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Las aventuras de ser breakdancer en Guatemala

Piraña quiere comerse el mundo: un mordisco a Francia, otro a Alemania y quizá a Amsterdam. ¿Qué tienen de extraordinario esos países? Para un b-boy la respuesta es simple: nadie lo juzgará por cómo se coloca la gorra, su atuendo no confundirá a la policía o a los prejuiciosos que se cambian de acera creyendo que lo van a asaltar. Pero lo más importante, conocerá a los grandes en alguna batalla e intercambiarán pasos imposibles para cualquier mortal que no dedique más de cinco horas al baile.

Cotidianidad b-boys break dance Escuelas Abiertas hip hop P258 Piraña

Michael López, b-boy Chekel e integrante de Sobrevivientes Crew - Poker Crew, uno de los grupos urbanos que se dedican al arte Hip Hop .

Foto: Carlos Sebastián

Se desplazan entre las calles y semáforos del Corredor Central de la Ciudad de Guatemala, Piraña y otros tres, a veces cuatro bailarines más, entretienen a los automovilistas que transitan por la Sexta Avenida del Centro Histórico, el Parque San Sebastián y las zonas 4, 9 y 14.

El cambio de amarillo a rojo es la señal para girar por el aire, permanecer estáticos con una sola mano sobre el suelo o seguir una coreografía obedeciendo el beat de una música imaginaria. Como todos los trabajos de la calle, el saldo es la incertidumbre. Han llegado a reunir hasta Q200 en un día, pero muchas veces solo lo necesario para comer y los Q2 para regresar a casa en Transmetro. Lo hacen porque el baile es alegría, es placer, es catarsis, "es nuestra forma de vida”, dice el muchacho que dejó de ser Giovanni Galicia en 2007.

Piraña descubrió el break dance en la esquina de una de las colonias cuyo nombre aparece casi todos los días junto a titulares sobre asesinatos e inseguridad: El Mezquital, en el Sur de la Ciudad.

Giovanni tenía 19 años cuando añadió a su vocabulario el toprock, go down y power moves, fundamentos básicos del break dance. El título de bachiller en computación quedó guardado en un cajón y los tenis salieron a la calle para bailar dos, tres, cuatro, cinco horas hasta dominar el cuerpo y levantarlo del suelo con ambas manos.

Un dj, “Paqui”, llegó a la colonia un año después, en 2008. Ofrecía talleres en el salón municipal o en la calle, hablaba de hip-hop y enseñaba pasos de baile. Un año después llevó a los Break Stars de El Salvador y los nuevos bailarines pulían sus movimientos con las sugerencias de los recién llegados.

La mamá de Giovani no estaba de acuerdo con que su único hijo se dedicara solo al baile. Optó por mezclar el arte y un empleo formal: primero como ayudante en una herrería, después empleado en la Megapaca y por último dependiente de supermercado.

Continuó bailando en un espacio cedido por la municipalidad capitalina en el Edificio de Correos pero les quedaba pequeño y llegó a Trasciende, la academia gratuita, que, con el paso de los años, se transformaría en un referente de la cultura hip-hop en el país. Era 2009.

Alguien activó los reflectores de una pista de baile para que los aspirantes a b-boy perfeccionaran su técnica. Un grupo de artistas de hip-hop guatemaltecos fundó Trasciende para aprender todo sobre el movimiento “que engloba el b-boying (break dance), MC, DJ y graffitti”, explica David Martínez, el actual representante.

La holandesa Esther Van Der ZIjden fue la primera en desembolsar dinero para la organización y durante los siguientes dos años funcionó con donaciones. Pero en 2012 cerró por falta de fondos.

Martínez vio a chicos adentrarse al mundo donde caminar con las manos es de todos los días, “y fue su mejor decisión porque los abstuvo de sumarse a una pandilla”. La cultura, el sonido, el movimiento, los colores y técnicas son el gancho, “pero los bailarines se quedan porque sienten que pertenecen a un lugar, encuentran una familia”.

Encontraron un aliado en el lugar menos esperado. En el Gobierno. Durante la administración de Álvaro Colom, el pedagogo y ministro de Educación, Bienvenido Argueta, trajo el programa Escuelas Abiertas de Unesco impartido en Brasil. En ese país logró reducir hasta el 60 por ciento de la violencia en algunos estados y en Guatemala se considera una de las causas de la disminución de la violencia desde 2009 hasta 2012. El Instituto de Enseñanza para el Desarrollo Sostenible (IEPADES) elaboró un estudio donde analiza el comportamiento de la violencia durante esos años y atribuyó al programa los buenos resultados.

El equipo del entonces titular de Educación encuestó a más de 87 mil jóvenes para la investigación “Los intereses de la juventud en Guatemala: una aproximación desde las Escuelas Abiertas”. En ese momento los beneficiarios fueron 246,344 jóvenes. Piraña empezó a comerse al mundo y probó un pedazo de felicidad: fue contratado como instructor de baile, al igual que 70 b-boys. El programa tomó el nombre de Jóvenes Protagonistas pero al final de la gestión del gobierno Patriota solo cuatro escuelas en todo el país contaban con instructor.

