrara (médica italiana) y la Emperadora Teodora (filósofa y matemática del imperio bizantino), incursionando en diferentes campos del conocimiento4. Ya en el siglo XVI se registra la aparición de otras importantes figuras en la matemática, la astronomía y la botánica. Dentro de estas figuras destaca la de Elena Cornaro Discopia, quien se conoce como la primera mujer en recibir un título académico conferido por una universidad5. De hecho, fue una de las primeras mujeres en obtener un “grado académico” en la historia.

No es sino hasta 15 siglos después de Hipatia que surge otra mujer que ganaría eventualmente fama por su rigor y disciplina, así como por dedicar su vida a un área científica: Marie Curie. Estudió la radiactividad, hizo importantes descubrimientos en el campo de la física y la física teórica. Es una de las únicas cuatro personas que a través de la historia han ganado dos premios Nobel6.

Ya para finales del siglo XIX se daban acontecimientos políticos, cambios sociales y circunstancias únicas que permitieron la incursión de mujeres en la ciencia cada vez con mayor frecuencia. Nuevas corrientes filosóficas, movimientos colectivos e ideológicos (primeros movimientos feministas), cambios en la legislación local de muchos países (se promulgó el derecho de las mujeres a votar en algunos países de Europa) y hasta cambios en la percepción colectiva del rol social de las mujeres, influyeron fuertemente en la aparición de brillantes académicas y científicas7.

Esta dinámica se intensifica con el inicio del siglo XX en un mundo cambiante y científica y tecnológicamente activo, lo cual abre las puertas para que una proporción cada vez más grande de población femenina incursionara en los campos de la investigación y la academia. Este siglo también es testigo de cambios mucho más drásticos en la política (surgen mujeres líderes en el ámbito político), en los movimientos sociales (movimientos feministas mucho más radicales) y la participación y educación de la mujer, vinculada con el desarrollo, la prosperidad y una mejor calidad de vida8.

Equidad de género y desarrollo humano

La incursión de la mujer en la ciencia, la política y la toma de decisiones se ve estrechamente relacionada al desarrollo humano. Hay evidencia que respalda la hipótesis de que existe una correlación inminente entre la educación de la mujer y altos grados de desarrollo en un país o región determinada9. Esta correlación se hace presente en varias regiones alrededor del mundo, principalmente en Escandinavia, Australia, Canadá y Europa Occidental, en donde se registra una considerable participación e inclusión femenina. En el caso contrario, una baja inclusión y limitados niveles de educación en el género femenino se ven reflejados en índices de desarrollo bajos, como ocurre en el caso del África sub-Sahariana y algunas regiones de Asia10.

Para los países en vías de desarrollo y los llamados “menos desarrollados”, el panorama no es tan prometedor en este tema. Las ONU estimó recientemente en un informe, que en el 2015 un estudiante (masculino) entre los 20 a los 40 años, tenía el doble de probabilidades de poder alcanzar un grado académico de educación superior que su contraparte femenina11. Obviamente existen muchísimas variables involucradas, conceptos enraizados, paradigmas sociales, religiosos y culturales, pero eso no impide que se intenten producir cambios a través de nuevas políticas o planes nacionales. La visión nacional debería de enfocarse a que comencemos a valorar la función y significado de mujeres en la ciencia, en las matemáticas, en la física, en la tecnología y en el desarrollo.

Sin demeritar la labor de ninguna persona y ocupación, si dejamos de ver a nuestras niñas únicamente como potenciales esposas que serán las encargadas de los hijos y de las tareas domésticas, talvez podamos ofrecerles nuevos horizontes de desarrollo personal e intelectual. ¿A quién no le gusta la tecnología? ¿Quién no disfruta de las bondades de la ciencia moderna? ¿Dispositivos electrónicos, tratamientos médicos, herramientas de trabajo, sistemas de comunicación? Este tipo de tecnologías están disponibles casi exclusivamente por importación desde otros países. Pero, ¿acaso hemos vislumbrado una Guatemala altamente tecnificada, con un sector académico y de investigación constante, con una industria robusta que provee artículos con alto valor agregado, con producción de ciencia y tecnología? Yo sí, lo he vislumbrado y lo creo posible, pero tenemos que comenzar a trazarnos líneas hacia los objetivos que queremos alcanzar. Es aquí cuando nos damos cuenta que “celebrar” el Día de la Mujer Científica no es simplemente una celebración trivial igual a muchas otras. Es la oportunidad de crear nuevos modelos, de crear nuevos símbolos heroicos del desarrollo, mujeres intelectuales que mejoran su entorno a través de la ciencia y que serán los pilares para un nuevo país.

Ignoro si fue una casualidad o fue planeado, pero los últimos y monumentales logros científicos alcanzados en materia de física (la comprobación de la existencia de las ondas gravitacionales*) fueron coincidentemente mostrados al público el mismo día en que se celebra el “Día de la Mujer y la Niña en la Ciencia”. Enhorabuena, esperemos que sea una señal de buen augurio, de buenas épocas, de nuevas heroínas en la ciencia.

 

*El mismo 11 de febrero se realizó una conferencia de prensa en que el equipo de LIGO Scientific Collaboration, en conjunto con Virgo Collaboration, mostraban resultados en los cuales se demostraba evidencia experimental de la existencia de las ondas gravitacionales. Estas ondas constituyen uno de los pilares fundamentales en la Teoría de la Relatividad General propuesta por Albert Einstein a principios del siglo XX, y de las cuales no se tenían pruebas experimentales hasta la fecha. Con este descubrimiento se abre paso a nuevos e increíbles horizontes científicos, por lo que constituye uno de los logros más significativos y esperados durante los últimos cien años.

** Las referencias bibliográficas de este texto pueden encontrarse en este enlace.

Julio Vargas
/

Llevo poco más de 30 años tratando de hacerme más consciente día a día. Lo procuro a través de mi trabajo diario. Soy entusiasta de la ciencia, de la música y la filosofía, de los viajes y la fotografía. Creo que los guatemaltecos tenemos que dejar de sabotearnos a nosotros mismos y comenzar a vivir lo que siempre hemos soñado.


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COMENTARIOS

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    Gretel Galindo /

    05/09/2016 8:20 PM

    ¡Excelente artículo Julio! Quedo en la espera de otro aporte de esta calidad :D

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Miriam /

    01/04/2016 10:25 PM

    Excelente artículo Julio. =)

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Celeste V /

    31/03/2016 10:46 AM

    Excelente artículo, lo importante es que como mujeres no olvidemos lo valioso que son nuestros aportes a todo nivel.
    Tambien creo que como medio de comunicación masiva estoy de acuerdo con las redes sociales, lastima que muchas veces es información que no sirve o es demasiado impersonal.
    Felicidades por tu articulo Julito!

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Gloria García /

    31/03/2016 9:00 AM

    Excelente que un joven, vislumbre un futuro para la mujer científica guatemalteca, que existen pero son invisibles.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Byron /

    30/03/2016 10:41 PM

    Excelente artículo Julio. Yo tengo una hija y desde antes que naciera ya me consideraba feminista. Soy ingeniero y trabajo en investigación y la ciencia me ha fascinado desde niño y trato de crearle la curiosidad a mi hija sobre todas las cosas que pasan en el universo. Es super necesario que las mujeres se involucren más en la ciencia y aporten todas las cualidades propias del género femenino que las harían unas importantes científicas.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Emilia /

    30/03/2016 11:34 AM

    Buen artículo Julito!
    Creo importante notar que en esos países con índice de desarrollo bajos y en vías de desarrollo, una razón importante de la pequeña proporción de mujeres incursionadas en el campo de la ciencia y más, es que no existen ambientes en los que la mujer (y los hombres!) puedan reconciliar ser padres de familia y el trabajo o educación.
    Las mujeres y los hombres también deben reproducirse, y la sociedad debe asegurar un ambiente en donde si una mujer queda embarazada, tenga un tiempo prudente para disfrutar de la maternidad y no tenga que renunciar a su carrera profesional para garantizar el cuidado de su hijo.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Vania A. /

    29/03/2016 8:45 PM

    En mi Facebook también pasó algo desapercibida esa celebración. De dos personas que lo compartieron, uno lo hizo para criticar el por qué no había "Día del hombre en la Ciencia". Y eso que era algo simbólico (una celebración), pero esa misma objeción ponen muchos incluso para las leyes de protección a la mujer o para luchas feministas con el típico "muchos hombres también sufren violencia".

    En el primer caso, les contesto, nadie se asombra de los logros de un hombre en la Ciencia específicamente por ser hombre; por el contrario, a lo largo de la Historia, la mujer ha luchado por abrirse camino en campos científicos, camino que tuvimos vetado de distintas formas durante mucho tiempo, lo cual poco a poco ha mejorado y pues eso es un excelente motivo de celebración e incentivo para continuar. Personalmente me encanta y me inspira. A propósito, ese día hubo una conferencia en la USAC sobre el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, organizada por Senacyt/Concyt.

    Y en el segundo caso (sé que no es el tema del artículo pero ambos temas están relacionados en cuanto a problemas de igualdad de género), estoy de acuerdo con que muchos hombres sufren por la injusticia y la violencia, así que luchar por eso también es una causa justa, pero no puede utilizarse como argumento para desacreditar la lucha por la mujer.
    En conclusión, si las dos causas (o celebraciones) son justas, jamás serán mutuamente excluyentes.

    Disfruté mucho el artículo, saludos.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!



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