***

Loco se hace un nudo frente al parque San Sebastián, y no es una metáfora. Sus brazos se enrollan entre las piernas y se desatan para recibir sugerencias de media docena de chicos que también practican en la improvisada pista de baile, en el Parque San Sebastián, un sitio tomado por los b-boys, “es céntrico. Acá vienen chavos de Villa Nueva, zona 18 y zona 6”, explica Piraña. Le grita a Loco: “no te tirés, hacelo desde arriba”. Y vuelve a intentarlo.

Son dos horas y media, 150 minutos de viaje desde la aldea Santa Elena Barillas, en la sureña Villa Canales, hasta el centro de la Ciudad Capital. Marlon González, a sus 20 años decidió detener sus estudios “no es porque no quiera. Me tocaba cursar quinto bachillerato y un instituto que lo ofrecía gratis, aquí en la zona 1, solo abrió cupo hasta cuarto bachillerato”, se justifica. Su hermano trabaja en un call center y su mamá trabaja en casas. Con el salario mínimo de dos miembros de la familia no alcanza para pagar las cuentas y la comida de un bebé, su hermana es madre soltera y no trabaja por el momento.

Loco asiste al Parque San Sebastián tres veces a la semana. El viaje desde casa a la ciudad es largo “pero lo vale, allá ya no hay donde practicar”. Su primer acercamiento al break dance fue en 2010, cuando asistía a los talleres que se impartían en su establecimiento dentro del programa Escuelas Abiertas.

Otros jóvenes como González participaron solo por un año antes de que se cerrara el programa. “El enfoque del Partido Patriota era capacitar para obtener resultados en el área sociolaboral”, observa Mario Rodríguez, representante del área de educación del Instituto de Problemas Nacionales de la Universidad de San Carlos.

En el Informe del cuarto año de gobierno Patriota, en el área de protección social, solo se menciona haber capacitado a los estudiantes en temas de educación integral en sexualidad, entrega de un cómic, reflexión en el proyecto de vida, becas y capacitación, pero de baile y espacios de recreación, nada.

El año 2015 terminó solo con cuatro b-boys contratados, conoce Martínez, de Trasciende. Los 70 instructores de las Escuelas Abiertas ahora son meseros, albañiles, pilotos, cargadores o artistas callejeros como Piraña. El actual ministro de Desarrollo Social, José Moreno, habló de refocalizar los programas sociales. Este año demostrará si una prioridad para el gobierno de Jimmy Morales y el FCN son los jóvenes.

La meta de Loco es abrir una academia de baile, para que los  de su comunidad “no se unan a las pandillas y aprendan a caminar de otra forma: con las manos”. Cuando tenía 15 años los adultos relacionaban el break dance con pandillas, de hecho así comenzó en su aldea, “pero a todos los mataron y ahora quien baila lo hace por amor al arte”. La academia también sería una fuente de ingreso, pues sin haber finalizado el bachillerato las opciones se reducen a ayudante de albañil o carpintería, cargador o vendedor ambulante. Por eso aprovecha el tiempo practicando y recomendando a quien le pregunte: “solo del baile no vas a poder vivir.”

Algunos chicos que ocupaban su tiempo bailando se unieron a pandillas, otros vagan sin rumbo y la mayoría busca algún empleo para sobrevivir, sabe Piraña. Se escucha de muertes de bailarines pero “la violencia los afecta como a cualquier otro ciudadano. No es solo por pertenecer al movimiento”, defiende Martínez. De hecho el año pasado el Instituto Nacional de Ciencias Forenses registró 2,912 asesinatos de personas de 13 a 29 años.

El baile es poder

“El baile al servicio de la prevención (de la violencia) y del desarrollo de las personas hace que las posibilidades de transformar una comunidad sean mucho mayores que en espacios formales rígidos”, explica el psicológo José Roberto Luna, oficial de juventud para la agencia de Naciones Unidas UNFPA.

La danza en un país con pocos espacios para expresarse, divertirse y ejercer el derecho a la recreación generó bases sociales de apoyo que no desaparecieron pese al cierre de los programas sociales. Muestra de ello es que los bailarines continúan viajando desde todos los puntos del departamento hasta el parque San Sebastián, como guiados por un imán musical.

Extrañan la música a todo volumen, ingresando a su ser para transformarse en movimientos dignos de un contorsionista profesional. Pero se conforman con el beat apenas audible que expulsan las paredes de piedra del parque , “es mejor eso que nada”. El escenario diario de una batalla de pasos en lugar de balas le hace honor al mantra del hip-hop: Paz, amor, unidad y diversión. Tal vez esta disputa lúdica llame, algún día, la atención de algún gobierno que no deje huérfanos a los hijos del arte.

 

Susana De León
/

El desorden me persigue y escribir es mi única forma de estructurar ideas. El periodismo y yo tenemos una relación de codependencia desde 2011. Coleccionista de historias. Vi Breaking Bad en una semana.


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    edwin /

    14/03/2016 7:10 PM

    Me gusto mucho su articulo, muy atinado para “Estos tiempos de Pena de muerte”.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!

    Rene Calderon /

    14/03/2016 5:22 PM

    Excelente documentación grafica de Carlos Sebastian.

    ¡Ay no!

    ¡Nítido!



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